Prosa aprisa
Los por qué
Arturo Reyes Isidoro
En política nada se da por generación espontánea. Todo tiene una causa, un
por qué. A reserva del resultado final, confirmado y reconfirmado, del recuento
de votos en el estado, me he preguntando a causa de qué o por qué esta vez Andrés
Manuel López Obrador se fue hasta el tercer lugar en votación en la entidad
cuando hace seis años quedó en primer sitio. Ciertamente, hasta ahora, la
distancia con los punteros no es tan grande si se toma en cuenta el universo del
padrón electoral de Veracruz, pero marcha en tercera posición. Acaso hubo un
exceso de confianza en el voto duro y esta vez no se trabajó para motivarlo,
cuidarlo y conservarlo. En la revista Proceso
de esta semana, con el título “La estrategia de la reconciliación,
insuficiente”, leo una declaración del coordinador de campaña del Movimiento
Progresista, Ricardo Monreal, quien declaró a la reportera Rosalía Vergara que
para ellos sus entidades “estratégicas y prioritarias” fueron Jalisco, Nuevo
León, Puebla, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora y Baja California. Y que en lo
concerniente al centro y el sureste del país, donde goza de amplias simpatías,
el Peje se dedicó a afianzar sus “bastiones históricos”: el Distrito Federal,
Tlaxcala, Morelos, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Puebla. O sea, en ningún momento
se incluyó a Veracruz ni como estratégico ni como prioritario ni tampoco como
bastión histórico. Hace seis años, el PAN quedó en segundo sitio, muy cerca del
tabasqueño, y el PRI estuvo muy, pero muy por debajo, en tercer lugar. Hoy, el
tricolor, por menos de mil votos de diferencia sobre el blanquiazul puntea y el
blanquiazul mantiene su votación e incluso se puede decir que está en empate
técnico con el primer lugar. El que perdió votos, pues, fue AMLO. El que los
ganó fue Peña Nieto. A Veracruz, al decir de Monreal, no lo consideraron clave,
importante, cuando tiene el tercer padrón electoral más grande del país. Las
consecuencias se viven ahora.
Ayer comenté lo publicado por Joaquín López Dóriga sobre la viabilidad de
que José Antonio Meade repita en la Secretaría de Hacienda. De entrada, se
entendería que sería un acto de pluralidad del virtual nuevo Presidente,
Enrique Peña Nieto, de inclusión, de que va a gobernar con personajes
disímbolos por cuanto a su origen político se refiere. Sería el primer panista
invitado a colaborar en un gobierno de filiación priista. Pero parece que no es
así. No si se atiene uno a lo declarado por Octavio Aguilar Valenzuela al
prestigiado portal ReporteIndigo.
Aguilar Valenzuela, considerado el número tres de la campaña de Josefina
Vázquez Mota y “acaso el miembro más libre de la campaña presidencial panista”,
declaró al reportero Raúl Tortolero que perdió y cayó hasta el tercer lugar
porque hacía su campaña confiando en que la estaban arropando cuando en
realidad la estaban traicionando. Barre parejo en su acusación, de Calderón
para abajo. De Meade, concretamente, dice que no solo no ayudó sino que “es
enemigo”. “No solo no ayudó, sino que es enemigo. Operó en contra”. No dice más
de él, pero tendría lógica pensar que Meade fue cooptado por el operador
estrella de Peña Nieto, Luis Videgaray, de quien también publiqué ayer que son
compañeros desde jóvenes, de estudios medios superiores y superiores en el ITAM
(junto con José Yunes Zorrilla y Ernesto Cordero Arroyo), y que entonces operó
desde adentró en contra de la causa josefinista y a favor de la peñanietista y
que por eso ahora tendrá su recompensa: lo dejarán en el cargo.
El miércoles publiqué: “Un hecho cierto, el único cierto hasta
ahora, a ojos vista, es la consideración que tiene el gobernador Javier Duarte
de Ochoa con el virtual nuevo senador José Yunes Zorrilla. Con un dato
adicional, cierto también, muy cierto como la foto que ha dado pie a esta larga
elucubración: en ningún momento por parte de su “competidor” en el recién
pasado proceso, de su ‘primo’ el panista Fernando Yunes Márquez, ha existido
ninguna intención de impugnar el resultado de las elecciones, es decir, el
triunfo del primo Pepe –y de paso del tío Héctor–. La que busca camorra es la
dirigencia estatal del blanquiazul, pero eso será motivo de otro comentario”.
Ese día, el frustrado candidato a
la senaduría del PAN por la segunda fórmula, Julen Rementería del Puerto, salió
a reprochar públicamente la postura del también conocido como Chiquiyunes o
Chiquifer, Fernando Yunes Márquez, su compañero de partido, que encabezó la
primera fórmula, por avalar el triunfo del PRI, concretamente de sus
competidores José y Héctor Yunes. “Bueno, la familia está de acuerdo”, dijo en
clara alusión al parentesco de los tres alegres Yunes y utilizando el eslogan
de una famosa cadena de tiendas. Habló de impugnación por parte de su partido,
porque dijo que Yunes Márquez no vio, no revisó o no le convino ver las
inconsistencias.
Tiene razón. El cachorro de
Miguel Ángel Yunes Linares no quiso ver, no quiso revisar ni le convenía saber
nada que no fuera el triunfo de sus parientes y de paso asegurar el suyo. Poco
se ha reparado hasta ahora en que los Yunes, los de Perote y el de Soledad de
Doblado, los priistas y el panista, han hecho válida la existencia del PRIAN
pero, más que eso, ya se encaramaron al poder y están en la antesala de la
gubernatura para 2016, cualquiera de los tres, algo que a toda costa combatió
el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán cuando sin decir agua va quitó de la
presidencia del CDE del PRI a Pepe cuando vio que estaba tomando fuerza, quitó
del Congreso a Héctor y hasta lo persiguió cuando éste intentó ser candidato a
la gubernatura, y siempre mantuvo a raya, a fuego limpio, a los Yunes
Linares-Márquez. A la larga, los Yunes se han salido con la suya. Y cuidado que
son unidos. Pelearse con uno de ellos es pelearse con los tres y de paso con
sus respectivas familias. Son ya una fuerza, un poder, un verdadero clan
político.
Pero, que se sepa –y lo sé de
buena fuente–, en realidad el pleito de los panistas agrupados en la dirigencia
estatal no es ni con Pepe ni con Héctor, es con Fernando. Hoy se puede afirmar
plenamente que el saludo y el abrazo aquel en
La Parroquia el pasado 27 de junio y los buenos deseos de Julen para con
Fernando fue de mentiritas. Lo declarado por Rementería del Puerto el pasado
miércoles no es más que el inicio de una guerra despiadada y sin cuartel que a
partir de esa declaración iniciaron los panistas panistas en posesión de la
dirigencia estatal en contra de los Yunes Linares-Márquez. Desde ya pero sobre
todo una vez que pase el alboroto éste del recuento de votos, la beligerancia
se va a recrudecer. Mientras, los Cambranis, los Rementería, los Bueno, hasta
los Pipos, etcétera, afilan cuchillos. Ya les contaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario