Prosa aprisa
PRI,
desconfianza ciudadana
Arturo Reyes Isidoro
El día último
de marzo, en la víspera del inicio de las campañas electorales (se atravesaron
los días santos en los primeros días de abril), el dirigente estatal del PRI,
Alfredo Ferrari Saavedra, anunció que los candidatos de su partido irían “al
contacto con la gente… buscando la confianza de los ciudadanos. Esa es nuestra
propuesta, nuestro deseo y nuestro compromiso”.
El
diagnóstico es certero. Hoy el mayor obstáculo que deben vencer los abanderados
tricolores no es la oposición sino superar la falta de confianza y de
credibilidad de los ciudadanos en los gobiernos priistas. El propio líder real
(el formal es César Camacho Quiroz) del priismo en el país, Enrique Peña Nieto,
ha aceptado que el país está plagado de “incredulidad y desconfianza”.
Lo dijo el
pasado 3 de marzo al Financial Times al
iniciar una visita al Reino Unido. “Hay, sin duda, una sensación de
incredulidad y desconfianza... se produce una pérdida de la confianza y esto se
muestra con sospechas y dudas”. Fue considerado el reconocimiento más sincero
desde la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero.
Alfredo,
pues, tiene muy claro el qué, pero cabría preguntar si el cómo, o sea, el puro
contacto con la gente será suficiente para revertir la desconfianza e
incredulidad ciudadanas en su partido hecho gobierno y, por extensión,
lógicamente, ahora en sus candidatos.
Creo que los
abanderados tricolores perdieron la gran oportunidad que tenían de dar un
primer y buen paso para intentar recuperar la aceptación ciudadana al no haber
iniciado sus campañas haciendo pública su declaración de bienes y explicando
cómo es que han logrado sus riquezas (que tampoco los de la oposición lo
hicieron).
Por el
contrario, en los primeros cuatro días de campaña todo es trivialidad, lugar
común, con eslóganes que ofenden al electorado porque no se sustentan en
hechos, en logros sustentados en la trayectoria de los candidatos,
irrealizables. Uno ofrece que con él “tu vida puede cambiar” (hágame el
refabrón cavor), otro que “la realidad exige unidad”, algunos que están trabajando
“por lo que más quieres” (por favor, no se sacrifiquen tanto), la mayoría reconoce
que “vivimos tiempos difíciles” pero que “vamos a salir adelante”, otro que
“recuperaremos la grandeza”, una más que “por ti vamos con todo” y ¡basta!
Ayer la
Agencia Imagen del Golfo publicó una nota en la que dice que de los tres senadores
dos del PRI y uno del PAN y 30 diputados federales veracruzanos (de uno y otro
partido), todos han optado por la opacidad, la falta de transparencia y que
ninguno ha puesto a disposición de los ciudadanos su declaración patrimonial,
de intereses y de impuestos. Los que ahora aspiran a llegar a San Lázaro van
por el mismo camino. Por eso nadie les cree.
En los
primeros días de proselitismo los tricolores han empezado ya a hacer
ofrecimientos que no tienen viabilidad por el recorte presupuestal que para
este y el próximo año ha hecho el Gobierno Federal a través de la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público. Pero piensan que el electorado tiene los ojos
cerrados y no está informado. En la mayor parte de las cosas, dicen puras
generalidades que nadie se traga.
En cambio,
evaden lo que el ciudadano, el elector verdaderamente quiere escuchar o saber,
como, por ejemplo que van a exigir que se precise el monto real de la deuda al
Gobierno Federal, a los bancos privados y a particulares, cuánto se paga de
intereses, cuánto debe cada veracruzano a causa de ello sin deberla; o porqué
no se ha acabado de pagar a quienes prestaron servicios en los Juegos Centroamericanos
y del Caribe; o porqué pese a reiterados ofrecimientos no se paga la deuda
total (en algunos casos desde 2011) a proveedores y prestadores de servicios; o
porqué, pese a las denuncias penales que se presentaron desde 2013 ningún
constructor que cobró obras por adelantado y no las hizo o sólo las inició o
dejó a la mitad está en la cárcel; o porqué ha habido retraso en el pago de
participaciones federales a los ayuntamientos.
Pero también
podrían tratar de ganarnos diciéndonos que van a exigir que se nos dé una
explicación convincente sobre la Casa Blanca de la esposa del presidente Peña
Nieto, o sobre la residencia de Luis Videgaray “comprada” al grupo Higa
favorecida multimillonariamente por el grupo hoy en el poder presidencial; o
porqué David Korenfeld, titular de la Comisión Nacional del Agua usa los
helicópteros de la dependencia para llevar de vacaciones a su familia.
El
ofrecimiento y deseo de Alfredo Ferrari es realizable. Es fácil, muy fácil. Y de
que se puede se puede, o de que los priistas lo pueden hacer, ahí están los
ejemplos del diputado local Ricardo Ahued Bardahuil, quien, por ejemplo, ya una
vez votó en contra del alza al IVA como diputado federal como lo había ofrecido
en campaña que lo haría, cosa que no cumplieron sus demás compañeros, o que ha
dicho que la deuda pública estatal supera los 80 mil millones de pesos, o que
no estuvo de acuerdo con la nueva Ley del IPE; o el del senador Pepe Yunes,
quien también ha exigido el pago puntual y completo de las participaciones
federales a los ayuntamientos, o que se informe y explique sobre el manejo de
los recursos federales destinados al estado.
Hoy se
cumplen los primeros cinco días de las campañas. Faltan 55. Los diputados del
PRI todavía tienen tiempo de lograr lo que su dirigente desea. Por más que
digan lo que digan, no convencen. Pero lo pueden lograr. Todo está en que se
decidan. Si no lo hacen, en su pecado llevarán su penitencia.
Juan Octavio, se mueva ya
Tiene ganas
de hacer las cosas bien, hasta donde pueda, el nuevo coordinador general de
Comunicación Social del Gobierno del Estado, Juan Octavio Pavón González. Luego
de reestructurar la dependencia, de compactarla para ahorrar recursos, ha
empezado ya su contacto y cabildeo con los integrantes del gremio de la
comunicación e información.
Sabe las
limitaciones económicas que tiene el área a su cargo y a partir de ahí está
actuando con todo realismo, no prometiendo las perlas de la virgen. Sus
colaboradores lo están ayudando. Lo ayuda que no es soberbio ni que cree que
sabe todo, que pregunta, que escucha.
A veces por
donde menos se piensa salta la liebre. En una de esas y resulta la gran
solución que la actual administración necesita para el último tramo de su
gestión y el gobernador Javier Duarte encuentra el gran apoyo que en el área
mediática requiere. Su tarea no es fácil pero tampoco imposible. De lo perdido,
lo que aparezca.
Sinceramente
se le desea éxito.

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