Prosa
aprisa
¿Quién defiende
a los usuarios?
Arturo Reyes Isidoro
El nuestro, qué duda cabe, es un
país verdaderamente singular por cuanto hace a la forma en la que actúan sus
gobiernos.
Ahora mismo, el polémico nuevo
libramiento carretero de Xalapa es un buen ejemplo de cómo hemos pasado de los
extremos del PRI… a los del PAN.
Hubo alguna vez en que se
construían carreteras, totalmente acabadas, y pasaban meses y meses sin que se
utilizaran hasta que sobre ellas no pusiera un pie el presidente de la república.
Lo mismo valía para la
pavimentación de calles en los municipios y de otras obras materiales para el
gobernador del estado.
Todavía quedamos muchos
sobrevivientes que vimos y vivimos aquéllos despropósitos de la era de los
gobiernos priistas hegemónicos, autoritarios, verticales.
Por ejemplo: se pavimentaba una
calle y, ya lista, se cerraba hasta que no la inaugurara el presidente
municipal, quien no lo hacía enseguida porque esperaba una fecha especial para
hacerlo: su cumpleaños, el de su esposa, su informe de gobierno, la visita de
algún personaje importante, etcétera.
Se construían muchas obras
materiales en el último año del gobernador en turno, a veces a mitad del año,
pero se empezaban a “guardar” y no se ponían en funcionamiento porque se dejaban
para el último mes de gestión, noviembre, sólo hasta entonces, cuando el
tlatoani local las empezaba a inaugurar para despedirse entre vítores de sus
súbditos, perdón, del pueblo, quien de esa forma le agradecía tantos
beneficios.
Hubo casos sonados de carreteras
federales que se acabaron de construir pero que no dieron servicio hasta que
fue el presidente a inaugurarlas. Y nadie, absolutamente nadie podía rodarlas
antes de que lo hiciera el huésped de Los Pinos.
(Alguna vez, un día en que por
fin se inauguraría una carretera, un automovilista se atrevió a hacerlo con tan
mala suerte que lo sorprendió un Policía Federal de Caminos, quien lo detuvo.
Pero, de esos bandazos de carácter que tenía el presidente Gustavo Díaz Ordaz,
cuando se enteró, cesó al policía, lo que fue noticia de 8 columnas en los
pocos diarios que entonces existían. Pero el agente “del orden” había actuado
porque así eran las reglas del juego entonces. Por eso la, para ese entonces,
insólita decisión presidencial.)
Y, claro, mientras, las obras ahí
estaban sin ser usadas, muchas veces incluso deteriorándose.
Muchos lustros después, ya en
otro siglo, cuando por fin el panismo llegó al poder, actuó en sentido
contrario: no esperó a que estuvieran terminadas totalmente las obras para
inaugurarlas.
En Xalapa, o más bien en sus
cercanías, se ha tenido el más claro ejemplo de ello: no obstante que no estaba
concluido y que le faltaban detalles, Felipe Calderón inauguró oficialmente el
último tramo del libramiento Xalapa, entre Corral Falso y Banderilla.
A lo que quiero ir, en
conclusión, es que, qué tristeza, los gobiernos, ya tricolores, ya azules, ya
¿liberales?, ya conservadores, siguen sin hacer bien las cosas, guiadas o por
el sometimiento al poder de quien manda o al oportunismo para que se luzca el
que manda.
La única justificación para que
Calderón viniera a inaugurar una obra inconclusa es que quería lucirse a horas
de entregar el gobierno. Y no tenía mucho con qué.
Obnubilados como están o son los
hombres del poder, no reparan en que hoy es imposible ocultar la verdad. Pero,
peor, en que continúan pensando y creyendo que el pueblo no se da cuenta o que
no sabe.
Más grave, en que desde el mismo
lado oficial se difunde, con un gran aparato de publicidad, que se tratan de
obras inconclusas, como el ahora tan llevado y traído libramiento, del que se
reconoció que se inauguraba pero que todavía no podía entrar en servicio porque
le faltaban detalles.
Y si todo lo anterior ya es
preocupante de que continúe ocurriendo, a mí todavía me parece de mayor
gravedad el hecho de que los medios no se den cuenta o no quieran darse cuenta
y se sumen sin mayor rubor a esta mascarada.
Yo pensé que la fiesta inaugural
había concluido con la que hizo Calderón, pero ayer, este miércoles, me fui
para atrás cuando vi las ocho columnas celebrando que por fin entró en servicio
y todavía destacando, pero sin cuestionar a favor de los intereses de los
lectores-usuarios, de la sociedad, el alto costo por el peaje.
Se destacaron algunos detalles
técnicos y de magnitud arquitectónica y de ingeniera, como que hay un túnel y
un puente entre los más altos del país. Eso se reconoce. Lo no se debe ni se
puede pasar por alto es que con ello se trata de ocultar una verdad de fondo:
el costo por el servicio es un verdadero atraco.
Generalmente,
hasta donde lo conozco, que no es mucho, el delegado de la SCT, Agustín Basilio
de la Vega, es un hombre sensato, mesurado. Pero esta vez, su respuesta a los
cuestionamientos de algunos constructores con su dicho de que “El que busca
defectos hasta en el cielo los encuentra” está fuera de toda proporción.
El libramiento
es una obra inconclusa pues, para su alto costo, debiera tener, como han
señalado las críticas, baños, rampas de emergencia (como las tiene la
Puebla-México, de mucho menor costo el peaje), depósitos de agua y una línea
telefónica de emergencia con teléfonos a determinadas distancias para casos de
emergencias, además de la señalética adecuada, entre otras cosas.
Según la nota
del reportero Edgar Reyes, de El Heraldo
de Xalapa, el delegado de la SCT evadió responder a las críticas de algunos
constructores. Dijo que no era el momento de responder y que “quien busca
encuentra”. Pues claro. Ante el alto costo de la tarifa se debe buscar hasta el
más mínimo detalle, que la construcción responda a lo que se cobra.
El costo es
alto. Altísimo. Por lo que se ve, los empresarios españoles y portugueses que
tienen la concesión están trasladando la crisis económica de sus países a
Veracruz, esto es, quieren reponer a costa de nosotros las pérdidas que están
teniendo en Europa. No se vale ni se debe permitir. Pero quienes lo deben
evitar o contribuir a ello, no lo hacen: ni autoridades y, tristemente, ni los
medios impresos más importantes.
Incluso se
argumenta que se debe ver lo positivo de la obra. Habría que preguntar lo
positivo para quién, porque para el pueblo, para el usuario, indudablemente que
no lo es.
Tal como están
las cosas –aunque habrá que esperar que pase algún tiempo–, todo apunta a que
el alto costo del peaje será determinante para que los automovilistas prefieran
continuar pasando por la ciudad, Xalapa, por lo que, lo que se llegó a pensar
que sería la solución al grave problema de circulación vial en la capital no ha
pasado de ser un sueño guajiro.
Algo triste,
todavía más, en este caso, es que incluso la Iglesia Católica, que últimamente
ha tenido una línea crítica ante la mala actuación de los gobiernos en defensa
de los intereses de sus feligreses que son los intereses populares, avaló las
irregularidades con la bendición que hizo del último tramo el sacerdote Rafael
González.
No podía ser
más contrastante la figura del religioso hisopo en mano regando (¿o regándola?)
el agua bendita sobre la cinta asfáltica con la letrina móvil cercana, fiel y
claro testimonio de la improvisación, del ahí se va, del valemadrismo en
materia de obra pública en México.
Pero las
autoridades, los medios y la Iglesia lo han celebrado. El pueblo está, continúa
indefenso. A las instituciones no les preocupan sus intereses. Qué tristeza. Y
luego por qué hay protestas, inconformidad, rebeldía.
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