Prosa aprisa
Fidel, pero qué necesidad
Arturo Reyes Isidoro
Corría la primera mitad de
la década de los años ochenta del siglo pasado cuando un día un político,
entonces director de un área de Gobierno, nos invitó a comer a Benjamín
Domínguez Olmos, hoy director del semanario Punto
y Aparte, y a mi.
Corría la administración del
gobernador Agustín Acosta Lagunes y estaba yo a cargo de la jefatura de Prensa
del PRI estatal cuyo presidente era entonces Ángel Leodegario “Yayo” Gutiérrez
Castellanos, y había llegado como delegado del Comité Ejecutivo Nacional Jesús
Martínez Ross, quien fue el primer gobernador constitucional que tuvo Quintana
Roo.
Ya en plena comida supimos
el motivo de la invitación. Aquel político quería leernos –que lo escucháramos
y le diéramos nuestra opinión– el discurso que pensaba pronunciar el sábado
siguiente cuando asumiera la dirigencia estatal de la CNOP, para la que ya
estaba propuesto, cuando la CNOP era un sector fuerte y daba relevancia
política a quien lo dirigía. Y nos leyó su texto y quedó satisfecho.
Pero un día antes del gran
acto llegó una orden fulminante del CEN del PRI: no se avalaba ni se aprobaba
que el personaje llegara al cargo y, por lo tanto, no habría acto. Martínez
Ross, quien ya para ese entonces me había adoptado también como su secretario,
me lo informó y me dio las razones.
Me dijo que ese funcionario
nunca iba a llegar a ningún cargo partidista porque en el CEN tenían de él un
grueso expediente de todo su pasado y trayectoria política que hablaba muy mal
de él, además porque había participado en el despojo de terrenos en Boca del
Río para su provecho y en perjuicio de muchas personas.
Hubo la oportunidad de
volver a ir a comer con el personaje, y en pleno brindis no se aguantó el
llanto por lo que le había sucedido. Me pregunté entonces que necesidad tenía
ese hombre de exponerse teniendo el pasado que tenía y de buscar poder político
cuando estaba forrado de dinero y tenía suficiente para que muchas generaciones
de sus descendientes vivieran holgadamente.
Pensaba que debía dedicarse
a disfrutar de sus riquezas (tenía departamento en Colorado, Estados Unidos y
en otras partes del país, entre muchos bienes) con los suyos o con quien
quisiera, a viajar por el mundo, etc. Pero era un hombre de poder, en el poder
y quería más poder político, entendí, y supe que la necesidad y la ambición por
el poder político no tienen límites hasta convertirse en una obsesión y en una
enfermedad.
Esto lo he estado recordando
ante la andanada que le ha caído encima tanto en la prensa española como en las
redes sociales al exgobernador Fidel Herrera Beltrán a raiz de su nombramiento
como cónsul de México en Barcelona, España, que, sin duda, ha dejado muy
maltrecha su imagen ahora a nivel internacional.
¿Qué necesidad tenía de
exponerse si ya alcanzó la máxima distinción a la que puede aspirar un
ciudadano como es ser gobernador de su estado y ya no se ve en su futuro ningún
cargo político ni de gobierno de relevancia?
No es ningún secreto que
Fidel es un hombre multimillonario, quien además nunca lo ocultó pues se
atrevió a hacer pública su declaración patrimonial al inicio de su Gobierno, no
sin dejar de decir que la rica en realidad era su esposa, pues ella proviene de
una familia pudiente del norte del país. Pero si ya era millonario lo fue más
cuando dejó el poder el 30 de noviembre de 2010.
Salió en medio de
cuestionamientos por la onerosa deuda pública que dejaba y ya para entonces el
escándalo que empezaba a generarse por el mal manejo que se había hecho de los
recursos públicos durante su administración, señalamientos que no puede
quitarse de encima, tanto que antenoche en la conferencia de prensa en Palacio
de Gobierno se subrayó en tres ocasiones que él había heredado la deuda pública
que ahora se anunció que se pagará en un 90 por ciento y que un funcionario de
Finanzas cifró en 25 mil millones de pesos.
En plenitud de poder, el de
Nopaltepec repetía ante los suyos cada vez que podía que aspiraba a ser el mejor gobernador de toda la historia de
Veracruz, mejor que incluso el único otro cuenqueño que llegó al cargo, el
militar, político liberal y masón nativo de Tlacotalpan, Juan de la Luz
Enríquez Lara, quien gobernó durante dos mandatos, de 1884 a 1892, y cuyo
nombre lleva la principal y céntrica avenida de Xalapa, la capital del estado.
Pero con excepción de Dante
Alfonso Delgado Rannauro, quien se mantiene activo en la política mexicana pero
lejos de cualquier afán protagónico y sin tratar de influir en los gobiernos
que lo sucedieron en Veracruz, los otros exgobernadores vivientes Patricio
Chirinos y Miguel Alemán se retiraron uno a su discreta vida privada y el otro
a sus negocios sin buscar figurar más en la vida pública de México y Veracruz y
menos tratar de seguir participando en la política del estado y del país como
Fidel luego de su frustrado intento de ser candidato presidencial, pues aceptó
el cargo de delegado de su partido en Oaxaca y ahora el de diplomático en
España sin tener ninguna experiencia, aunque a un costo muy caro para su
imagen, pues ha sido vapuleado como no lo había sido nunca antes otro
exgobernador de Veracruz.
Como aquel personaje al que
aludo al principio, Herrera Beltrán tiene tanto dinero como para retirarse a la
vida privada a disfrutar con los suyos y viajar por el mundo, a dedicarse a
empresas privadas porque tiene con qué, a dirigir sus negocios para hacerse más
rico, en lugar de insistir en ser un protagonista político de la vida pública
de Veracruz y del país, aunque declaró al Periódico
de Cataluña: “Yo tengo que trabajar para vivir” (coño, Fidel, no nos ofendas).
Pero es hombre de poder, obsesionado por el poder hasta el grado de una
enfermedad por el poder y sin aplicar el dicho muy sabio de los campechanos de
que el que ya bailó que se siente.
Triste papel y triste final,
pero más triste porque hasta ahora ninguno de los que él favoreció con cargos
políticos, con patentes de notarías, con placas de taxis, con jugosos contratos
millonarios, con becas en el extranjero, con plazas de investigadores, con
cuantiosos convenios, con negocios, etc., nadie, ninguno ha salido en su
defensa y, al contrario, ahora hacen mofa de él cada vez que tienen oportunidad
y en cuanto espacio propicio encuentran para ello, además de que lo culpan de
todos los males que padece Veracruz, lo cual en parte es cierto pero no en su
totalidad.
Pero Fidel es el mejor
ejemplo ahora de que el poder no es para siempre, por mucha plenitud que se
tenga o se crea tener de él en un momento dado. En su persona ya estamos viendo
y viviendo cómo el tiempo alcanza, cómo la memoria pública no olvida y cómo la
historia es implacable y, tarde o temprano, pasa la factura, todavía peor
cuando no se sabe retirar a tiempo.
Pero, por lo que se le
escucha, él es feliz no obstante todo, como lo reflejó en la entrevista
exclusiva que le dio vía telefónica el miércoles a Uninoticias que conduce
Ramsés Yunes en el 88.9 de FM, a quien le presumió que el gobierno español dio
el plácet a su nombramiento en sólo seis días cuando el trámite normalmente
requiere de por lo menos sesenta días, mientras que el gobierno autónomo de
Cataluña lo hizo en apenas 30 minutos. De todos modos, éxito al tío Fide.

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