Prosa aprisa
¿Está Héctor de vuelta?
Arturo Reyes Isidoro
Acaso fue el 17 de enero pasado la última vez que el senador Héctor
Yunes Landa se mostró crítico, severamente crítico, contra el actual grupo
priista en el poder.
En ocasión –en aquel entonces–
de la comida regional de su agrupación Alianza Generacional en el puerto
de Veracruz, calificó de “barbarie regresiva” la gubernatura de dos años que ha
iniciativa del gobernador Javier Duarte había aprobado el Congreso local.
Dijo que en dos años poco se podía hacer “para sacar a Veracruz de la
sala de terapia intensiva en la que nos tienen”.
Manifestaba entonces que “la definición que desde ahora debemos todos
asumir es la de cerrar el paso a quienes ven a Veracruz como un botín político,
pero sobre todo económico”.
Se quejaba. Manifestaba que
luego de hacer pública la situación por la que atravesaba el estado, se le
tildaba de traidor.
Pero decía que la lealtad
se la debía a los veracruzanos, “por tanto, traicionar a Veracruz sería
consentir su saqueo, tolerar el acuerdo de pasillo, que la improvisación sea el
sustento de la política, y que obcecados del poder pretenden perpetuarse
prendidos de la ubre de un Gobierno descalcificado por la succión extrema a la
que lo han sometido”.
Lamentaba que en
Veracruz se hubiera “alcanzado un
déficit de confianza, y un superávit en materia de corrupción”.
“En pocos años –decía– han
surgido un número impresionante de nuevas familias de pobres y un puñado de
nuevos ricos ligados al Gobierno del Estado”.
Pero esa enjundia crítica
se la acabó pocos días después cuando en febrero aceptó reunirse con el
gobernador Duarte de Ochoa en la Casa Veracruz, en donde habría negociado
impunidad a cambio de apoyo para lograr lo que en él es una obsesión: ser
gobernador del estado, aunque él niega que haya negociado algo.
Sin embargo, a partir de
entonces plegó banderas y aquella actitud crítica y de señalamiento se acabó.
Atrás dejó aquel desdén a Duarte cuando el 6 de enero, junto con el senador
José Francisco Yunes Zorrilla, abandonó el acto agrario en Boca del Río como
señal de protesta y rechazo por la presencia del gobernador.
Su cambio de actitud se
hizo totalmente evidente cuando en marzo ya no abandonó un acto priista en
Xalapa no obstante la presencia de Duarte, cosa que sí hizo Pepe Yunes, quien
se ha mantenido congruente en su postura de rebeldía y no ha cedido un ápice
sino que por el contrario ha endurecido cada vez más su postura.
En los mentideros políticos
hoy nadie duda de que Héctor es el candidato del gobernador a sucederlo, ya no
abandona los actos a los que asiste el cordobés, e incluso recientemente volaron juntos a un acto en Cancún, tal es su
romance político.
Por eso extrañó que ayer,
así haya sido con generalidades, Yunes Landa dijo que todo aquellos exfuncionarios
(no dijo “funcionarios”, o sea excluyó a los actuales) que sean encontrados con
responsabilidad por el desvío de recursos de la Cuenta Pública 2013 tendrán que
ser inhabilitados o incluso encarcelados.
“Quien se ha comido algo
del plato ajeno primero tendrá que vomitar, es decir, que devuelva si algo
destinó diferente o a su propio bolsillo. Tendrá que ser inhabilitado para que
no vuelva a tener cargo de funcionario público y tendrá que ir a la cárcel y
que su castigo sea ejemplar”.
En realidad, la bandera
contra la corrupción en el estado la ha enarbolado en forma decisiva en forma
directa, sin generalidades, el senador Yunes Zorrilla, lo que le ha ganado
muchas simpatías ciudadanas que hacen que aventaje ya a su homólogo priista en
la carrera por la sucesión.
A Yunes Landa le está
pesando ya, y le podría pesar más, su cercanía con el grupo en el poder. Y más
porque cesó aquel discurso contra la corrupción y la impunidad, con nombres y
apellidos, como los había venido mencionando desde el año pasado. Pronto
sabremos, no habrá de pasar mucho tiempo, cuánto, qué tanto.
¿Con el ánimo caído?
Los 2 mil 723 maestros veracruzanos que se hicieron acreedores a una
medalla por sus años de servicio y su trayectoria todavía se preguntan qué
pasó, por qué no –como se vino haciendo hasta años anteriores– el gobernador Javier Duarte de Ochoa se las
entregó personalmente en el acto que para celebrar el Día del Maestro tuvo
lugar el pasado 15 de mayo en el World Trade Center (WTC) de Boca del Río.
Ese día se rompió una tradición que venía desde tiempos inmemoriales en
la historia de la educación en Veracruz: que el gobernador en turno galardonara
uno a uno a los docentes, en ceremonias vistosas, alegres, que llegaron a
durar, en muchos casos, hasta cinco horas o más, ya fuera que se celebraran en
el Teatro del Estado o en la explanada de la Escuela Normal Veracruzana
“Enrique C. Rébsamen” en Xalapa, o en el mismo WTC de Boca del Río.
Esa fecha era de un verdadero encuentro entre maestros veracruzanos y
el gobernador, un día muy especial para los docentes quienes con mucho tiempo
se preparaban para su viaje a Xalapa o a Boca del Río para recibir su medalla,
la Enrique C. Rébsamen, la Rafael Ramírez, la Carlos A. Carrillo, o la Ignacio
Manuel Altamirano; una ceremonia en la que se les fotografiaba recibiendo de
manos del propio Ejecutivo su presea, foto que serviría para presumir y adornar
la sala de la casa, para dejarla como testimonio a los descendientes para que
se sintieran orgullosos de la abuela, del abuelo, de la mamá, del papá,
maestros que habían sido premiados por sus méritos en las aulas por el
mismísimo Ejecutivo del estado.
Era una fecha de verdadera fiesta en la que entre ellos mismos se
echaban porras a la hora de recibir su galardón, que aprovechaban para hacer
recuerdos de su paso por las aulas de las escuelas normales donde estudiaron.
Este año, eso se acabó. A los premiados les sorprendió que cuando
llegaron al WTC tuvieron que pasar a una mesa de registro y mediante una lista,
sin mayor protocolo, les fueron entregando sus medallas, quedando sorprendidos
muchos de sus familiares que ya llevaban el arreglo floral para entregárselos
tan pronto recibieran sus preseas de manos del mandatario, porque eso
esperaban.
La ceremonia se concretó, esta vez, a un desayuno, a un mensaje y a la
rifa y entrega de premios –diez automóviles–, y nos vemos, cosa que cuando
mucho duró hora y media.
Los mentores están, quedaron sentidos, según nos han expresado varios
de ellos. Esperaban otra cosa. Querían sentirse distinguidos por la primera
autoridad del estado. Ahora muchos se preguntan si es que el ánimo está ya tan
caído que ni siquiera hubo humor para que los honrara personalmente como creen
que se lo merecían y se lo merecen.
Extraña que eso haya ocurrido, además porque se supone que era
necesario, que se necesitaba con urgencia el contacto directo con ese poderoso
e influyente sector que es el de los maestros dada la cercanía de las
elecciones y había que enamorarlos de la forma que fuera para que vayan a
sufragar por los candidatos tricolores, pero, por lo que se vio, se dejó pasar
esa gran oportunidad y a ver si no ahora los premiados desquitan el desdén que
sintieron emitiendo un voto de castigo.
Aparte de los maestros, los más tristes son mis compañeros los
fotógrafos comerciales de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, pues con las
fotos de los docentes con el gober les dejaba para vivir una buena temporada. Ellos
también se quejan.

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