Prosa aprisa
Ajuste de cuentas
Arturo Reyes Isidoro
Es más de
lo mismo.
Ayer un
grupo de diputados locales separó temporalmente de su cargo al Fiscal General
del Estado, Jorge Winckler Ortiz.
Al margen
de todas las implicaciones y consecuencias legales del caso, se trató de un
ajuste de cuentas con la administración anterior.
Le
resultaba incómodo al nuevo gobierno, era la representación en persona de la
corriente yunista que trató de evitar que el morenismo llegara al Palacio de
Gobierno.
Peor para
Winckler, esa corriente, a la que pertenece, llegó al insulto al ahora
presidente López Obrador y ahora amenaza con “romperles la madre”.
Se dirá
que se cayó en la ilegalidad, porque dentro de las atribuciones de la
Diputación Permanente no está la de remover al fiscal, aunque se advierte que
el morenismo se llevó meses buscando una rendija legal para tratar de justificar
su acción.
En
realidad, eso que hizo el gobierno cuitlahuista es lo mismo que hubiera hecho
el gobierno yunista si se hubiera visto en circunstancias parecidas.
Es casi
lo mismo que hizo para imponer al fiscal anticorrupción Marcos Even Torres
Zamudio el 24 de julio de 2018 luego de cuatro intentos de votación, de que la
terna solo la integraba él y con apenas 27 votos sin conseguir los de las dos
terceras partes. Los diputados panistas que ayer protestaron, entonces apoyaron
la irregularidad.
No hay
buenos y malos, solo diferentes como personas, aunque ya en el actuar político
son iguales, lo mismo y más de lo mismo.
Porque lo
que menos se busca es garantizar la procuración de justicia. Ya me imagino la
cara de sorpresa de los integrantes de la judicatura y de la propia Fiscalía
cuando se enteraron a quien impusieron como fiscal.
Lo que al
morenismo menos le importaba era buscar a un fiscal con toda la barba sino
imponer a una incondicional suya que en su vida fue siquiera juez municipal o
agente del ministerio público, ahora fiscalía.
La nueva
“fiscal”, Verónica Hernández Giadáns, era empleada ¡del secretario de
Gobierno!, Eric Cisneros, en la Dirección Jurídica.
Su
“brillante” curriculum se limita a haber ocupado cargos menores en el
ayuntamiento de Xalapa y ser notaria pública.
Quitaron
a un icondicional, pues, para poner a otra incondicional, aunque al menos
Winckler tenía experiencia jurídica.
Si ella
era la que asesoraba a su jefe Cisneros y al propio gobernador Cuitláhuac
García, ahora se entiende porqué tantos yerros al grado del ridículo.
Se supone
que la Fiscalía es un órgano autónomo, aunque ya se puede adelantar que se manejará
según lo que le dicten desde la Secretaría de Gobierno.
¿Es que
acaso no había en la propia Fiscalía hombres y mujeres con experiencia de años
capaces de estar al frente del órgano? ¿O en la Judicatura? ¿O en la
Universidad Veracruzana?
Con la
acción de ayer fracasó el diálogo, la negociación y el apego a la legalidad. Si
se consolida el albazo, entonces ya nadie estará a salvo de ser algún día
objeto del mismo proceder si estorba a los intereses del grupo en el poder.
No se
podía esperar que Winckler terminara los siete años que le restaban, no cuando
el propio presidente de la república se había venido ocupando de él, algo sin
precedentes en la historia del Estado.
Pero no
lo pudieron quitar por medio de recursos legales; ayer incluso el gobierno
utilizó la fuerza pública para coronar
con éxito su proceder.
Conocedores
del Derecho a los que consulté me dijeron que la votación fue inconstitucional
porque careció de motivación, o sea, de una falta grave para separar al fiscal,
por lo que estuvo incausada.
“Pasan
por alto los diputados que votaron que la Fiscalía es un órgano autónomo y se
rije por su ley orgánica, y en esta ley se establece que las faltas temporales
del fiscal serán cubiertas por el Visitador General”.
Efectos
colaterales serán que ahora el Gobierno del Estado ya no tendrá a quién echarle
la culpa de todos sus desatinos, sus omisiones, sus errores.
Se hizo
famosa la frase “La culpa es del Fiscal” para tratar de justificar todo lo malo
de la actual administración, incluso últimamente vendían con gran éxito
comercial “utilitarios” (gorras, vasos,
termos, llaveros, mandiles, etc.) con dicha frase.
Incluso a
partir de ya no tendrán justificación para culparlo de la violencia que ahoga
al Estado.
La
destitución e imposición con el uso de la fuerza da pie a pensar que desde el
gobierno morenista federal podrían actuar, ahora sí, contra el exgobernador
Miguel Ángel Yunes Linares.
Sobre
todo cuando tanto él como su hijo se muestran como las cabezas visibles de una
de las campañas para tratar de hacerse con la dirigencia estatal del PAN como
vía para llegar de nuevo a la gubernatura.
La salida
de Winckler sería el desmembramiento de lo queda del yunismo y de que tampoco
los van a dejar crecer políticamente, lo que beneficiaría a la corriente de
Joaquín Guzmán Avilés, quien busca ser el nuevo dirigente del PAN.
Esta
acción podría ser también una señal de que sostendrán en el ORFIS a Lorenzo
Antonio Portilla Vásquez para que concluya las investigaciones contra la pasada
administración, que sustenten las denuncias que seguramente presentarán.
La
especie la reforzaría el hecho, contra la opinión de muchos, de haber aceptado
su inscripción para buscar por otro periodo la titularidad del órgano.
El asalto
ayer a la Fiscalía cuando nadie se lo esperaba no dio tiempo a Winckler a poner
a buen recaudo los expedientes y toda la información que se tenga y que pueda
comprometer al grupo yunista.
Cosas
veredes, mío Cid, se dice en el Cantar de Mío Cid.
En un
comunicado, ayer Winckler responsabilizó de su integridad y la de su familia
tanto al gobernador Cuitláhuac García Jiménez como al propio presidente López
Obrador. Consideró su remoción ilegal.

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