Prosa aprisa
De ya, así es el estilo de AMLO
Arturo Reyes Isidoro
Lector, soy
de los afortunados que hoy sale de vacaciones.
O sea, soy
afortunado porque tengo trabajo. En la Universidad Veracruzana.
Voy a
aprovechar el periodo para atender pendientes personales.
Seré
intermitente en la publicación de “Prosa aprisa”. Lo haré cuando mi tiempo me
lo permita.
Ni para
anunciarte que, sin embargo, me tendrás cuando aquí menos me esperes, porque
esto sucedería solo si algo extraordinario ocurriera en el Estado, aunque con
el gobierno que tenemos no va a pasar nada.
La curva de
aprendizaje se prolonga y cuando algunos ya le estén agarrando el hilo quizás
llegará la hora en que se tengan que ir.
Cambios en la
administración estatal sí los va a haber, incluido el que más se ha cantado y
se espera.
No el del
gobernador, que él permanecerá en el cargo por más que algunos anuncien su
salida.
Pero no lleva
prisa en los ajustes. Ya los determinó o ya le pidieron que los haga pero
estirará el tiempo de espera lo más que pueda.
Todavía
pasarán algunos meses pero, eso sí, se darán en este mismo año. Algunos quizás
esperarán a Santa Claus ya en casita.
Le cantarán
Las Golondrinas (o le echarán flit)
hasta a la que anda declarando que está firme porque está dando resultados.
El estilo del
gobernador es muy diferente al del presidente López Obrador, su tutor político.
Al día
siguiente de la renuncia del secretario de Hacienda Carlos Urzúa (qué forma de
renunciarle), AMLO reveló un detalle que dejó muy claro que le gusta que las
cosas se hagan de inmediato.
Es de los que
practica aquella vieja expresión (que seguramente la usaban en su natal
Tabasco) de “A lo que te truje, Chencha”.
En su
conferencia mañanera platicó que cuando Urzúa le informó de su decisión, le
dijo que esperaría hasta el sábado para darla a conocer para no afectar los
mercados, ya que era martes día laborable.
Su respuesta
fue, dicha por él mismo: “ya, lo más pronto posible, vámonos”.
Un viejo
zorro como es el tabasqueño sabe que en el gobierno, en el poder político, no
se debe y no se puede perder el tiempo.
Que las
decisiones hay que tomarlas de inmediato, sin titubeos ni contemplaciones; que
las circunstancias hay que encararlas, de ya.
Acá se sabe
que la petición o la indicación está hecha, y si la hicieron es porque
seguramente saben que las renuncias o los cambios son necesarios o
convenientes.
También se
sabe que se va a acatar, pero parece que primero van a empezar a deshojar la
margarita.
Creo que no
se dan cuenta, no perciben que entre más se tarden en actuar más se desgasta o
se daña la imagen oficial.
Allá ellos.
Por eso lector, te decía, no va a ocurrir algo extraordinario. Todos los días,
lo mismo de siempre: que si Winckler me dijo, que si yo lo amenazo
mediáticamente, zarandajas, ¡puaf!
Y si AMLO viene
–definen su agenda– ya sabemos la cantaleta: Cuitláhuac es el muchacho chicho.
Entonces, te
soy sincero, no me apuraré por estar pegado al teclado.
Siempre hace
falta oxigenarse, tomar distancia.
A veces
descuida uno a la familia o a los amigos, por ejemplo. Aprovecharé para
reunirme con ellos.
Y siguiendo
la práctica de López Obrador, ya, lo más pronto posible, vámonos, la tarde de
esta misma noche empiezo la parranda con mis amigos (y amigas) danzoneros.
A mi edad,
además por eso, cuando ya estoy y voy de salida, ya no puedo perder mi tiempo,
quiero disfrutar lo más que pueda antes de que ya no pueda hacerlo, que creo
que no tardo.
Viajaré por
el estado y por el sureste del país, aunque sea de mochilero, como en los
viejos y buenos tiempos. Quizá también suba al altiplano.
Mis hijos,
otro privilegio que tengo, hicieron una vaquita y creo que me reunieron como 3
mil 875 pesos con 50 centavos para, me dicen, que no me falte nada.
No me
faltará. Los generosos amigos del puerto de Veracruz, por ejemplo, son pura
atención (y algunos, además, con son montuno cubano de por medio).
Me gusta el
bullicio del puerto, de sus cafés, el calor, soy de los que todavía portalea.
Austero, por
tierra, pero me voy de vacaciones. La situación económica a la que nos está llevando
la Cuarta Transformación no me va a frenar.
Ayer la
propia Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) advirtió que la
desaceleración económica es mayor a lo que se esperaba.
Mientras que
para el Bank of America, México entró en recesión técnica.
O sea, en
lenguaje cristiano no especializado en economía, no vamos bien.
El Banxico
consideró que la orientación de las políticas públicas (las del gobierno de
López Obrador) “en sectores estratégicos y una política de gasto que ha
favorecido la redistribución de recursos hacia las transferencias sociales a
costa de inversión pública, constituyen factores que siguen minando la
confianza de los inversionistas”.
Con un ojo al
gato y otro al garabato, atento a lo que pasa en la política, pero también en
la economía, por aquello de no te entumas, pedí ayer a un amigo doctor en
Economía que ha sido funcionario estatal y federal, que es catedrático en la
materia y que tiene un gran bagaje teórico, que me explicara en cristiano y en
pocas palabras qué es una desaceleración económica y qué una recesión.
Me respondió:
“Desaceleración:
vas en un coche a 100 km y sueltas el acelerador, sigues avanzando pero cada vez
a menor velocidad. Recesión: en vez de crecer decreces. En el argot de los
economistas con que decrezcas tres trimestres seguidos ya es recesión. En
México tenemos una desaceleración, crecemos menos que antes. Antes crecíamos al
2%, ahora estiman que sea a menos de 1”.
Pero me
recomendó esperar el dato del segundo trimestre para hacer una mejor valoración
de la evolución de la economía.
En principio,
¿si no vamos o estamos mal, tampoco vamos bien?, ¿así es?, le pregunté.
No dudó:
“Vamos mal”.
Me recordó
que la economía debería crecer al 4.5 o 5% para poder emplear a todos los que
se incorporan al mercado de trabajo.
“Imagínate
qué hacíamos con un crecimiento del 2%, pues ahora con ni siquiera 1%”.
¡Chin!
Como decía el
yucateco: ¡mare!, si se acaba el mundo, nos vamos para Mérida.
Allá también
iré a parar. Me gusta incluso para vivir. Ya veré si cuando regrese todavía
queda en pie algo de Veracruz.
¡Y pensar que
lo más seguro es que me encuentre al mismo equipito!
Relájate
Reyes Isidoro y deja a tus lectores en paz. Nos vemos.

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