Prosa aprisa
Predicar con
el ejemplo
Arturo Reyes Isidoro
El 26 de marzo pasado el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, informó
que Francisco, recién elegido Papa, no habitaría la suite pontificia, sino que
viviría en la Casa Santa Marta, un modesto hospedaje para religiosos adonde
había llegado todavía como cardenal para participar en el cónclave que terminó
ungiéndolo como nuevo Pontífice.
Hasta antes de él, era tradición que quienes ocuparan el trono de San
Pedro vivieran en el Palacio Apostólico, en donde caben 300 personas, tiene doce
habitaciones, terraza, imponentes salones con lujosas decoraciones y piso de mármol, biblioteca, estudio médico
personal, capilla privada, cocina y comedor, despacho y living propio.
Donde
se quedó a vivir cuenta con mobiliario de madera, un crucifijo, una imagen de
la Virgen con el Niño, las paredes lucen sobrias, tiene conexión wifi,
teléfono, televisión, armarios para guarda objetos personales, cama semidoble,
escritorio, tres sillas reclinables, mecedora, baño privado y aire
acondicionado, lo que cualquier persona de clase media puede tener. Pero nada
de lujos ni ostentación.
El 12 de septiembre,
manejando él, Francisco recorrió las calles de Ciudad del Vaticano en un viejo
Renault modelo 84 que le regaló el padre Renzo Zocca como respuesta a una carta
que el Papa les había enviado a los sacerdotes de todo el mundo exhortándolos a
no comprar ni utilizar automóviles caros, ya que ese dinero, les dijo, podría
ser ahorrado y destinado a los millones de pobres que habitan en el mundo.
Jorge Mario
Bergoglio, quien como cardenal en Buenos Aires solía viajar en metro, la noche
en que lo eligieron Papa rechazó la elegante y blindada limusina papal Mercedez
Benz, con chofer, y se trasladó hasta su departamento en un minibús junto con
sus cardenales.
Este hombre, que
predica con el ejemplo, tiene por ello toda la autoridad moral para haber
procedido como lo hizo el pasado 23 de octubre al expulsar temporalmente al
obispo alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, quien despilfarró 31 millones de
euros (42 millones de dólares) en construir una nueva sede episcopal (tan sólo
para su tina personal destinó 20.5 mil dólares y 4.1 millones el comedor de 63
metros cuadrados).
Este caso del Papa
Francisco es harto ilustrativo de que es posible acabar con el derroche, con el
mal uso de los recursos públicos (en el caso de la Iglesia es de los
feligreses) en cualquier institución si la cabeza pone el ejemplo de la
honestidad personal, si es congruente al actuar con lo que dice o predica.
Francisco es
latinoamericano y sabe muy bien cómo se las gastan nuestros gobernantes. Sin
duda vivió en Argentina el derroche y la corrupción (y la represión también) a
la par de la terrible pobreza de nuestros pueblos y sabe por eso que es
ofensivo vivir con todo lujo más cuando se hace utilizando como pretexto a
Jesús, a Dios, a la Divina Providencia.
¿Quién le puede
reprochar al Jefe de la Iglesia Católica en el mundo, al representante de San
Pedro en la Tierra, que fustigue a un prelado infractor que niega con su
actitud a Francisco de Asís, a Jesús?
Lástima que el buen
ejemplo del Papa no se traduce en el terreno político, en nuestro medio
político, no obstante que la mayoría de nuestros políticos abraza la fe
católica y los domingos o cuando pueden se les ve en Catedral o en algún templo
dándose golpes de pecho, poniendo cara de contritos, arrodillándose incluso.
Recién en el país
se tuvo la esperanza de que por fin las cosas iban a cambiar cuando los
panistas llegaron a la Presidencia de la República, sobre todo porque se les
identifica o se les identificaba con la Iglesia católica, tanto que de ahí
surge la corriente de fanáticos del Yunque.
La corrupción, el
mal uso de los recursos públicos que tanto criticaban al PRI, fue pan comido
para ellos. Resultaron igual o peores y todos sus principios y valores incluyendo
los religiosos volaron por los aires cuando se vieron ante las arcas llenas de
recursos pero también vieron la posibilidad real de hacer negocios al amparo
del poder. Ya no tiene caso citar ejemplos porque son del dominio público.
El PRI regresó al
poder, a Los Pinos, a la Presidencia, y ahora es temprano para hacer un
señalamiento directo de mal uso de recursos, pero nuestras autoridades, que
dizque combaten la pobreza y el hambre, no dan muestras de austeridad ni
acompañan sus acciones, como la de la reforma hacendaria, con un programa viable
de combate a la corrupción, esto es, castigando a los infractores, como ha
hecho Francisco.
Ahora mismo nos
están ajusticiando con nuevos y más impuestos, pero no dijo ni ha dicho el
Gobierno que va a acabar con las camionetas lujosas a su servicio, con las
oficinas de lujo, con las comidas en restaurantes exclusivos con cargos al
erario, con la servidumbre que los funcionarios tienen a su servicio pero que
pagamos todos los mexicanos. En fin.
Pero cómo no van a
robar los funcionarios menores y no tan menores, los empleados de ventanilla,
cómo no van a asaltar los policías a los inermes ciudadanos, cómo no van a
tratar de extorsionar en las oficinas públicas, si los jefes de mero alto lo
hacen, sí saben que de la noche a la mañana los jerarcas se hacen de mansiones,
de ranchos, de edificios, de negocios, de hoteles en Cancún, en Puerto
Vallarta, de restaurantes, de concesiones, de vehículos de lujo, si se pasean
por todo el mundo cuando ganan un ridículo sueldo, mientras en el discurso
hablan de justicia social.
En la Iglesia al
menos ya llegó una versión moderna de Jesús echando a los mercaderes del
templo. En la política, en nuestro sistema político, nuestro pecado es tan
grande que lo estamos pagando con los malos políticos y los malos gobernantes
que padecemos.
¡Ay! Y Pensar que
Jorge Mario Bergoglio, que Francisco, sólo hay uno. ¿O quien da un paso al
frente y dice yo también estoy limpio, predico con el ejemplo y tengo autoridad
moral para actuar? ¿Quién?
Predicar con el
ejemplo se dice fácil, en pocas palabras. Pasar a la acción es casi imposible o
imposible. ¿Veremos algún día a alguno de nuestros encumbrados políticos, a uno
de nuestros gobernantes, vivir en forma austera, conducir su propio coche de
modelo atrasado y austero, rechazar, como lo hizo Francisco, su carro de lujo,
blindado y con chofer?
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