Prosa aprisa
El gobierno de AMLO festeja a la prensa veracruzana
Arturo Reyes Isidoro
Pues que saca
la casta morenista el súper delegado Manuel Huerta y que ofrece anoche una cena
a por lo menos medio centenar de periodistas de Xalapa a nombre del Gobierno de
México, es decir, del de Andrés Manuel López Obrador, del cual él es el
representante en el Estado.
Pero agárrese
porque no para ahí la cosa. Este martes hará lo mismo con compañeros de Poza
Rica, el miércoles departirá con colegas del puerto de Veracruz y luego viajará
a Córdoba y a Coatzacoalcos para lo mismo.
Es un
acercamiento y una atención con los periodistas veracruzanos con motivo del Día
de la Libertad de Expresión o de Prensa, que se conmemoró el pasado 7 de junio
pero que no pudo celebrar entonces con los tundeteclas por sus ocupaciones, se
comentó anoche.
A mí se me
dijo que el gobierno de López Obrador reconoce el trabajo profesional de los
periodistas veracruzanos y que garantiza y garantizará siempre el libre
ejercicio periodístico.
Manuel sí
tiene experiencia y sensibilidad política y sabe que los logros del gobierno de
AMLO solo podrán dimensionarse con el concurso de la prensa. Anoche empezó a
llenar un vacío con los medios informativos que el morenismo estaba dejando en
Veracruz.
Fue una cena
sencilla, austera, muy de la Cuarta Transformación, pero lo que cuenta es el
gesto, la actitud. Morena necesita de la prensa para el mejor éxito de sus
programas sociales, pero también la va a necesitar para la elección intermedia
de 2021, y Huerta sí lo percibe y actúa en consecuencia.
El miércoles
consigné en “Prosa aprisa” que la directiva del Congreso del Estado también
ofreció un desayuno a quienes cubren esa fuente así como a otros invitados, un
buen número representativo de diversos medios del Estado, igual, por el Día de
la Libertad de Prensa. El Poder Judicial también realizó un brindis con los
reporteros que cubren el Tribunal Superior de Justicia.
Susana
Zabaleta: tristemente me equivoqué con AMLO
Después del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, la
cantante y actriz Susana Zabaleta declaró con mucho entusiasmo: “Yo creo que a
la cultura nos va a ayudar muchísimo y ahora sí hay lana por fin, después de no
sé cuántos miles de sexenios. Ahora sí hay lana para la cultura… ¡Vete a volar,
Gaviota!” (en alusión a la entonces mujer de Enrique Peña Nieto).
Ayer respondió a un comentario de Sergio Sarmiento, quien
hizo alusión al texto anterior, y terminó por confesar: “Mi querido
@SergioSarmiento, tristemente sí me equivoqué. Perdón por mi estúpida esperanza
y por pensar en un México que todos queríamos; lo se, es decepcionante.
‘Zavaleta’ es con ‘b’. ¿Ya ves? Todos nos equivocamos”
(trató de justificarse porque Sarmiento escribió “Zavaleta” y no “Zabaleta”).
Silencio
oficial ante muerte de niña migrante
En la Ciudad de México (CDMX), el pasado viernes 14 el
gobernador Cuitláhuac García Jiménez ofreció su respaldo al plan del presidente
Andrés Manuel López Obrador para contener (el boletín oficial dijo “atender”)
el flujo migratorio proveniente de Centroamérica y que desea llegar a Estados
Unidos.
Institucionalmente y como militante del mismo partido
político estaba obligado a hacerlo. Sin embargo, en el boletín oficial de
prensa se cuidaron de no decir que lo hacía también a nombre del pueblo de
Veracruz, seguramente previendo algún rebote de algunos sectores que hubieran
salido a decir que no estaban de acuerdo.
El domingo, en su comunicado semanal, la Arquidiócesis de
Xalapa (tiene una feligresía de más de un millón 100 mil creyentes) mostró su
preocupación y criticó los “acuerdos” (puso el concepto entre comillas) del
gobierno mexicano, es decir, el de Andrés Manuel López Obrador con el
norteamericano de Donald Trump de desplegar para ello 6 mil efectivos de la
Guardia Nacional.
La Iglesia de Xalapa (y con ella la de Veracruz) se hizo eco
del mensaje de los obispos de México, del 10 de junio, donde la jerarquía
católica se mostró preocupada por la actitud del gobierno de AMLO ante los
migrantes. Lamentaron que estos se hayan convertido en una moneda de cambio de
las “negociaciones”.
Los “acuerdos” aplaudidos por un sector (los simpatizantes
de López Obrador) se están traduciendo ahora en un rechazo al migrante o en
actitudes xenofóbicas. No se puede criminalizar a los migrantes como si todos
fueran personas que realizan el mal, dijo el documento suscrito por el vocero
José Manuel Suazo Reyes.
El ataque, en
el sur del Estado
Ese mismo viernes 14, una camioneta en la que viajaba un
grupo de 14 migrantes sufrió un ataque en el municipio de Agua Dulce, en el
extremo sur del Estado muy cerca de la frontera con Tabasco, en la que resultó
muerta una niña de 12 años de edad y heridos dos hombres, de 26 y 55 años,
respectivamente, que tuvieron que ser canalizados hacia el Hospital Comunitario
de Coatzacoalcos.
Contrario a la práctica común de emitir un boletín de prensa
de cualquier hecho violento, esta vez el gobierno cuitlahuista guardó silencio.
Fue el diario Reforma el que puso en
claro que la menor se llamaba Emma Benavides, quien era originaria de El
Salvador. La agencia AVC precisó que su nombre completo era Emma Clarissa, de
acuerdo a documentos que llevaba consigo. Recibió un balazo en la cabeza y su
cuerpo quedó en el asiento del copiloto.
¿Por qué el silencio oficial? Se entiende que porque de
acuerdo a los testimonios de los migrantes testigos de los hechos, los
agresores fueron elementos del Instituto Nacional de Migración y de la Policía
Federal, o sea, del gobierno morenista.
Hasta el día de hoy ni el gobierno federal ni el estatal han
pedido o procedido a esclarecer los hechos aunque al menos no le echaron la
culpa al fiscal Jorge Winckler.
En cambio, la Fiscalía General del Estado informó que a
través de la Fiscalía Regional de la zona sur Coatzacoalcos realizaba
diligencias para tratar de esclarecer los hechos. Tampoco se ha sabido más.
Un balazo en
la cabeza acabó con su esperanza
En la CDMX, horas antes de los hechos el gobernador García
Jiménez “se comprometió a contribuir en la atención al problema
migratorio” ofreciendo que se reforzaría la supervisión “de los infantes que
viajan solos y se apoyará al DIF nacional a través del DIF estatal para hacer
un registro (de) la población migrante con mayor vulnerabilidad”.
Uno es el discurso oficial, otro el de los hechos.
¿Es que no vale nada la vida de una niña acaso por ser
migrante centroamericana? ¿Esa es la atención que se pregona para quienes
vienen huyendo de la violencia y de la pobreza y que buscan mejores condiciones
de vida? ¿No que cero impunidad?
No puede prevalecer la indiferencia. Se debe investigar y
castigar a los responsables. El gobierno del Estado debe informar a detalle lo
que sucedió y exigir al gobierno federal, si como dicen los testigos que
quienes dispararon fueron policías federales, que entregue a los autores y los
sometan a proceso.
Nos quejamos de lo que les hacen a nuestros paisanos en la
frontera norte o en territorio norteamericano, pero nos quedamos callados con
lo que hacen los cuerpos policiacos con los hermanos del sur. Se trató de una
niña, de una niña pobre. En Veracruz a las autoridades no les importa.


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