Prosa aprisa
Los vientos parecen favorecer a Pepe
Arturo Reyes
Isidoro
Las
circunstancias políticas han llegado al proceso electoral para la gubernatura
del Estado y favorecen al candidato de la coalición Por un Veracruz Mejor, Pepe
Yunes.
El pasado
15 de abril los Obispos de Veracruz se pronunciaron abiertamente en contra de
la “pretensión de perpetuar sin mérito a las mismas familias o grupos en el
poder”.
El
pronunciamiento se interpretó como una obviedad ante el intento que hace el
gobernador Miguel Ángel Yunes Linares porque sea su hijo del mismo nombre quien
lo suceda en el poder.
Una
semana antes, el 8 de abril, a través de su Comunicado Dominical, la
Arquidiócesis de Xalapa había anunciado que estaría “animando a sus feligreses”
y que ofrecería capacitaciones ciudadanas para que cuidaran el sentido de su
voto.
“No es
ético comprar votos, ni lucrar con las necesidades más sentidas de la población
vulnerable, ni vender las credenciales de elector, eso es una forma perversa de
corrupción”, sentenció.
Ese
mensaje se tomó también como una obviedad ante el masivo reparto de despensas
por parte del Gobierno del Estado, presuntamente como parte de un programa
social pero que todos interpretaron como una forma de campaña de apoyo al hijo
del gobernador.
La Iglesia,
pues, poderosa institución universal y guía espiritual de la mayoría de la
población mexicana, no compartiría el proyecto político sucesorio oficial del
Palacio de Gobierno y capacita a su grey para orientar el sentido de su voto.
Carta de AMLO generaría ruido en Veracruz
Ayer,
otra pieza se movió en el tablero del ajedrez electoral, con un mismo jugador,
la Iglesia, y otro nuevo, Morena y sus candidatos, que al menos en Veracruz los
puede llevar a la confrontación.
El 8 de
marzo anterior, el famoso padre Alejandro Solalinde acusó al obispo de la
diócesis de Veracruz, Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, de haber prohibido
que diera plática y asilo a migrantes en la parroquia de Nuestra Señora de la
Merced, del puerto, y ordenado a los sacerdotes que guardaran silencio ante las
desapariciones forzadas y la actuación de la delincuencia organizada.
Generalizó
entonces. Lamentó “tremendamente” la actuación de la Iglesia católica de
Veracruz, especialmente porque, señaló, han hecho oídos sordos ante el dolor
que viven miles de familias por seres desaparecidos o afectados por la
delincuencia.
Declaró
que, no obstante, seguiría haciendo su labor siempre que viniera a la entidad
“porque yo no le pido permiso ni le rindo pleitesía, ni a él ni a nadie”.
El
prelado aludido, Gallardo Martín del Campo, sostuvo que sí, que él le había
prohibido oficiar misa en la citada parroquia “por una razón de coherencia”.
“Tú quieres celebrar misa y tirarle a la Iglesia, tirarle a los obispos, que no
hacen nada, eso es incoherencia”.
Un año
antes, el 22 de marzo de 2017, Solalinde tuvo también una confrontación con el
obispo de la diócesis de Córdoba, Eduardo Patiño Leal, a quien acusó de tener
conocimiento de que grupos criminales depositaban cadáveres de sus víctimas en
cuevas o cavernas, así como de una supuesta relación de los sacerdotes de la
diócesis con el entonces gobernador Javier Duarte y bandas delincuenciales.
Patiño
Leal se defendió y negó todo, y el 26 de ese mes y año salió también en su
defensa el vocero de la diócesis de Veracruz, Víctor Díaz Mendoza, quien afirmó
que ni los obispos ni los sacerdotes del Estado habían sido omisos en el tema
de los desaparecidos y de las fosas encontradas en la entidad.
Ayer, el
candidato presidencial de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador,
planteó una invitación a colaborar en su gobierno o en algún órgano autónomo al
padre Solalinde como responsable de la defensa de los derechos humanos.
¡Ouch!
Cuando lo dijo les agarró los dedos de la mano a los obispos de Veracruz con la
puerta, pero, creo también, a Cuitláhuac García, por quien seguramente los
religiosos del Estado no invitarían a votar cuando su partido apoya y piensa
llevar a un cargo a quien los está combatiendo.
Me atrevo
a pensar que AMLO pisó un callo sin darse cuenta porque su anuncio podría
llevar a su partido a perder votos en un estado con uno de los mayores padrones
electorales del país.
Así, la
única baraja por la que apostarían los obispos de Veracruz, eso creo, sería por
la de Pepe Yunes, un hombre de buenas maneras, educado, respetuoso y quien,
hasta donde tiene información “Prosa aprisa”, ha estado tendiendo puentes de
entendimiento y buena relación con la jerarquía eclesiástica desde hace ya un
tiempo considerable.
Mi
planteamiento es sólo una consideración que hago, pero me baso en elementos que
tienen nombres y apellidos, fechas precisas y detalles que están contenidos en
documentos oficiales y en los medios informativos.
Xalapa, ejemplo de lo que podría ser
El
conflicto que se está dando en Xalapa entre el alcalde Hipólito Rodríguez
Herrero, de Morena, y el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN, ha
venido a ser otro elemento que seguramente derivará a favor del político de
Perote.
Ahora
mismo los xalapeños están siendo rehenes de una confrontación política
partidista por un hecho menor que se hubiera resuelto con un simple diálogo,
que todo indica que el gobernador no buscó, sino que aprovechó el incidente para
arremeter contra la autoridad municipal, evidentemente buscando algún efecto
electoral a favor de su causa.
Hace ya
14 años que Veracruz perdió la tranquilidad política, primero por la
confrontación de los gobernadores priistas Fidel Herrera Beltrán y Javier
Duarte de Ochoa en contra de Yunes, y ahora de Yunes contra las autoridades de
Morena. El caso de Xalapa es el mejor ejemplo.
Si Andrés
Manuel López Obrador gana la Presidencia dentro de 51 días, el pleito y la
confrontación con los Yunes azules se va a recrudecer y Veracruz seguirá en la
turbulencia política.
Como bien
se apuntó, cuando AMLO estuvo en el programa Tercer Grado actuó y habló ya como si fuera Presidente electo.
Incluso acaba de anunciar que enseguida del 1 de julio va a reunirse con
Enrique Peña Nieto para revisar juntos el tema del Aeropuerto Internacional de
la Ciudad de México. Ya no habla de si va a ganar la elección sino que empieza
a actuar como nuevo Presidente.
Si ante
el propio titular del Ejecutivo se comporta como si ya tuviera el poder, no
creo que vaya a venir a tratar con chiquiadores al gobernador de Veracruz.
Y el
veracruzano, los representantes de los sectores productivos y de la sociedad
civil, claman ya porque vuelva a Veracruz la tranquilidad, que se acabe incluso
la violencia política, y nuevamente aquí encaja la figura de Pepe Yunes, quien
por su estilo personal buscaría la conciliación y buen entendimiento con el
tabasqueño si este ganara, como todo indica que va a suceder.
Las
circunstancias, pues, hacen ya lo suyo. En política lo único seguro es que no
hay nada seguro y el abanderado de Por un Veracruz Mejor no sólo repunta y
avanza, sino que los hechos lo favorecen, amén de que su opositor el candidato
del PAN carga con todos los negativos de su padre el gobernador, y el enojo de
toda la burocracia estatal incluidos policías y personal de Seguridad Pública,
un grupo considerable, con la administración estatal, hace que apuesten por su
persona.
Cuitláhuac está confiado al efecto AMLO
Otro
elemento adicional que lo puede ayudar es que, como lo han estado criticando en
las redes sociales, Cuitláhuac está confiando su triunfo sólo al efecto López
Obrador y no se ha empleado a fondo en su campaña, como lo demuestran las fotos
de sus actividades donde se observa sólo con unos cuantos, en pocos lugares, y
únicamente se ve que tiene gente pero cuando acompaña al tabasqueño en sus
actos.
A siete
semanas y media de que concluyan las campañas y vayamos a las urnas, parece que
los vientos han cambiado de dirección y cabría esperar sorpresas.

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