Prosa aprisa
El trasfondo político de los
senadores del PAN
Arturo Reyes Isidoro
Va
de revire.
Ayer,
senadores del Partido Acción Nacional (PAN) informaron que iniciarán acciones
para destituir al gobernador Cuitláhuac García Jiménez y a diputados locales,
con el fin de evitar que siga la crisis constitucional en el Estado.
“Senadoras
y senadores del PAN no permitiremos que en #Veracruz continúe la crisis
constitucional que pone en riesgo al sistema de justicia. Hoy iniciamos
acciones para destituir al gobernador y diputados. Veracruz es un estado fallido”,
publicaron en su cuenta de Twitter muy temprano por la mañana.
Añadieron
que “para restablecer el imperio de la ley, la normalidad
democrática y la civilidad al estado, exploramos dos vías: 1) La desaparición
de poderes 2) El juicio político #Veracruz merece vivir mejor, en legalidad y
bienestar.”
Más
tarde el senador Julen Rementería del Puerto secundó a sus compañeros. Publicó
en su cuenta: “A partir de hoy, los senadores del PAN vamos por la desaparición
de poderes en Veracruz o la destitución del gobernador @CuitlahuacGJ. Antes de
que él o su grupo de legisladores locales amanezcan con ganas de destituir
alcaldes, diputados y todo aquel que ose contradecirlos”.
La
respuesta de Cuitláhuac no se hizo esperar.
Entrevistado en un acto en Boca del Río, respondió: “Que lo hagan, yo
no soy Yunes ni Duarte, que lo hagan yo no tengo cola que me pisen”. Agregó: “Que
lo intenten, están libres, son libres de lo que ellos hacen”.
Cuando le
preguntaron si tenía algún temor ante la advertencia de los legisladores panistas,
expresó: “no por supuesto, nada, ninguna, no me voy a amparar y ellos están en
su derecho”.
No, no van a
lograr la destitución del gobernador, pero le van a complicar su permanencia en
el cargo. Nuevamente, como en la destitución de Jorge Winckler, estamos ante un
conflicto político, no legal.
Tiene razón el
gobernador cuando afirma que no tiene “cola que le pisen”, pero no se da cuenta
que no lo acusan (por lo menos hasta ahora) de corrupto, de ladrón ni de que
esté desviando recursos, sino de que tiene sumido al Estado en una crisis
constitucional. No le advierten que van a recurrir a la Fiscalía General de la
República sino de que van a tratar de enjuiciarlo en el Congreso de la Unión.
El pleito escala al nivel nacional
Es de resaltarse
que los conflictos de Cuitláhuac escalaron ya al nivel nacional, a las Cámaras
de senadores y de diputados (en declaraciones, Julen informó que también en la
Cámara de Diputados, harán la solicitud formal de juicio político este
miércoles), donde el ruido que se hace llega hasta el Palacio Nacional y tiene
una repercusión más fuerte por el eco que encuentra en los medios de cobertura
nacional.
Los panistas no
van a remover al gobernador, porque lo sostiene y lo sostendrá a toda costa el
presidente Andrés Manuel López Obrador, pero lo van a convertir en objeto de
negociación política, que de todos modos va a incomodar al morenismo en ambas
cámaras y quizás también en el Palacio Nacional.
Para empezar, el
gobernador de Veracruz ya logró unir a los blanquiazules, quienes han
conformado un frente común para combatirlo y es posible que sigan así para
disputarle alcaldías y diputaciones locales en 2021 y la gubernatura, las
senadurías y las diputaciones federales en 2024.
A la solicitud
que hagan este miércoles no debe descartarse que se le sumen otras fuerzas como
las del PRI, del PRD y de Movimiento Ciudadano para presionar y obligar a los
grupos de Morena en ambas Cámaras a negociar para sacar adelante proyectos como
el del Presupuesto de Egresos para 2020 máxime cuando pretenden recortes
sustanciales que afectarán a todos.
O sea, van a
vender caro su voto y, por ejemplo, los panistas pueden pedir que reinstalen a
Winckler, o que le den una salida digna, o que lo dejen de perseguir, o que
quiten a Juan Javier Gómez Cazarín de la Junta de Coordinación Política del
Congreso local si quieren que estampen su firma.
Este, en lugar de
actuar prudentemente, calificó “de risa” y de “disparate” el anuncio de los
senadores panistas porque por su falta de experiencia no se da cuenta que el
problema escaló y rebasa el ámbito del Estado, y que ya no solo se trata de los
senadores y diputados de Veracruz sino de toda la bancada blanquiazul del país
y que no es lo mismo negociar y ponerse de acuerdo con los diputados locales.
Veracruz, el único que pierde
Mientras no se
sienten a negociar el gobernador y la cúpula blanquiazul y no establezcan las
bases para llevar la fiesta en paz,
Veracruz seguirá siendo rehén de sus pleitos, como lo fue de las pugnas entre
Fidel Herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes Linares, y luego entre este y Javier
Duarte de Ochoa.
O sea, los únicos
que salen perdiendo son Veracruz y los veracruzanos, que se debaten entre la
inseguridad, la violencia, los feminicidios, el desempleo, la falta de
inversiones y la creación de fuentes de trabajo, el dengue, ahora el sarampión,
la falta de medicamentos en especial para los enfermos de cáncer, etcétera,
etcétera.
Muera el mal gobierno, viejo grito de protesta
Ya
como reportero, a principios de los años setenta del siglo pasado alcancé al
gobernador Rafael Murillo Vidal, a su gobierno.
En
aquella época, en el Diario de Xalapa
tuve la inmensa fortuna de llegar a trabajar bajo las órdenes directas del
entonces Subdirector del periódico, Froylán Flores Cancela.
El
inolvidable Froy era un gran amigo y diría que hasta consejero de don Rafa; era
un columnista influyente, tanto que algunos decían que era una especie de
vicegobernador, lo que él nunca aceptó.
El
periodista oriundo de Misantla, por lo mismo, tenía acceso directo, derecho de
picaporte para entrar al despacho del gobernador. Fue un testigo directo de las
decisiones del poder en la segunda mitad del siglo pasado.
Algunas
veces llegaba de la oficina de Murillo Vidal y en corto platicaba a un pequeño
grupo en la redacción del Diario lo
que había escuchado o de lo que había sido testigo minutos antes.
Por
ejemplo, vio y escuchó cómo una noche un grupo de porros y dizque militantes de
izquierda fueron a pedir línea sobre qué sí y que no podían decir, gritar en
una manifestación de protesta que tendría lugar al día siguiente.
Nos
platicó que los vándalos de aquella época (eso eran aunque se hacían pasar por
estudiantes; hoy muchos son gente, abogados “decentes”) ensayaron varios gritos
de protesta hasta que el gobernador Murillo Vidal los paró y les dijo que se
quedaran hasta “¡Muera el mal gobierno!”.
Eso
fue lo más fuerte a lo que llegó el gobernador Cuitláhuac García Jiménez en su
grito la noche del Grito del 15. Nada original. Me decepcionó y me hizo
recordar la anécdota que narro y que desde entonces me empezó a enseñar cómo
muchas protestas las arman desde el mismo Palacio de Gobierno, o sea que son
pura farsa, así como a desconfiar de gobernantes y de dizque inconformes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario