Prosa
aprisa
La crítica
política; escapar del lugar común
Arturo
Reyes Isidoro
El
pasado 26 de septiembre, la Academia Mexicana de la Lengua eligió al académico,
ensayista y politólogo Jesús Silva Herzog-Márquez como uno de sus nuevos integrantes, lo que motivó que el
diario Reforma le hiciera una
entrevista.
Me
llamó la atención, y me dejó pensando y una tarea que atender, su reflexión
sobre la crítica política en nuestro país, un apuntamiento a mi juicio de gran
valor por ser él uno de los analistas más lúcidos del México contemporáneo,
lectura obligada y elemento de reflexión.
("Escribe muy bien, además
de sus análisis políticos sensatos, ponderados, analíticos, fuertes muchos de
ellos, con un criterio totalmente independiente", dijo de él el director de
la Academia, el poeta Jaime Labastida.)
El también columnista de Reforma, declaró: "En el caso de la
crítica política no solamente es importante abordar los asuntos cruciales de la
vida pública, sino tratar de enfocarlos y expresarlos con claridad e imaginación,
sobre todo con el interés de escapar en la medida de lo posible del lugar común
que es frecuentemente el gran peligro de la crítica política: puede convertirse
simplemente en un repetición del barullo común".
Para él, la crítica política en
México está viciada por el barullo, el lugar común que reitera sin arriesgar la
mirada. Advierte al respecto: "Podemos tener el elefante frente a la nariz
y no tener la posibilidad de dar unos pasos hacia atrás y verlo a través de
distintos cristales".
El autor de El antiguo régimen y la transición en México, Andar y ver y La idiotez de lo perfecto, entre otros títulos, participante también en algunos programas de análisis de la televisión, señala que además de reiterativa, la crítica política suele ser ideológica, poco dispuesta a la "excursión" intelectual. Lo explica: "Implica pereza mental reflexionar a partir de lo que uno ya sabe, de lo que uno ha dicho, en vez de tratar de abordar cada evento como un desafío para la reflexión".
El autor de El antiguo régimen y la transición en México, Andar y ver y La idiotez de lo perfecto, entre otros títulos, participante también en algunos programas de análisis de la televisión, señala que además de reiterativa, la crítica política suele ser ideológica, poco dispuesta a la "excursión" intelectual. Lo explica: "Implica pereza mental reflexionar a partir de lo que uno ya sabe, de lo que uno ha dicho, en vez de tratar de abordar cada evento como un desafío para la reflexión".
Por eso prefiere las excursiones
intelectuales que, además, vigorizan la imaginación. "Abordar los temas
políticos, la agenda pública del momento llama a una especie de excursión de
tiempo, de tono, que permita ver lo que está pasando frente a la nariz con ojos
distintos”.
Considera conveniente, ahora como académico, hacer una crítica de la crítica. "Es uno de nuestros pendientes, porque hay un cierto conformismo, una complacencia en la denuncia. La salud del debate público implica el deber de tomar distancia de nuestras certezas, inclusive".
Considera conveniente, ahora como académico, hacer una crítica de la crítica. "Es uno de nuestros pendientes, porque hay un cierto conformismo, una complacencia en la denuncia. La salud del debate público implica el deber de tomar distancia de nuestras certezas, inclusive".
Lo más llamativo, creo, nada
difícil para quienes escribimos, es recurrir, en efecto, al lugar común,
interesado diría yo. Pero cuánto contribuye sobre todo en beneficio del lector
y de un mejor tratamiento y comprensión de los asuntos públicos entender y
aceptar que incluso podemos estar equivocados, que nuestras certezas no lo son.
Pero, también, la diversidad, la
distancia para ver y apreciar mejor las cosas, para reflexionarlas, la
disposición para escaparse de la unanimidad, de la línea, del comentario
recurrente e interesado, es de muy alto valor porque ve lo que el político,
sobre quien se hace la crítica, no quiere que se vea y menos que se diga.
De esa toma de distancia y de esa
mirada distinta a las que alude Silva Herzog-Márquez se nutre la prensa no sólo
analítica sino crítica, la que por distinta es la que se lee con interés, la
que influye, la que mueve, la que forma opinión.
Del lugar común sólo es posible
escaparse cuando se tiene independencia. Del barullo, que no es más que un elemento
distractor, cuando se va al fondo de los asuntos y no se queda en lo
anecdótico.
En Veracruz, por fortuna, todavía
hay medios que ven con ojos distintos lo que está pasando, que lo dicen, que
honran y dignifican a la prensa del estado, qué son un motivo para seguir
leyendo y creyendo en ella, aunque no gusten a los políticos. Deseemos que
siempre gocen de cabal salud. Resultan incómodos para algunos, pero necesarios
e indispensables para los más. Saludables para la vida pública.
El arquitecto Enrique Murillo Pérez
Para quienes habitamos en Xalapa,
la Central de Autobuses (el edificio y su entorno) mejor conocida como CAXA se
volvió hace ya mucho parte del paisaje diario y por eso mismo, al paso del
tiempo, dejó de ser la novedad que
constituye para quienes la conocen por primera vez o quienes no la ven con
frecuencia.
Si cabe el parangón, así como no
le damos importancia al aire por respirarlo segundo a segundo pese a que sin él
moriríamos, así, porque la podemos ver a diario ya no le damos importancia a CAXA,
que es un punto de referencia y de distinción de la capital de Veracruz, del
mundo de la arquitectura y de las centrales camioneras me atrevería a decir que
del mundo entero, y creo no exagerar.
Siempre recuerdo el día que tuve
que ir a recibir una visita, que cuando la vio, recorrió y conoció, no salía de su asombro: la estructura, la
funcionalidad, la limpieza, la belleza, en especial el respeto que se tuvo por
el entorno arbolado bajo el cual está el amplio estacionamiento, lo dejaron muy
impresionado.
Quién sabe qué pasó por su mente
en ese momento, qué tanto le impactó la impresión visual, o que tanto le movió
su estado anímico, que me dijo que se sentía transportado a otro país, europeo
me llegó a decir. La buena arquitectura, sin duda alguna, estaba cumpliendo su
cometido.
Creo que no era para menos si se
pone uno a hacer comparaciones. Al menos la TAPO de la Ciudad de México, la
CAPU de Puebla, la Central de Autobuses de Guadalajara (CAG) que en realidad
está en Tlaquepaque aunque eso sí es inmensa, la de Cancún, por citar algunas
de ciudades de importancia y que conozco, no dejan de ser sólo unos cajones de
concreto armado como lo son los de la mayoría del país.
El proyecto de la Central de
Autobuses de Xalapa le mereció Medalla de Oro en la Primera Bienal de
Arquitectura Mexicana, en 1990, al arquitecto Enrique Murillo Pérez, proyecto y
obra que le ganaron el reconocimiento nacional.
A este profesional veracruzano de
raíces tlacotalpeñas galardonó el pasado 1 de octubre Día del Arquitecto, en lo
que considero un acto más que justo y merecido, el Colegio de Arquitectos de
Xalapa ahora por el proyecto de la Sala de Conciertos de la Universidad
Veracruzana, Tlaqná, que al decir de sus pares, posicionará a Xalapa como un
referente mundial.
Autor también del proyecto del
edificio de la Secretaría de Finanzas, de las USBIs, del restaurante La Pérgola
en Xalapa, de iglesias, prototipos de casetas fiscales, casas-habitación
unifamiliares, conjuntos de vivienda colectiva, penales, terminales, bibliotecas,
oficinas bancarias, gasolineras, restaurantes, parques y espacios públicos,
monumentos, escuelas, estacionamientos, estudios para artistas, gimnasios,
salones de usos múltiple y centros comerciales, es un valor veracruzano y qué
bueno que se le reconoce en vida, en un gesto en el aplica con todo rigor
aquello de que honrar honra.
En un mundo (y en un estado) de
tanta mediocridad, estimula saber y poder escribir de un valor de nuestra
provincia, pero también de México y de la arquitectura mundial. Y yo lo hago
con gusto y hasta con entusiasmo.
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