Prosa aprisa
En Veracruz dejan colgado de la
brocha a Anaya
Arturo Reyes Isidoro
Había que parar el escándalo, que
mediáticamente ya había rebasado las fronteras de México, y preparar el mejor
escenario para la llegada a Veracruz del presidente Enrique Peña Nieto dentro
de cinco días, el lunes próximo.
Aunque el presunto espionaje a
Ricardo Anaya por parte del Centro de Investigación y Seguridad Nacional
(Cisen) involucraba a una dependencia federal, tenía su origen en el Estado e
implicaba un vehículo con placas de Veracruz e incluso tal vez el agente que
fue filmado sea veracruzano.
Cuando Anaya denunció que lo
seguían y que lo espiaban y mostró en su cuenta de Twitter un video como prueba
encendió el escándalo, del que se colgó también ya saben quien. Y ardió Troya.
En un país en el que todo se
sabe, o casi todo, de siempre se ha sabido que el gobierno vigila a quien puede
constituir un riesgo para su estabilidad en el poder (monitorear “todos los
aspectos de trascendencia nacional”, dijo ayer el Secretario de Gobernación
Alfonso Navarrete Prida), de tal modo que los priistas siempre han puesto “cola”
a los panistas y viceversa, para saber qué hacen. Ahora ya no se diga a los
morenistas.
El espionaje o vigilancia es
común hasta en los gobiernos de los estados, y Veracruz no es la excepción.
Aquí mismo en la capital Xalapa, sitios públicos, en especial cafés y restaurantes, los más
concurridos y conocidos, siempre tienen a un “oreja” que vigila y registra quiénes entran y quiénes salen y con
quienes se reúnen. Hasta foto nos toman. Yo nunca he dudado de que seguramente
con instrumentos especiales y sofisticados con los que los dotan graban todo lo
que decimos.
Igual, en las casetas de peaje,
filman todas las placas que pasan y quedan registradas imágenes de quienes
viajan en los vehículos. No es nada nuevo. Sigo creyendo que el mejor espía u
“oreja” es el que se disfraza mejor y del que menos puede uno sospechar, el que
actúa con mayor naturalidad.
No es que yo apruebe y celebre la
práctica, sino que simple y sencillamente comento lo que es una realidad
cotidiana por lo que siempre actúo en consecuencia, sabiendo que también estoy
bajo la lupa… aunque no tengo nada que ocultar.
En el video de Anaya me sorprendió
que la “cola” que le pegaron actuara con toda normalidad, sin disfraz alguno y
menos sin intentar ocultarse, al grado que cuando el panista decidió encararlo,
el otro, con toda la característica de un típico costeño, lo saludó sonriendo,
le dio su nombre y apellido (José Juan Gaeta), aceptó abiertamente que es del
Cisen, le dijo que “ando comisionado en esto”, y cuando el precandidato
presidencial le preguntó si le habían encargado que lo siguiera, el otro le
respondió: “no, de hecho es para que no pase ningún problema en carretera”.
En “Prosa aprisa” de ayer comenté
que la camioneta jeep del agente trae placas de Veracruz: YHA 86 08.
Tuvo que ser el titular de la
Segob, Navarrete Prida, quien salió ayer a precisar con todo detalle ¡que la
“cola” se la pegó el Gobierno de Veracruz!, cuyo titular es Miguel Ángel Yunes
Linares, panista, presuntamente aliado de Anaya (¿u ahora de Peña Nieto y de
Meade?).
Ciertamente el funcionario
federal nunca mencionó por su nombre al gobernador (el diario El País sí lo trajo a colación) pero fue
muy preciso al dar su versión: la decisión de que el Cisen siguiera a Anaya el
11 de febrero en territorio veracruzano camino a Coatzacoalcos desde la caseta
045 en Fortín para el cierre de su precampaña se tomó en el seno del Grupo de
Coordinación Veracruz, cuyo coordinador es precisamente el titular del
Ejecutivo estatal, según lo ha dicho el propio mandatario.
Navarrete Prida dijo que la
“cobertura” a Anaya fue de común acuerdo entre el Gobierno de Veracruz y el
Cisen, que no se trató de un acto de espionaje o actividad clandestina violatoria
de derecho humano alguno, sino de seguridad. “De la reunión –del Grupo de
Coordinación Veracruz– se desprendió que el equipo de campaña (de Anaya) estaba
enterado de estos sucesos, ¿por qué?, porque la seguridad perimetral en un
evento masivo lo cubre el gobierno del estado”.
Hasta anoche Anaya no había
reaccionado ante la declaración del Secretario de Gobernación.
La arista política del caso
Ayer, creo que prudentemente el
gobernador Miguel Ángel Yunes Linares en declaraciones a Denisse Merker evadió
entrarle al tema argumentando que no podía dar información que no estuviera
autorizada por el Grupo de Coordinación Veracruz. “Es un tema de seguridad
pública muy delicado para especular y generar información”. Sí podía, pero no
quiso. Su argumento es válido porque es un tema de seguridad.
Pero viendo más allá del caso,
finalmente dejó solo, colgado de la brocha del escándalo a quien se supone que
es su aliado y su candidato presidencial, Ricardo Anaya, quien había exigido al
Gobierno federal una explicación y en su cuenta de Twitter acusó: “En lugar de
perseguir delincuentes, espían opositores. Por eso estamos como estamos. En eso
gastan los recursos del Estado. Le exijo al Gobierno una explicación”.
Ayer, en lugar de salir en
defensa de Anaya y de su acusación, el gobernador guardó silencio y dejó que
prevaleciera el dicho del Secretario de Gobernación, esto es, el del Gobierno
federal priista, el de Enrique Peña Nieto, quitando con ello un argumento que
seguramente iba a utilizar el panista para tratar de justificar su derrota. Sin
duda, también en política y en los altos niveles hay de intereses a intereses.
Por lo que se ve, Yunes Linares
prefiere mantener su buena, acaso muy buena relación con el gobierno peñista
priista, con el que está a partir un piñón y andan de manita sudada, más y
mejor que los enamorados que ayer celebraron el Día del Amor y la Amistad.
Primero salió en defensa del
Presidente y de su gobierno cuando el gobernador panista de Chihuahua Javier
Corral lo acusó de retención de recursos para aquel Estado, y ahora ha salido a
descobijar a Anaya también en defensa de Peña y de su órgano de inteligencia.
Y Peña Nieto viene el lunes
próximo (si no hay un cambio de última hora) a inaugurarle al gobernador el
Hospital del Niño Veracruzano, mejor conocido como la Torre Pediátrica, y no
será raro, nada raro que le ponga a Yunes su estrellita en la frente. Como para
que se note más, en pleno “periodo de silencio”.
Imposible dejar de considerar que
va a ser el reconocimiento a un gobierno “de oposición”, “panista”, que sí supo
cumplir y concluir una obra que dos administraciones irresponsables priistas no
fueron capaces de concretar y dejaron que la construcción se prestara a
presuntos actos de corrupción: las de Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de
Ochoa.
Peña Nieto, su gobierno, sigue
con bajos niveles de aceptación entre los mexicanos, los veracruzanos
incluidos. Su mala imagen le pega a su candidato presidencial José Antonio
Meade. Necesita, pues, urgentemente de qué asirse, de qué agarrarse para tratar
de sumar puntos que ayuden a su gallo. Yunes Linares le da envuelto un regalo
del tamaño y la importancia de un hospital pediátrico para que le quite el
listón y se luzca ante los reflectores y los veracruzanos votantes (¿irá a ser
el inicio de la escalada que algunos operadores políticos me han comentado que
vendrá “en serio”, y en la que participarán, para apuntalar a Meade en
Veracruz?). Y de paso le quita un golpe al Cisen, al aparato de espionaje
federal. ¿Habrán tomado nota ya los priistas?

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