Prosa aprisa
Con despido premian a trabajadores
Arturo Reyes Isidoro
Acaso fue el gobernador Rafael Murillo Vidal el último que en
forma generosa y agradecida recompensó a muchos trabajadores de su
administración, en especial a los que habían servido más cerca de él, cuando
estaba por finalizar su sexenio. Rafael Hernández Ochoa, Agustín Acosta Lagunes
y Dante Delgado Rannauro todavía lo hicieron, incluso este último autorizó un
premio en efectivo a todos los empleados.
Recuerdo muy bien (era un joven reportero) y tengo el
testimonio directo de un familiar de que a punto de entregar el gobierno,
Murillo fue llamando a su despacho de Palacio de Gobierno poco a poco a todos y
cada uno de los trabajadores de distintas dependencias para agradecerles
personalmente haberlo ayudado y, para sorpresa de ellos, preguntarles que
querían que les diera, que les dejara.
Hubo de todo y para todos, desde concesiones de placas de taxi
pasando por la basificación de muchos hasta la entrega de dinero en efectivo.
Por eso muchos, los sobrevivientes o sus familiares, lo recuerdan con cariño y
agradecimiento.
Evoco esto porque a punto de terminar la actual administración
–ya sólo le quedan diez meses–, al contrario de aquel entonces, a partir de la
semana pasada empezaron a despedir, a correr, a echar a la calle a muchos trabajadores
de diversas secretarías. Empezaron por la de Salud pero será en todas, en un
porcentaje que no se espera menor al 15 por ciento de todo el personal.
Ese fue el inicio de año que les dieron. Por supuesto, no hay
ninguna liquidación o algún tipo de compensación por los años laborados porque
son trabajadores por contrato, una forma de explotarlos y aprovecharse de su
necesidad para negarles prestaciones a las que tiene derecho todo trabajador.
Uno de los despedidos, jefe de familia, necesitado de trabajar
para llevar lo más elemental a los suyos me visitó el jueves pasado por la
noche para darme la mala nueva. Venía en busca de palabras de ánimo, de
consuelo que lo ayudaran a llegar a su hogar para decirle a su familia que no
habrá quincena el viernes y que quién sabe a partir de ese día cómo
sobrevivirían pues con el desastre económico en que tiene la actual
administración al estado no le será fácil hallar un nuevo empleo.
Estaba triste, preocupado por los compromisos de pago que
tiene (es de los que compra la ropa o el calzado para la familia a seis, doce,
dieciocho o hasta veinticuatro meses sin intereses para pagar porque de otra
forma se las vería muy duras para hacerlo) y seguramente como él, los demás despedidos
llegaron con la misma actitud a informarles a sus familias que estaban en el
desamparo laboral.
No pude dejar de recordar que esa persona que vino a
verme fue uno de los que se entusiasmó cuando Javier Duarte de Ochoa era
candidato a la gubernatura del estado por el PRI y ofrecía que el suyo sería un
gobierno que procuraría la prosperidad y el bienestar de todos los veracruzanos
y fue a votar por él. Tampoco pude olvidar que sintió alivio y seguridad cuando
se enteró que a la Secretaría de Salud, de donde lo echaron, llegaba el doctor
Fernando Benítez Obeso precedido de fama de ser un hombre bueno, humano,
solidario con los más necesitados, incapaz de una injusticia.
El lunes por la mañana, un funcionario con el que me reuní,
molesto, indignado por lo que está sucediendo y va a seguir ocurriendo, me
confirmó que los despidos continuarán todo este mes, posiblemente hasta marzo y
que serán muchos de todas las dependencias. “No es justo que ellos y sus
familias paguen por las pillerías que se han cometido y por los préstamos que
se han solicitado”, me dijo.
El martes, otro funcionario me adelantó que seguramente van a
enfrentar muchas demandas laborales y que las van a perder. Un tercero no dejó
de considerar que los despedidos harán causa común con jubilados y pensionados
y que la inconformidad popular crecerá
El tema es de injusticia social y laboral, económico, pero no
puede dejar de considerarse su relación con el tema político.
El actual gobierno tiembla ante la alianza lograda entre el
PAN y el PRD para ir juntos en pos de la gubernatura. No es para menos. La
inconformidad popular, ciudadana, es mayor. Hay un rechazo generalizado a todo
lo que huela a PRI (mañana o el viernes publicaré una columna sobre la grave
situación que se vive en Coatzacoalcos y el hastío que hay en contra del
priismo).
Los despidos ocurren en pleno año electoral, que hasta se
antoja preguntar si no son a propósito
para hacer perder al candidato del PRI que no sea del grupo en el poder, aunque
no cabe porque al gobernador Javier Duarte lo que más le preocupa es no pasar a
la historia como el que entregó el Gobierno a la oposición, que a estas alturas
ya, quién sabe.
He estado platicando con personajes ligados al PRI, lo mismo
de Xalapa que de Coatzacoalcos, y pese a su militancia (algunos han sido
dirigentes) aceptan y no tienen la menor duda de que en ambos distritos, tanto
en el área rural como en la urbana va a perder el tricolor en las próximas
elecciones para diputados locales.
Hay elementos de sobra para suponerlo, en la capital del
estado sobre todo por la indignación que todavía existe por el desalojo del que
fueron objetos jubilados y pensionados en la Navidad pasada, a lo que ahora se
suman los despidos. Ya hay incluso apuestas de que postulen a quien postulen en
Xalapa, van a perder por abrumadora mayoría.
¿Por qué hacer pagar a los trabajadores y a sus familias la
enorme deuda pública, los préstamos? Es injusto a todas luces que, como dije al
iniciar el año, los candidatos del grupo en el poder a diputados locales no
pararon en diciembre repartiendo “apoyos”, gastándose el dinero del pueblo y
han tenido –en la prensa se ha ventilado– todo el dinero suficiente para
sobornar o intentar sobornar a consejeros del PRD en su intentona por querer
reventar la alianza con el PAN, que finalmente no lograron.
Sumarán decenas, cientos los empleados despedidos de las
diversas dependencias. Ellos y sus familiares son candidatos naturales a
volverse aliancistas. En el PRI se preocupan por la alianza PAN-PRD y por su
inminente candidato Miguel Ángel Yunes Linares, pero no se dan cuenta que el
peligro real no son ellos sino que está en el mismo Palacio de Gobierno con sus
desatinos, su mal gobierno, la corrupción e impunidad, los préstamos, la
enorme, gigante deuda pública, la inseguridad y su deseo de aferrarse al poder
para continuar con más de lo mismo: jodiendo a los veracruzanos.
No dudo que en breve todos esos despedidos se unirán, saldrán
a protestar a las calles y harán causa común con jubilados y pensionados. A ver
si no les vuelven a echar a la policía encima. Pero su reclamo será justo: se
trata de la sobrevivencia de sus familias, de la escuela de sus hijos, de su
orfandad de los servicios de salud, de las prestaciones sociales a que tiene
derecho todo trabajador. De los ya despedidos, varios son mis conocidos. Triste
y lamentablemente no puedo hacer nada por ellos más que expresarles mi
solidaridad, hacer pública mi indignación y denunciar lo que está sucediendo en
el gobierno de la “prosperidad”.
Kramer vs Kramer:
Héctor vs Miguel Ángel
Con la decisión del Comité Ejecutivo Nacional del PRD de aliarse con el PAN
para buscar la gubernatura de Veracruz, quedaron definidas las candidaturas de
las dos principales fuerzas políticas.
Por un lado, Miguel Angel Yunes Linares se afianza como el candidato de esa
alianza opositora, y por el otro, Héctor Yunes Landa toma más fuerza al ser el
priista con mayor rentabilidad electoral frente a esa unión de partidos. De
acuerdo a varias encuestas, Héctor Yunes es el único priista que podría ganar
al PAN-PRD.

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