Prosa aprisa
Diputados hacen el vacío a comida de Duarte
Arturo Reyes Isidoro
¡Carajo!
Quién sabe qué debió haber dolido más a Javier Duarte de Ochoa, si la
suspensión en sus derechos como priista el lunes pasado o el desprecio que le
hicieron ayer los diputados federales veracruzanos, priistas y verdes, quienes
se negaron a comer con él.
Los
legisladores, a quienes el cordobés por adopción benefició política y
económicamente, no aceptaron sentarse a la mesa con él en la Casa Veracruz como
fue habitual que lo hicieran mientras el tambaleante gobernante no caía en
desgracia política.
¿Les dieron
línea para que no asistieran o lo hicieron por iniciativa propia? Lo cierto es
que todos tuvieron pretexto para decir que no. Según, el gobernante iba a
comentar con ellos sobre las versiones de que se va del gobierno y a mostrar
que todavía conservaba el respaldo del grupo legislativo federal.
¿Acaso no
fueron porque por el momento ya prácticamente no es priista, es decir, porque
por ahora es excompañero de ellos que sí gozan de sus derechos como tricolores?
¿Es que acaso ahora sí los acalambró la presencia por segunda vez en Xalapa, en
Palacio de Gobierno, de ministeriales y policías federales de la PGR que
recaban declaraciones de funcionarios y pruebas sobre dos averiguaciones por
presuntos actos de corrupción relacionados con empresas fantasmas?
Duarte vive
ahora y experimenta en forma descarnada lo que es la ingratitud. En tratándose
de políticos, y más del PRI, era de esperarse que ello ocurriera porque su
lealtad sólo es de falsa palabra que usan para sus demagógicos discursos o para
cuando tienen que agacharse o arrastrarse ante el poderoso en busca de favores
o beneficios.
Por eso la
imagen de los políticos tradicionales del PRI, en especial, está ya totalmente desgastada
y nadie cree en ellos y debido a eso muchos no quieren participar más como
candidatos con el logo de la marca tricolor.
Pero se
trata de políticos a la mexicana, a la veracruzana, hechos en la escuela de la
mentira, de la simulación, de la demagogia, de la conveniencia, del
sometimiento hasta la ignominia ante el hombre del poder… cuando tiene el
poder, de la traición, de la deslealtad, de la deshonestidad.
Me equivoqué
El lunes 7
de diciembre, hace ya casi diez meses, publiqué una columna con el encabezado
“Vía Veracruzana se alinea con Duarte”.
Reflejé lo
que había ocurrido la tarde anterior, una tarde de domingo con un frío invernal
que calaba hasta los huesos, muy típico de Xalapa, pero además porque el local
era semiabierto, en la comida anual de la asociación política Vía Veracruzana
(VV) en el Museo Interactivo.
Narré que el
entonces líder moral de la asociación, su fundador, Felipe Amadeo Flores
Espinosa prácticamente
se había declarado un soldado del gobernador Javier Duarte de Ochoa, y con él
incluyó a su agrupación.
Viejo político, que había ocupado casi todos los
cargos salvo el de gobernador –exdiputado (local y federal), expresidente del
Tribunal Contencioso Administrativo, expresidente del Congreso local, exProcurador
General de Justicia del estado, exSecretario de Seguridad Pública (o su
equivalente), exSecretario de Gobierno, exdirigente estatal del PRI hasta
aquella fecha–, Amadeo habló de disciplina institucional y prudencia.
El político de Cotaxtla se regodeó mencionando la
presencia de un asociado “distinguido” de Vía Veracruzana, Javier Duarte de
Ochoa, a quien ratificó que iban a “honrar su palabra” y mantener “su
compromiso político”, empeñado –recordó– hacía seis años durante su nominación
y luego durante su campaña política.
Fue contundente en aquella fecha: “Hicimos
compromiso con usted y sólo con usted y en esa línea de respeto, lealtad y
confianza mutua le acompañaremos hasta el último día de su gestión de gobierno,
con una actitud de responsabilidad política y congruencia, con la certeza de
que somos sus amigos hoy y lo seremos siempre”.
Publiqué entonces: Y cuando se ha iniciado el
último año de la actual administración y se está a meses de entregar el
Gobierno, prácticamente le puso paloma a la gestión duartista: “Falta mucho por
hacer y están pendientes por atender muchos rezagos, pero coincidimos con
nuestro amigo el gobernador Javier Duarte de Ochoa en que tenemos un estado con
rumbo y metas cumplidas, como fue expresado en su quinto informe de gobierno.
Con ese reconocimiento nos sumamos a la convocatoria de pensar y actuar por
Veracruz”.
Como le creí, como le di crédito a sus palabras, no
dudé en reconocerlo:
“Aparte de la connotación política futurista que
puedan tener sus palabras (entonces venía la designación del candidato del PRI
a la gubernatura y el gallo de Javier Duarte en abierto era ya Alberto Silva
Ramos), en tiempos de desbandadas, de deslealtades, de traiciones, de falta de
principios y de valores políticos, el cumplimiento de su palabra y su
congruencia hablan bien de él y lo honran como político serio y profesional”.
Y todavía me seguí de largo: “Con él, como dijera
un paisano de la sierra, si se hace un trato o compromiso, bien se puede
expresar: ‘Yo sé con quién lo palabro’. Hoy, cuando no tarda en que casi todo
mundo le vuelva la espalda a Duarte y lo desconozca, Amadeo no titubea en
reiterarle su amistad ‘hoy y siempre’”.
El martes pasado, Amadeo mismo me desmintió en la
apreciación personal que tenía yo de él. Ese día, olvidándose de aquellas
palabras, que las pronunció ante cientos de invitados de todo el estado
miembros de su agrupación política, le dio la espalda a Duarte a nombre suyo y
de todo el priismo veracruzano y apoyó al dirigente nacional del PRI, Enrique
Ochoa Reza, con lo que avaló que le suspendieran sus derechos partidistas.
Acepto que me equivoqué y lo reconozco públicamente.
Por eso me cuesta ya mucho trabajo creerle
a los políticos, aunque creo que no sólo yo. Por eso tienen el rechazo social.
Con el caso Duarte el PRI y sus políticos
están quedando al desnudo. Corruptos, malos administradores, desleales,
incongruentes, mentirosos, y con esas
cartas credenciales que nos presentan los tricolores un día sí y otro también
no veo como van a convencer al electorado para poder ganar las elecciones
municipales en 2017 y las federales y de gobernador y de Presidente en 2018.
¿Se
echa para atrás la Comisión de Justicia Partidaria?
Como que se pandea. Según una nota de la
agencia Notimex, la Comisión de Justicia Partidaria del PRI “puntualizó” que la
suspensión de derechos aplicada al gobernador Javier Duarte de Ochoa y seis
personas más es sólo una “medida cautelar”.
“La instancia partidista mencionó en un comunicado que la adopción de esas
medidas cautelares garantiza el cumplimiento de la finalidad del procedimiento
de investigación. Éste consiste en determinar la responsabilidad o no de los
sujetos a los que se les imputa de llevar a cabo conductas infractoras para
imponer la sanción correspondiente, sin que ello implique la lesión irreparable
de algún otro derecho de las partes”.
La Comisión dijo que su decisión se justifica “por la afectación irreparable que sufre la imagen
del Partido Revolucionario Institucional ante la constante difusión de
información que vincula al PRI con el mandatario y los demás denunciados, sobre
las conductas graves de que se les acusa”.
¿O sea, sí pero no? Ahora falta que
el informe que ha anunciado el SAT que dará sobre Duarte este mismo fin de
semana o a más tardar la próxima lo exonere. Cómo no va a mantener la risa el
hombre.


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