Prosa aprisa
La entrega-recepción, al fin
Arturo Reyes Isidoro
"Yo no quiero, de ninguna
manera, mentirle a los veracruzanos: nos están entregando un Gobierno estatal
en quiebra".
“No creo. Decir que sí sería
engañarlos. No hay que engañar a la gente”.
Las voces son de los gobernadores
Miguel Ángel Yunes Linares, electo, y Flavino Ríos Alvarado, interino.
Me llama la atención la
coincidencia. Ambos hablan de no engañar a nadie, de decir las cosas tal cual
son, o cómo están.
Siendo optimistas –creo que a pesar
de todo no debemos perder el optimismo– se pensaría que, por fin, las aguas
tienden a volver a sus cauces y a sus niveles normales.
Que ambos se sinceren me parece
el mejor principio para arrancar este lunes el tan esperado y a la vez polémico
proceso de entrega-recepción de la administración estatal.
Miguel Ángel habló el jueves
pasado cuando reconoció que la Secretaría de Hacienda no aceptó el presupuesto
que solicitó para la entidad. "De ninguna manera es el presupuesto que
esperábamos".
Al reunirse con el Presidente
Enrique Peña Nieto, con el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio
Chong, y con el Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade,
Yunes Linares buscaba partidas suficientes para Veracruz en el Presupuesto de
Egresos de la Federación 2017 con el propósito de hacer frente a la grave
crisis económica que ahoga al gobierno del Estado.
Al día siguiente, el viernes en
la madrugada, se aprobó el Presupuesto de Egresos y no hubo recursos extras
para la entidad. Se acabó cualquier expectativa.
Hace bien el nuevo gobernador en
sincerarse, aunque no es necesario que nos diga que hereda el gobierno en
quiebra. Todos lo sabemos y vivimos las consecuencias.
O tal vez lo mencionó como una
forma de justificarse por anticipado que no podrá hacer mucho o todo lo que se
proponía en cuanto a obras y servicios.
Pero cualquier otra persona que
hubiera llegado al cargo estaría en la misma situación. Lo que haga, por mínimo
que sea, será bueno, aunque ahora lo urgente es poner orden y sentar las bases
para iniciar la reconstrucción, algo que no se ve como luciría una gran obra
material, pero qué importancia tiene ahora lograrlo.
Creo que esperó hasta lo último
para saber si le autorizarían recursos adicionales, y cuando tuvo la certeza de
que no, entonces entregó su Plan Veracruzano de Desarrollo al Congreso local,
consciente de las limitaciones económicas que tendrá para operar.
Esbozó el viernes lo que
seguramente definirá con precisión dentro de 17 días cuando rinda protesta
constitucional: habrá un presupuesto austero para 2017 y como consecuencia una
reingeniería financiera que obligará a la austeridad en el ejercicio del gasto
público.
Dentro de la reingeniería
eliminará lo que llama oficinas gubernamentales “absurdas”, como la de la representación
que se tiene en Madrid, España, que nunca hemos sabido que utilidad le ha
reportado a Veracruz, o los viajes en helicóptero o en avión oficiales de los
funcionarios, tanto dentro del Estado como fuera de él.
Algo verdaderamente importante es
su reiterado anuncio de que no nos aumentará los impuestos porque, destaca, y
debe reconocérsele, los veracruzanos de a pie, los causantes no tenemos por qué
pagar lo que Duarte y sus cómplices malversaron, desviaron o, de plano, se
robaron.
(El entonces gobernador Miguel
Alemán Velasco, para ahorrar, introdujo el horario corrido, para laborar hasta
las seis de la tarde a efecto de ahorrar en el pago de energía eléctrica,
evitando encender focos y lámparas, computadoras, ventiladores, climas
artificiales, enfriadores-calentadores de agua, cafeteras, etc.– de edificios
públicos, salvo en los indispensables como hospitales o de seguridad pública.)
En agosto pasado, al dar inicio a
los foros de consulta para integrar el Plan Veracruzano de Desarrollo, Yunes
Linares pronunció algo que tiene plena vigencia y que debe de tomarse como
asidero para catapultarnos hacia la recuperación del Veracruz que perdimos,
pero también para avanzar hacia el que queremos para el futuro.
Dijo: el “Estado hoy sólo produce noticias negativas,
que tienen que ver con rezago, delincuencia, corrupción y pobreza", para
enseguida proponer: "no podemos seguir lamentándonos,
tenemos que ir en busca del Veracruz que se puede mejorar, tenemos que hacer
que Veracruz cambie". Éso. A estas alturas la lamentación no sirve de
nada.
Reconoció entonces que sabe que la
victoria que obtuvo es condicionada a los resultados que el pueblo espera a
corto plazo, de la gente que quiere que Veracruz cambie. Seguramente hará lo
que pueda. Es cierto, recibe un gobierno en quiebra. Hay que apostarle, por el
bien de todos los veracruzanos y de Veracruz, que le vaya bien.
La difícil circunstancia de Flavino
La otra frase que cito al inicio de
la columna: “No creo.
Decir que sí sería engañarlos. No hay que engañar a la gente”, la dijo el
gobernador Flavino Ríos Alvarado el viernes ante otro hecho evidente como el de
que a Yunes le heredan un gobierno en quiebra: que en los días que le restan,
17, al frente de la administración, no podrá pagarles a los ayuntamientos toda
la deuda que contrajo con ellos el gobierno de Duarte, salvo los 586 millones
de pesos que les entregó el pasado fin de semana.
Así las cosas, dicho por el que
se va, pero también por el que llega, el difícil panorama económico exige unidad
en torno a los gobiernos pero también apoyo de todos para salir adelante.
Cuando no ocultan la gravedad por
la falta de recursos, creo que concitan a la comprensión de la sociedad, de la opinión
pública, tanto para concluir un muy accidentado gobierno como para iniciar otro,
esperanzador y que también llega luego de haber superado muchos obstáculos.
Puestas las cartas en forma
abierta sobre la mesa, los veracruzanos, ¡ay!, no debemos llamarnos a engaño:
vienen tiempos económicos difíciles, muy difíciles, y hay que prepararnos para
enfrentarlos de la mejor forma.
El gobernador Flavino hizo bien
ayer en ir al lugar mismo de los hechos, Catemaco, donde la noche del sábado un
grupo vandalizó el palacio municipal. Un gobernante debe siempre dar la cara
ante los problemas y enfrentarlos sin ningún titubeo. Ahora se debe actuar a
tiempo y con energía contra los responsables como ejemplo para evitar que
Veracruz se convierta en otro Guerrero, Michoacán, Oaxaca o Chiapas.
El oportuno mensaje de la Iglesia
Al iniciarse –parece ser que
ahora sí va en serio– la entrega-recepción de la administración estatal, la
Arquidiócesis de Xalapa, a través de su vocero el presbítero José Manuel Suazo
Reyes, se pronunció ayer al respecto, a mi juicio en forma muy oportuna y
atinada. Transcribo dos párrafos de su mensaje:
“En este
periodo de entrega recepción del gobierno, ciertamente se espera transparencia,
claridad y orden en los responsables de las dependencias. Pero también respeto,
civilidad y escucha de parte de quien las recibe. Las descalificaciones a priori y las agresiones sólo abonan a
la descomposición. Se requiere superar los prejuicios, los fantasmas y los
miedos.
La riqueza
de Veracruz no sólo está en el dinero que no aparece, también está en las
personas que con experiencia, competencia y dedicación han sacado adelante las
responsabilidades propias de las instituciones donde laboran. Necesitamos
reconocer que muchas de estas personas han desempeñado sus funciones incluso en
la precariedad y con los recursos que les dejaron”.
Un llamado
y un reconocimiento dignos de tomarse en cuenta por la autoridad de la
institución y por su importancia como receptora del sentir de su feligresía,
que es de miles de veracruzanos, esperanzados, deseosos de que lleguen nuevos y
mejores tiempos, y que, por fin, termine la pesadilla de los últimos seis años
o, si somos más severos y vamos más para atrás, de los últimos doce.

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