Prosa aprisa
El PRI se libra de él;
Yunes lo suma enseguida
Arturo Reyes Isidoro
Reportero en mis inicios,
en una primera etapa de mi vida pasé por todos los cargos que había en la
estructura de un periódico tradicional del siglo pasado (desde el más modesto
hasta el de Director), hasta que por invitación pasé a trabajar al Gobierno del
Estado y a su partido, en los que me pasé treinta años de mi existencia,
siempre en áreas de prensa. Desde 2010 regresé a mis orígenes, porque de origen
soy periodista.
Como es lógico pensar,
adentro conocí y traté a cientos de personas, a miles, y a algunas las padecí.
Me hicieron conocer la bajeza humana. Trato de no acordarme de algunos hechos desagradables
en mi vida a mi paso por el Gobierno, pero algunas veces, sucedidos hacen que
afloren.
Es el caso de Roberto
López Delfín, quien con afán protagónico y olvidándosele lo que hizo y cómo se
comportó en el poder, haciéndose víctima filtró a la prensa su carta de
renuncia al PRI el pasado 24 de febrero, que dirigió al presidente del Comité
Ejecutivo Nacional, Manlio Fabio Beltrones. Creo que, sin embargo, es bueno que
la opinión pública sepa en realidad de qué tipo de personas se trata y que no
son lo que dicen o creen ser.
En la carta deja
testimonio de su mala entraña, pues en una crítica acerba a prácticas del que
fue su partido, que él prohijó desde adentro del Gobierno, ni siquiera hace
ninguna distinción y barre parejo incluyendo implícitamente a quien le dio
poder y riqueza –o a bases de engaño y abusando de la confianza de su jefe los
obtuvo–, el ex gobernador Miguel Alemán Velasco.
Lo conocí y lo empecé a
tratar en 1998 durante la campaña del entonces candidato al gobierno, Alemán
Velasco. Aparentaba ser un hombre normal y con esa impresión llegamos a la
administración pública, él en la Secretaría Particular y yo en la Dirección de
Prensa. En el inicio, por razones que nunca supe, el entonces coordinador de
Comunicación Social, Sabás Huesca Rebolledo, se ausentaba, no estaba, por lo
que las llamadas telefónicas a la dependencia me las pasaban a mi las
secretarias.
El licenciado Alemán era
un hombre conocido (y lo sigue siendo) en prácticamente todo el mundo, por lo
que su arribo al poder despertó mucho interés. Entonces no había día en que no
llamaran de algún periódico importante de Europa o Estados Unidos para
solicitar una entrevista con él. Fue así que la primera vez que tuve una lista
bastante grande de solicitudes consideré que era urgente que el gobernador lo
supiera, por lo que a través de la red interna le marqué a su secretario López
Delfín para hacerle saber lo que había y le informara a su jefe de inmediato.
Mi primera grande y
desagradable sorpresa fue que cuando supo quien le estaba marcando, con mucha
arrogancia me paró en seco y me dijo que no le volviera a llamar porque yo no
era ¡de su nivel! No lo podía creer. Ya no quedaba nada de aquel tipo normal que
había conocido apenas unos meses atrás.
Pero no fue la única vez.
Cierto domingo –yo viví muchos años en Palacio de Gobierno siempre de guardia
sábados, domingos y días festivos– por la red interna me dijeron que subiera al
despacho del gobernador. Así lo hice, de inmediato. Llegué y me anuncié con el
de la puerta. Me dijo que pasara. Apenas iba por el pasillo central de las
oficinas que llevan al despacho del Ejecutivo, cuando de pronto apareció López
Delfín. Cuando me vio se sorprendió y lleno de prepotencia, ebrio de poder, con
desprecio, me preguntó qué hacía yo ahí adentro. Le indiqué que me habían
pedido subir, que me llamaban. “¡Tú! ¡Tú!”, me decía y me repetía. Le dije que
tenía razón, que a lo mejor se habían equivocado y me di la media vuelta,
aunque prácticamente me sacó. Cuando ya iba escaleras abajo me alcanzó
corriendo un ayudante para decirme que me estaban esperando.
Se había convertido en un
hombre despreciable, porque todos se quejaban de él. Se creía el dueño del
Palacio de Gobierno, del despacho del gobernador, del Gobierno de Veracruz.
Llegaba a los actos y le gustaba que lo sentaran en el presídium cuando no era
más que un simple secretario particular, esto es, un empleado del gobernador
pero no un funcionario, y desde ahí miraba a todos con cara de perdonavidas.
Estaba mal de la cabeza, exactamente como lo está hoy quien llegó a la
Particular en lugar de Enrique Ampudia Mello, un tal José Ramón Cárdeno Shaadi,
de cuyas hazañas próximamente publicaré.
No se podía esperar nada
bueno de alguien que como él había desconocido y actuado en contra de quien le
había dado una oportunidad en el servicio público: el doctor Ramón Ferrari
Pardiño, a quien le hizo la vida imposible cuando era titular de la Sedarpa,
creándole en forma paralela lo que fue el Inveder, para restarle fuerza.
Fue Ramón quien siendo
Director de Adquisiciones, Almacenes e Inventarios de la Secretaría de
Gobernación con don Fernando Gutiérrez Barrios lo llevó a su lado, en
agradecimiento porque su padre había sido su maestro en la Facultad de Medicina
del puerto de Veracruz.
Pero lo tuvo que quitar
enseguida como su secretario particular porque le causó muchos problemas con
todo el personal, pues ya mostraba los aires de prepotencia, arrogancia y abuso
del poder que mostraría después en todo su esplendor. Aún así se lo llevó
consigo a la Subsecretaría de Finanzas del CEN del PRI, cuando el titular era
el licenciado Alemán, con quien se integró ya en el Senado por recomendación tanto
de Ramón como de Alejandro Montano, a quien también desconoció después.
No fueron los únicos. El
difunto profesor Guillermo Zúñiga Martínez prefirió renunciar a la dirigencia
estatal del PRI para no enfrentarse con el gobernador Alemán, pues López Delfín
lo mal informaba, ya que el entrañable amigo se oponía a cometer desde el
partido las atrocidades que ahora este desmemoriado denuncia.
López Delfín salió del
Gobierno en 2004 y yo continué. Nunca se me olvida que el 15 de septiembre de
2005, pensando que todavía tenía poder, se presentó a la ceremonia del Grito, y
cuando quiso subir al palco para presenciar el espectáculo alusivo, no lo
dejaron pasar los de seguridad. Quiso alegar y la orden fue tajante: no pasa.
Entonces, con la cola entre las patas se fue a guarecer al local que tienen los
policías de guardia en el Palacio. Se le había acabado el poder.
Mala entraña, ahora en su
carta a Beltrones le dice que decidió presentar su renuncia al PRI por “la deplorable, inmerecida situación del Estado de Veracruz, gobernado
ininterrumpidamente desde hace 87 años por políticos emanados del PRI, o
postulados por sus antecedentes y precursores”, en clara alusión implícita al
licenciado Alemán, pues su padre fue también gobernador y Presidente de México.
Más adelante dice que no votará en las próximas elecciones “por un partido cuyos gobernadores y
legisladores han endeudado desde los primeros años del siglo a mi Estado a
niveles ridículos, insostenibles”, sin hacer una excepción, pues el primer
gobernador de este siglo fue el licenciado Alemán, quien ciertamente dejó una
deuda de 3,500 millones de pesos, pero no por mal manejo, sino porque el
gobierno federal panista entonces se los regateó, no se los entregó a la
Secretaría de Educación cuando por derecho le correspondían.
En realidad, respira por
la herida. Antes de terminar su gobierno, el licenciado lo echó cuando supo sus
pillerías, su abuso de poder, sus propiedades de escándalo como su mansión en
Las Ánimas, de Xalapa.
Tan pronto se fue del
PRI, el precandidato del PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares, anunció de
inmediato que lo sumaría a su equipo de trabajo, a su “proyecto de cambio”,
pues “es una persona con mucho capital y, sobre todo, un gran ciudadano”. Ajá.
Que con su PAN se lo coma.
Héctor, rumbo a la convención
Inicia semana crucial
para el precandidato priista Héctor Yunes Landa. Terminará su precampaña y el
próximo domingo será elegido en convención de delegados candidato formal al
Gobierno de Veracruz. A partir de entonces será un ahora o nunca. Tendrá tres
semanas para hacer una evaluación seria y a fondo para saber cómo le fue en la
primera etapa, para detectar errores, fallas u omisiones, para corregir lo que
tenga que corregir, para afinar su campaña y su estrategia, y para revisar los
anuncios que hará el día que rinda protesta como candidato pero también a lo
largo de su campaña, que puedan convencer al electorado para que voten por él.
Tiene atrás trabajo de muchos años y tendrá que saberlo aprovechar de la mejor
forma. En la etapa que termina, su esposa Verónica y su hija Andrea caminaron por
su lado en especial por las zonas marginadas y serranas e incluso él adelantó
que se sumara a su campaña la señora Sonia Sánchez de Chirinos, esposa del ex
gobernador Patricio Chirinos Calero, quien hará trabajo entre la sociedad civil
y en la Sierra de Zongolica donde dejó muy buenos recuerdos por su trabajo al
frente del DIF Estatal.

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