Prosa aprisa
De nuevo, oootraaa embestida
Arturo Reyes Isidoro
−Qué pasó, cómo va el asunto
de Winckler.
−Señor, para qué lo voy a
engañar, todavía no lo hemos podido quitar.
−Pero tú te comprometiste que
a más tardar en febrero me entregabas su cabeza y mira ya a cómo estamos.
−Sí señor, le ofrezco
disculpas, pero, fíjese…
−Nada de disculpas ni de
fíjese. Imagínate a Yunes que ha de estar botado de la risa. Estoy haciendo el
ridículo porque confié en ti.
−Señor, es que… la verdad me
confié en Cisneros y en Gómez Cazarín.
−¡Ni me los menciones! ¡Son
unos inútiles! Como dice Paquita, buenos para nada.
−Acepto que me equivoqué con
ellos…
−¡Córrelos! ¡Ya los hubieras
corrido! ¡Son unos tinterillos de la política! ¡No te das cuenta de que te
están dejando mal a ti y de paso a mí!
−Lo voy a hacer, señor, deme
unos días.
−Para que los corras o para
que saques a Winckler.
−Para las dos cosas. Es más,
le comento que yo mismo voy a tomar en mis manos el asunto del fiscal.
−No quiero que te me
desgastes más de lo que ya estás, pero
allá tú. Rodéate de gente que sepa, para eso eres gobernador. Ejerce el poder.
−Sí señor, tiene razón, pero
ya no le puedo fallar de nuevo.
−Bueno, pues haz lo que
quieras pero te doy solo hasta mayo para que recuperemos la Fiscalía, o dime si
de plano no puedes.
−No señor, no es eso. Por eso
le comento que yo mismo me voy a hacer cargo del asunto. Es más, ya por ahí
traemos entre manos un buen pretexto para correrlo, ya encontramos una rendija
por dónde con motivo de la muerte de la alcaldesa de Zongolica.
−Confío en que ahora sí
porque o se va él o te vas tú. Mira cuánto respaldo te he estado dando y ni
así. Y ya dejemos por ahora esto porque nos está esperando la gente que, por
cierto, mira cómo está encabronada por la masacre que pasó. Ahorita les voy a
anunciar que ya les dejo la Guardia Nacional para calmarlos y ya mandé decir
que cuiden que cuando salgamos o cuando te toque hablar no ve te vayan a
abuchear. Más respaldo no te puedo dar.
−Señor, le agradezco mucho.
Creáme que estoy apenado con usted. Lo que menos quiero es hacerlo enojar. Por
cierto, cuídese, ya ve cómo lo están amenazando. Deje que lo critiquen pero
rodéese de los mejores elementos que estaban en el Estado Mayor, ya ve cuánta
experiencia tienen. No le haga caso a la que usted llama prensa fifí, yo aquí
en Veracruz ni los leo ni los veo y ni los escucho, es cierto, son unos
conservadores.
−¡Vaya! Al menos me entiendes
en eso. Eres buen muchacho, yo te aprecio pero tu porcentaje de bateo está muy
bajo. Tú sabes, me gusta mucho el beisbol y hablo con ese lenguaje. Tú debieras
estar bateando arriba de .300. Tú ya estás en las grandes ligas. Busca buenos
relevos capaces de ponchar a cualquiera, busca los mejores bateadores
emergentes que sean capaces de botarla con casa llena. Y ya, vámonos al acto
que se hace tarde.
★★★
Lector, el anterior es un
diálogo imaginario que pudo haber ocurrido el viernes pasado cuando llegó el
presidente Andrés Manuel López Obrador a Minatitlán y lo recibió el gobernador
Cuitláhuac García Jiménez.
El ultimátum pudo haber
ocurrido, alguna exigencia presidencial debió haber habido ya que no se explica
de otra manera que se haya reiniciando la embestida desde el Palacio de
Gobierno en contra del Fiscal General del Estado Jorge Winckler Ortiz.
Lo llamativo ahora es que es
el propio gobernador quien se pone a la cabeza, lo que de paso demuestra la
inutilidad de su equipo y confirma el total fracaso como operadores políticos
del secretario de Gobierno, Eric Cisneros Burgos, y del presidente de la Junta
de Coordinación Política, Juan Javier Gómez Cazarín, quienes tuvieron todo para
destituir a Winckler y no supieron cómo hacerlo. No obstante, debo subrayarlo,
anoche me confirmaron que Cisneros no solo está firme en el cargo sino que
tiene el control total del área de Seguridad Pública.
Si Cuitláhuac se ha puesto
los guantes y se ha subido al ring es que no tiene a quién considere capaz de
enfrentar con éxito de nueva cuenta a Jorge Winckler.
Ayer, de nueva cuenta,
habiendo tantos y tan graves problemas que atender y resolver, la batalla entre
gobernador y secretario de gobierno contra el fiscal estaba a todo lo que daba.
Prácticamente no ha habido un solo mes en que, sobre todo del Palacio, decreten
una tregua.
Quién sabe si no hay quien
asesore, aconseje u oriente al gobernador que no se enrede en un pleito
prácticamente ya personal; quien le recuerde que él representa a la más
poderosa institución del Estado y a más de 8 millones 100 veracruzanos que lo
quieren ver como un hombre de Estado y no como un pendenciero; que rebaja su
nivel político cuando se enfrenta a un enemigo que no tiene su importancia, que
lo hace crecer y lo convierte en víctima.
Quién sabe dónde está su
aparato jurídico que no lo prepara si va a hacer una declaración diciéndole que
una acusación tiene que estar sustentada con pruebas, que tiene que
formalizarla con una denuncia en la propia Fiscalía, que su solo dicho no
basta, que quien acusa un encubrimiento tiene que probarlo, que un juez
ampararía al acusado si la denuncia en su contra se sustenta solo en lo que
dice la gente, que en un diferendo legal no tienen mayor peso las versiones que
se publican en los medios, y que la parte acusada se va a defender con sus
propios recursos y con los mejores abogados.
En el fondo, según lo que
declaró ayer el gobernante, está la sustitución del fiscal. Habló de un
“mecanismo de sustitución” y dijo que el Congreso local debe analizar la
actuación de Winckler, algo impropio porque lo pueden acusar de invadir la
esfera de otro poder.
La embestida oficial ya está
y si tiene éxito habrán logrado, por fin, su objetivo, pero si no ya no le
echarán la culpa a Cisneros ni a Gómez Cazarín. El saldo se lo pasará la opinión
pública al propio gobernador. Qué necesidad.
Lamentable, tristemente, las
notas dominantes seguirán siendo del pleito entre autoridades. Y pensar que
hasta el propio presidente López Obrador le entró. Winckler debe estar feliz.
Seguramente no pensó que llegara a tener tanta cobertura mediática, incluso en
la prensa extranjera. Lo han hecho famoso ya.
Y mientras, en el municipio
de Las Choapas los habitantes de un poblado haciéndose justicia por propia
mano, linchando a tres presuntos delincuentes. Pueblos sin ley, pues, y sin
autoridad.


