Prosa aprisa
El priismo
honrará a Fox ante su estatua
Arturo Reyes Isidoro
Suena a broma, pero empieza a circular la versión de que tan pronto como
pase el recuento formal de votos el próximo miércoles, los priistas del estado,
encabezados por el dirigente estatal Erick Lagos Hernández y por el coordinador
de la campaña de Enrique Peña Nieto en la entidad Jorge Carvallo Delfín,
montarán una guardia de honor ante la estatua erigida en honor de Vicente Fox
en el municipio de Boca del Río, para agradecerle, de esa manera, su valiosa
contribución al triunfo de Enrique Peña Nieto en el país pero en especial en la
entidad, pues piensan –se comenta– que sin el empujón del hombre de las votas
tal vez la causa tricolor no hubiera superado, así haya sido por el promedio de
mil votos (a reserva de lo que diga el recuento final), a los panistas en
Veracruz, aunque todavía quién sabe.
Según versiones, el ideólogo y filósofo secretario particular de Erick,
Enrique Mendoza Filidor, le sugirió incluso que se piense en colocar y develar
una placa metálica para nombrarlo “Amigo de Veracruz”, con lo que estaría por
cumplirse el dicho aquél de que nadie sabe para quién trabaja, pues si bien se
recuerda, la otrora polémica estatua fue mandada a construir por los panistas y
develada el domingo 14 de octubre de 2007 en el malecón boqueño no obstante que
un día antes un grupo de opositores priistas la había echado abajo el sábado
por la madrugada con una cuerda debido a lo cual se le rompió la mano derecha,
aunque así, mocha, la inauguraron.
En aquella ocasión, el entonces dirigente del PAN en el estado, Víctor
Alejandro Vázquez Cuevas, “Pipo”, acusó al también entonces gobernador Fidel
Herrera Beltrán de haber estado detrás del ataque, y el mismo Pipo al hablar en
el acto inaugural ante diputados federales, locales y alcaldes de su partido
así como de dirigentes (ahí estaban Paco Gutiérrez de Velasco y Julen
Rementería del Puerto, entre otros) señaló: “El que la hayamos levantado es
señal de que de pie están los valores de la democracia en México”.
Según la versión que corre ahora, los priistas que pretenden el homenaje
guardan celosamente la fecha pues no quieren que ahora sean los panistas los
que, molestos por lo que el marido de la “señora Martha” le hizo a Josefina
Vázquez Mota, sean ellos quienes vayan y derriben la estatua.
También se maneja que para entonces se obligará a la joven Lorena Morgado,
jarocha ella, hoy asistente de Carvallo en el Congreso (es parte de su equipo
de asesores) a que públicamente ofrezca disculpas y exprese su arrepentimiento,
pues como lo muestran algunas fotos de entonces, fue ella quien se trepó y echó
la soga al cuello de la estatua. ¡Ah, la política!
Doce años después
Doce años después, el PRI regresa al poder, a la Presidencia, al Palacio
Nacional, a Los Pinos. Vicente Fox Quesada, entonces panista, hoy más peñista
que Peña, neopriista, convertido en alimaña, en tepocata y en víbora prieta, en
todo lo que tanto criticó y que le sirvió para ganar entonces, lo derrotó luego
de 71 años de hegemonía, le ganó la elección al hoy senador saliente Francisco
Labastida Ochoa. Aquel día histórico, aquella noche de 2000, un veracruzano
tuvo sus 15 minutos de fama y se hizo de una imagen, para mi gusto injusta, que
lo marcó para siempre y con la que carga y con la que se le trata de lastimar,
de descalificar, cada vez que hay algún pretexto para ello: Eduardo Andrade
Sánchez.
El actual diputado y presidente de la mesa directiva del Congreso local,
una noche como la del domingo pasado, pero de hace 12 años, irrumpió en el
estudio de Televisa en la que Joaquín López Dóriga, tan obsequioso con el
poder, “analizaba” la victoria entonces de Fox, como dijera Andrés Manuel López
Obrador en forma inequitativa porque solo tomaba en cuenta el punto de vista de
los albiazules, pero no había en el foro de entonces ninguna voz que
defendiera, que argumentara a favor de la causa priista. Se deduce que Lalo
estaba en alguna comida y que tal vez para mitigar la pena de entonces, la
derrota de su partido, se tomaba algunas copas y que en esas estaba cuando vio
que iniciaba el programa televisivo, que por lo demás no estaba anunciado
porque nunca se pensó que perdería el tricolor.
Se vio que no lo pensó dos veces y como estaba se fue a Televisa donde
entró porque lo conocían muy bien, ya que había sido un cronista estrella de
deportes, en especial de futbol –ha sido uno de los mejores que ha tenido la
empresa en su historia– (llegó a ser presidente de la Confederación Deportiva
Mexicana), y se supo que sí trataron de detenerlo para que no entrara de
improviso al estudio donde estaba Joaquín, y lo que vimos entonces ya todos lo
saben porque es historia: sorprendió a las cámaras y le reclamó en vivo y a
todo color, con gritos y manotazos, a Joaquín, que solo le dieran voz a los
panistas. Joaquín trataba de calmarlo pero Lalo le decía que no se valía, que
era injusto, hasta que lo calmaron y se sentó y el programa prosiguió, pero el
incidente ya era imborrable para los millones de personas que lo habíamos visto
en todo el país.
A partir de entonces, Andrade Sánchez se ganó la fama de borracho, a mi
juicio injusta, porque, pensé y sigo pensando, quien no se ha tomado algunas copas en su vida
–salvo unos santos, claro está, que todavía deben existir–, pero para mí lo que
debía de valorarse y nunca se hizo es que fue el único, el único en ese
momento, de miles, de millones de priistas incluidos los dirigentes de todo el
país, que salió a dar la cara por su partido, a enfrentar la derrota, a tratar
de defender lo que se podía defender si es que había algo que defender, que no
le importó exponerse a la crítica porque no estaba ni iba totalmente sobrio,
pero su verdad priista la expuso. Lalo pasó a la historia y está ligado para
siempre a aquella histórica derrota, que 12 años después ha sido revertida.
La pregunta que se me antoja ahora es si el priismo, de vuelta al poder
presidencial, no está en deuda con él, no le debe un reconocimiento, no debe
reivindicar su figura y ponerlo como un militante que no solo en las buenas,
sino también en las malas, en las muy malas, supo mantenerse fiel a su partido
y con todo ya en contra lo defendió aunque se expusiera al ridículo, a la burla
pública. Para su fortuna, creo yo, Dios, la vida, el destino, la suerte, le han
dado la oportunidad de ver de vuelta al poder a sus siglas, a sus colores.
Por lo demás y aprovechando esta rememoración, creo que no sobra destacar
que el nativo de Coatzacoalcos es además uno de los más brillantes juristas y
teóricos del derecho en México, ex abogado general de la UNAM y autor de textos
de obligada consulta sobre derecho electoral, municipal y constitucional, así
como sobre delincuencia organizada, entre otros temas, que no sé por qué no
está mejor aprovechado en la actual administración e incluso hubiera sido la
persona idónea para encabezar por parte de la administración estatal la
organización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En fin.
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