Prosa aprisa
Los efectos del carambolazo de Buganza
Arturo Reyes Isidoro
De entrada, es bueno para los electores que tengan opciones para
escoger candidato para la renovación de la gubernatura en 2016, y es bueno para
la democracia que haya competencia y que gane el que mayor aceptación ciudadana
tenga.
Rechazada en un principio por algunos por ser sólo de dos años, por una
sola vez, ahora todos la quieren. El porqué merece un análisis aparte.
El destape de Gerardo Buganza Salmerón como futuro candidato independiente
el martes modifica los escenarios.
Hasta ahora se vislumbran como candidatos competitivos y con
posibilidades de sustituir a Javier Duarte de Ochoa, a Miguel Ángel Yunes
Linares por el PAN, a José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla y a Héctor Yunes
Landa por el PRI, a Buganza como independiente y, posiblemente, a Rocío Nahle
García o a Cuitláhuac García Jiménez por Morena. Quién de ellos va ser el
próximo gobernador sólo el electorado lo habrá de decidir.
Institucional como es, resulta difícil de creer que Buganza no haya
platicado e informado de sus proyectos inmediatos y futuros a quien hasta ahora
es su jefe político, el gobernador Javier Duarte de Ochoa.
Lo interesante sería saber en qué términos lo platicaron, pero
conociendo como se conoce a Buganza, a diferencia de Tomás Ruiz González quien
dice que hará lo que le diga Duarte, Gerardo seguramente no fue a pedirle
permiso ni a consultarle sino a informarle de su decisión tomada y a darle las
gracias, que al final quedaron tablas. Vida nada me debes, vida estamos en paz,
le debe haber dicho, como dijera Amado Nervo en su célebre poema “En paz”.
Porque los cargos del cordobés en el gabinete de la prosperidad no
fueron gratuitos. Buganza fue determinante, con el voto de todos sus seguidores
agrupados en su fundación Generando Bienestar, para que Javier Duarte derrotara
en 2010 a Miguel Ángel Yunes Linares. Sin sus votos hubiera perdido el PRI.
Duarte le devolvió el favor y lo colocó en la Secretaría de Gobierno a pesar de
la oposición de Fidel Herrera Beltrán quien, además, siempre buscó que lo
echaran del cargo (como a Tomás Ruiz o a Adolfo Mota). Están tablas, pues, y
ahora cada quien opta por su propio camino.
Se me antoja una pregunta: ¿Javier Duarte, en agradecimiento, lo
apoyará a su vez en su aspiración? Con otra más: ¿Vislumbran en la prosperidad
que Héctor Yunes Landa, quien se cobijó con ellos y al que adoptaron, ya no
puede crecer más pero que además va en descenso desde que se ligó a los
prósperos, y van a optar por una nueva baraja que les puede ser más rentable? Porque
cosa de ver que no lo despidieron de inmediato del gabinete y desde adentro no
lo rafaguearon mediáticamente.
La tarde y noche del martes cuando varios actores políticos priistas
comentaron conmigo el destape de Buganza, la percepción que me quedó es que no
le dan mayor importancia e incluso me quedó la impresión que están pensando que
es un priista más al que podrán ordenar qué hacer y qué no, esto es, que lo
podrán controlar fácilmente. Los advierto muy confiados. A mi juicio, se
equivocan y se pueden llevar una sorpresa mayor si no lo toman en serio.
La forma en que se destapó y el contenido de su mensaje fue un
carambolazo de varias bandas. Lo hizo en un medio de la ciudad de México, con
lo que tal vez quiso mostrar el nivel de su alcance mediático y de sus
relaciones con la llamada “gran prensa”, pues por segundo día ayer Ciro Gómez
Leyva le volvió a dedicar unas línea en su columna, y bien.
Se anticipó al gran acto político que tiene programado para el domingo
el senador priista Héctor Yunes Landa, con lo que anticipadamente le robó la
atención de los medios, pero además, creo, fue el principio de una soterrada
batalla por ganarse el apoyo del duartismo, si no es que ya se lo arrebató
(según información que tengo, antes de su destape Buganza habría recibido a
Héctor en la Secretaría a su cargo como parte del apoyo que le estaría dando la
prosperidad al senador, por lo que debe haberse enterado de todo lo que piensa
hacer éste).
Centró muy bien el objetivo inicial de su plan de ataque, pues pegó de
entrada a su enemigo político Miguel Ángel Yunes Linares, otro fajador de peso
completo, con lo que obligadamente los reflectores de los medios voltearon
hacia él, esto es, logró llamar la atención e impactar. Le funcionó su táctica
y además obligó a que Miguel le respondiera y se colocó en el centro de los
comentarios.
Con ese golpeteo al panista, además, forzosa y necesariamente por su ya
histórico pleito con fidelistas y duartistas, por lo pronto se ha ganado la
simpatía de fieles y prósperos, pero también del panismo enemigo de Yunes
Linares, y de muchos agraviados priistas de antaño a quienes Miguel afectó
cuando fue dirigente estatal del PRI y Secretario de Gobierno.
En el lenguaje que utilizó, usó un término propio de Andrés Manuel
López Obrador, “mafias”, tanto en contra del PRI como del PAN, que pega e
impacta en ciertas corrientes, pero, además, como lo hizo Manuel Ávila Camacho
en 1940 cuando era candidato a la Presidencia, se declaró creyente de Dios y
confirmó que asiste a misa, o sea, que es un católico practicante, lo que debió
haber agradado a la cúpula de la Iglesia católica, una fuerza nada desdeñable,
y con lo que seguramente se echó a la bolsa ya a muchos fieles, por no decir
que a miles.
Algo inédito en la historia política de Veracruz, y me atrevo a decir
que del país, fue el hecho de que ventilara públicamente su estado de salud,
que a muchos llama a la solidaridad humana, que lo presenta como un guerrero
que, hasta ahora, va derrotando a una enfermedad casi incurable, si bien
controlable, como es el cáncer.
Para las familias de buenos modales, debió haber caído bien que haya
dicho que a diferencia de El Bronco de Nuevo León, el es educado y no
malhablado, y que además es más que un Bronco.
Con un detalle más. En lugar de quejarse, como lo está haciendo la
oposición en el estado, en especial el PAN, de que las recientes reformas a la
legislación local electoral están poniendo trabas a las candidaturas
independientes al exigirles más firmas de apoyo que las que pide la legislación
federal, Buganza no se quejó y por el contrario dijo que en su tiempo libre, en
tanto permanezca en el gobierno, se dedicará a conseguir las firmas necesarias.
Ayer me comentaron algunos funcionarios que una vez que trascendió la
noticia de su destape, se dedicó a llamarles y a pedirles su apoyo, o sea, ya
se puso a cabildear.
Con su anuncio, por lo demás, movió a la opinión pública (había dicho
el gobernador en Poza Rica que iba a haber una sacudida de árbol), e incluso la
dividió entre quienes lo ven con simpatía y quienes lo rechazan, y en las redes
sociales lo tundieron. Un hecho indudable es que fue y es noticia, que logró
atraer a la opinión pública, que su destape no pasó inadvertido y que de aquí
en adelante tendrá también la atención puesta en él.
Las reacciones
Sobre las reacciones entre los principales aspirantes, Miguel Ángel
Yunes Linares no bajó de una “auténtica vacilada” su destape y lo acusó de
formar parte “de la banda que gobierna Veracruz y que tiene a los veracruzanos
con pésimos servicios de salud, educativos y nadie le cree que sea
independiente y a él lo usan como trapo sucio”. No se podía esperar menos.
Por su parte, el senador Pepe Yunes se limitó a expresar su “profundo
respeto” por el destape, deseándole a Buganza “la mejor de las suertes”, y el
que de plano se vio fuera de lugar fue Héctor Yunes al dar la bienvenida a la
candidatura pero al pedir “piso parejo”, cuando que el cordobés no es de su
partido ni le va a competir internamente.

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