Prosa aprisa
Dialogar, no molestarse con la prensa crítica
Arturo Reyes Isidoro
Lector, escribo con el piloto ya casi en automático. Como
trabajador académico que soy en la Universidad Veracruzana, ayer miércoles he
salido de vacaciones. Ya casi son las últimas líneas que escribo este año.
También te dejaré descansar.
Pero no puedo dejar pasar lo que dijo ayer el diputado
presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador de la fracción
del PRI en el Congreso local, Juan Nicolás Callejas Arroyo, respecto al papel
que juega la prensa en la vida pública del estado.
El también profesor y exdirigente de la Sección 32 del SNTE
habló en el brindis que se ofreció a los reporteros de la fuente, varios y
varias de ellos excompañeros reporteros míos, brindis en el que dejó constancia
de su poder de convocatoria la titular de Comunicación Social, Vicky Hernández
Rodríguez.
Me atengo a la nota de José Topete, reportero del portal alcalorpolitico.com. Juan Nicolás, de
alguna manera podría decirse que la máxima representación del Poder
Legislativo, criticó “a aquellos personajes públicos que no entienden la labor
de la prensa y se encargan de denostarla cuando son criticados”.
“¡Ay de aquél que no entienda la labor del comunicador social! ¡Ay de aquel
que se ofenda por lo que el comunicador dice, publica o manifiesta. Si vivimos
en una sociedad plural debemos darle cabida al diálogo”.
No deja de ser reconfortante que uno de los titulares de los tres poderes
de Gobierno se exprese abiertamente en defensa del papel que juega la prensa,
en especial cuando de otro de los poderes, el Ejecutivo, hay amagos o abiertos
embates en contra de la prensa crítica e independiente, característica, por lo
demás, que ha venido marcando a todo el sexenio.
“Aquel
que se ofende, en lugar de molestarse, en lugar de lanzar improperios, lo que
debe de hacer es dialogar con el comunicador social, porque en este mundo cada
quien es dueño de su verdad, pero no de la verdad de los demás, y por lo tanto
hay que acercar esas verdades para poder entenderse y obtener conclusiones”,
dijo el líder camaral.
Callejas
Arroyo sabe lo que dice. No es un político improvisado. Si alguien ha visto
correr agua bajo el puente… político, es él. Viene de la vieja escuela, aquella
que aconsejaba y tenía como práctica común que el político se sentara a
dialogar con el periodista para explicar, para argumentar, para tratar de
convencer con hechos, con pruebas, antes que agredir, que tomar represalias por
críticas o señalamientos.
Ahora
me viene a la mente aquel periodismo crítico que practicó, adelantado a su
tiempo, Ángel Leodegario “Yayo” Gutiérrez Castellanos, fundador, propietario y
director de Política, pero también
recuerdo a aquel inolvidable gobernador, de gran estatura política como lo fue
don Fernando Gutiérrez Barrios.
Rememoro
cuando Yayo sometió a crítica sin concesiones al entonces rector de la
Universidad Veracruzana, Rafael Hernández Villalpando, y le sacó a la luz
pública la compra sospechosa de un gran terreno y la construcción de una
alberca… que le construía un hermano suyo, funcionario de gobierno.
En
lugar de enojarse don Fernando con Yayo por cuestionar severamente a un
colaborador suyo (entonces la UV no era autónoma y el rector lo nombraba el
gobernador), lo que hizo fue dar
instrucciones a Hernández Villalpando para que fuera a ver personalmente al
periodista y le diera la más amplia explicación de sus acciones y
comportamientos.
Pero
no fue caso único. Apenas comenzaba su gobierno, cuando una media noche de duro
invierno reporteros de la sección policiaca del Diario de Xalapa se enteraron del traslado de una cuerda de reos
del penal Allende del puerto de Veracruz hacia la fortaleza de Perote, entonces
convertida en prisión.
Con
un gran celo profesional, para allá se fueron los compañeros, pero cuando el fotógrafo
empezó a soltar los primeros flashazos, un joven militar, que había llegado con
don Fernando, responsable del operativo y a quien se ubicaba ya como
subdirector de Seguridad Pública (entonces no había Secretaría), ordenó
detenerlo a él y al reportero y ¡los confinó en una fría celda a una
temperatura de casi cero grados!, y no los soltó sino hasta el día siguiente.
Enterado
el entonces propietario y director del Diario,
Rubén Pabello Acosta, en la edición del día siguiente con un gran encabezado
denunció el atentado a la libertad de prensa, y ese día lo primero que hizo don
Fernando fue cesar fulminantemente al militar y acabar con su promisoria
carrera como funcionario policiaco, fue a ver al señor Pabello y le ofreció
disculpas a nombre de su gobierno.
Los
periodistas de entonces, en aquel tiempo muy pocos, sentimos que teníamos a un
protector en el gobierno, a un gran aliado, a alguien que respetaba nuestro
trabajo, y su bienio –terminado su segundo año se fue como Secretario de Gobernación–
fue un ejemplo de respeto irrestricto a la libertad de expresión, y hasta la
fecha, los sobrevivientes de aquellos hechos lo recordamos con respeto y
reconocimiento y lo tenemos como referencia de lo que es ser un verdadero gobernador
respetuoso de la prensa, así, a secas.
De
esa escuela, de esa vieja escuela proviene Juan Nicolás. Ayer, además de darme
gusto haber podido saludar en el brindis a mis compañeros (celebré con varios
de ellos sus valiosos premios que se sacaron en la rifa, que entregó la
presidenta de la mesa directiva de la Legislatura, Octavia Ortega), me
sorprendió gratamente que, así haya sido indirectamente, el titular de uno de
los poderes, con verdadera independencia, haya disentido de la forma en que se
trata muchas veces, desde otro poder, a la prensa crítica.
Octavia
Ortega no se quedó atrás. Agradeció las críticas de los medios de comunicación,
señalando que permiten revisar su trabajo.
¿Ya casi primera dama?
Como
es mi rutina, camino hacia el centro de la ciudad, Xalapa, cuando de pronto,
cerca del mercado, el barrio y la iglesia de San José, me topo con un viejo
conocido, elemento de un cuerpo de seguridad pública.
En
clara alusión al proceso sucesorio gubernamental, me pregunta a bocajarro cómo
veo y cómo van las cosas. Cuando apenas intento darle mi opinión, me pregunta
si advertí la presencia de la señora Verónica de la Medina, esposa del senador
Héctor Yunes Landa, en la ceremonia de graduación de policías en la ex Academia
de Policía de El Lencero, el lunes pasado.
Pues
no, le respondo, porque además le explico que la de Seguridad Pública no es un
área de la que me ocupe. Retoma la palabra y me suelta: “porque hubiera visto
cómo la trataban, cómo la llevaban y la traían desde que llegó, hasta una
especie de papamóvil le pusieron y, bueno, ya no sabían qué hacer con ella…
todos nos dimos cuenta del trato”.
Lo único que le comenté es que hasta donde tenía entendido, por amigos del
senador, la relación con el titular de la SSP, Arturo Bermúdez Zurita, es
cercana, lo cual recordé cuando confirmaron que el chofer que iba en el pool de prensa de Yunes Landa el día del
trágico accidente en el que murió su fotógrafo era comisionado de esa
dependencia, y que quizá a eso se debió la invitación a su esposa.
¿O será que ya hay órdenes de cuadrarse ante la futura nueva patrona?

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