Prosa aprisa
Extraño silencio de la Fiscalía, ayer
Arturo Reyes Isidoro
Cómo estarán viendo el panorama electoral desde el Comité Ejecutivo
Nacional del PRI que ya no quieren queso sino salir de la ratonera.
Ayer, el Revolucionario Institucional reaccionó de inmediato e
indirectamente envió un mensaje a todo el priismo del país, en especial a los
dirigentes y gobernantes: no permitirá actos que acaben con la credibilidad que
todavía le queda.
Temprano nos amanecimos con la noticia del diario Reforma de que el papá del gobernador de Jalisco, Aristóteles
Sandoval, magistrado también del Tribunal Superior de Justicia, “lleva la voz
de mando en las campañas del PRI” en ese estado.
El periódico documentó pormenorizadamente la irregularidad con base en
grabaciones que obtuvo de asistentes a los encuentros encabezados por Leonel
Sandoval, padre del ejecutivo.
Este señor, suelto de la lengua, no sólo se asume como el verdadero
dirigente priista, sino que involucra y compromete al Tribunal Electoral al
decir que está del lado tricolor (lo que por otra parte no es ninguna novedad
porque es la generalidad en casi todos los estados del país), además de que no
respeta su independencia como miembro del Poder Judicial, amén de que cae en un
conflicto de interés por ser el padre del gobernador.
Indudablemente, dada la contundencia de las pruebas, en lugar de tratar
de justificarlo y encubrirlo, la dirigencia nacional priista se deslindó de
Sandoval padre, lo soltó y lo dejó solo además de que le exigió que asuma su
responsabilidad.
El caso tiene mucha similitud con el ocurrido en el estado en 2013
cuando el PAN documentó, con base en grabaciones, y presentó una denuncia ante
la Procuraduría General de la República por la existencia de una estructura de
funcionarios del Gobierno del Estado paralela al PRI que se preparaba para
operar a favor de los candidatos a diputados locales y a presidentes
municipales del tricolor utilizando recursos públicos federales, estatales y
municipales.
Aquel escándalo estuvo a punto de hacer fracasar el Pacto por México,
el juguete de moda entonces del presidente Peña Nieto y quiso que no, hizo que
se pactara sacar adelante la Reforma Electoral con más candados para que fueran
más equitativos los procesos electorales, primero efectos que ya estamos viviendo
en las actuales campañas, aunque es un proceso todavía inacabado.
Fue Joaquín Hendricks, secretario técnico del Consejo Político Nacional
del PRI, quien salió con la voz cantante a dar la cara por la dirigencia
nacional: “De ser una nota que tenga fundamentos sólidos (los tiene, de otra
forma no se hubieran preocupado por deslindarse de inmediato), me parece que
hay que exigirle responsabilidad a quien, como compañero nuestro, cometiera ese
tipo de irregularidades (nótese que generalizó, o sea, aprovechó para enviar un
mensaje-advertencia a todo el priismo nacional), y si lo exigimos de nuestros
adversarios políticos, lo propio tendríamos que hacer en este caso”.
Fue contundente: “De corroborarse la información sería una cuestión
absolutamente indebida. Hay que conocer la objetividad y el origen del manejo
de esta nota, pero de ser cierta, habría que darle continuidad a una averiguación
en ese sentido y exigir la responsabilidad pública a quien haya incurrido en un
error de ese tipo”.
Dado que el padre del gobernador involucró también al INE, igualmente
el PRI, a través de su representante ante el órgano electoral, Jorge Carlos
Ramírez Marín, se deslindó de cualquier “gestión oficiosa” de Leonel Sandoval.
“El partido no reconoce ninguna gestión oficiosa que alguien en pleno
derecho o en alguna relación quisiera hacer, pero ni las ha solicitado ni las
necesita, ni por supuesto puede reconocer algún tipo de gestión que no provenga
de sus órganos formales”.
¿Qué le preocupa y por qué le preocupa al PRI deslindarse de inmediato?
Porque según documentos internos de ese partido, dados a conocer por la revista
Proceso el pasado 5 de abril, la
dirigencia nacional teme perder la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y
buena parte de las gubernaturas que están en juego.
El PRI, su representatividad que está en los gobiernos, sufre de una
grave crisis de credibilidad y hechos como los de Jalisco sólo contribuyen a
hundirlo más, porque, además, son la prueba más palpable de que es puro cuento
el discurso de legalidad y transparencia que andan pregonando sus candidatos, y
el mejor testimonio de que el tricolor no ha cambia en sus vicios que lo
hicieron perder la Presidencia en 2000.
La reacción ayer de la dirigencia nacional priista, creo yo, es una
advertencia de que no se permite ni se permitirá que el padre de ningún
gobernador intervenga en los procesos de los respectivos estados. ¿Tomará
debida nota la clase gobernante tricolor del país?
En esa línea de preocupación me ocupé en la columna de ayer sobre el
extremo cuidado que están teniendo en el PRI de Veracruz de que no los pillen
violando la Ley Electoral, de que nada los lleve ante los tribunales para
dirimir ahí los resultados finales, de que no pongan en duda el conteo del
cómputo del 7 de junio, pero también de que el proceso resulte, o parezca, lo
más limpio posible.
Por eso extraña que desde la Fiscalía General del Estado hayan guardado
silencio ayer ante el atentado que sufrió en su persona y en sus bienes la
candidata del Movimiento de Renovación Nacional (Morena) por el distrito de
Acayucan, Liliana Janix Castro Muñoz, cuya casa de campaña en Isla, donde
dormía junto con su familia, fue quemada en horas de la madrugada.
Fue un verdadero atentado, un acto criminal, indudablemente, pero el
hecho de que ella sea candidata connota la sospecha de que una de las
motivaciones pudo haber sido porque es competitiva y puede ganar y por lo tanto
la quisieron eliminar físicamente o al menos intimidarla para que abandone la
liza electoral. Ella se quejó que pese a que dio aviso a las autoridades nadie
llegó a auxiliarla de inmediato.
No se puede acusar a nadie directamente o en especial de la autoría,
pero no hay que quebrarse mucho la cabeza para saber a quién culpará el
imaginario popular. Por eso, para atajar cualquier versión, sospecha o creencia
infundada, pero además en estricto apego a la Ley, la Fiscalía debió haber
reaccionado anunciando que abriría de inmediato una investigación, que
dedicaría un equipo especial para tratar de esclarecer los hechos, incluso,
para contribuir al mejor clima electoral, que garantiza y garantizará el desarrollo
del proceso brindando seguridad a todos los actores políticos, en especial a
los candidatos. Hasta anoche cuando despaché esta columna, el silencio era
absoluto. Pero tampoco ninguna autoridad electoral había reaccionado, ni ningún
otro partido, ni el oficial ni los de oposición. Triste y preocupante.
No tarda en que se haga escándalo nacional y que tengan encima en el
estado a Andrés Manuel López Obrador, o que la verdadera oposición lo use como
prueba de cómo se intimidó y atentó contra una candidata. Pero se han dejado
correr los hechos.

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