Prosa
aprisa
Una
magistrada digna de respeto
Arturo
Reyes Isidoro
Luego de ver
frustrado su intento de llegar a la presidencia del Tribunal Superior de
Justicia (por lo menos ya no le anteponen la “H” de “Honorable”, je je), la
magistrada Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros dijo que a pesar de tener todo en
contra, fue su convicción moral y de mujer de lucha lo que la motivó a seguir
participando y a auto proponerse aunque sabía que no sería favorecida en la
votación.
La admirable
mujer, que ya en otras ocasiones ha alzado la voz para hacerse escuchar, expresó
que quería llegar al cargo para hacer frente a todos los padecimientos y
problemas del Poder Judicial para cambiarlos, y lamentó no haber recibido el
respaldo de sus compañeros, señalando que, por el contrario, fue víctima de
ataques y peticiones de desistir a su intento.
“El pueblo ya no resiste más
corrupción, el pueblo está enojado, la corrupción está a todo lo que da, sobre
todo en muchos juzgados. Ustedes que tienen la noble misión del periodismo es
hacer esta lucha, yo traté de luchar pero es muy difícil navegar
contracorriente”, declaró a los reporteros.
Dijo que ella se comprometió a
actuar con ética jurídica, honradez, honestidad, como lo ha hecho durante toda
su carrera judicial “y tal parece que eso no interesa, lo dejaremos para que
sea el pueblo el que juzgue”.
Para decirlo en términos
jurídicos, ella tenía dos agravantes: ser mujer, en una sociedad machista pese
a las declaraciones oficiales que pregonan la igualdad de la mujer, y querer
actuar con rectitud en un sistema que privilegia los intereses particulares,
oficiales, por encima de la estricta aplicación de ley.
Lo que es reprobable, condenable
a todas luces, es la falta de respeto de algunos magistrados que, según
registraron los reporteros y la misma magistrada lo denunció, se la pasaron
riendo durante su intervención (se mencionó a Daniel Ruiz Morales, Eugenio
Vázquez y Dionisio Gutiérrez), risas acaso de nervios por la seria denuncia que
hizo sobre la corrupción que prevalece en el sistema judicial de Veracruz.
La magistrada no merece más que
el mayor reconocimiento. Es admirable que, como lo dijo, aunque sabía que no
sería favorecida porque ya todo estaba “arreglado”, decidió participar porque
es mujer de lucha. Seguramente el lunes, cuando llegó a su hogar, con mucho
orgullo, satisfacción y honra pudo mirar de frente a todos sus familiares
cuando se sentó a comer con ellos y podrá hacerlo siempre, y se agigantará al
saber que sola se enfrentó a todo un sistema avasallante, y que con toda libertad
dijo lo que piensa, con toda valentía, ante el silencio cómplice o complaciente
de sus demás compañeros.
Nuevamente es criticable que
mujeres dizque defensoras de los derechos de las mujeres, ya sea en el
Gobierno, en el Congreso local, en organizaciones civiles, en partidos
políticos (¿y las del PAN y las del PRD?), en “colectivos”, o en ONGes, no
hayan salido siquiera a expresar su solidaridad, ya no su apoyo, a una
compañera de género a la que no le asusta luchar y enfrentarse a un aparato que
a todos luces busca proteger sólo sus intereses.
La magistrada Yolanda Cecilia
Castañeda Palmeros se ha ganado ya un merecido lugar en la historia de Veracruz
por su lucha para dignificar el aparato judicial del estado. Igual o mejor, se
ha ganado el respeto de los veracruzanos.
La sencillez de los empresarios Chedraui
Comía en un popular restaurante de mariscos en Xalapa,
el sábado pasado (30 de noviembre) cuando de pronto entró con la mayor
sencillez el empresario Antonio Chedraui Obeso, presidente, junto con su
hermano Alfredo, del poderoso Grupo Comercial Chedraui S.A.B de C.V. Lo
esperaba ya el empresario constructor Luis Palacios Macedo y se les uniría
enseguida el contador Octavio Gil García, ahora en el Instituto de Pensiones
del Estado. La suya era una mesa familiar y la mayoría ni siquiera se percató
de la presencia de tan singular personaje.
Pero no faltó quien sí se dio
cuenta del hecho, quien también me identificó y se me acercó para preguntarme
si sabía yo que en el restaurante había privados. Le respondí que sí. Entonces
me dijo que era admirable que un hombre tan poderoso como Antonio Chedraui,
cuya empresa cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores y tiene presencia en la
mayoría de los estados del país y en las principales ciudades de los Estados
Unidos, junto con sus amigos y sus familias no hubieran escogido irse a uno de
los privados sino que estaban entre todos los que ahí comíamos, como unos más,
pero más me dijo que le admiraba no ver ni un solo guarura adentro cuidándolo
como también que no se hubieran anticipado otros más para preparar su llegada
revisando el lugar con todo el aparato y la ostentación de poder de que hacen
gala funcionarios de Gobierno.
“¿Se da usted cuenta qué
diferencia? Nadie nos vino a molestar, a alterar la tranquilidad con la que
estamos comiendo. No nos sentimos vigilados por tanto guarura como cuando llega
un funcionario”.
Semanas antes, comiendo en otro restaurante xalapeño, éste de comida
española, igual topé con Luis Palacios Macedo, un viejo conocido mío desde el
gobierno de Rafael Hernández Ochoa (era secretario particular del entonces
Tesorero General del Estado, Rafael Murillo Pérez), a quien pronto llegaron a
acompañar los dos hermanos Chedraui, Antonio y Alfredo, así como otros
conocidos empresarios (nunca pude calcular la fortuna económica en dólares o en
euros que estaba ahí reunida), y nunca hubo un solo guarura adentro, y afuera
si los había se conducían con la mayor discreción, porque no se notaba nada
fuera de lo normal.
Pues sí, coincidí y pienso.
Cuánta diferencia con lo que vemos cuando llega un funcionario, aunque sea de
menor cuantía, a un lugar público, e incluso los hay a los que vemos hasta en
los centros comerciales rodeados de “ayudantes”. Y el veracruzano juzga.
Es impensable que ante un clima
de tanta inseguridad, tan poderosos hombres, económicamente hablando, como los
señores Chedraui, no traigan un aparato de protección personal. Pero, ¿por qué
quienes los cuidan pueden pasar inadvertidos, no hacen uso de ostentación y
fuerza, y quienes lo hacen con los funcionarios sí?
Ya entonces para qué
Hasta donde tengo entendido, en
la investigación que realiza la PGR sobre las denuncias que hizo el secretario
Gerardo Buganza Salmerón, de la SIOP, por corrupción y fraude con recursos
federales, ya no se llamará a declarar a nadie porque están plenamente
sustentadas y el personal ministerial federal sólo está reconfirmando los
ilícitos en el terreno de los hechos, por lo que en su momento un juez federal
emitirá órdenes de aprehensión y las capturas serán sorpresivas.
Comento esto porque el contralor
general del estado, Mauricio Audirac, dijo ayer que una vez que concluyan las
investigaciones, si hay funcionarios involucrados, se sancionará a aquellos
servidores o ex servidores públicos que hayan estado vinculados con las
irregularidades de las constructoras. Pues sí. Ya entonces administrativamente
para qué.
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