Prosa aprisa
La visita de Carlos Slim
Arturo Reyes Isidoro
Por lo que se ha
visto últimamente, una de las características del comportamiento de los hombres
económicamente más poderosos es conducirse con la mayor discreción y sencillez,
contrario a los hombres políticamente poderosos, que hacen gala de ostentación,
la que incluso resulta hasta ofensiva para el ciudadano común.
El pasado 4 de
diciembre comenté en “Prosa aprisa” la sencillez con la que se conducen los
empresarios xalapeños Antonio y Alfredo Chedraui Obeso, presidentes del
poderoso corporativo Chedraui, a quienes se les ve en restaurantes de la
capital del estado con sus amigos y familiares, sin hombres con cuernos de
chivo cuidándolos y por lo tanto sin alterar la vida del resto de los comensales
a donde llegan.
A raíz de ese
comentario, el colega Quirino Moreno Quiza me escribió diciéndome que incluso a
él le ha tocado encontrar a alguno de los dos en algún súper de su propiedad
haciendo cola para pasar a pagar a la caja, como un cliente más, en forma
admirable y ejemplar.
El domingo, el
diario porteño Notiver y luego otros
medios dieron cuenta de la visita que hizo el sábado a la ciudad de Veracruz el
hombre más rico de México y del mundo, Carlos Slim, quien estuvo para
supervisar la Plaza Aluminio, comercial, que construye su empresa, que será la
más grande del puerto y del estado, pero el hombre andaba con tanta sencillez
que su visita hubiera pasado inadvertida si no fue que por casualidad lo vio y
lo reconoció el jefe de la Jurisdicción Sanitaria número 8, Lorenzo Castañeda,
quien le pidió que le permitiera tomarse una foto con él, lo que aceptó.
Castañeda subió la foto a Facebook y de ahí se regó la noticia.
A Slim se le ve
en la imagen vestido sencillamente, con camisa blanca manga larga y encima un
chaleco rojo con franjas blancas, como los que usa el personal de Protección
Civil. A Castañeda se ve que se le van los ojos de saberse cerca del personaje
cuya fortuna la estima la revista Forbes en 79.1 mil millones de dólares.
Según el testimonio
del médico de la Secretaría de Salud, quien al final involuntariamente se
convirtió en el vocero de la visita, Slim estuvo cerca de una hora recorriendo
los edificios de las empresas de su propiedad (Telcel, Samborns, Cinemex) y
platicando con los trabajadores de vigilancia y albañiles, y a él le habría
comentado que la plaza será inaugurada este viernes 20 acto al que lo
acompañará el ex gobernador Miguel Alemán Velasco y, lógicamente, el gobernador
Javier Duarte de Ochoa.
“Dice el médico
Castañeda que Slim es muy amable, se dejaba fotografiar con quien se lo
pidiera, como eran pocas las personas que se encontraban ahí pues accedía,
aunque dicen los mismos trabajadores que se encuentran detallando la plaza que
ya lo habían visto varias veces por el lugar pero no lo identificaban pues anda
normal, solito, camina y platica, hasta llegaron a pensar que era algún
ingeniero o arquitecto de la obra, pero no lo reconocían como Carlos Slim, que
se ve anda en Veracruz desde hace varios días”.
La nota de Notiver destaca que la visita sorpresa
agarró “de bajada” a varios políticos (yo diría que a todos los del Gobierno),
que luego llegaron a la Plaza al ver que
Castañeda había subido la foto a Facebook, pero que ya se había ido.
Ni tantito dudo
yo que cada quien en su nivel, lo mismo los empresarios Chedraui que Carlos
Slim, deben tener y traer un equipo especial de seguridad, que echando a volar
la imaginación me imagino que son ex agentes del Mosad israelí o de ese nivel,
pero que se mueven sin que se advierta su presencia, lo que los diferencia de
los servicios de seguridad e inteligencia huehuenches, que se mueven de manera
burda de tal forma que todo mundo se da cuenta cuando entra, sale o se mueve su
jefe en algún lugar público, pues además se movilizan diez o más camionetas con
vidrios polarizados llenas de hombres con cuernos de chivo, patrullas atrás,
adelante y a los costados, que además van cerrándole el paso al ciudadano común
que desea avanzar o rebasarlos, al que si lo intenta hasta le apuntan amenazantemente,
como ha sucedido con cercanos míos.
Pero más allá de
estos detalles, lo que la visita de Slim puso al desnudo son las terribles
fallas de seguridad de los cuerpos locales, algo que debiera mover al
gobernador Javier Duarte de Ochoa y al secretario de Seguridad Pública, Arturo
Bermúdez Zurita, a cesar de inmediato a los responsables en el puerto de
Veracruz, así como a revisar la estrategia, si es que así se le puede llamar,
con que operan, pues es gravísimo que ni siquiera se enteren que llega un personaje
del calibre de Slim y avisen para las acciones correspondientes.
Quién sabe si
alguien en el Gobierno se ha puesto a pensar qué hubiera ocurrido si por
ejemplo algún grupo de malosos de alto nivel se hubiera enterado de la visita
de este ricachón de postín y hubiera intentado su secuestro, acción en la que
hubiera corrido la sangre. La noticia hubiera sido de impacto internacional y
negativa para los cuerpos de seguridad locales, que ya de por si andan
arrastrando la cobija. Independientemente de la discreción del empresario para
moverse, la obligación de las fuerzas locales era garantizar su seguridad
apostando hombres en sitios estratégicos, pero ni siquiera sabían que andaba
por acá.
La llegada de
Slim se debió haber detectado desde su arribo al aeropuerto Heriberto Jara,
pero se ve que no hay quién vigile, quién eche aguas, y por eso no hubo ningún
funcionario, de ningún nivel, atendiéndolo, lo que muestra otra grave falla:
quién mantiene relaciones de alto nivel en el mundo empresarial de tal forma
que sepa o que alguien lo alerte que viene un personaje como en este caso
Carlos Slim. Algunos, sin duda alguna, le están fallando a su jefe Duarte. Algo
se debe, algo se tiene que hacer, si es que se quiere hacer algo.
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