Prosa aprisa
Con “trabajo social” encubren precampaña
electoral
Arturo Reyes Isidoro
El
pasado 5 de enero, cuando el presidente López Obrador le dijo (en el lenguaje
críptico de los políticos le ordenó) al gobernador Cuitláhuac García Jiménez
que le “gustaría” que fuera a Oaxaca para que viera (que aprendiera) cómo le
están haciendo para pavimentar sus caminos rurales, no le sugirió que tomara la
brocha gorda y se dedicara a pintar fachadas de casas.
Creo
que el gobernante veracruzano no entendió porque lo que en realidad era una
instrucción presidencial iba en el sentido de que la técnica oaxaqueña se
aplicara para pavimentar todos los caminos rurales de la Sierra de
Huayacocotla, pero Tío Cuitláhuac salió dos días después con que acataría la
recomendación y replicaría el modelo oaxaqueño en Hidalgotitlán, en el sur del
Estado frontera con Oaxaca, y en Ilamatlán, ese sí municipio de la sierra
mencionada.
Ya
va para cuarenta días de aquello y es la hora en que no se tiene ninguna
noticia de que el mandatario estatal haya ido a la sierra oaxaqueña a ver lo
que le ordenaron que viera y mientras los pueblos de la Sierra de Huayacocotla
esperan.
Pero
en cambio, ¡ver para creer!, don Cuitláhuac decidió imitar al dirigente estatal
del PRI, Marlon Ramírez Marín, quien a falta de recursos el año pasado se
dedicó personalmente a andar pintando fachadas de edificios tricolores, y ahora
el gobernador salió el domingo con que junto con algunos de sus colaboradores y
algunos diputados anduvo pintando fachadas de casas en El Tajín, municipio de
Papantla.
El
argumento para su acción fue que con ello tratará de rescatar la cultura
prehispánica de la participación comunitaria en la solución de sus propios
problemas, y, ya encarrerado, anunció que la tarea se hará todos los fines de
semana y días de descanso obligatorio, y que tendrán que participar los
secretarios, funcionarios y diputados. ¡Sopas!
Que
se fomente la participación comunitaria no está mal. En efecto, esto equivale
al tequio, que se practicaba en las
sierras de Zongolica y de Chicontepec, pero que ya prácticamente desapareció
con la emigración de los jóvenes de las zonas serranas y rurales a Estados
Unidos, quienes han adquirido otro modo de vida y para nada volverán a hacer lo
que sus padres y sus abuelos: trabajar
de gratis los fines de semana para ayudar a sus comunidades.
¿Es
que acaso los problemas de Veracruz se van a resolver con que los funcionarios
pinten fachadas, o hagan como que las pintan, los fines de semana en
comunidades serranas o rurales? Cosa de recordar que en su momento hicieron lo
mismo, aunque solo para la foto y para dar una imagen de poseer una
sensibilidad social que nunca tuvieron como gobernantes, Fidel Herrera Beltrán,
Javier Duarte de Ochoa y Miguel Ángel
Yunes Linares, de lo cual hay testimonios gráficos.
¿Es
que piensan los funcionarios, hombres y mujeres, que alguien les va a creer que
su acción es realmente sentida cuando, ¡qué horror!, jamás se atreven a
mancharse las manos para pintar sus propias casas y pagan para que alguien se
los haga?
¿Los
diputados? Si traen chofer propio, tienen estacionamiento privado, pagan para
que les laven sus vehículos, algunos se lavan las manos con alcohol luego de
que saludan a personas de condición humilde. ¿Ellas? Si tienen “sirvientas” que
las atiendan y les hacen el trabajo doméstico para que no se dañen la piel de
las manos, la pintura de las uñas, para
que no se les caigan las costosas cremas que usan. Pura hipocresía y ridiculez.
Lo
curioso, muy pero muy curioso, es que los que participaron el domingo, nadie,
hombre o mujer, llevaba ropa de faena, un pantalón “viejito” o una camisa ya
desgastada por si los salpicaba la pintura y se las manchaba, no, sino que,
¿qué creen?, todos iban ¡uniformados! con pantalón azul marino o de mezclilla
del mismo tono y estrenando playera con el color de Morena, expresamente
mandada a imprimir, con grecas blancas aztecas rodeando la falda de la prenda y
la leyenda: “Orgullo Veracruzano”. Solo faltó que dijera: “Vota por Morena”.
Y
otro qué creen: todos lucían en las fotos impecablemente limpios, que si de
veras hubieran pintado como Dios manda se hubieran salpicado de pintura y las
manchas se hubieran notado en sus relucientes playeras.
Andan
ya en campaña preelectoral, sin duda alguna, con miras a la elección de 2021 y
están utilizando a los indígenas para sus fines bajo la fachada de que les
llevan un beneficio. Mientras descuidan los graves problemas del Estado como la
inseguridad (en Córdoba y Orizaba no ganarán) y el galopante desempleo, más la
falta de inversiones y de medicamentos para combatir el cáncer, más el abigeato
y el cierre de tiendas y empresas por la falta de circulante, más el dengue y
la influenza y más todo lo que usted ya sabe.
En
2004 ya era gobernador electo Javier Duarte. En el mes de septiembre hubo una
gran inundación en Tlacotalpan y en otros pueblos y ciudades del Estado. Critiqué
entonces que, a punto de suceder a Fidel Herrera, no se apareciera por algún
lado para ir a apoyar o siquiera a solidarizarse con los miles de damnificados.
En
respuesta a la crítica, sus genios de imagen lo llevaron a un lugar de Los
Tuxtlas donde había una laguneta, lo pararon en la orilla y le tomaron fotos
diciendo que se desvivía por ayudar a sus paisanos en desgracia. La falsedad se
notaba en que lucía como un palomo, con ropa impecablemente blanca (pantalón y
guayabera), sin una mancha, al igual que un caro sombrero que portaba. Volví a
la carga y comenté que siquiera le hubieran embadurnado la ropa de chocolate para
que dijeran que era lodo.
Así
son todos pero ya en el poder, porque como simples ciudadanos nunca trataron de
ayudar siquiera a sus vecinos ni a fomentar el trabajo comunitario. Llegué a
pensar que los actuales serían diferentes. El domingo comprobé que no (cuando
el gordo Duarte llegó al poder tomó represalias en mi contra por las críticas.
Los cuitlahuistas al menos hasta ahora han sido respetuosos conmigo).



No hay comentarios:
Publicar un comentario