Prosa aprisa
La víspera
del debate por la gubernatura
Arturo Reyes Isidoro
La de mañana será una noche de viernes fuera de rutina
por el primer debate, de dos, de los candidatos a gobernar Veracruz.
Tantos años en el oficio me dan una idea de quien está
mejor preparado para la gran responsabilidad, pero siempre será bueno
escucharlos a todos.
A diferencia de la contienda por la Presidencia, que
tiene ya un claro puntero, en la competencia por la gubernatura no hay nada
definido para nadie.
Se supone que quien debiera llegar con una amplia
ventaja es el candidato del PAN, Miguel Ángel Yunes Márquez, por el apoyo que
tiene de su padre el gobernador, que es decir del Gobierno del Estado.
Tener el poder político supone una gran ventaja, que
se amplía si el padre y gobernador es el propio coordinador de campaña, en este
caso de su hijo.
Para los veracruzanos está claro que haciendo uso de
los programas sociales de su administración, el titular del Ejecutivo hace
campaña sin que se le pueda acusar de estar violando la ley electoral. Esa es
una de las ventajas que tienen.
Pero por las encuestas que se conocen si bien le va al
joven está empatado en el primer lugar con el candidato de Morena, cuando no
abajo, y ahora el abanderado del PRI ya casi lo alcanza.
Una revisión de sus mensajes de precampaña y de su
campaña deja claro que se ciñe a muy pocas propuestas, que seguramente le
dijeron que repita y que no se salga del guión que le marcaron.
En la precampaña, por ejemplo, vi que sus boletines
decían lo mismo nada más que cada día cambiaban el orden de los párrafos.
Supongo que en el debate será vulnerable porque por
mucho que ofrezca lo contrastarán con los resultados del gobierno de su padre,
en especial sobre el tema de la inseguridad y la violencia. Ahora sí, todo lo
que diga puede ser usado en su contra.
Pero también estará muy expuesto si algunos de sus
contrincantes toma el mensaje inaugural de su padre cuando asumió la
gubernatura y contrasta todo lo que ofreció con lo que ha cumplido.
A José Antonio Meade le reprochan no haberse
deslindado de su padrino y patrocinador Enrique Peña Nieto. En mucho, a eso atribuyen que esté hundido en
el tercer lugar y que no repunte. Podría ser el caso del joven candidato
panista. Con tal de avanzar ante el electorado, ¿sería capaz de deslindarse del
gobernador, su padre, padrino y patrocinador, de criticar incluso su forma de
gobernar, o insistirá en que seguirá los pasos de su progenitor si llega al
poder?
Será interesante lo que diga, ver y escuchar cómo se
defiende y si tiene luces propias, o sus alcances si las tiene, de tal forma
que demuestre que no depende de su padre.
Otro que llega con ventajas es Cuitláhuac García
Jiménez, de Morena. Ventajas de haber sido ya candidato a la gubernatura, de
haber participado en debates y de contar a su favor con el efecto López
Obrador. Conoce ya la derrota, que vivió en la pasada contienda por el gobierno
estatal.
No es el típico político que arrastre multitudes y por
lo que se ve y se sabe está totalmente atenido a que la masa que va a ir a
votar por AMLO lo haga ganar; de alguna forma se podría decir que medra
políticamente a su sombra.
Las voces que he escuchado en las calles lo considera
limitado, que no es de grandes luces, esto es, de ideas, y tal vez a su falta
de carisma político se agrega su aspecto personal lo que, hasta donde sé,
obligó a sus asesores a pedirle que cambiara su forma de vestir.
Tengo la impresión de que cree que porque en su primera
irrupción en la política ganó la diputación federal por Xalapa con sólo 20 mil
pesos, sin que fuera conocido y sin hacer ruido, eso mismo le va a seguir dando
resultado.
No se ve que esté recorriendo el Estado en campaña,
como sus competidores, pidiendo de cerca el voto del electorado; se ha
concretado a sólo unos cuantos actos y sólo destaca cuando viene López Obrador
y lo acompaña y atrae un poco los reflectores. Está haciendo mucho mejor
campaña Rocío Nahle, candidato al Senado.
Otra impresión mía es que si viajara de incógnito a
algún punto del Estado, fuera de Xalapa y sus alrededores, tal vez nadie lo
reconocería, o casi nadie.
En el debate se da por descontado que se centrará en
tratar de desacreditar al candidato del PAN, en resaltar los negativos de su
padre, sus promesas incumplidas y los abusos al amparo del poder para apoyarlo.
Seguramente resaltará la figura de su protector López
Obrador. Este debate servirá para comparar su participación con la de hace dos
años y ver su grado de avance, o si se quedó en lo mismo.
Por los apoyos que tienen, uno del gobernador y otro
del candidato presidencial encumbrado, se podría decir que son quienes más
probabilidades tienen de ganar la gubernatura.
Atrás de ellos viene la tercera opción, José Francisco
Yunes Zorrilla, Pepe Yunes, con más experiencia y oficio político que los dos
anteriores, aunque en desventaja por no contar con los apoyos económicos,
humanos y materiales que tiene el panista, ni la gran sombra protectora e imán
que posee el moreno.
Pero no sólo a eso se enfrenta, sino que carga con
otro pesado fardo: las siglas y colores de su partido, por el desprestigio en
que lo sumieron malos servidores públicos como Javier Duarte, no obstante que
abierta y oportunamente se deslindó de él e incluso lo sometió a críticas
cuando estaba al frente del gobierno.
No obstante eso, es el que más ha crecido luego de que
al inicio del proceso no se le daba ninguna posibilidad. En las encuestas está
ya muy cerca del segundo lugar y descontó considerablemente su desventaja
respecto del primero. En él podría aplicar el dicho de que caballo que alcanza
gana, aunque falta que alcance, que ya le falta poco, a ver si no le gana el
tiempo.
No había sido candidato a la gubernatura pero sí al
Senado en dos ocasiones e incluso en su experiencia tiene ya la de conocer la
derrota, que templa la fortaleza de todo político, pues en su primer intento no
tuvo éxito cuando el entonces gobernador Fidel Herrera Beltrán lo dejó solo. Ha
sido presidente municipal, diputado local, diputado federal y senador, además
de que fue presidente de su partido.
El martes, en Ciudad Mendoza presumió que en sus
veinte años “de recorrido político,
no encontrarán (en él) un escándalo de corrupción o un acto de prepotencia, sino
un hilo conductor, que es reconocer en la gente el motivo de toda acción
política”.
Eso pinta su
personalidad y sus hechos lo avalan. Siendo diputado local en 2006 solicitó
licencia para contender como candidato al Senado por primera vez. No triunfó
pero decidió no regresar a la curul local y dejó a su suplente. Demostró que no
iba por cobrar la jugosa dieta (sueldo) que reciben los diputados locales.
Nadie más ha hecho lo mismo.
Si sale airoso del
debate podría empatar y acaso remontar a sus competidores. La noche del viernes
tendrá la gran oportunidad de sumar y dar el estirón definitivo. Si falla
difícilmente podrá recuperarse.
Y de July Sheridan sólo
se puede decir que es la única mujer que participa, que se distingue por sus
críticas y ataques a Morena y sus candidatos, partido del que salió, y que
todos la ven como un instrumento del gobernador. El debate le dará la
oportunidad de demostrar que no es cierto y que políticamente se vale por sí
misma; que, por tanto, tiene todos los méritos para merecer la candidatura que
hora ostenta.

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