Prosa aprisa
El artículo periodístico, según Savater
Arturo Reyes Isidoro
El buen
articulista sabe que en cierto modo es un servidor público y que sus textos
cumplen una función didáctica o lúdica pero siempre social.
Esta
afirmación, producto de su ética personal –según aclara– la hace el filósofo,
escritor y articulista español Fernando Savater en el prólogo a su libro Figuraciones mías.
Recientemente
lo acabo de releer. Inicia el prólogo, títulado “La penitencia del texto”, con
un epígrafe que reproduce una frase de Rubén Darío: “Ser sincero es ser
potente”.
De entrada,
Savater afirma que el artículo periodístico clásico (yo entiendo que el de los
medios impresos) ha entrado en una fase crepuscular, acosado e incluso
sustituido por blogs y otras fórmulas propiciadas por internet.
Con su
experiencia como articulista de más de 45 años, señala que el artículo
periodístico permite mucha libertad pero también exige gran disciplina.
“La
libertad es evidente en la elección del tema, de la perspectiva desde la que
enfocarlo, del tono (irónico, severo, desenfadado, etc.) con el cual tratarlo”.
Dice algo
evidente para quienes escribimos columna o artículo periodístico: en ocasiones
es la actualidad la que determina el asunto de fondo, sobre todo en los
artículos más políticos, influencia que, sostiene, ancla la libertad pero no la
excluye.
Sobre la
disciplina, expresa que no resulta menos necesaria, porque el artículo es un
género de límites amplios aunque indudables que excluye ciertas fórmulas
literarias, como el soneto o el tratado.
Hace otras
reflexiones, a mi juicio muy interesantes, sobre el tema.
Afirma, por
ejemplo, que el artículo periodístico impone condicionamientos menos formales,
que él relaciona con virtudes morales, como la modestia o la responsabilidad.
“Hay
novelistas y poetas egotistas que aseguran –a mi juicio siempre falsamente– que
sólo escriben para sí mismos: por suerte, este autismo dudosamente veraz está
prohibido al articulista”.
Añade
entonces que nadie es tan arrogante o tan imbécil como para decir que escribe
artículos sólo para él mismo, que el género impone pensar en otros, en los
demás.
Expresa que
un buen escritor de artículos es un “acelerador de partículas imaginativas y
racionales”, lo cual excluye el mero capricho autocomplaciente.
Y es
contundente: “Trate de lo que trate, el artículo de periódico siempre cumple
una función política, es decir, se
debe a la polis y a las obligaciones
de nuestra comunidad”.
Fernando
Savater señala dos defectos de los blogs o fórmulas parecidas de la red y que
el artículo periodístico prácticamente nunca puede permitirse: “la
irresponsabilidad del anonimato” y la extensión del texto.
Del primero
dice que en un periódico, el autor de un texto siempre está localizado o es
localizable y que nunca puede difuminarse en lo inasible “ni proferir
enormidades desde detrás de una máscara que pertenece a cualquiera o a todos
los que quieran adoptarla”, algo que, refiere, funciona como un truco para la
impunidad en la ofensa o el delito, “es decir, como un santuario de la
cobardía”.
Del segundo,
señala que es algo que en ocasiones puede verse como una ventaja.
“Los que
debemos atenernos a la estrechez de los márgenes de la prensa en papel, con sus
endémicas carencias de espacio, envidiamos en ocasiones a quienes gracias a la
anchura del ciberespacio pueden extenderse hasta el infinito sin más
restricciones que las dictadas por la propia fatiga (aquí el aburrimiento del
lector no cuenta)”.
Entra
entonces en un tema que cada vez más me atrae: el de ser breves en el texto.
Para él,
colaborar en prensa deja una lección de humildad: que el más apretado y
compacto artículo que uno cree haber ya desgrasado al máximo siempre mejora
cuando aún se le suprimen tres o cuatro líneas por exigencias de la composición
de la página impresa.
“Así se
sufre, pero también se aprende”, manifiesta y añade enseguida: “Un articulista
no debe escribir mucho, sino muchos pocos”.
Comenta que
en la brevedad se encierra también cierta dosis de humanismo, es decir, un
reconocimiento de la condición humana “que implica la siempre demasiada cercana
mortalidad”.
Trae
entonces a colación a su actual filósofo predilecto, el pensador germano Odo
Marquard, quien en uno de sus breves ensayos expresa: “En vista de la brevedad
de la vida de los hombres mortales, y en la medida en que, por decirlo así, constituyen un ataque a la
limitada capacidad humana de atención y al escaso presupuesto de su tiempo de
vida, los textos son siempre cargas y molestias para el prójimo. Esto significa
que todo texto debe siempre hacer penitencia por su propia existencia”.
El escritor
español sostiene que la brevedad es uno de los modos de purgar esa penitencia,
y que otro es el estilo.
De nuevo
recurre a Marquard: “El juego estilístico y estético de las formulaciones no es
lo opuesto a la seriedad, sino una de sus concreciones: aquella que toma tan en
serio la seriedad que considera necesario hacerla más soportable”.
En la
contraportada del libro se recuerda un pensamiento que Savater acostumbra
decir: “Piense usted. Como quiera y pueda, pero piense. Luego razone su
pensamiento con los demás, para pensar mejor”.
Desde hace ya
buen tiempo, desde que leí por primera vez este texto de Savater, me bulle la
idea de ser cada vez más breve en mis textos. Me revolotea ese: “Un articulista
no debe escribir mucho, sino muchos pocos”. Cualquier día daré ese paso.
(Un día en
amena plática con Alfonso Salces, director de Notiver, con mucha agudeza me refirió de alguien con fama de
escribir muy bien. Ante mi extrañeza, completó: bueno, escribe muy bien aunque
no diga nada.)
En varias
ocasiones he coincidido con Savater al expresar que el funcionario y el
periodista tienen el mismo objetivo: servir a la sociedad, en nuestro caso a
los lectores, que son a su vez los electores. De alguna forma, sí somos
servidores públicos.
Hoy más que
nunca, con los nuevos aires que soplan, en Veracruz se dan las condiciones para
enfatizar en esa función.
El 28 de
diciembre pasado, cuando se reunió con los diputados locales para analizar el
presupuesto 2017, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares reiteró su respeto a
la libertad de expresión, dijo que reconsideraría el financiamiento a medios
pues no se van a comprar conciencias y pidió que los periodistas hagan su
tarea.
Entiendo yo
que dispuso someterse al escrutinio de los medios y que no teme a la crítica
(yo no creo que le tema luego de que fue sometido brutalmente a una campaña
negra, de lodo, de la que salió avante), lo cual es sano si se quiere una
sociedad democrática.
En los dos
meses y medio que lleva gobernando, a mí me alienta ver que mis compañeros
columnistas y articulistas abordan los más diversos temas, muchas veces, tal
vez hasta la mayoría de las veces, haciendo crítica al gobernante y a sus
colaboradores y, que yo sepa, hasta la fecha no han sido molestados por ello.
Me atrevo a
pensar que esta tendencia se incrementará cuando se reconfirme que no habrá más
convenios o acuerdos publicitarios como en el pasado reciente, lo cual dejará a
salvo a todos de cualquier compromiso que pudiera comprometer su independencia,
su libertad de criterio y de decir lo que quiera y como quiera.
Y sí, como
pide Savater, yo también le digo y le solicito a mis lectores que piensen, como
quieran y puedan, y que razonen lo que piensan. Si lo hacemos, entre todos
pensaremos mejor y seguramente nos volveremos más vigilantes y más exigentes y
no permitiremos más hechos tan dañinos y dolorosos como los que tienen postrado
ahora a Veracruz.

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