Prosa aprisa
Combatir
la corrupción
Arturo Reyes Isidoro
Para los
implicados o presuntos implicados en el mal uso de recursos públicos,
funcionarios y exfuncionarios de la actual y de la pasada administración
denunciados por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ante la
Procuraduría General de la República (PGR), la noticia no puede ser más
aflictiva: ayer el presidente Enrique Peña Nieto promulgó la reforma
constitucional en materia de combate a la corrupción.
Es de
tal relevancia o el Presidente le da tal relevancia al asunto que los
principales diarios de la Ciudad de México publicaron en primera plana –por
interés periodístico o porque la Presidencia pagó las inserciones– un artículo
del propio Peña Nieto en el que explica en qué consiste el Sistema Nacional
Anticorrupción y la fuerza que da a la ASF (por si alguien quisiera restarle
importancia al organismo).
Si Peña
va adelante en contra de la corrupción y para ello establece un nuevo marco
legal, entonces cabe pensar que no habrá borrón y cuenta nueva, perdón, para
los acusados formalmente por la ASF ante la PGR en noviembre pasado por un
desvío de casi 2 mil 500 millones de pesos provenientes de fondos federales que
debieron haber sido aplicados a salud y educación en el estado lo que no se
hizo, según concluyó la ASF.
En una
declaración que me hizo vía telefónica el pasado 7 de mayo, un día después de
que el Congreso de la Unión aprobó –priistas incluidos a favor– un punto de
acuerdo presentado por el senador panista Fernando Yunes Márquez para exhortar
a la PGR a que ejercite acción penal en contra de los responsables, el
diputado federal Alejandro Montano Guzmán me dijo que no se debía pretender
presionar a la Procuradora Arely Gómez ni establecer plazos legales, pero
también que no podían votar en contra cuando ellos mismos, a iniciativa del
presidente Peña Nieto, acababan de aprobar leyes de transparencia y
anticorrupción.
La
importancia que le da Peña al asunto se explica porque está urgido de tratar de
lavar su imagen luego del escándalo por su “Casa Blanca” y por la “casita” de
descanso de Luis Videgaray, y seguramente querrá tratar de acabarnos de
convencer de que va en serio no sólo con la promulgación de la reforma
constitucional ayer sino pasando de las palabras a los hechos, y necesita y le
urge tener en quién poner un ejemplo, y los señalados funcionarios y
exfuncionarios veracruzanos se le ponen de pechito.
El
propio Presidente reconoció ayer que hay incredulidad hacia el combate a la
corrupción. En Veracruz existe ya un caso en marcha que pone a prueba la
palabra presidencial, la denuncia concreta de un organismo fuera de toda
sospecha como lo es la ASF, cuyo fortalecimiento en sus atribuciones anunció él
mismo. Cuando veamos que se actúa, entonces empezaremos a creerle.
Por su
importancia, publico también íntegro el mensaje del Presidente, cuyo título es
el mismo que he puesto a esta columna:
“Combatir la corrupción
Por Enrique Peña Nieto *
En nuestro país estamos viviendo uno de
los procesos de transformación institucional más importantes de nuestra
historia moderna. Por primera vez en décadas, entre las principales fuerzas
políticas hemos revisado y reorganizado a fondo nuestro sistema político,
económico y social, a partir de 11 grandes reformas. Hemos adaptado la propia
estructura del Estado, para convertir a México en el país que todos queremos.
Sin duda, lograrlo depende de que todos, sociedad y autoridades —de los tres
poderes y de los distintos ámbitos de gobierno—, actuemos con profesionalismo,
integridad y honradez.
En 2014, el Índice de Percepción de la
Corrupción de la organización Transparencia Internacional nos ubicó en el lugar
103 de 175 naciones. Si bien es cierto que en todos los países del mundo se
percibe corrupción, es inaceptable que México tenga una evaluación tan baja.
Por ello, el día de mañana (hoy)
promulgaré la reforma constitucional en materia de combate a la corrupción. Se
trata de un cambio de gran relevancia, producto de un ejercicio inédito de
discusión y construcción de acuerdos, en el que participaron todas las fuerzas
políticas y –de manera determinante– la propia sociedad civil, enriqueciendo la
iniciativa con sus ideas y propuestas.
México ahora contará con un Sistema
Nacional Anticorrupción. Esta instancia coordinará a las autoridades encargadas
de prevenir, investigar y sancionar los posibles actos de corrupción, así como
a aquellas responsables de fiscalizar los recursos públicos. El Sistema
contempla un Comité de Participación Ciudadana integrado por cinco mexicanos
distinguidos que, junto con las autoridades, velará por los intereses de la
sociedad.
La Auditoría Superior de la Federación
(ASF) se consolidará como el máximo órgano de fiscalización y, por ende, en
piedra angular de este nuevo esquema. Sus nuevas atribuciones le permitirán
realizar auditorías en tiempo real, cuando posibles ilícitos están siendo
cometidos. Ahora, también podrá vigilar el ejercicio de las participaciones
federales y los fideicomisos que utilizan recursos públicos.
Esta reforma prevé que la cuenta
pública pueda ser fiscalizada a partir del primer día del año y no hasta abril,
como ha venido ocurriendo. Además, con pleno compromiso a favor de la
legalidad, aumenta a siete años la prescripción de faltas administrativas
graves; esto significa que los mecanismos de justicia administrativa tendrán un
carácter transexenal.
Otra de las nuevas disposiciones de
esta reforma transformadora —la número doce— es que los próximos titulares de
la Secretaría de la Función Pública deberán ser ratificados por el Senado de la
República. Esto, con el objetivo de generar esquemas de corresponsabilidad
entre poderes y garantizar la imparcialidad en el desempeño de sus funciones.
Sin embargo, para mí el cambio más
relevante de este nuevo paradigma es que, por primera vez, nuestra Constitución
reconoce que, tanto ciudadanos como servidores públicos, somos corresponsables
de combatir la corrupción. De hecho, podrán ser castigados funcionarios,
particulares y empresas que hayan participado en este tipo de actos. Mientras
que los servidores públicos de todos los ámbitos de gobierno serán sancionados
hasta con penas de prisión, las empresas pueden llegar a ser disueltas. Este
tipo de decisiones serán tomadas por tribunales independientes, como el
Tribunal Federal de Justicia Administrativa que contempla el nuevo marco legal,
o sus equivalentes en las entidades federativas.
Con esta reforma, México avanza en su
propia transformación, impulsando la integridad en la vida pública del país.
Ningún proyecto jurídico puede, ni debe considerarse, un producto terminado.
Hacia adelante, será necesario generar nuevos consensos para dar forma a las
instituciones y leyes secundarias que integrarán el nuevo Sistema Nacional
Anticorrupción.
Una vez promulgada, la adecuada
implementación de la reforma constitucional en materia de combate a la
corrupción nos convocará a todos; a ciudadanos y empresarios; a poderes y
autoridades de los tres órdenes de gobierno.
La construcción de una nación de
instituciones más sólidas, autoridades más honestas y ciudadanos más
participativos, es una responsabilidad compartida. México es de todos; asumamos
juntos, con valor y determinación, este desafío.
* Presidente de México”.
¿Marcha
la alianza PAN-PRD para 2016?
Mmmm. Publicó ayer Francisco “Pancho” Garfias,
columnista especializado en asuntos parlamentarios, en su leída columna del
diario Excelsior: “Gustavo Madero y
Alejandro Zapata se reunieron con Los Chuchos Ortega y Zambrano, en el Suntory
de la Colonia del Valle. Difícil saber de qué hablaron. Los cuatro se encerraron
en un privado, cuentan testigos presenciales. ¿Alguna alianza en puerta?” ¿La
alianza de la que habla el mismo director editorial de ese periódico, Pascal
Beltrán del Río, que incluiría a Veracruz para 2016 con Miguel Ángel Yunes
Linares como candidato a la gubernatura de azules y amarillos?

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