Prosa aprisa
Parricidio
político; ¿y por qué en Veracruz no?
Arturo Reyes Isidoro
No cabe duda: unos son los lazos
familiares, de sangre, y otros los lazos políticos, familiares si se quiere,
pero por conveniencia, por interés y hasta por complicidad. Pero la condición
humana a veces no distingue ni siquiera los primeros y no respeta ningún
vínculo, y a veces procede o toma acciones que afectan a un familiar suyo de
sangre e incluso a toda la familia. Ejemplos se dan a diario: hijos contra
padres, hermanos contra hermanos, primos contra primos, primos contra tíos, que
ya pelean una herencia, alguna posesión material, etc. Muchas veces llegan
hasta los hechos de sangre. Si eso
sucede entre familiares de sangre, cuantimás se puede esperar entre familiares
o parientes políticos.
Acaso el caso más célebre es el de Marco
Junio Bruto, Bruto, quien junto con un grupo de senadores asesinó de 23
puñaladas a Julio César. Cuando éste cayó a los pies de una estatua de Cneo
Pompeyo Magno pronunció la célebre frase que pasó a la historia y que siempre
sale a colación en ocasión de un magnicidio político: ¿Tú también Bruto, hijo
mío? Esto último porque Bruto era hijo de Servilia, la más famosa amante de
César, incluso se decía que Bruto era hijo de César. La historia dice que no lo
era pero que César lo amaba como a un hijo, tanto que de la batalla de Farsalia
lo rescató y lo envió a Roma para que siguiera su carrera política. Terminó
asesinándolo y, claro, la historia de Roma cambió.
En México se recuerda cuando el entonces
presidente José López Portillo parodiando la frase le hizo un reproche mediante
un desplegado público que pagó el legendario jefe de prensa Pancho Galindo
Ochoa (todavía trabajamos juntos algunos días en la precampaña del licenciado
Miguel Alemán y me comentó que el médico le había prohibido volar por problemas
cardiacos) a su antecesor Luis Echeverría, de quien se sintió traicionado por
haberse sumado a las críticas que le hacían a su gobierno y le espetó: “¿Tú
también, Luis?”.
Traigo a cuenta esto porque desde el
miércoles pasado, 19 de agosto, se armó un revuelo en las filas del PAN cuando trascendió
que el expresidente del CEN blanquiazul, Gustavo Madero, no sería el
coordinador de la bancada panista en la Cámara de Diputados del Congreso de la
Unión, por decisión del joven Ricardo Anaya, el nuevo líder nacional del PAN,
al que el mismo Madero hizo y llevó al poder de su partido. Sin embargo, a
partir de entonces comenzó una serie de versiones, que si en efecto Anaya le
había cortado la cabeza a su padre político putativo, que si Madero era el que
había pedido no ser, que si patatín que si patatán. Quedaba la duda hasta que
ayer el diario El Universal publicó
audios que obtuvo subrepticiamente de la reunión plenaria de los nuevos
diputados federales blanquiazules, celebrada en Tijuana, donde se escucha cómo
Madero se queja de que en efecto fue vetado y que después de “un manotazo” le
dijeron “ya no vas”. Ya no queda duda de que como le dijo un garganta azul al columnista
parlamentario Francisco Garfias, del diario Excelsior,
se trató de un “parricidio precoz”. El nuevo líder de la bancada es Marko
Cortés, otro joven, cercano a Anaya y presuntamente otro hijo putativo de
Madero. Pero lo sacrificaron.
Ricardo Anaya tenía que hacerlo si
quería ser él quien tomara las decisiones políticas de su partido, quien
imprimiera un sello personal a su gestión al frente del CEN del PAN, quien asumiera
toda la responsabilidad pero porque acertara o se equivocara él y no por lo que
pudiera haber decidido Madero tras bambalinas, tenía que sacudírselo, que no le
hiciera sombra, pero que tampoco le impusiera colaboradores. A partir de ya la
responsabilidad histórica es de Anaya y todo lo que pase en su partido, bien o
mal, todo lo que negocie con el gobierno priista de Peña Nieto, la postura que
fije tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, el contenido de
sus pronunciamientos ante los grandes temas nacionales irán a su cuenta. Una
vez que Anaya tuvo el poder decidió ejercerlo a plenitud, como debe ser en política,
y lo primero que hizo fue cortarle la cabeza a quien podía impedírselo u
obstaculizarlo porque quisiera seguir influyendo en la toma de decisiones o
porque quisiera seguir tomando las decisiones. Él bien sabe, y se ve que sabe
bien, que el poder no se comparte. Lázaro Cárdenas no sólo se sacudió a
Plutarco Elías Calles, quien le facilitó la llegada al poder pero quiso seguir
siendo el poder tras el trono y el michoacano no lo dudó y lo expulsó del país.
Yo todavía me preguntó por qué Javier
Duarte de Ochoa no hizo lo mismo que Anaya, por qué no se sacudió desde un
principio y para siempre a Fidel Herrera Beltrán, quien cuando llegó al poder
no sólo acabó con cualquier huella del gobierno alemanista sino que incluso
denunció que le había heredado una deuda de 3 mil millones de pesos y que no
tenía ni para pagar el aguinaldo. Duarte pudo habernos dicho a los veracruzanos
el desastre económico que le heredaba, la enorme deuda de 25 mil millones de
pesos que recibía y el montón de obras inconclusas o sin iniciar que le dejaba
aunque ya se habían pagado. Incluso salvando a su mentor político pudo haber
iniciado acción contra los responsables y no debió haber dejado que le
recomendara o impusiera colaboradores. No lo hizo y hoy paga las consecuencias.
Como calló, mañana la historia no va a decir que fue Fidel sino que fue Javier.
Lo hubieran acusado de parricidio político, sí, pero quizá el mismo Fidel lo
hubiera entendido y aceptado porque toda posibilidad cabe dentro de la
política. Quizá hasta hubiera terminado por admirarlo al ver su firmeza de
decisión, que no había elegido mal. Pero la historia ya está casi escrita y el
caso de Anaya y el caso de Veracruz quedan como ejemplo de lo que se debe y de
lo que no se debe hacer en política.
Viene
Ruiz Esparza
El secretario de
Infraestructura y Obras Públicas (SIOP), Tomás Ruiz González, anunció que el
próximo 4 de septiembre estará en gira de trabajo en Veracruz el secretario de
Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza… Esto para dar inicio
a obras magnas de infraestructura carretera que en su conjunto superan los diez
mil millones de pesos, que comprenden las autopistas Cardel-Poza Rica y
Tuxpan-Ozuluama… Esto sin contar la inversión de más de 3 mil 500 millones de
pesos para la autopista Córdoba-Xalapa y una cantidad similar para el Túnel Sumergido
que harían un total de 17 mil millones de pesos… Vaya que tiene trabajo el
secretario estatal, pues además están las inversiones de 520 millones de pesos
para carreteras estatales y otros 400 millones para mejorar la red caminera de
las zonas serranas… Bien por Francisco Licona y Billie Jane Parker, quienes
encabezan a la Asociación de Periodistas de Veracruz “Noé Valdés”. Tiene
respuesta su convocatoria a estos encuentros en los que se detalla la obra estatal.
(Con información de Odila Romero).
Pepe, en el cumple de Armando López Contreras
El senador José
Francisco Yunes Zorrilla acompañó ayer a su amigo y asesor Armando López
Contreras en una comida por su cumpleaños que tuvo lugar en Coatepec. Pocos
políticos (Brito, Morgado, Garrido, Ricardo Landa), varios amigos (Carlos
Vasconcelos, Aguilar Yarmuch…) y muchos periodistas, por primera vez estuvo con
nosotros Maryjose Gamboa, quien fue objeto de una cálida bienvenida. Pepe llegó
acompañado de Tomás Ruiz y de Zita Passi.

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