Prosa aprisa
Confirman intentos de cobros de
moches; AMLO “hasta el
copete”
Arturo Reyes Isidoro
Mediante un
boletín de prensa, la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) confirmó
ayer el intento de cobro de moches para “gestionar” el pago de adeudo con
proveedores, lo que se denunció en “Prosa aprisa” del viernes pasado.
El secretario
José Luis Lima Franco confirmó también que en este mes comenzará a pagarse a
quienes ya acreditaron su deuda, por lo que solicitó denunciar “intentos de
engaño” ante la dependencia y ante la Contraloría General del Estado, “ya que
han detectado personas que pretenden aprovecharse de la situación”.
Fue enfático: “Tenemos la
instrucción de acabar con la corrupción, no hay ningún intermediario, ni de la
Secretaría ni de ningún despacho externo o alguien que ande gestionando los
pagos para los proveedores”.
El viernes
comenté sobre la alerta que había lanzado el titular de la Sefiplan a través de
su cuenta de Twitter.
Pidió entonces
a los proveedores que en caso de ser víctimas de un fraude lo denunciaran a dos
extensiones, que proporcionó, del número telefónico del conmutador de la
dependencia. “Todos los trámites son directos y gratuitos”, hizo saber.
Pregunté si
había lanzado el aviso de alerta nada más porque se le había ocurrido.
Narré que
días antes, en un desayuno privado, había escuchado a dos personas decir que siguen funcionando los cobros de moches, de
porcentajes de 10, 20 y hasta 40 por ciento, por adelantado, lo mismo para que
paguen adeudos que para que otorguen contratos, y que el asunto salpicaba a
diputados locales (hombres y mujeres) de Morena.
La maniobra sería, de acuerdo
a lo que escuché: funcionarios solicitan 20 por ciento de moche y
los diputados le agregan 10 más para ellos como cobro por su “gestión”. Deslicé,
entonces, varias interrogantes:
¿Qué sabe o qué supo (Lima
Franco)? ¿Qué oyó o qué escuchó? ¿Algún presunto afectado lo puso sobreaviso?
¿Esos “gestores” o “intermediarios” son de adentro o de fuera? ¿Si son de
adentro quién o quiénes son? ¿Si no hizo públicos nombres, se los dio a conocer
al gobernador? ¿Informó acaso ya al Secretario de Hacienda y Crédito Público,
su mentor, para protegerse ante cualquier señalamiento? ¿Acaso dio cuenta de la
información que posee al hermano del presidente López Obrador, con quien
también se protege, para que le informe a AMLO lo que está pasando?
El sábado, durante su
visita a Tantoyuca, hubo un detalle del presidente Andrés Manuel López Obrador
que me llamó la atención.
Pudo haber sido un
hecho totalmente casual lo que dijo, sin ninguna intención, pero también
permite caer en el terreno de la
especulación y tomarse como un posible mensaje que quiso dejar para que
lo entendiera quien lo tenía que entender.
Al hablar sobre los
caminos de la Huasteca veracruzana, comentó ante la concurrencia que había
platicado con el gobernador Cuitláhuac García Jiménez sobre la posibilidad de
que se construyan con concreto, no con asfalto, y con revolvedora no con
“maquinaria”, para que se le dé mucho trabajo a la gente y el dinero se quede
en las comunidades, como ya está ocurriendo en Oaxaca.
“Le comentaba yo a Cuitláhuac que
analice esa posibilidad, porque ya el sistema ese de que: a ver, vamos a hacer
un camino, vamos a pavimentar un camino, se contrata a una empresa que entrega
un moche a la autoridad para que le dé el contrato y por lo mismo hace un mal
trabajo, nada más una capita de asfalto, pintan nada más los caminos, vienen
las lluvias y vuelve el camino a ser de terracería, eso ya no”.
Exclamó
entonces: “¡Cuántos políticos se convirtieron en contratistas! Eso ya se acaba.
No quiero aquí calentarme mucho porque ya me tienen hasta el copete”. ¡Uf!
¿Tocó el tema
de los moches por pura casualidad, nada más porque se le ocurrió?, o, ¿en
efecto le llegó alguna queja, a través de su hermano, del secretario de
Finanzas Lima Franco?
El viernes
comenté que los proveedores reclaman un adeudo superior a los 3 mil 500
millones de pesos aunque algunos hablan hasta de más de 5 mil millones. Dije
que suponiendo que son 3 mil 500 millones, un moche o comisión de 20 por ciento
dejaría libres de polvo y de paja 700 millones de pesos.
Ante el rumbo
que tomaron las cosas parece habérsele caído un cuantioso negocio,
multimillonario, a “gestores” e “intermediarios”, hombres y mujeres, funcionarios
de la propia administración estatal y diputados locales de Morena, que los
proveedores saben bien quiénes son y cuyos nombres y apellidos es posible que
se los hayan hecho saber al secretario de Finanzas y este, a su vez, se los
haya transmitido al gobernador.
El cobro de
moches es un viejo vicio practicado por administraciones priistas (los
institucionalizaron) y panistas (los hicieron suyos) y constituyen un acto de
corrupción que el gobierno de López Obrador dice combatir a fondo.
El hecho de
que se haya emitido un boletín de prensa sobre el tema un día después de que
AMLO dijo que lo tiene “hasta el copete” pudo ser una reacción deliberada para
librar a la administración estatal de toda sospecha de que participa o
consiente un acto de corrupción y para desmarcarse de quienes “pretenden
aprovecharse de la situación”.
Al terminar
mi comentario sobre el tema el viernes pasado, apunté: “queda claro, hay que ser justos, que al menos
el secretario de Finanzas, Lima Franco, es un funcionario honesto. Pero no va a
poder contra la nueva mafia del poder. Al menos hay que reconocerlo”.
Por lo pronto, parece que
ganó el primer round a la nueva mafia del poder, pero seguramente se echó una
bola de alacranes de cuello blanco encima.
Funcionarios como él
prestigian a la administración de Cuitláhuac y ayudan a creer y tener confianza
en el gobierno estatal de Morena, aunque, como dice el dicho, una golondrina no
hace verano. Su ejemplo tiene que multiplicarse adentro de la administración pero
no se ve mucha tela de dónde cortar.
Siempre, en todo gobierno,
los intereses en pugna son muy fuertes y tratan de influir en el gobernante en
turno. Tiene que reconocerse también que el gobernador resista, aguante,
escuche y apoye a colaboradores honestos que tratan de hacer bien las cosas. Es
el caso del que me ocupo.
A Cuitláhuac tiene que
reconocérsele que vaya a cumplir su palabra y que se disponga a pagar, así sea
en abonos, a los proveedores por una deuda no suya pero sí institucional que
heredó. Si cumple, marcará la gran diferencia con su inmediato antecesor Miguel
Ángel Yunes Linares, quien prometió que lo haría, previa revisión de documentos,
pero no cumplió y hasta amenazó con penalizar a algunos.
Si paga y cuida que no
extorsionen con moches a los proveedores estará dando uno de los pasos más
decisivos de su administración del que sin duda saldrá fortalecido.


