Prosa aprisa
Mantiene AMLO alta
aceptación en Veracruz
Arturo Reyes Isidoro
¡Uf! Tiene
uno que rendirse a la evidencia.
En vísperas
de la sexta visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Veracruz, su
popularidad entre las personas en desventaja económica se mantiene diez meses
después de que lo eligieron en las urnas.
Me atengo a
los testimonios de primera mano que tengo al expresar lo anterior.
Resulta que
brigadas de jóvenes que trabajan para la causa política del tabasqueño están
visitando colonias y comunidades de municipios aledaños a Coatepec, donde será
el acto, Xalapa incluida, para invitar a la población y la respuesta es
totalmente positiva.
En especial
toda la población que ha estado marginada, que es mucha y que además vota,
recibe de la mejor forma a los jóvenes cuando les dicen a qué van e incluso en
estos días de calor les ofrecen aguas frescas y además ¡comida!
Sorprende la
vitalidad de los propios muchachos quienes caminan y caminan invitando casa por
casa y a quienes además no se les paga por hacer la tarea, y creo que desde ahí
comienza el fuerte atractivo que sigue siendo AMLO.
En su mayoría
la respuesta es “claro, cómo no lo vamos a apoyar, cómo no vamos a ir si él nos
está apoyando también”. Sacan entonces a relucir que nunca antes ningún presidente
les había dado algo.
A los jóvenes
lo que les sorprende es que quienes más se muestran decididas para asistir al
acto de Coatepec son las que tienen alguna incapacidad, quienes además les
comentan que en gobiernos anteriores los habían censado y nunca les había
llegado nada.
Me queda claro
que uno es el sector de la población que lo critica y que está inconforme con
las decisiones que toma, y otro es el que se mantiene fiel a quien siguen
viendo con esperanza de que los va a reivindicar y a sacar de la pobreza.
Al menos por
las evidencias que tengo, también me queda claro que ante un amplio sector de
la población, en este caso veracruzana, no le hace mella al presidente la
crítica de la prensa, incluidos columnistas, analistas, articulistas y comentaristas.
Lo que ocurre
como ahora en lo que narro coincide con una tendencia generalizada en el
sureste del país, de lo que bien tienen registro los panistas con base en
encuestas que realizan de cara a la elección intermedia en 2021.
En sus
registros tienen hasta arriba a AMLO en su porcentaje de aceptación y
popularidad, al grado que desde ahora han decidido no perder el tiempo ni
desgastarse tratando de usarlo para tratar de ganar terreno ante el electorado
y mejor van a aprovechar fallos y errores de gobernadores y presidentes
municipales.
En sus mejores
tiempos, el PRI también lograba llevar mucha gente a sus actos de gobierno,
pero ahora hay una diferencia.
En Morena
también les van a facilitar el traslado en autobuses pero no les van a dar ni
lonches ni pago en efectivo. Los invitados responden a los muchachos que no se
preocupen, que ellos van a llevar sus propias botellas de agua.
Interesante
el fenómeno, al menos para mí, pues me da el pulso de cómo seis meses después
de que asumió la presidencia, López Obrador mantiene alta su aceptación entre
un amplio sector del electorado, que es el que vota.
La oposición
se va a topar con él, de nuevo, en 2021.
Aquella primera visita de Duarte a Brasil
El 2 de
agosto de 2011, en su primer año de gobierno, el entonces gobernador Javier
Duarte de Ochoa dijo en las propias oficinas de Odebrecht en Sao Paulo, Brasil,
considerada la capital financiera de ese país:
“Estamos con don Norberto Odebrecht que es el fundador de la segunda
empresa más importante de Brasil, quienes son los accionistas de Braskem, que
es actualmente la empresa de capital brasileño que se encuentra desarrollándose
en el sur del estado a través del proyecto de Etileno XXI, pero asimismo tienen
interés en invertir en otras áreas como es la energía a través de la
agroindustria y también desarrollar infraestructura en nuestro estado, así que es
muy importante para nuestro estado estos encuentros, estas reuniones, que sin
duda se van a traducir en beneficios, en desarrollo, en empleos y en
prosperidad del pueblo veracruzano”.
El entonces jovenzuelo gobernante, que había sido impuesto por Fidel Herrera
Beltrán como candidato del PRI a la gubernatura y de ahí lo hizo su sucesor, se
estrenaba en el terreno internacional y veía, y pintaba entonces, un Veracruz
color de rosa.
Realizaba una gira que había iniciado el 27 de julio y concluiría un día
después de aquella visita a las oficinas del gigante brasileño. Sobra decir que
había viajado con todos los gastos pagados y que además era tratado a cuerpo de
rey. Con él, claro, iba su esposa Karime Macías Tubilla.
Antes, en la ciudad de Salvador, en el estado de Bahía, Duarte se había
reunido con el gobernador de esta entidad brasileña, Jaques Wagner y ahí había
entrado por primera ocasión en contacto con el corporativo visitando sus
oficinas y reuniéndose por primera vez con el fundador de la empresa, Norberto
Odebrecht.
En esa reunión, este personaje destacó entonces que la mayor inversión
que su empresa realizaba a nivel mundial estaba en Veracruz.
Posteriormente, ya en Sao Paulo, ante más de 50 empresarios brasileños
interesados en invertir en Veracruz, Duarte expresó que el Estado que gobernaba
representaba la punta de lanza en las relaciones México-Brasil, “sobre todo
porque la llegada de capital brasileño a tierras veracruzanas coadyuvará a
consolidar el crecimiento económico, el desarrollo, el bienestar y la
prosperidad de la entidad”.
Entonces otro Odebrecht, Marcelo, nieto de Norberto, presidente del
corporativo Odebrecht, le aseguró al pupilo de Fidel Herrera que no había
ningún otro lugar del mundo en donde tuvieran un compromiso tan grande como lo
tenían en Veracruz a través de la empresa Braskem.
Acompañaron a Duarte en aquella gira su asesor Enrique Jackson Ramírez,
el secretario de Economía Erick Porres Blesa, el entonces subsecretario de
Promoción Turística Harry Grappa,y los empresarios Estaquio de Nicolás, Francisco
García González y Moisés Mansur Cysneiros, a quienes presentó como
inversionistas mexicanos. Moisés, prestanombre de Javier, terminaría traicionándolo
y declarando que eran ciertos todos los actos de corrupción de los que se les
acusaba.
He traído a colación todo lo anterior porque hoy la relación de
funcionarios y empresarios mexicanos con Odebrecht ha llevado a la detención
del dueño de Altos Hornos de México, S.A., Alonso Ancira, y a que giraran una
orden de aprehensión contra el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, por presuntos
delitos de lavado de dinero y el uso de un fondo ilegal, que implicarían además
actos de corrupción.
En medio del escándalo han saltado los nombres tanto de Fidel como de
Duarte. Ayer temprano el abogado de Lozoya, Javier Coello, declaró a Carlos
Loret de Mola que pedirán citar a declarar no solo a los miembros del Consejo
de Administración de Pemex sino al propio expresidente Enrique Peña Nieto ya
que “no se movía una hoja si no era por instrucciones del presidente”.
Mañana, Fidel, Javier y Odebrecht.


