Prosa aprisa
¿Detrás de Duarte hubo una gran Karime?
Arturo Reyes Isidoro
Vieja
frase, detrás de un gran hombre hay una gran mujer, sirve para significar el
papel relevante que la mujer juega como compañera de un hombre exitoso.
En
realidad, se le puede utilizar en diferentes contextos, pero creo que el
sentido final es el mismo.
Se la adaptó
de la frase original, que con sentido sarcástico y machista pronunció el famoso
humorista norteamericano Groucho Marx: “Detrás de un gran hombre hay una gran
mujer y detrás de ésta su esposa”.
Ante el
escándalo que nos envuelve, se antoja preguntar: ¿detrás de Javier Duarte hubo
una gran mujer llamada Karime Macías Tubilla?
Por ética
evito siempre tocar a la esposa y a los
hijos de los gobernantes y de los políticos porque ellos, casi en la
generalidad de los casos, no son culpables de las atrocidades, de las
trapacerías y de toda clase de abusos que sus esposos y padres,
respectivamente, cometen cuando están en el poder y al amparo del mismo.
Incluso, también en muchos casos, a veces son unas víctimas más de los sátrapas
en que se convierten sus jefes de familia. A mi paso por el gobierno y la
política supe de casos de esa triste realidad.
Pero una
cosa son los familiares en su vida privada, personal, y otra cuando emergen
como figuras públicas y más cuando tienen una responsabilidad oficial por la
que deben responder máxime si reciben una percepción económica que provenga de
los fondos públicos.
Diversos
medios y columnistas de la Ciudad de México han revelado el contenido de una
audiencia y declaración ministerial sobre el caso de corrupción de Javier
Duarte de Ochoa en el que aparece involucrada la esposa del exgobernador,
Karime Macías Tubilla, expresidenta del DIF Estatal Veracruz, quien, de acuerdo
a lo que se ha dicho, tendría un alto grado de complicidad por lo que la
esperarían también los tribunales para que rinda cuentas.
Me ha
llamado la atención que incluso algunos de mis colegas de la capital del país
afirman que ella es más inteligente que él y que era el verdadero poder tras el
trono.
Aunque no
se sabe oficialmente que exista una órden de presentación o captura en su
contra, o que se le finque tal o cual delito, extrañamente ella desapareció
también con su esposo.
Su paradero
es un verdadero misterio, y siendo piadosos cabría pensar que como fiel esposa
está cumpliendo hasta el sacrificio con su obligación matrimonial de estar al
lado de su marido en el peor momento y hasta las últimas consecuencias, lo cual
la haría verdaderamente admirable.
Pero su
mención en una acta ministerial involucrándola como participante activa en todo
el entramado de corrupción que escandaliza a Veracruz, a todo el país y con
ribete internacional, hace pensar que en realidad está huyendo de la justicia
para evitar rendir testimonio que sería el tiro de gracia contra su esposo y
que, de paso, la confirmaría como quien dio muchas órdenes sobre el manejo de
bienes adquiridos con dinero proveniente del gobierno del Estado, o sea, como
cómplice.
¿Dónde
está? ¿Por qué no da la cara públicamente si nada debe? ¿Por qué no sale a
defender, a argumentar a favor de su esposo? ¿Por qué no sale a decir que es
mentira todo lo que se dice sobre ella y que tiene pruebas para comprobarlo? ¿Por
qué no ha salido, incluso, a defender a sus padres, también involucrados en la
investigación, igualmente alegando con pruebas que son inocentes?
Hasta en
tanto no haya una declaración oficial en su contra, otorguémosle el beneficio
de la presunción de inocencia. Tiene derecho a ello. Sé que ella y su esposo
son –¿o eran?– mis lectores. Le ofrezco este espacio por si quiere hacer un
alegato a su favor o el de su marido.
Sin
embargo, a días de acabar la administración, cabe preguntar: ¿qué huella dejó
como presidenta del DIF Estatal? Se supone que debió de andar para arriba y
para abajo haciendo el trabajo de asistencia social que corresponde a ese
organismo y que le correspondía como esposa del gobernador. ¿Alguna vez se le
vio en las colonias populares, en los llamados cinturones de miseria de las
grandes ciudades, en las regiones indígenas, en los orfanatorios, en los asilos
para adultos mayores, con los menores infractores recluidos, en actos con
“viejitos” en situación vulnerable que los hay en todo el Estado?
Lo que se
sabía, por lo que platicaban los trabajadores de la Casa Veracruz, era que
tenía obsesión por conservar su figura esbelta, para lo cual hizo acondicionar
un espacio especial en la residencia oficial donde montó dos gimnasios
completos, en los que se pasaba casi todo el día cuando estaba en Xalapa.
Que se
sepa, nunca se presentó a trabajar a las oficinas del DIF y menos para atender
a veracruzanos –ancianos, niños y mujeres en la pobreza–, es decir, nunca fue
auténtica presidenta del organismo de asistencia social, e incluso su descuido
llegó a tanto que hoy el DIF Estatal tiene demandas penales ante instancias
federales porque tampoco pagaron millones de pesos por leche que les surtieron debido
a lo cual les cortaron el suministro dejando sin el producto a niños y personas
de la tercera edad beneficiarios de los programas sociales.
El
organismo nunca había estado tan abandonado por su presidenta, oportunidad de
servir que, en cambio, no desaprovecharon en su momento las señoras Teresa
Peñafiel de Hernández Ochoa, Esperanza Azcón de Acosta Lagunes, Divina María
Morales de Gutiérrez Barrios, Teresa Morales de Delgado Rannauro, Sonia Sánchez
de Chirinos Calero y Christiane Magnani de Alemán Velasco, todas de grata
memoria, quienes realizaron una gran labor a favor de los necesitados y a
quienes conocí ya en el ejercicio de mi tarea como periodista.
¿Karime
Macías Tubilla el poder tras el trono? Lo que sí hizo la señora tema de este
comentario hoy fue asumir funciones que no le correspondían porque no era
funcionaria, como, por ejemplo, presidir reuniones de seguridad –sí, así como
usted lo lee– o asumir el manejo de imagen, publicitario e informativo del
gobierno.
En la
Ciudad de México hay reportes de cómo a reuniones de seguridad a los que eran
convocados representantes de la Policía Federal, del Ejército, la Marina, la
Fiscalía General del Estado (antes
Procuraduría) y organismos locales, en lugar de que las presidiera Javier
Duarte, para su sorpresa llegaba ella a encabezarlas.
Algunos de
los asistentes –eran reuniones muy privadas, a puerta cerrada, a la que
entraban sólo jefes y comandantes– recuerdan que ella disponía todo, que ella
tomaba la palabra y no la soltaba, que ella preguntaba y ella misma se
respondía, que ella al final ordenaba lo que se tenía que hacer, y cuando
estaban tocando temas tan serios como los secuestros o los levantones, o la
desaparición de personas, era tanta su preocupación que de pronto paraba la
reunión y ordenaba a uno de sus tres o cuatro ayudantes que tenía al lado que
fueran a pedir que le trajeran su jugo o su comida light, ante la cara de what sobre
todo de los miembros del Ejército y la Marina que son tan serios, formales y
comprometidos en sus tareas.
O sea,
había vacío de poder, un gobierno sin gobernador, vacío que ella llenaba y
gobierno que ella ejercía. Sí, detrás de Javier Duarte estuvo Karime Macías,
para bien, o para mal. Sería triste que terminaran como los Abarca de Guerrero.
Por ella, pero sobre todo por sus tres pequeños hijos, sinceramente deseo que
no, que resulte inocente. Este espacio queda abierto para ella.
A ver con
qué nos acaba de despertar esta mañana Carlos Loret de Mola. Duarte lo ha
proyectado como el gran periodista con las exclusivas sobre el caso de
corrupción más sonado de México desde los tiempos del tristemente célebre
Arturo “El Negro” Durazo, aquel compañero de infancia y de juegos de José López
Portillo a quien por un capricho convirtió de golpe y porrazo en un General sin
ser miembro del Ejército sino un verdadero delincuente, que ofendió grandemente
a los hombres de verde olivo, con justa razón. Sigo sin poder hacer a gusto mis
ejercicios matutinos porque tengo que parar para ver y escuchar a Loret y saber
las nuevas de Duarte. A muchos ahora los veo con cara de desmañanados porque me
han confesado que por primera vez en su vida se despiertan a las 6:30 de la
mañana para estar pendientes de “Despierta”. Todo por culpa de Duarte, como si no
nos hubiera causado ya suficiente daño.

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