Prosa
aprisa
Cabeza fría, porque el peligro acecha
Arturo Reyes Isidoro
Ni estómago ni corazón.
Cabeza. Ni compadre ni amigo. Proyecto. Javier Duarte dijo en la ya histórica declaración
del lunes 30 de noviembre que llegado el momento va a analizar de manera “muy fría” quién es
la mejor opción para sucederlo “y al momento de tomar la decisión, la voy a
tomar con la cabeza. Bien me dijo el Presidente, no me puedo equivocar”.
En esto, yo creo en la
sinceridad de Duarte. Porque la realidad se impone. En “Prosa aprisa” he venido
comentando que al cordobés (en realidad nació en el puerto de Veracruz pero se
identifica como cordobés), jefe político del PRI en Veracruz, le preocupa
sobremanera no pasar a la historia como el primer gobernador que pierde una
elección de gobernador.
Ése fue el principal argumento que
utilizó para justificar la gubernatura de dos años por una sola ocasión a
partir de 2016. El 12 de marzo pasado, durante un desayuno con columnistas
expresó: “Soy un demócrata, creo en la alternancia, pero
que le pase a otro pendejo” (Véase
“Prosa aprisa” 13/03/2015: “El Gobernador, ayer, larga jornada”), para justificar por qué había promovido la minigubernatura, porque,
dijo, veía el riesgo de que por diversas
circunstancias la oposición pudiera ganar en 2016.
En aquella ocasión, en la casa del
licenciado Carlos Brito Gómez expresó: “¡Señores, se los vuelvo a repetir: mi reforma
(la de la gubernatura de dos años) no tiene nombre ni apellido de ningún
candidato del gobierno. Se los digo hoy 12 de marzo de 2015, mi candidato como
persona y militante veracruzano va a ser el del PRI, que tiene que ganar”.
Ante Erick Lagos Hernández y a Adolfo Mota Hernández,
manifestó: “Se los he dicho, no se hagan ilusiones, y a Carvallo también que ya
andaba inquieto (nunca mencionó a Alberto Silva Ramos entonces). No tiene
dedicatoria mi reforma”.
Vale la pena recordar lo que dijo en aquella fecha: “No
me puedo enojar porque mi proyecto va más allá. Tengo que ser tolerante,
paciente, porque queremos la unidad, soy el factor de unidad. En ese sentido no
puedo darme el lujo de encabronarme y mentarle la madre al que me dice tal o
cual cosa” (al inicio de su charla había dicho: “Veo al PRI muy unido. No se ha
ido nadie. Todos están adentro. Ha habido voces discordantes, pero se vale
disentir. Antes todo era a güevo. Esos tiempos ya pasaron. Hay mayor apertura,
respeto e inteligencia. He sido respetuoso de todos. Es un cambio que pregono y
en el que creo, que nos da fortaleza y sanidad como instituto político y evito
que se rompa. Hoy tenemos apertura más clara y abierta para respetar las
diferentes voces”).
Y esto otro: “No es para poner a alguien mío, sino para
que quede un priista. Por mi disciplina, amor y militancia priista, el
candidato del PRI al Gobierno de Veracruz va a ser el que esté mejor
posicionado”.
En marzo y en noviembre, su discurso no cambia. Decía yo
que Duarte no come lumbre. Él, mejor que nadie, sabe que una equivocación suya
lo hará pasar a la historia del estado como el primer gobernador priista que
perdió una elección de gobernador. La sombra la tiene encima. El riesgo es
real. El peligro acecha.
Más allá de toda la guerra sucia que el sistema priista
ha emprendido y realiza contra la familia Yunes Linares-Márquez, panista, el
jefe del clan expriista; más allá de todos los amagos en su contra, de las
denuncias penales que han presentado contra dos de ellos, del bombardeo en las
redes sociales al que los tienen sometido (muchos medios ya no siguen el juego
en venganza porque les deben y no les han pagado) y de las mil formas e
intentos que hacen para desaparecerlos del escenario público, para frenarlos en
su ascenso político y en su carrera hacia la gubernatura (uno alcalde, de los
mejores alcaldes del estado, otro diputado federal con comisión relevante, el tercero
senador también con inmejorable posición), Miguel Ángel padre, Miguel Ángel
hijo y Fernando están ahí, firmes,
convertidos en una obsesión para los hombres del Palacio de Gobierno,
quitándoles el sueño y haciéndolos que se ocupen de ellos día y noche, las 24
horas del día. Con tantos ataques, creciendo incluso a costa de ellos.
El miércoles esta familia dio una demostración de fuerza
política inobjetable cuando con motivo del segundo informe de trabajo del
alcalde de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, realizó una gran
concentración humana en una populosa colonia de la ciudad, reflejo de la
aprobación por el trabajo realizado, pero también de la simpatía que despiertan
y, en mucho, del rechazo al priismo por los malos resultados que como gobierno
ofrece, una señal de cansancio ciudadano muy similar al que tenían los
mexicanos en el año 2000 cuando hicieron perder al PRI por primera vez la
Presidencia en 71 años.
Esta oposición no da lugar a experimentos en el PRI, a
improvisación, a equivocación, a postular al amigo, al compadre, al socio, al
cómplice, al integrante de la pandilla. Por momentos las aguas priistas se han
salido de cauce, pero habrán de volver a él. De todos los que aspiran y se
mencionan, en especial dos figuras han venido construyendo una candidatura
desde hace años y están muy bien posicionados ante el electorado, que los hace
los más competitivos: los senadores Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes
Zorrilla.
Seis meses, de aquí a junio de 2016, no alcanzan para
quien piense que con escaso capital ciudadano puede crecer al nivel de
aceptación que tiene Miguel Ángel Yunes Linares, quien está arrancando con un
empate técnico con sus parientes y familiares, los Yunes rojos. Si formaliza su
candidatura, Miguel va a apretar el paso y va a crecer. Por el lado del PRI, el
gobernador Duarte no tiene mucha tela de dónde cortar si no quiere que su
partido pierda, que de todos modos, dada la enorme inconformidad social que
hay, aun jugando con cualquiera de los dos senadores priistas no la tendrá
fácil, nada fácil.
En mi tráfago diario con priistas prominentes, los he
escuchado decir, o me lo han dicho en corto pero en abierto, que si su jefe
político se equivoca, no dudarán en apoyar a Yunes Linares, al fin y al cabo
viejo correligionario político de muchos de ellos y con quien, un buen número,
mantiene amistad y la mantienen y la cultivan aunque en forma muy reservada.
Duarte no se puede equivocar. Es cierto, hay muchas sopas, pero él no tiene
muchas de donde escoger.
Aparentemente lo que resta de diciembre, toda la
temporada navideña y de fin de año será de tranquilidad. Pero no será así. Por
lo pronto, el senador Héctor Yunes Landa ha retomado el paso y ayer anduvo en
la región de Orizaba, en Ixtaczoquitlán, y, para variar, apoyó las palabras del
exalcalde de Pluviosilla, Martín Cabrera Zavaleta, en su momento fidelista de
pura cepa, quien de su ronco pecho sentenció que “si no es Pepe ni Héctor y
quieren imponer a un ave, nos va a cargar la chingada” (J. J. Enríquiez, Radiover).
El respetable mientras, comprando boletos de primera fila
para ver la gran final.
¡Uf! Qué semana. Pásala bien lector. Cobíjate bien. En
Xalapa empezamos a sentir ya los primeros efectos del Invierno, que luego es
severo y no tarda en caernos.


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