martes, 3 de diciembre de 2013

Una magistrada digna de respeto



Prosa aprisa
Una magistrada digna de respeto
Arturo Reyes Isidoro
Luego de ver frustrado su intento de llegar a la presidencia del Tribunal Superior de Justicia (por lo menos ya no le anteponen la “H” de “Honorable”, je je), la magistrada Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros dijo que a pesar de tener todo en contra, fue su convicción moral y de mujer de lucha lo que la motivó a seguir participando y a auto proponerse aunque sabía que no sería favorecida en la votación.
La admirable mujer, que ya en otras ocasiones ha alzado la voz para hacerse escuchar, expresó que quería llegar al cargo para hacer frente a todos los padecimientos y problemas del Poder Judicial para cambiarlos, y lamentó no haber recibido el respaldo de sus compañeros, señalando que, por el contrario, fue víctima de ataques y peticiones de desistir a su intento.
“El pueblo ya no resiste más corrupción, el pueblo está enojado, la corrupción está a todo lo que da, sobre todo en muchos juzgados. Ustedes que tienen la noble misión del periodismo es hacer esta lucha, yo traté de luchar pero es muy difícil navegar contracorriente”, declaró a los reporteros.
Dijo que ella se comprometió a actuar con ética jurídica, honradez, honestidad, como lo ha hecho durante toda su carrera judicial “y tal parece que eso no interesa, lo dejaremos para que sea el pueblo el que juzgue”.
Para decirlo en términos jurídicos, ella tenía dos agravantes: ser mujer, en una sociedad machista pese a las declaraciones oficiales que pregonan la igualdad de la mujer, y querer actuar con rectitud en un sistema que privilegia los intereses particulares, oficiales, por encima de la estricta aplicación de ley.
Lo que es reprobable, condenable a todas luces, es la falta de respeto de algunos magistrados que, según registraron los reporteros y la misma magistrada lo denunció, se la pasaron riendo durante su intervención (se mencionó a Daniel Ruiz Morales, Eugenio Vázquez y Dionisio Gutiérrez), risas acaso de nervios por la seria denuncia que hizo sobre la corrupción que prevalece en el sistema judicial de Veracruz.
La magistrada no merece más que el mayor reconocimiento. Es admirable que, como lo dijo, aunque sabía que no sería favorecida porque ya todo estaba “arreglado”, decidió participar porque es mujer de lucha. Seguramente el lunes, cuando llegó a su hogar, con mucho orgullo, satisfacción y honra pudo mirar de frente a todos sus familiares cuando se sentó a comer con ellos y podrá hacerlo siempre, y se agigantará al saber que sola se enfrentó a todo un sistema avasallante, y que con toda libertad dijo lo que piensa, con toda valentía, ante el silencio cómplice o complaciente de sus demás compañeros.
Nuevamente es criticable que mujeres dizque defensoras de los derechos de las mujeres, ya sea en el Gobierno, en el Congreso local, en organizaciones civiles, en partidos políticos (¿y las del PAN y las del PRD?), en “colectivos”, o en ONGes, no hayan salido siquiera a expresar su solidaridad, ya no su apoyo, a una compañera de género a la que no le asusta luchar y enfrentarse a un aparato que a todos luces busca proteger sólo sus intereses.
La magistrada Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros se ha ganado ya un merecido lugar en la historia de Veracruz por su lucha para dignificar el aparato judicial del estado. Igual o mejor, se ha ganado el respeto de los veracruzanos.
La sencillez de los empresarios Chedraui
Comía en  un popular restaurante de mariscos en Xalapa, el sábado pasado (30 de noviembre) cuando de pronto entró con la mayor sencillez el empresario Antonio Chedraui Obeso, presidente, junto con su hermano Alfredo, del poderoso Grupo Comercial Chedraui S.A.B de C.V. Lo esperaba ya el empresario constructor Luis Palacios Macedo y se les uniría enseguida el contador Octavio Gil García, ahora en el Instituto de Pensiones del Estado. La suya era una mesa familiar y la mayoría ni siquiera se percató de la presencia de tan singular personaje.
Pero no faltó quien sí se dio cuenta del hecho, quien también me identificó y se me acercó para preguntarme si sabía yo que en el restaurante había privados. Le respondí que sí. Entonces me dijo que era admirable que un hombre tan poderoso como Antonio Chedraui, cuya empresa cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores y tiene presencia en la mayoría de los estados del país y en las principales ciudades de los Estados Unidos, junto con sus amigos y sus familias no hubieran escogido irse a uno de los privados sino que estaban entre todos los que ahí comíamos, como unos más, pero más me dijo que le admiraba no ver ni un solo guarura adentro cuidándolo como también que no se hubieran anticipado otros más para preparar su llegada revisando el lugar con todo el aparato y la ostentación de poder de que hacen gala  funcionarios de Gobierno.
“¿Se da usted cuenta qué diferencia? Nadie nos vino a molestar, a alterar la tranquilidad con la que estamos comiendo. No nos sentimos vigilados por tanto guarura como cuando llega un funcionario”.
Semanas antes, comiendo en  otro restaurante xalapeño, éste de comida española, igual topé con Luis Palacios Macedo, un viejo conocido mío desde el gobierno de Rafael Hernández Ochoa (era secretario particular del entonces Tesorero General del Estado, Rafael Murillo Pérez), a quien pronto llegaron a acompañar los dos hermanos Chedraui, Antonio y Alfredo, así como otros conocidos empresarios (nunca pude calcular la fortuna económica en dólares o en euros que estaba ahí reunida), y nunca hubo un solo guarura adentro, y afuera si los había se conducían con la mayor discreción, porque no se notaba nada fuera de lo normal.
Pues sí, coincidí y pienso. Cuánta diferencia con lo que vemos cuando llega un funcionario, aunque sea de menor cuantía, a un lugar público, e incluso los hay a los que vemos hasta en los centros comerciales rodeados de “ayudantes”. Y el veracruzano juzga.
Es impensable que ante un clima de tanta inseguridad, tan poderosos hombres, económicamente hablando, como los señores Chedraui, no traigan un aparato de protección personal. Pero, ¿por qué quienes los cuidan pueden pasar inadvertidos, no hacen uso de ostentación y fuerza, y quienes lo hacen con los funcionarios sí?
Ya entonces para qué
Hasta donde tengo entendido, en la investigación que realiza la PGR sobre las denuncias que hizo el secretario Gerardo Buganza Salmerón, de la SIOP, por corrupción y fraude con recursos federales, ya no se llamará a declarar a nadie porque están plenamente sustentadas y el personal ministerial federal sólo está reconfirmando los ilícitos en el terreno de los hechos, por lo que en su momento un juez federal emitirá órdenes de aprehensión y las capturas serán sorpresivas.
Comento esto porque el contralor general del estado, Mauricio Audirac, dijo ayer que una vez que concluyan las investigaciones, si hay funcionarios involucrados, se sancionará a aquellos servidores o ex servidores públicos que hayan estado vinculados con las irregularidades de las constructoras. Pues sí. Ya entonces administrativamente para qué. 




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