Prosa
aprisa
La Feria del
Libro
Arturo
Reyes Isidoro
Ha caído ya el atardecer en Xalapa y no tarda en entrar de lleno la
noche. Estoy saliendo del Complejo Deportivo Omega (Gimnasio Omega) donde se
celebra la XXII Feria Internacional del Libro Universitario y decido que no voy
a abrir la semana escribiendo sobre política, sobre políticos, gobernantes y
candidatos, ni sobre las campañas.
Desde el viernes cuando se inauguró este festival de la cultura ha
tenido un buen nivel de asistencia, algunas actividades han contado con mucha
asistencia, pero lo cierto, pienso, es que siempre seguirá siendo lamentable
que le hayan quitado a Xalapa la sede del Hay Festival, que complementaba muy
bien la feria anual de la lectura que organiza la Universidad Veracruzana.
Ahora sí, cada quien habla de la Feria como le va en la Feria. Tengo
que escribir, me digo y decido que para mí la jornada dominical termina con la
lectura de poemas de Silvia Tomasa Rivera, de su libro En el huerto de Dios, editado por la Universidad Autónoma de Nuevo
León y que han presentado mi compañera editora en la UV Nina Crangle y ha
moderado y comentado el director de la Editorial de nuestra casa de estudios,
Édgar García Valencia.
Sorpresivamente, ya casi para concluir, Silvia Tomasa comentó que el libro,
la lectura y la presentación se los dedicaba al maestro Guillermo Zúñiga
Martínez, de quien afirmó que protegía a los poetas de Veracruz. “Me siento muy
desprotegida por su ausencia”, confesó, luego de que había hablado de Santa
Teresa de Jesús. En realidad, me digo, se han dicho muchas cosas de nuestro
difunto amigo, pero creo que poco se ha comentado de su tarea como editor, cosa
que seguramente hará pronto Armando Ortiz.
Por supuesto, viernes y sábado los reflectores los acaparó el sociólogo
y filósofo francés Gilles Lipovestsky. Hubo mucha gente en las actividades en
las que participó. El arranque fue bueno, bastante exitoso. Ojalá y el cierre,
el próximo domingo, también esté a la altura.
Compro ya poco libro impreso (mi modesta casa está llena de libros que
vengo acumulando –y leyendo, claro está– desde que era yo muy joven, allá por
los años 70 del siglo pasado). Pero, por fortuna, ante el riesgo de morir un
día aplastado bajo tanto tomo, cada vez optó por la compra y lectura
electrónica, que me permite mi lector kindle fire, un moderno aparato que me
permite tener y traer cientos, miles de libros, en una especie de mini tablet,
apenas más grande que un Iphone (además Amazon los vende mucho más baratos que
los impresos).
Pero creo que en mi caso, un libro impreso que compré, prácticamente
una joya, una reliquia, vale por toda la feria: ¡Espérame en Siberia vida mía!, del escritor español Enrique
Jardiel Poncela, un ejemplar de ¡julio de 1929!, cuyo anterior propietario lo
mandó encuadernar en pasta dura. Me lo recomendaron mis amigos Los Argonautas,
libreros de Xalapa de viejo, o de uso. No conocía a Poncela. Es extraordinario
como escritor. Me atrapó su lectura. Me vendían prácticamente toda la colección
de sus títulos. El sábado por la tarde no llevaba suficiente dinero. El domingo
cuando volví por la mañana ya casi los habían vendido todos. Me sigo
lamentando. Es un tesoro irrecuperable.
Pero he acompañado también en la presentación de libros a mis queridos
amigos y colegas del puerto de Veracruz, Emilio Cuevas y Luz María Rivera,
quienes participaron en la presentación del libro La invasión de 1914 a Veracruz en la mirada de Luz Nava, de Adriana
Gil Maroño y María Luisa González Maroño, en la que participó también Horacio
Guadarrama. Bastante bien sus intervenciones, textos leídos de muy buena
factura, aunque se padeció el inconveniente del excesivo ruido pues los
espacios donde se realizan las presentaciones no son cerrados.
A ese problema se suma el del excesivo calor que se siente, pues
prácticamente es un espacio rodeado de láminas. No había nadie que no se
quejara, tanto expositores y vendedores como participantes en conferencias y
presentaciones. Al menos, pensé yo, afuera hubieran instalado un barcito, con
mojitos cubanos, cubas, brandis, vodkas y güisquis, bebidas refrescantes e
hidratantes. Ya de perdida, con chelas, cheladas y micheladas.
Ayer domingo también tuvo lugar la presentación del libro de mi
compañero de la Editorial de la UV, el escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño,
La insaciabilidad¸ en la que
participó el escritor Óscar de la Borbolla, así como Silverio Sánchez, otro
compañero editor, y moderó Germán Martínez, igualmente de la Editorial de la
UV. Concurrida e interesante presentación.
Y como de todo hay en la viña del Señor, ayer domingo me tocó ver y
escuchar en el stand de la revista Proceso
cuando alguien que fue a comprar una suscripción se sorprendió porque sólo le
regalaron una bolsa de tela con el logo impreso de la publicación. Una empleada
le explicó que la revista atraviesa por una situación económica con problemas,
y que en lugar de aumentar el precio de la suscripción habían decidido
sacrificar regalos para los suscriptores. ¡¿Cómo, también a ustedes les debe
Duarte?!, exclamó. La empleada sólo sonrió, pero dijo que no. ¡Ya todos los
muertos se los cargan a Duarte!
No podía faltar mi paso por el stand de libros, cedés y devedés
cubanos. Me armé sobre todo de música. Siempre platicar con los amigos cubanos
es interesante, en este caso con una cubana que atiende el negocio. Hablamos de
la isla –en realidad es un archipiélago– y del futuro panorama ante la
normalización de relación con Estados Unidos y la segura llegada de oleada de
gringos. Algo que quiso confirmar es si en Veracruz todavía se baila el danzón,
porque en la isla hace ya mucho que no. Le confirmé que sí. Quedó sorprendida.
Nunca había venido a Xalapa ni conoce el puerto. “Eso me han dicho”, me
comentó.
Ya no es ninguna novedad decir que por la Feria no se ve a políticos, a
funcionarios y menos a ningún candidato. Le huyen a la cultura, a la idea, al
conocimiento, a la lectura, a la reflexión, a la crítica, a la propuesta, al
pensamiento.
Debo decirlo: el sábado por la tarde, me dio gusto que le diera gusto
al maestro Sergio Pitol encontrarnos. Me emocionó nuestro saludo, nuestro
abrazo. Estaba en el stand donde venden sus libros. Disfrutaba el momento y a
mí me dio gusto verlo bien de salud, dentro de los problemas que tiene.
La verdad, desintoxicarme de los temas políticos todo el fin de semana
fue una verdadera bendición. Pero, ¡ay!, tristemente hoy vuelvo a mi realidad.
Pero la Feria sigue. Dese una vuelta aunque, eso sí, lleve su ventilador a la
mano. Buen inicio de semana, lectores.

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