Prosa aprisa
Silva, el
continuismo, o más de lo mismo
Arturo Reyes Isidoro
El lunes pasado, cuando comimos en
Xalapa con el nuevo dirigente de la Liga de Comunidades Agrarias, Juan Carlos
Molina Palacios, fue muy claro y preciso: sólo ve a dos fuertes aspirantes del
PRI a la gubernatura del estado: Héctor Yunes Landa y José Francisco “Pepe”
Yunes Zorrilla. A nadie más. Del primero dijo que es su compadre, y del segundo
que es “mi hermano”. Se dijo respetuoso de las decisiones de su partido y no
dejó lugar a dudas de que a cualquiera de los dos que sea nominado lo va a
apoyar “con todo”.
Ayer, en una comida con un reducido
grupo de columnistas, los exdirigentes estatales del PRI Carlos Brito Gómez,
Gonzalo Morgado Huesca y Felipe Amadeo Flores Espinosa expresaron también su
rechazo y preocupación por la posible llegada de Alberto Silva Ramos a la
presidencia del Comité Directivo Estatal del tricolor (comentaron que si
viviera Guillermo Zúñiga Martínez también se les hubiera sumado). Es más,
dijeron que si hay convención, no asistirán, y que si imponen a Silva optarán
por otra opción electoral.
El lunes mismo, mediante boletín de
prensa del senador Yunes Landa y una declaración al colega José Ortiz Medina
por parte del también senador Yunes Zorrilla, rechazaron la llegada del diputado
federal por Tuxpan despúes de que él mismo hizo el anuncio luego de que un día
antes filtró a muchos medios y columnistas que asumiría la dirigencia el
domingo.
Hasta ayer no estaba confirmado que
habrá convención, al dirigente estatal Alfredo Ferrari Saavedra nadie le había
notificado que se preparara para entregar, a los dirigentes de los sectores no
les habían pedido que movilizaran a sus huestes para una convención el domingo,
y una fuente digna de todo crédito nos dijo que no se tiene contemplado que el
dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, venga el sábado o el
domingo al estado.
Lo que sí se tiene previsto es que
Manlio venga a Xalapa pero la próxima semana dentro de su anunciada gira por
todo el país pero para encabezar un acto de la Escuela de Cuadros que con mucho
éxito ha puesto en marcha Alfredo Ferrari.
¿Se fue por la libre Silva como en aquel
sonado caso que la historia política registra como el “carbonellazo”, cuando
Manuel Carbonell de la Hoz se destapó sin autorización de la cúpula mayor para
la candidatura al Gobierno del Estado hasta que salió a pararlo don Jesús Reyes
Heroles, entonces presidente del CEN del PRI, con su histórica frase “Yo como
veracruzano no he votado por él”?
Al menos en Xalapa el rechazo ayer hacia
la persona de Silva Ramos era generalizado. Se supone que los asuntos del PRI
son incumbencia sólo de los priistas. Por eso llama la atención que el anuncio provocó
muchas reacciones en contra hasta de actores ajenos al tricolor.
El lunes, de la sorpresa se pasó a la
incredulidad y en muchos casos al rechazo, por una simple y sencilla razón,
creo: porque si se concreta el arribo del exalcalde de Tuxpan a la dirigencia
del partido político más grande, mayoritario e importante del estado significará
no un asomo o intento sino el primer paso en serio del continuismo del
fidelismo-duartismo dominante en los últimos once años, o sea, más de lo mismo.
No es ningún secreto que Silva aspira a
relevar a su amigo Javier Duarte en el Gobierno del Estado y como prueba de
ello está el anuncio que proclamó en ese sentido el mismo día en que inició
campaña como candidato a diputado federal en su distrito Tuxpan, lo que
confirmó cada vez que como coordinador general de Comunicación Social de la
administración estatal se reunía para departir en restaurantes de Xalapa con
columnistas políticos.
Aun cuando el lunes mismo declaró que
llegaría al cargo para conducir el proceso electoral de su partido el próximo
año, en realidad no se descarta para nada que su intención, de conseguirlo,
sería ampliar su currículum pasando por la presidencia de su partido,
involucrarse con sectores, organizaciones, militantes y simpatizantes del PRI
para construir una plataforma de lanzamiento de su candidatura formal al
Gobierno de la entidad, y mantener a su grupo político en el poder.
Finalmente, ese es el objetivo central
que están persiguiendo: mantener el poder al costo que sea y por encima de todo
y de todos, incluso de los señalamientos de haber dejado endeudado al
Ayuntamiento de Tuxpan cuando lo presidió, y de adentro mismo de la
administración estatal de haber aumentado la deuda de la Coordinación General
de Comunicación Social de 400 millones de pesos herencia de la gestión de Gina
Domínguez Colío a 1,500 millones de pesos cuando se fue y cuyas consecuencias
enfrenta y paga injustamente su sucesor Juan Octavio Pavón González.
Pero se trata del poder, de mantenerlo,
de conservarlo, y en política lo único que interesa y mueve a la mayoría de los
políticos es cuidar sus intereses particulares y de grupo. Es cierto, los
únicos que debieran estar preocupados son los priistas, porque los hechos han
demostrado que quienes detentan el poder y quieren seguir detentándolo son un
grupo cerrado, de unos cuantos, que se reciclan ellos mismos para todos los
cargos sin abrir oportunidades para políticos y ciudadanos que no responden a
sus intereses.
El senador Héctor Yunes Landa ahora debe
estar más que convencido de que lo engañaron y lo utilizaron durante el tiempo
en que les fue útil para distraer la atención mientras preparaban todo bajo el
agua haciéndolo creer que él sería el candidato al Gobierno del Estado del
grupo en el poder. Qué ingenuo fue.
Se trata de la lucha por el poder
político y no sólo de conservar la gubernatura sino también de mantener el
control del Poder Legislativo, de la Legislatura, para cuidar las espaldas de
los que salen ante señalamientos de mal uso de recursos, pero también de
mantener el statu quo para impedir
que echen abajo el nombramiento del actual fiscal del estado que evite actuar
en serio y sin ánimos de venganza o revanchismo contra todo aquel que haya abusado
del poder en detrimento del patrimonio de los veracruzanos.
Hacerse de la dirigencia estatal del PRI
sería también querer mantener el derecho a designar a los próximos candidatos a
las diputaciones locales, que no serían otros que los suyos, los mismos de
siempre desde hace once años, algunos, varios señalados por la mala fama
pública de haber hecho malos manejos de los recursos públicos que les ha tocado
administrar.
Más allá de todas esas consideraciones,
por las inmediatas reacciones de desacuerdo que ha habido, la posible
“elección” de Silva podría provocar una división mayor en las filas tricolores
que podría llegar a ser de consecuencias desastrosas para el priismo el próximo
año.
Héctor Yunes podría optar por una
candidatura independiente y Pepe mantenerse en las filas del tricolor, pero
ambos, en todo caso, sin hacerse responsables de la determinación que tomen sus
aliados, amigos, simpatizantes y seguidores de optar por cualquiera otra opción
política.
Pero esto no se acaba hasta que se acaba,
como decía el legendario cronista que narraba los juegos de la Serie Mundial de
Béisbol de los Estados Unidos allá por los años cincuenta, sesenta del siglo
pasado, Eli “Buck” Canel, que embobaba a los niños que escuchábamos pegados a
la radio. Y remataba siempre cuando terminaba una entrada e iban empatadas las
novenas: Y no se vayan que esto se pone bueno.
Y mientras deja la víbora chillando,
Fidel Herrera Beltrán se va de cónsul de México en Barcelona, España, según
publicó ayer la columna “Templo Mayor” del diario Reforma, que dijo que el de Nopaltepec estará despachando la
próxima semana en la ciudad capital catalana. La columna no dejó de meterle jiribilla
a su comentario: “Seguramente el más feliz con el viaje de Fidel Herrera será
su paisano Javier Duarte pues en los últimos días se le mencionó como posible
delegado del PRI en Veracruz… para poner orden al desbarajuste sucesorio que
trae el actual mandatario”.

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