martes, 30 de junio de 2020

El hartazgo ciudadano también ayudó a Cuitláhuac

Prosa aprisa
El hartazgo ciudadano también ayudó a Cuitláhuac
Arturo Reyes Isidoro

¿Fueron solamente el efecto López Obrador y un mal cálculo político de Javier Duarte las causas que contribuyeron al triunfo de Cuitláhuac García Jiménez como candidato a gobernador, hace dos años?
Esas fueron dos causas verdaderamente circunstanciales, pero hubo una más, de fondo: el hartazgo ciudadano con un sistema identificado con el PRI, sobre todo, pero también con el PAN, que ya se había agotado.
Al tricolor la ciudadanía ya le había mostrado su rechazo en el año 2000, cuando perdió por primera vez la presidencia luego de 70 años y nueve meses de hegemonía, aunque le volvió a dar una oportunidad 12 años después y lo devolvió al poder en 2012.
El PAN ganó la presidencia dos veces en forma consecutiva, de 2000 a 2012, y sobre todo Vicente Fox, el primer opositor en llegar a Los Pinos, tuvo la oportunidad histórica de corregir y cambiar el rumbo para bien del país, pero él y Felipe Calderón cayeron en los mismos viejos vicios y prácticas del PRI, incluso acaso hasta en mayor medida.
En el Estado, en 2016, también los veracruzanos dieron la espalda al PRI y luego de 86 años en el poder optaron por el PAN, que en realidad representaba lo mismo ya que su candidato era un prominente expriista, Miguel Ángel Yunes Linares, porque querían un cambio del estado de cosas.
No lo hubo y optaron por hacer a un lado el dicho más vale malo (o viejo) por conocido que bueno (o nuevo) por conocer, y hoy hace dos años votaron por un desconocido, Cuitláhuac García Jiménez, en quien cifraron la esperanza del cambio, que todavía esperan.
Había (y todavía lo hay) hartazgo ciudadano por el abuso de poder de los gobernantes en turno, que convirtieron el gobierno en sinónimo de corrupción y atropello, así como enriquecimiento obligatorio, con el desvío de recursos públicos o negociaciones con empresas privadas y el otorgamiento de contratos a cambio de “moches”.
Los veracruzanos veían cómo el vecino, al que toda la vida habían conocido como uno más de la clase media, se enriquecía de la noche a la mañana apenas llegaba a un cargo, por más modesto que fuera, y no solo lo observaban luciendo sus riquezas, sino que un día se enteraban que ya vivía en el fraccionamiento más lujoso en una residencia o mansión que ellos jamás tendrían en su vida.
Hoy no hay un político del PRI, del PAN o de otro partido que haya pasado por un cargo del gobierno que viva en la medianía de la que hablaba Benito Juárez. Todos se enriquecieron y difícilmente alguno pasaría la prueba del ácido de la honestidad.
Para cuando gobernó Javier Duarte estaba tan podrido todo que hasta el más ínfimo empleado de ventanilla había refinado su propio método para extorsionar. En su momento, la empresaria Leonor de la Miyar denunció que, por ejemplo, en la SIOP, les solicitaban dinero para cualquier trámite y para burlar toda vigilancia les pedían que fueran al ADO, compraran con efectivo boletos a Cancún y se los entregaran. Luego iban y los cancelaban y se quedaban con el dinero.
Fue a partir de 2004, con la llegada de Fidel Herrera Beltrán al Gobierno del Estado, cuando se inició el principio del fin. Populista, embriagado de poder, enloquecido por su afán de llegar a la presidencia, dilapidó el dinero público a manos llenas.
Alguna vez escuché la versión, de personas que pasaron por la Secretaría de Finanzas, que un funcionario de esa dependencia, Carlos Aguirre Morales –ahora supuestamente prófugo, aunque han circulado fotos en las redes sociales con la versión de que se pasea por la ciudad– le entregaba todos los días tres millones de pesos en efectivo, que los utilizaba para repartir en sus recorridos por el Estado.
Le quitó impunemente 1,500 millones de pesos a la Universidad Veracruzana (cinco pagos anuales de 300 millones, como me lo confirmó el exrector Raúl Arias Lovillo) y la entonces presidenta de la Comisión de Hacienda del Congreso local, Karime Aguilera Guzmán, veintitrés días después de que Fidel entregó la gubernatura le declaró a Regina Martínez que había dejado una deuda de 25 mil millones de pesos (Proceso, 23/12/2010).

(Extraña que ahora resulta aliado de Morena y que excolaboradores suyos, amparados en el Partido Verde, se muestran y pasean por el Estado en activismo político cuando incluso están acusados en la Fiscalía General del Estado por el desvío de miles de millones de pesos.)
Para que le cubriera la espalda y lo dejara en la impunidad, Fidel le heredó la gubernatura a su extesorero de campaña y extesorero y exsecretario de Finanzas en su gobierno, Javier Duarte de Ochoa, quien superó a su maestro en el desvío de recursos y abuso de poder. Fue el acabose con él y quien casi dejó herido de muerte al PRI.
Los veracruzanos habían llegado al límite. Las finanzas estatales estaban sin fondos, había una deuda de 47 mil 513 millones de pesos, se adeudaba a proveedores y prestadores de servicios, se había tomado el dinero del IPE, no se había abonado o pagado la deuda de la UV, y era diario el ruido mediático por el escandaloso enriquecimiento de Duarte, de su esposa y de la familia de su esposa, así como de varios de sus colaboradores.
Todavía anoche, XEU Noticias publicó que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó al gobierno de Veracruz devolver a la Federación 96 millones 470 mil 817 pesos, más rendimientos y cargos, otorgados a Javier Duarte en 2014 y acumulados en 2015, que serían para contratar un seguro agropecuario catastrófico para la protección de productores rurales de bajos recursos, el cual no fue ejercido, por lo que el propio Ejecutivo federal promovió un juicio, dinero que tendrá que pagar el gobierno de Cuitláhuac.
El PRI perdió la gubernatura, que difícilmente volverá a recuperar, pero su sucesor el PAN, pese a su discurso y deslumbrantes ofrecimientos de campaña, siguió en lo mismo y los veracruzanos ya no aguantaron que el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares decidiera heredar el mando a su hijo del mismo nombre.
Este 1 de julio, hace dos años, prefirieron optar por un desconocido quien si bien no tenía una larga trayectoria política y ninguna experiencia administrativa, tampoco representaba al viejo régimen sinónimo de abuso del poder, de corrupción.
Hace dos años ganó una nueva oposición. Hace año y medio que gobierna. Una evaluación final podrá hacerse hasta que concluya su mandato para determinar si fue para bien del Estado o qué tanto lo fue. En el corto lapso se percibe desencanto ciudadano.
Lo que queda claro es que los veracruzanos dijeron en los años 2000, 2016 y 2018 que rechazan el viejo sistema, a sus partidos, así como a los políticos de ese régimen caduco, muchos de los cuales se aferran a seguir medrando y a recuperar puestos públicos.
En el Estado, Cuitláhuac carga el peso de la responsabilidad de que los veracruzanos sigan creyendo y votando por su partido. No la tiene fácil. No, por la descomunal deuda que heredó su gobierno, pero también acotado por el terrible centralismo del presidente López Obrador que lo limita, peor que en la época del PRI.
El presidente viene y le da respaldo, pero solo de palabra cuando lo que debió haber hecho desde un principio fue haber dispuesto que todos los apoyos de los programas sociales él los repartiera. Apenas ayer vi que el delegado Manuel Huerta le dio chance de que anunciara el pago de próximos apoyos.
Hoy sería no solo popular sino un gobernador fuerte, políticamente. Pero está atado de manos, poco puede hacer, sin recursos y con una aprobación menor a 40 por ciento, entre los más bajos del país.
Pero estamos a solo once meses de saber si el cambio ha satisfecho a la población, si todavía confía y guarda esperanzas en que se dará el gran viraje, si cree que es posible alcanzar las metas que reencaucen a Veracruz por el rumbo correcto.




lunes, 29 de junio de 2020

De desconocido a Gobernador, en tan solo 3 años

Prosa aprisa
De desconocido a Gobernador, en tan solo 3 años
Arturo Reyes Isidoro

A unas horas, este miércoles, de cumplirse dos años del triunfo electoral de Cuitláhuac García Jiménez el 1 de julio de 2018, un video del 12 de junio de 2015 recuerda su meteórico ascenso político que en solo tres años lo llevó a la gubernatura.
Un día después de que le entregaron su constancia de mayoría como candidato triunfante a diputado federal por el distrito X de Xalapa Urbano, un entonces desconocido personaje político dio una entrevista a la reportera Elena Anell, de RadioVerTV (ya desaparecida).
Si su triunfo entonces había sorprendido a los xalapeños porque había derrotado a la favorita, Elizabeth Morales García, del PRI, ya para entonces exalcaldesa de la ciudad y exdiputada federal, a quien incluso envió al tercer lugar, más sorprendente fue su revelación de que su campaña la había hecho con solo 20 mil pesos.
Era difícil de creer porque por ese entonces una campaña en Xalapa a un cargo de elección popular, por muy austera que fuera, no bajaba de 30 millones de pesos, “y te quedas corto, ¡cómo crees!”, decían algunos que llegaban a hablar de hasta 100 millones.
El Cuitláhuac de aquel entonces reveló a la reportera cuál había sido su estrategia: “caminar y caminar” (lo había hecho con un morralito al hombro), recordando que era maestro y “había que jugar con lo que se tenía”, en su caso un carro y una camioneta de su propiedad.
“A esto le tuvimos que poner mucho corazón, mucho trabajo, mucha dedicación y también mucha estrategia. Había que utilizar mucho el cerebro”, expresó y dijo que los 20 mil pesos los había utilizado para mandar a hacer volantes (exhibió la fotocopia del cheque que le dieron).
Hizo entonces un apuntamiento, que ya no iba a soltar y que haría realidad como gobernador cinco años después: “Es algo benéfico para lo que está presente en el país, porque creo que debemos acostumbrarnos a realizar campañas que no sean un tiradero de dinero porque es dinero de la gente y en época de crisis hasta se debiera tipificar como delito”.
Un detalle que entonces pasó inadvertido, pero que también cobraría relevancia, fue que en aquel junio de 2015 la entonces dirigente estatal de Morena, la primera que hubo, Gloria Sánchez Hernández, fue quien le levantó el brazo y quien celebró con él el triunfo.
Ella sería su madrina política, quien se lo recomendaría al entonces dirigente nacional de su partido, Andrés Manuel López Obrador, para que fuera el candidato a la gubernatura.
Tal vez el sorprendente éxito de 2015 hizo que los dirigentes estatal y federal de su partido, amigos y compañeros de muchos años de militancia (entre los morenos comentan que ella es quien realmente le habla al oído a AMLO sobre los temas de Veracruz) decidieran postularlo como candidato a la minigubernatura en 2016.
Su misión era prácticamente imposible. Se enfrentaba a dos dinosaurios con mucha experiencia y con muchos recursos: Miguel Ángel Yunes Linares y Héctor Yunes Landa, este apoyado con todos los recursos de los gobiernos federal y estatal.
Para ser primerizo no le fue mal: logró obtener 809 mil votos contra 929 mil y un millón 55 mil de Héctor y de Miguel, respectivamente. Aquello dibujó por primera vez el crecimiento que tenían él y su partido.

En 2018 se volvió a lanzar a la palestra apoyado por sus poderosos padrinos políticos y su partido. Seguramente esos 809 mil votos lo mostraron competitivo. El efecto López Obrador y un mal cálculo político de Javier Duarte lo llevaron, finalmente, a la gubernatura en apenas tres años.
Su triunfo si no sepultó sí dejó maltrechos a los dos principales partidos políticos del país, el PAN y el PRI, y abrió una nueva etapa en la historia de Veracruz.
Llegó a la gubernatura sin ninguna experiencia administrativa. No escaló la escalera de los políticos tradicionales: desde abajo, desde una regiduría, una sindicatura o una alcaldía; tampoco desde una dirigencia seccional partidista, o municipal, distrital, regional o estatal. Tampoco pasó por una senaduría, una plataforma de lanzamiento de muchos políticos que llegaron a ser gobernadores.
Entre los viejos políticos del PRI, los de la llamada clase política, en el siglo pasado se comentaba mucho en torno a las mesas de café, o en el desayuno, que no había escuela de gobernadores. Porque también los gobernadores priistas llegaban a aprender y se equivocaban, pero sus yerros no trascendían las mesas de café y se comentaban solo en petit comité.
Era con el paso del tiempo como iban aprendiendo y se iban asentando. Aquellos eran tiempos de abundancia económica en los que sobraba el dinero y cualquier error se corregía de inmediato a punta de billetazos y hasta se celebraba con suculentas comidas rociadas con los más finos y caros vinos y bebidas.
Cuitláhuac no ha sido la excepción. Ha ido aprendiendo, aunque sus errores o malas decisiones se notan más porque tampoco, salvo contadas excepciones, no tiene prensa aliada que le cubra sus desatinos, o que los ignore.
Ahora es muy poco tiempo para emitir un juicio definitivo sobre su gestión, pero es indudable que ha aprendido e incluso a ser más callado de lo que es: lo demostró sobre todo con la reforma electoral del 12 de mayo, en la que hizo realidad aquella preocupación de junio de 2015 sobre el costo de las campañas, al rebajar el financiamiento a los partidos políticos en 50 por ciento cuando se avecina un nuevo proceso electoral. No celebró, no echó las campanas al vuelo, no alardeó.
Eso cuando apenas lleva año y medio en el poder. Tal vez dé más sorpresas conforme amolde más el sillón de su despacho. Pero si no, la reforma, si la oposición no logra revertirla, le habrá valido por todo su sexenio, porque sentó las bases para que su partido fortalezca el control político del Estado.
Pero su caso, su triunfo en 2015 con una campaña de solo 20 mil pesos, servirá ahora también de ejemplo a sus adversarios políticos porque les enseña que sí se puede triunfar sin tanto dinero, esto porque las próximas campañas se harán casi sin recursos económicos.
Con el reciente reconocimiento de cuatro nuevos partidos políticos locales (todavía faltan los federales), al pastel de las prerrogativas (el financiamiento) le han tenido que quitar cuatro rebanadas a los partidos que ya existían. Se diluyen, así, los recursos y les tocará muy poco a los próximos candidatos, incluyendo a los de Morena.
Eso hará –lo creo– más pareja la contienda y dará a todos la posibilidad de ganar, aunque no los respalden las siglas y los colores de los otrora fuertes partidos. Bastará con “caminar y caminar” como lo hizo Cuitláhuac.
Será muy difícil que se dé otro caso como el suyo. Que un candidato a diputado que gane en 2021 sea el próximo gobernador en 2024.
Con él pasará a la historia –eso creo– el gasto desmedido de dinero en la compra de contenedores de paraguas, relojes y muchos más procedentes de China (Fidel Herrera Beltrán) y de tinacos, cemento, láminas de zinc, colchonetas, cobertores y hasta costosas plumas Montblanc (Javier Duarte) para repartir con recursos del pueblo.
Un cambio en apenas tres años.





domingo, 28 de junio de 2020

Peligra Morena, alertan voces de adentro

Prosa aprisa
Peligra Morena, alertan voces de adentro
Arturo Reyes Isidoro

Ya son varias voces –y no precisamente de “conservadores” y “neoliberales”– de militantes, abiertos simpatizantes o defensores a ultranza de Morena, que están advirtiendo la posibilidad de que pierdan la elección del 6 de junio de 2021.
Hace una semana comenté en este espacio la declaración que hizo Ricardo Monreal Ávila, coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Senadores, a Carlos Loret de Mola.
Criticó a varios gobernadores. Dijo que cuando hay malos gobiernos y no hay resultados tangibles o un proceso armónico en los Estados, los afecta; que “así como te dio la gente el voto te lo puede quitar”.
Advirtió que “esta vez” la gente está revisando con mucha claridad lo que va a hacer en el proceso electoral de 2021. Fue contundente: “yo creo, además, que Morena tiene que esforzarse”.
Comentó que lo que le preocupa es que Andrés Manuel López Obrador no estará en la boleta; que desde 2018, cuando dejó Morena, “deja al partido solo, sin dirección, sin orientación, sin conducción; ve lo que es el partido ahora”.
Pulsión, a dinamitar puentes
También me referí en este espacio al artículo “El boicot de López Obrador contra la 4T”, del periodista Jorge Zepeda Patterson, abierto simpatizante del proyecto de AMLO, por quien votó.
Comentó que hay en el tabasqueño “una pulsión inexplicable que lo lleva a convertirse en un boicoteador de su propio proyecto”; un impulso autogratificante que lo lleva al revanchismo y a convertirse en lo que sus rivales de siempre habían profetizado.
“Nunca estuve de acuerdo con el calificativo de ‘mesías tropical’ que le endilgó Enrique Krauze, ¿pero qué replicar frente a los decálogos morales que le ha dado por recetarnos, en un absurdo afán de convertirse en una especie de guía espiritual de una comunidad que lo eligió tan solo como responsable político?, ¿por qué enemistar de manera gratuita a feministas, a gremios profesionales, a medios de comunicación, a activistas, a sectores sociales, a Gobiernos extranjeros, empresarios y otros?”
Complicada la situación: Ramírez Cuéllar
El mismo presidente electo de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, al participar en un encuentro virtual dijo que la situación de su partido es muy complicada de cara a la elección.
“La situación de Morena es muy complicada, ustedes saben que ya tenemos casi desde el 2014 sin comités delegaciones o sin comités municipales, en este momento funcionan muy pocos y algunos tienen un año, dos años, sin reunir el quórum necesario en los consejos estatales” (Excelsior, 25/06/2020).
Aceptó que hay “discordia” entre los dirigentes partidistas y sus militantes.
Politólogo del obradorismo, el más severo
Pero otra voz más, defensora a ultranza del proyecto de López Obrador, la del joven politólogo Gibrán Ramírez Reyes, en declaración al diario Milenio el lunes pasado, previno que por las peleas internas en Morena el 2021 está en riesgo.
Consideró que el desorden al interior de su partido, la falta de rigor ideológico, la incapacidad política y el pragmatismo ponen en peligro el proyecto del presidente.
Hizo una severa advertencia: si la militancia de Morena no se rebela y le exige a los liderazgos que corrijan el rumbo, el 2021, la mayoría en el Congreso e incluso el revocatorio contra Andrés Manuel López Obrador en 2022, están en riesgo de complicarse.
Doctor en Ciencia Política por la UNAM, considerado el politólogo del lopezobradorismo, tras aclarar que él nació políticamente en la corriente de AMLO en 2004, el pasado 8 de junio publicó una extensa carta (gibran.mx) a los militantes de su partido en la que hace una serie de consideraciones y de propuestas que, a su juicio, podrían salvar el proyecto de la 4T.
En ese texto dice que “me preocupa nuestro movimiento” y aclara que no por su pasado ni por su presente sino por su futuro.
Ahonda en la figura de López Obrador y, en coincidencia con Ricardo Monreal, pregunta qué harán “cuando no lo tengamos a la cabeza”.
Plantea lo que, a su juicio, hace falta para concretar la 4T de la vida pública de México, que, acepta, “sigue siendo el nombre de una hermosa aspiración”, así como lo qué les hará falta para que 2021 sea una elección de consolidación y de mejora de su proyecto.
Morena, a la deriva, afirma
Cuestiona a Morena como partido. Pregunta si ha actuado como tal. Su respuesta es que no, que no es una máquina de propuestas o un centro de pensamiento y formación de cuadros de gobierno y de partido. “Al contrario, los mandos y legisladores parecen, a veces, a la deriva”.
Comenta que desde que ganaron, su partido ha estado en puras disputas sobre quién debe dirigir. “En el fondo, sobre quién debe repartir las candidaturas y administrar el dinero. Y la codicia siempre ha sido mala consejera”.
Pregunta qué harán después de que gobierne AMLO. Responde que si se hace lo mismo que en Morena, “la respuesta es entregarnos a luchas de facciones”, y que de seguir como van “es como aceptar un inevitable naufragio… dilapidar el capital político, social y moral”.
Reconoce caída de la intención del voto
Critica con severidad que operar como lo hacen “ha tenido tremendas consecuencias. La primera es que la intención del voto ha disminuido hasta alcanzar cerca del 20 por ciento, lo que significa menos de un tercio de la aprobación del presidente”.
Señala que tienen algunos reportes de algunos regidores, presidentes municipales, delegados, diputados, “que se han echado a perder o que se han frustrado porque pensaron que la Cuarta Transformación era simulación, que podrían seguir bajando recursos, recibiendo moches, o que se las han arreglado para corromperse”.
No para. Expresa que es su mismo partido el que debería dar vista a la Fiscalía cuando se sospeche de la corrupción de sus funcionarios. “Nada de eso se ha hecho y, si bien la corrupción ahora es mal vista, el partido ha sido poco activo en impulsar ese pilar del gobierno obradorista para forjar y consolidar una opción política que haga claramente la diferencia”.
Es la última oportunidad, advierte
Advierte a sus compañeros de partido: “Esta es la última oportunidad, la última llamada”; dice que si no hacen de Morena el partido de la Cuarta Transformación, “hay calamidades que nos esperan en el futuro”.
Con toda contundencia señala: “Podríamos perder las elecciones antes de hacer irreversible el cambio”.
Alude a algo que ya está sucediendo: el oportunismo de otros partidos para aliarse con ellos por “un pedazo de pastel de la aprobación obradorista”.
“Lo va a querer el nuevo partido de Elba Esther Gordillo y su yerno; lo va a querer el partido de la central sindical llamada CATEM… va a disputar ese electorado también el Partido Verde, ahora vestido de obradorista… Todos van a ser ahora obradoristas. Van a competir, incluso entre quienes nos atacaron en años previos, por ver quién es el más furioso obradorista”.
Finalmente, fiel a la práctica de su jefe, lanza un catálogo de medidas, para él, salvadoras.
Lo que deja en claro es que los proyectos lopezobradoristas y de Morena dependen de un solo hombre: Andrés Manuel López Obrador; que no son un partido político con estructura propia y por lo tanto no están consolidados; que los erosionan sus ambiciones personales y de grupo; y que están muy lejos de acabar con la corrupción, el ofrecimiento estelar de su guía.
Todos ellos no reflejan más que lo que se percibe en la calle entre el electorado.

jueves, 25 de junio de 2020

Ha iniciado la cuenta regresiva

Prosa aprisa
Ha iniciado la cuenta regresiva
Arturo Reyes Isidoro

Con este viernes termina el último fin de semana de junio. Transcurrió ya año y medio en que Morena está en el gobierno.
A partir del próximo miércoles empezarán a correr, efectivos, los últimos once meses antes de las próximas elecciones.
El domingo 6 de junio los veracruzanos irán a las urnas a elegir 20 diputados federales, 30 diputados locales y 212 presidentes municipales.
En el caso de los legisladores, según el porcentaje de votación que alcance cada partido, aumentará su número con los llamados plurinominales.
En esta ocasión, el partido a derrotar es Morena, en el poder. Ya pasaron por el Palacio de Gobierno el PRI y luego el PAN.
Los viejos políticos saben bien y sostienen que lo difícil no es llegar al poder sino mantenerse en él. Los tricolores lo lograron por más de 70 años.
Con Morena, ahora, se vivirá una elección inédita: acaso la más austera de cuántas haya habido.
El gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, con la diputación que lidera Juan Javier Gómez Cazarín, lograron una verdadera hazaña en tan corto tiempo: una reforma constitucional que redujo en 50 por ciento las prerrogativas, el financiamiento, a los partidos políticos.
Una hazaña si se toma en cuenta que a nivel federal su partido intentó lo mismo y fracasó.
El 27 de septiembre de 2018, el coordinador parlamentario de Morena en la Cámara de Senadores, Ricardo Monreal Ávila, presentó una iniciativa de ley para reducir en 50 por ciento el financiamiento público que reciben los partidos.
No prosperó porque dos partidos parásitos, el PT y el PVEM, rompieron de facto una alianza electoral con el presidente Andrés Manuel López Obrador y a la hora de la votación, el 12 de diciembre de 2019, le retiraron su apoyo votando en contra. Al PRI-PAN-PRD-MC juntos no les alcanzaban los votos.
Por eso el 12 de mayo cuando se aprobó la reforma local, Monreal no lo creía, estaba sorprendido y no le quedó más que hacerle un reconocimiento a Gómez Cazarín y preguntarle cómo le había hecho.
El lunes pasado, día 22, Juan Javier completó la tarea ya con el aval de la mayoría de los cabildos del Estado, y el 23 Cuitláhuac promulgó la nueva ley.
Eso, pues, marca el antes y el después del proceso electoral ya próximo a arrancar el último trimestre del año.
Morena, pues, es el partido que más tiene que perder y al igual que la oposición ya se prepara para la gran contienda.
Por ejemplo, ya comenzaron a hacer ajuste de personal en las diversas dependencias del gobierno. Dan por pagados compromisos con quienes los ayudaron a ganar en 2018 pero no son morenos “puros”. Les dan las gracias.
En su lugar están contratando a sus activistas, a sus allegados, a quienes piensan poner a operar, algo muy parecido a lo que hizo Miguel Ángel Yunes Linares cuando empezó a preparar la campaña de su hijo.
Van a empezar a promocionar mediáticamente sus logros como gobierno en algunos medios, con miras a mejorar su imagen ante el electorado, un recurso que el anterior gobernador desdeñó.
En forma muy anticipada pero también empiezan a renunciar a cargos quienes pretenden ser candidatos y se disponen a ir a trabajar sus distritos o sus municipios.
Eric Cisneros, con el pretexto de su cargo, recorre el Estado, bien acompañando al gobernador, bien por su cuenta. Adentro lo tienen por un buen operador electoral y quien conoce bien y maneja la estructura Morena.
El proceso electoral federal iniciará en septiembre, y el local, en noviembre, pero todo indica que están pidiendo a sus futuros candidatos que caminen sus territorios, algo que le gusta mucho al gobernador.
El PAN demoró en el gobierno apenas dos años. En realidad, su paso por el Palacio de Gobierno fue efímero. Cometieron un error: pretender heredar el poder al hijo del gobernador. Con, por ejemplo, Julen Rementería, tal vez hubieran retenido la gubernatura.
A Morena le va a pesar esta vez la figura del presidente, su imagen a la baja, lo que lo ha llevado a perder popularidad. El gobierno de Veracruz y sus candidatos tendrán que saber aprovechar sus positivos, pero deslindarse muy bien de sus negativos.
Otro hecho inédito es que, a menos que se fracturen de última hora, los dos partidos históricamente antagónicos, el PRI y el PAN, irán juntos, además con el PRD, que de coalición o de alianza pueden pasar a BOA si se articulan además con el empresariado y con los grupos religiosos.
Una vez que han estado en el poder el PRI, el PAN y ahora Morena, el 6 de junio se sabrá a quién prefieren los mexicanos y los veracruzanos, o si de plano a ninguno y optan por nuevas opciones, los nuevos partidos, o por candidatos independientes.
En el PRI
En el caso del PRI, se preparan, a mi juicio, iniciando por el principio.
Van a renovar las 212 dirigencias municipales y, pese a que perdió mucha presencia, no deja de sorprender que hay quienes todavía se mantienen fieles a su militancia o a su simpatía por el tricolor.
Al renovar sus dirigencias están fortaleciendo su estructura de base. Pienso que los que compiten para ser presidente o secretaria general lo hacen porque creen en su partido y no por el afán de saber que los esperan grandes cantidades de dinero, como en el pasado.
Aquí se tiene que reconocer que el dirigente estatal Marlon Ramírez Marín ha sabido motivar a sus bases y la mejor prueba es que se han inscrito para participar en este proceso de renovación.
Lo que tienen que hacer, además, es sacudirse a tanta gente que les hace daño y por quienes los rechaza el electorado, los rescoldos del fidelismo, del duartismo, de tantos que son sinónimo de corrupción y que hundieron lo que fue un gran partido.
En el Estado el priismo todavía mantiene un voto duro significativo que puede decidir muchos resultados electorales en varios distritos y municipios.
Si hacen bien las cosas, si renuevan sus dirigencias en forma limpia y democrática pueden recuperar terreno.

miércoles, 24 de junio de 2020

El boicot a sí mismo

Prosa aprisa
El boicot a sí mismo
Arturo Reyes Isidoro

Interesante, como todas sus columnas, Jorge Zepeda Patterson publicó ayer en El País un texto cuyo encabezado resume todo: “El boicot de López Obrador contra la 4T”.
En boca del propio presidente, este periodista es de los “tres” que lo defienden, incluso lo califica de “inteligente” y opina de él que es un “buen analista político que se mete más a entender lo que está pasando y lo que somos”.
Puede uno estar de acuerdo o no con lo que dice, pero no puede dejar de reconocer su capacidad de análisis y de argumentación. No niega que votó por AMLO y que todavía cree en su proyecto, lo defiende incluso.
Ayer recordó que al tomar posesión, el tabasqueño hizo un llamado a todos los ciudadanos, particularmente al tercio más próspero, para hacer un alto al camino de crecimiento a ultranza y atender a los pobres por el bien de México en su conjunto.
Pero apunta que “por desgracia” perdió de vista su propia convocatoria. “Poco a poco se fue alejando del jefe de Estado de ese primer momento, capaz de concitar el interés del México de arriba para ayudar al de abajo, hasta devenir en un instigador de la confrontación entre los dos Méxicos”.
Como consecuencia, apunta, por su rijosidad, ha confrontado a los dos Méxicos yha convertido en rivales a sectores que pudieron ser aliados o por lo menos testigos pasivos de su estrategia de reformas”.
Advierte lo que ya se está viviendo: “Ahora, en cambio, amplios y poderosos sectores de la población se declaran adversarios y se disponen a convertirse en un obstáculo” de sus reformas.
Señala algo relevante: dice que es una mala noticia para los pobres porque el 75% de la actividad económica depende de la inversión privada nacional y extranjera, “buena parte de la cual cada vez se muestra más preocupada y desactivada por la actitud del mandatario”.
Apunta: “Hay en el presidente una pulsión inexplicable que lo lleva a convertirse en un boicoteador de su propio proyecto”. Se pregunta por qué boicotear la oportunidad para intentar un cambio, “¿vocación al fracaso?, ¿deseo de inmolarse?, ¿fractura de personalidad? ¿simple y llana soberbia?.
En suma, ¿por qué boicotea López Obrador su propio proyecto?”
Tuxpan pierde 2 mil empleos; se va inversión española
Cuánta razón tiene. Ayer los hechos confirmaron lo que dice.
A media mañana, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez (CGJ) publicó que desde Tempoal (donde se encontraba en gira de trabajo) se había comunicado con su “amiga” Rocío Nahle, quien le había confirmado que “el proyecto para Tuxpan se mantiene”.
El proyecto al que se refería era el de la construcción de una central eléctrica en el municipio de Tuxpan, que originalmente iba a construir la empresa española Iberdrola con una inversión de mil 200 millones de dólares, pero que finalmente canceló.
El día de ayer amaneció con esa noticia en el diario Reforma, teniendo como fuente al alcalde panista Juan Antonio Aguilar Mancha. La central era de ciclo combinado de mil 204 megawatts e iba a crear dos mil empleos para la región.
En su tuit, el gobernador informó que Nahle le dijo que el proyecto es de la Comisión Federal de Electricidad, la que licitará su construcción y que las empresas veracruzanas tendrán la oportunidad de trabajar.
Esta es de las pocas veces en que CGJ ha reaccionado de inmediato ante lo que representa una mala noticia para el Estado y en defensa de los intereses de los veracruzanos, a los que representa. Cumplió, pues, hizo lo que debía. Se esperaría que así siga.
Pero el pleito fue de AMLO
El origen de la decisión de Iberdrola fue la crítica que le hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado día 17 cuando dijo que dominaba casi la mitad del mercado de la energía eléctrica particular en el país.
Pero agregó que tenía una especie de conflicto de interés pues había contratado a la Secretaria de Energía con Felipe Calderón, Georgina Kessel Martínez (la aludió sin citarla por su nombre) y que entonces “consejero de Iberdrola el presidente de México” (obvia alusión a Calderón).
Y acusó a la empresa de impulsar, “encubiertos” una supuesta campaña mediática en su contra para frenar cambios de reglas en el sector eléctrico. Aunque dijo que tenía información “de que son ellos”, no presentó ninguna prueba.
“Ya traían un gasto de 40 mdd”
En la entrevista con Reforma, el alcalde Aguilar Mancha dijo que el pasado jueves los representantes de la empresa le dieron la mala noticia. Le dijeron que llevaban nueve meses intentando obtener el contrato, sin respuesta favorable.
“Ya tenían más de un año trabajando en logística, compra de terrenos, pagos de permisos, pagos de gente que tuvieron que mover para Tuxpan, ya traían un movimiento y un gasto cercano a los 40 millones de dólares, pero no lograron el entendimiento, y tenían una fecha fatal”.
La construcción debía iniciar en julio, la próxima semana. El diario dijo que la empresa española ya contaba con el permiso de interconexión con el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), pero que sin embargo faltaba el acuerdo con la CFE para el suministro de gas natural, a través del gasoducto marino Sur de Texas-Tuxpan, materia sin la cual no resultaba viable.
Priva la politización
Es evidente que lo que representaba una gran inversión para el Estado finalmente se politizó desde el momento en que el presidente involucró en la empresa al expresidente Felipe Calderón, a quien le tiene fobia.
La señora Nahle le dijo a CGJ que la CFE licitará la construcción y que “las empresas veracruzanas tendrán la oportunidad de trabajar”. Hubiera sido bueno que le pusiera fecha a la licitación, porque lo único que al presidente y a ella les interesa son el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. Fuera de eso, el mundo no existe.
Cuando habla de empresas veracruzanas, seguramente está pensando en la de su compadre Arturo Quintanilla Hayek, de Coatzacoalcos, al que, de acuerdo a diversas publicaciones periodísticas, lo ha beneficiado con jugosos contratos. El resto de las empresas veracruzanas está en quiebra debido a la crisis y a la falta de contratos.
La noticia coincidió ayer con la que se publicó en prácticamente todos los medios, de que México, junto con Francia, España e Italia, lidera desplomes del Producto Interno Bruto con una caída de 10.5% en este año, de acuerdo al Fondo Monetario Internacional.
O sea, la recuperación económica no solo será prolongada sino que es incierta, y por eso cobra singular importancia el retiro de la inversión en Tuxpan, que debía activarse a partir de la próxima semana.
Creo que peor es que con lo ocurrido se desalientan las inversiones extranjeras, por ahora las únicas que pueden crear empleos.
Al boicotearse a sí mismo –siguiendo el hilo de lo que dice Zepeda Patterson– y confrontar a los dos Méxicos, al perder el apoyo del 75 por ciento de los inversionistas, de los cuales depende mucho la suerte de los pobres, el presidente pierde también muchos votos, lo que explicaría el derrumbe que está sufriendo en la aprobación de los mexicanos.
Pero no se le advierte que tenga la más mínima intención de rectificar. Pagará las consecuencias.

martes, 23 de junio de 2020

Xalapa, la capital… pero de la indolencia


Prosa aprisa
Xalapa, la capital… pero de la indolencia

Arturo Reyes Isidoro


¿Justifica la pandemia el total abandono en que se encuentra la ciudad de Xalapa, la capital del Estado, una de las más bellas del país, hoy en manos de un gobierno de Morena?
Nunca, que recuerde, había presentado un estado tan lastimoso como el que luce tristemente hoy en día. Nunca, que recuerde, había tenido un presidente municipal tan indolente como el de hoy.
Recuerdo que conocí a Hipólito Rodríguez Herrero, ya como alcalde electo, en la casa del periodista Omar Alemán. En el transcurso de un desayuno se sinceró: dijo que no era militante de Morena.
Nos platicó entonces que coincidía con su propuesta política y que por eso había aceptado contender bajo sus siglas. Me gustó su sinceridad, como confesarnos que de joven se las “tronó”.
Platicó también de su situación personal y familiar, nos escuchó y para la empresa política-administrativa que le esperaba se presentó como un experto urbanista. Según él sabía cómo resolver el problema vial que ahoga a la ciudad.
Pensé que, porque nos estaba conociendo, si no tenía nada que decir se mostraba taciturno. Me quedó la impresión de que el enigma que prevalecía sobre su persona prevaleció cuando nos despedimos.
Con el paso del tiempo supe que su cargo se lo debía al extinto exdiputado local Fidel Robles Guadarrama, quien lo introdujo en el mundo de la política y con el grupo del hoy gobernador.
El 13 de febrero de 2017 publiqué que un día antes el entonces diputado federal por Xalapa, Cuitláhuac García Jiménez, lo había destapado a través de un video titulado “Patinando en las calles de #Xalapa, o sea a patín con el Dr. Hipólito Rodríguez”.
Se les veía recorriendo la colonia Obrero Mundial colindante con la Carolina Anaya. Hacían tomas de las calles con rezago social. En el video, Cuitláhuac decía que iba “a tener un papel muy importante”.
Quién un año después llegaría a ser gobernador, comentaba entonces en el video que recorrían la ciudad “así como se debe hacer, como lo hicimos nosotros en las colonias, hablando con la gente casa por casas”. “No nos pierdan de vista”, alertaba.
O sea, desde entonces ya lo había adoptado su ¿amigo? y jefe. Traía, pues, y llegó con la bendición de las alturas.
El 18 de julio de 2018, cuando el OPLE entregó a Cuitláhuac su constancia de mayoría que lo declaraba Gobernador Electo, fue la única vez –hasta ahora– que lo visitó en el palacio municipal.
Ofreció entonces “construir una agenda de trabajo común” que, alardeó, permitiría abatir la desigualdad social, combatir la corrupción y hacer que el desarrollo económico y la cultura vuelvan a florecer”.
Dijo que trabajaría “de manera intensa” con Cuitláhuac y que si con su respaldo Xalapa lograba prosperar, “nuestro municipio será un ejemplo de lo que puede ocurrir en las demás regiones de Veracruz”.
Dos años y medio después de que asumió la alcaldía, la desigualdad social persiste, el desarrollo económico no solo está estancado, sino que ha retrocedido, la cultura luce en Xalapa, pero gracias a la Universidad Veracruzana, y sobre la corrupción hay que esperar a que termine la administración para calificarla.
No se sabe que siquiera haya abatido el rezago social en las colonias que visitó como aspirante, con Cuitláhuac, en 2017, y según quejas de vecinos, nunca los volvió a visitar.
Para su desgracia, y de los xalapeños, desde el inicio el control del manejo del ayuntamiento lo tomó en sus manos la entonces síndica Angélica Ivonne Cisneros Luján, hasta que emigró a la Ciudad de México.
Luego desconoció a sus amigos, allegados y a quienes habían estado cerca de él y los empezó a echar del ayuntamiento. Un día, una persona que los conoce a todos desde jóvenes, me hizo una relación pormenorizada de cada uno, sin dejar de mencionar a la viuda de Robles Guadarrama, para quien tampoco tuvo consideración.
Como académico, he leído algunos trabajos de él, uno que firma al alimón con su compañera la también académica María Esperanza del Rocío Córdova Plaza. Esta, sin duda, es su verdadera vocación.
Más allá de la vida personal de los dos, muy respetable, siempre he pensado qué si la hubiera dejado participar, o aconsejarse o asesorarse por ella, su gestión tuviera éxito. Mucho le ayuda que tiene a un político experto como Juan Vergel Pacheco, Director de Gobernación, pero la responsabilidad es suya.
Tristemente para él, hoy no es necesario que termine aún su gestión para afirmar que la suya es la peor administración en toda la historia de Xalapa y que la capital sufre un estancamiento y un retroceso como no lo había vivido, y que sus habitantes se duelen.

Basta recorrer la ciudad para percatarse el abandono que sufre. El covid-19 no es justificación para que no se estén dando los servicios municipales que den la prestancia que ha distinguido a la capital.
Si los xalapeños sufren el costo, también tiene una implicación política. Morena va a perder la capital en la próxima elección, a menos que lleven como candidato al maestro Ricardo Ahued, senador, pero quien está ya para proyectos mayores. En las encuestas es el único que los salva, pero, además, los morenos-morenos no lo consideran parte de ellos.
A casi ya once meses de las elecciones, ante las crisis por la pandemia y económica, en parte derivada de ella, sin recursos, sin ninguna obra significativa en construcción que vaya a distinguir al actual cuatrienio, con cientos de comercios cerrados, con problemas de inseguridad, con el turismo municipal muerto, con el monte hasta arriba en los arriates cual si estuviéramos en un rancho, y un largo etcétera, no se ve cómo pueda revertir el alcalde su mala imagen y hacer que los xalapeños se vuelquen en las urnas a favor de su partido.
Hoy Xalapa, sin duda alguna, es la capital… pero de la indolencia.
La reforma ahorra un billetote, dice Cuitláhuac
Después de promulgar la reforma electoral, que tumbó a los partidos políticos el 50 por ciento de su financiamiento, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez emitió un mensaje en el que destacó que el ahorro, en todas las elecciones por venir, será de más de 2 mil millones de pesos que, comentó, podrían ser destinados al desarrollo regional en infraestructura de educación y salud.
En gira de trabajo por el norte del Estado, en Tuxpan grabó el video, como lo hace el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando sale de gira.
El gobernante comentó que “la democracia no es una cuestión de dinero, sino de principios” y que dejar de gastar tanto dinero en elecciones era una demanda ciudadana. “Se acabó el negocio con el dinero público”.
Sostengo que si la oposición no logra echar abajo la reforma, políticamente vale por todo el sexenio cuitlahuista y será algo que distinga a la LXV Legislatura bajo el control de Morena.
Si las cosas se quedan como plantea la reforma, la forma de hacer política electoral en Veracruz cambiará irremediablemente y puede que incluso en la materia el Estado se ponga a la vanguardia de las demás entidades del país.
Lo cierto es que el paso que dio Morena pegó donde más duele: en la bolsa del dinero.