Prosa aprisa
El Gobierno
federal avala a la nueva fiscal
Arturo Reyes
Isidoro
Es sabido
pero considero menester insistir en que el caso Winckler tiene el aspecto
político pero también el legal.
Políticamente
es un caso resuelto. Legalmente se espera un largo proceso para cerrarlo.
Ayer el
secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno federal, Alfonso
Durazo Montaño, despejó cualquier duda sobre el motivo de su separación, que en
el propio Congreso federal calificaron de “temporal”.
Legalmente
hay dos fiscales generales del Estado, el que dejó el gobierno de Miguel Ángel
Yunes Linares, Jorge Winckler Ortiz, ahora separado temporalmente, y la que
acaba de imponer el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez –aunque trate de
deslindarse– Verónica Hernández Giadáns, como encargada pero no titular.
En el
fondo se trata de una pugna entre dos grupos políticos, el del exgobernador
Yunes y el del gobernador Cuitláhuac García Jiménez y del presidente Andrés
Manuel López Obrador, estos ahora en el poder estatal y federal,
respectivamente.
Queda
claro quién tiene más fuerza, la fuerza del Estado, y en política no hay poder
más poderoso, hegemónico, que el del presidente.
En reunión con senadores de Morena, Durazo
Montaño atribuyó a “deficiencias en el trato con el gobierno estatal” la salida
de Winckler. O sea, por motivos políticos.
En una
nota de El Universal donde se informó
sobre la reunión no se dio otro argumento que haya citado el secretario de
Seguridad como causa de la separación.
Tienen
peso sus palabras porque responde a la línea directa del presidente López
Obrador; hablaba a nombre del Gobierno federal.
No
cuestionó el procedimiento con el que se relevó del cargo a Winckler y hasta se
atrevió a afirmar que no es en vano su separación cuando había deficiencias en
el trato con el gobierno estatal.
No dio
lugar a dudas sobre la posibilidad de que hubiera habido anomalías, que se
pudieran corregir y que repusieran en su cargo al ahora fiscal separado
“temporalmente”.
Avaló en
cambio a la nueva titular, Hernández Giadánz, de quien se dijo confiado en que
realice un trabajo eficaz, de colaboración con todas las instancias y de
respeto a la autonomía de la institución.
Políticamente,
pues, el caso está cerrado. Más claro ni el agua.
Legalmente,
Winckler no se ha quedado atado de manos y, según declaró al diario Notiver, prepara su defensa, confía
plenamente en la justicia federal y en el presidente.
El domingo podría venir otro golpe político
La
corriente política yunista todavía no acaba de asimilar el golpe sufrido el
martes con la separación “temporal” de Winckler cuando podría estar en puerta
otro palo: la pérdida del control del Comité Directivo Estatal del PAN el
próximo domingo.
Habrá
elecciones para definir quien se quedará al frente. El grupo yunista pretende
que siga para un nuevo periodo José Mancha Alarcón, quien se enfrenta a una
corriente opositora encabezada por Joaquín Guzmán Avilés.
Compiten
de nuevo luego de que el tribunal electoral federal anuló la primera elección
ante la inconformidad de Guzmán quien alegó irregularidades.
Pero las
circunstancias son diferentes: ya no gobierna el soporte de Mancha, Miguel
Ángel Yunes Linares, y el panismo de sangre azul se ha reagrupado para tratar
de recuperar su partido.
Ellos
hablan de recuperarlo porque consideran que Miguel Ángel, de origen priista, se
los arrebató para ponerlo bajo su control y decidir él a los candidatos a
cargos de elección popular.
El grumo
guzmanista de hecho terminó ayer sus actos fuertes en Medellín luego de estar
en Saltabarranca para concentrarse viernes y sábado en afinar la organización y
coordinación de su aparato electoral interno, principalmente capacitando a sus
representantes de casillas.
Según
integrantes del círculo cercano a Guzmán Avilés, cinco días después de arrancada
la campaña interna sacaban ya una ventaja de 13 puntos a Mancha Alarcón.
Esperan subir a 15 por ciento la diferencia.
Se votará
en 151 municipios donde se calculan unas 165 mesas de votación. Tienen derecho
a participar 23 mil militantes y se espera la participación de un 70 por ciento
del total.
Aparte de
la dirigencia, está en juego la decisión de las candidaturas para la elección
intermedia de 2021 cuando se renovará el Congreso del Estado y las presidencias
municipales, pero también para el Senado y la gubernatura en 2024, además del
control del grupo legislativo local.
Si el
grupo de Joaquín Guzmán Avilés gana, entonces se da por hecho que Enrique
Cambranis Torres sustituirá como coordinador del grupo legislativo a Sergio
Hernández, para perfilarse como uno de los posibles próximos candidatos al
Senado.
Pero
también se fortalecería la posibilidad de que el ahora senador Julen Rementería
del Puerto se convierta en el próximo candidato a la gubernatura.
Incluso
se abriría la posibilidad de que un posible candidato a la alcaldía de Xalapa
fuera el ahora diputado local Omar Miranda.
No se
trata, pues, de una elección interna cualquiera. Está mucho en juego y como
pocas veces hay interés general por saber el resultado final.
El
domingo, así, estará también en juego el futuro de la corriente yunista: o gana
y se queda con todo el poder del blanquiazul, o pierde y con ello la
posibilidad de que el joven Miguel Ángel Yunes Márquez repita como candidato a
la gubernatura.
Seguramente
para el gobierno morenista esta elección interna panista no le es ajena porque
hasta ahora el PAN es el partido que se perfila más fuerte para competirle en
2021.
Asimismo,
por la eventual posibilidad de que el grupo yunista pudiera ganar, cobrar
fuerza y convertirse en una oposición de combate contra ellos.

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