Prosa
aprisa
La casa de
empeño
Arturo Reyes Isidoro
Ayer domingo amaneció el día soleado en Xalapa. El sábado había hecho
calor por la mañana y por la tarde llovió y granizó. En la noche, conforme
avanzó hacia la media noche, refrescó (estuve en el funeral del licenciado
Gerardo Fernández Carreto, mi vecino, además, por eso lo sé). Ayer a media
mañana, como lo hago cada vez que puedo, aparte de ir a la iglesia de La
Piedad, la de mi rumbo, me eché a caminar por la avenida 20 de Noviembre –“Sube o baja según se va o se viene. Para
el que va, sube; para él que viene, baja.”, dice Pedro Páramo sobre su camino a
Comala–. Las calles estaban semivacías, había pocos carros circulando. En los
templos evangélicos los hermanos cantaban con fervor. Subía yo y sudaba, hasta
que llegue a una casa de empeño en Revolución y 20 de Noviembre.
Decidí que tenía que hacer
una parada y tomar un poco de respiro –al menos camino dos kilómetros– y tomé
como pretexto la casa de empeño, adonde siempre entro para curiosear (la
necesidad, la miseria, la pobreza no tienen día de descanso, me dije y por eso
traté de explicarme por qué los domingos desde temprano abren varias casas de
empeño en Xalapa). Conforme fui recorriendo los pasillos vi, como los veo
siempre, los objetos más disímbolos (la olla de presión, el tostador de pan, la
sandwichera, la chocomilera, la plancha, el pequeño horno de microondas, la
laptop, la tablet, el reloj, las llantas de uso, la trompeta algo estropeada,
el ventilador de uso, la guitarra, ¡las herramientas de albañilería, de
electricista y de mecánica!, muchas todavía con las manchas de cal, de cemento,
de aceite, etcétera). Estaban ahí gritándome, gritando desesperados, impotentes,
el esfuerzo, el trabajo, el ahorro, el sacrificio de decenas, cientos, miles de
personas a quienes finalmente, contra todo lo que diga el discurso político, el
del gobernante y el del candidato, venció la necesidad, el mísero o bajo
sueldo, el despido injustificado y sin liquidación conforme a la ley, la falta
de fuentes de empleo y de oportunidades.
Me pregunté si los
funcionarios sabrán que existen casas de empeño y si habrán entrado alguna vez
a una de ellas; si sabrán que lo que prestan por el valor de los objetos es una
miseria, casi un robo; si tendrán idea de lo que es un refrendo, esto es, pagar
intereses al vencimiento para no perder lo empeñado, y pagar otra vez, y otra,
hasta que ya no se puede más y se pierde todo sin remedio; y que ese es el pan
nuestro de cada día de cientos, miles de personas, de familias.
Por más que traté no pude
dejar de asociar la realidad, esa realidad que tenía ante mí, con el discurso
hueco, huero, demagógico, que había pronunciado un día antes el dirigente
nacional del PRI, César Camacho Quiroz, a su paso por Xalapa, Rinconada, Boca
del Río y Veracruz: “…nuestra oferta no se limitará y siempre buscará
la prosperidad y el bienestar de la gente… México merece ser un país más justo,
más educado y con trabajo mejor remunerado… necesitamos muchos votos, construir
un México con prosperidad en donde el discurso de la política y sobre todo de
los hechos, se quede a vivir en los hogares de la nación”. Eso, todo eso, dicho
por un hombre que en su vida diaria luce un finísimo reloj de pulso, uno de
tantos de su colección privada, de dos millones de pesos.
Me
gustó una netbook de 1,500 pesos, por la que se podía dejar 90 pesos de
enganche. Me pregunté cuál y cuánta sería la necesidad del joven, de la joven
estudiante, de la familia que desesperada y acaso hasta desesperanzada la tuvo
que ir a dejar al empeño y ya no la pudo recuperar. Pero me pregunté también si
él, ella, ellos se estarán muriendo de ansiedad porque llegue el 7 de junio
para ir a votar por los candidatos del PRI.
Pero
vino el señor Camacho a “levantar” –se supone– las campañas, la imagen de los
candidatos de su partido ante el electorado, ¿y cuál fue la sustancia, la
esencia de su mensaje?: que el PRI volverá a ganar gracias a su “eficacia
política”. Ajá. ¿Así le llama al acarreo, al mapacheo, a la trampa, al
chanchullo, a la manipulación, a la postulación de candidatos severamente
cuestionados porque como funcionarios hicieron mal uso de recursos públicos, a
la reaparición pública y con todos los reflectores, como si se tratara de un
héroe, de Fidel Herrera Beltrán como si el electorado, el ciudadano no tuviera
memoria?
(¿Acaso
por eso la reacción ayer, a título personal, del vocero del Arzobispado de
Xalapa, José Manuel Suazo Reyes, de que "las
pasarelas de algunas personalidades públicas parecen más bien una burla para el
electorado", y de que “continúa la corrupción de los servidores públicos y
lo más grave es que pasa poco tiempo y se les vuelven a encomendar cargos donde
seguramente harán lo mismo”? Suazo se cuidó mucho de no hablar por su
institución, pero sin duda refleja el sentir si no de la Iglesia al menos de la
jerarquía eclesiástica de Xalapa y acaso de Veracruz y de paso de toda su
feligresía.
¿Acaso ello apresuró también la reacción del
PAN, que ayer reveló seis denuncias presentadas a finales del año pasado por la
Auditoría Superior de la Federación ante la Procuraduría General de la
República por la “sustracción ilegal”, desde 2009, de 2 mil 500 millones de
pesos que habían sido destinados para salud y educación, dando nombres de
funcionarios y exfuncionarios, de la actual y de la pasada administración,
presuntamente involucrados y contra los que pide que se actúe?)
La
noche del sábado supe que en la víspera para nada había gustado al senador José
Francisco Yunes Zorrilla la noticia que le había dado el eterno delegado del
Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Jesús “Chucho” Medellín Zenil, cuando le
avisó que en la camioneta junto con Camacho Quiroz viajarían también su
homólogo Héctor Yunes Landa y el exgobernador, por lo que a sus operadores
pidió que cuidaran que no lo sentaran junto a Fidel, pero al parecer éste buscó
y logró colocarse en Rinconada al lado del político de Perote. Pepe prefirió ya
no llegar a los actos en Boca del Río y Veracruz.
¿En
que ayudó al PRI de Veracruz y a sus candidatos la visita de Camacho, pero
sobre todo que haya venido a placear al exgobernador? ¿Es que nadie le advirtió
de la reacción que podía generar y de los costos que podía tener?
Por
cierto y a propósito de aquella columna del 6 de abril “La sorpresiva reunión
en la SEV” (sobre la que
me reservo el derecho de volver a ella cuando sea necesario u oportuno), José Antonio “El Negro”
Ojeda Rodríguez, exdirector General de Recursos Humanos (manejó durante muchos
años todas las plazas) y ahora al frente de la Unidad de Planeación de la SEV,
estaría por hacerse, o se ha hecho ya, ojo de hormiga.
Una fuente también digna de crédito me retó a que lo busque y lo encuentre.
“Hace un mes que ya no se sabe nada de él”.

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