Prosa
aprisa
La “madre
del año”
Arturo Reyes Isidoro
Como dice Catón, me gustaría conocer a Toya Graham. Toya es la mujer
afroamericana que en un momento inesperado de su vida el lunes pasado 27 de
abril saltó a la fama mundial cuando –como decimos en México en un lenguaje que
todo mundo entiende en toda su significación– a punta de madrazos sacó a su
hijo Michel Singleton, un adolescente de 16 años, de los violentos disturbios
en Baltimore donde protestaba por la muerte de otro joven afroamericano,
Freddie Gray, quien murió tras ser arrestado por la policía. Toya no se dio
cuenta que estaba siendo filmada y tan pronto el respectivo video fue subido a
las redes sociales le dio la vuelta al mundo y la mujer se ganó el calificativo
de la “madre del año”. Hoy es una celebridad mundial y los periodistas hacen
cola para entrevistarla.
Su actitud tiene varios ángulos que comentar. La de la madre enérgica,
severa, pero responsable y muy buena madre; la del hijo, con deseos de luchar
contra la injusticia y el statu quo (estado del momento actual) que vive la
sociedad norteamericana sobre todo por las agresiones con claros signos
racistas por la parte de la policía blanca gringa; la de la madre con un alto
sentido de lo que es o debe ser la justicia; la del hijo disciplinado que
aguanta vara los porrazos pero jamás le falta el respeto a su madre, ni verbal
ni físicamente; y, finalmente, el aplauso mundial que se ganan uno y otro.
Pero hay detalles que me tienen sorprendido y que hablan del instinto
materno. Toya ha declarado que vio a su hijo en la televisión participando en
la manifestación antirracial y no dudo en ir a buscarlo y sacarlo a empujones,
jalones y cachetadas de la protesta. “Me giré, le vi con la capucha y el
pasamontañas en mitad de la lluvia de objetos y me volví loca… Vi a mi hijo entre la
multitud. Estaba ahí, cruzando la calle con su capucha y una máscara. Y en ese
momento no me pude contener. Es mi único hijo varón y yo no quería que al final
del día se convirtiera en otro Freddie Gray”. Hasta
ahí todo es fácil de entender. Lo que me resulta un tanto inexplicable es cómo a
la distancia física y ante tanto joven, además con el rostro cubierto, supo que
se trataba de su hijo (hace muchos años pasaba yo una tarde de invierno por la
Plaza Lerdo cuando me llamó un compadre quien me dijo que su hijito estaba
admirado porque se llevaba con los Reyes Magos, pues platicaba con quienes
estaban disfrazados de tales, que cargaban a los niños para que un fotógrafo
los retratara y les vendiera las fotos. Hicimos plática hasta que me preguntó
si no notaba yo algo especial. Le respondí que no. Entonces me dijo que me
fijara muy bien en los Reyes Magos. ¡Eran mis hijos Arturo, Daniel y Toño!,
adolescentes entonces, quienes me ayudaban ganándose la vida en los más diversos
oficios pero no me habían dicho que iban a trabajar de Reyes Magos ni dónde.
Los tenía enfrente de mí y no los reconocí, y Toya, en cambio, reconoció al
suyo, enmascarado. Qué instinto de mujer).
Pero, además,
esta mujer, de 43 años, madre soltera de seis hijos, Michel su único
hijo varón, dijo algo admirable a mi juicio: “Es mi único hijo varón
y yo no quería que al final del día se convirtiera en otro Freddie Gray. Pero ponerse allí de pie, cometiendo actos
vandálicos frente a la Policía no es justicia", explicó a la televisora
CBS. Eso también nos habla de otra cultura: la de la legalidad. En efecto,
cometer actos vandálicos no es hacer ni hacerse justicia, pero eso vale en una
sociedad donde la ley se aplica, ahí sí, sea contra quien sea y se trate de
quién se trate, donde el pueblo confía plenamente en sus autoridades porque no
se permite la impunidad, como ya sabe usted en dónde (en diciembre de 2013 cruzaba
yo la frontera de Tijuana hacia San Isidro, California, cuando en la garita ya
de lado norteamericano se armó una discusión. Un hombre se quería saltar varios
lugares en la cola que hacíamos. Los demás protestaron, salvo uno quien quería
que se le permitiera hacerlo. La protesta subió de tono y entonces se acercó
una policía, una mujer por cierto guapa aunque ya entrada en años. Exigió orden,
pero el que intervino a favor del que quería violar el orden argumentó que al
hombre al que defendía le urgía pasar, que era un pastor religioso y que tenía
un familiar enfermo en un hospital al que le urgía llegar a ver. La policía se
mantuvo firme. Entonces el otro le dijo que le cambiaría su lugar al pastor. La
respuesta me admiró: Es que aquí no se hace lo que cada quien quiere. Aquí se
respeta lo que la ley y el orden marcan. Ahí se acabó la discusión).
Pero
volviendo a Toya y su hijo, creo que a todo mundo sorprendió ver que Michel
jamás se volvió contra su madre, ni le dijo nada, menos le faltó al respeto, no
obstante que a punta de guamazos le
quitó la capucha y la máscara y a golpes se lo llevó a su casa, él con la
cabeza agachada.
"Hay algunos días que yo hago un escudo en mi casa para que él no
salga fuera y yo sé que no puedo hacer eso el resto de mi vida… Estaba muy
enojada y sorprendida porque uno nunca quiere ver a su hijo en esa situación…
Sé que no puedo protegerlo toda mi vida. Él tiene 16 años y está en la calle.
Sólo elijo no vivir así más y no quiero esto para él… No digo que no lo volvería a hacer porque es mi hijo.
Si zurrarle una o dos veces es la forma que tengo de llegar hasta él, de que
comprenda que esa no es forma de vivir y me haga caso, entonces lo haré… Él sabe que lo quiero”, fueron
algunos de los argumentos que dio del porqué de su actitud. Reconoció que su
hijo no es un chico perfecto, “pero es mi hijo”.
Toya contó que el chamaco le dijo: "Ma, cuando te vi, mi instinto
fue correr". "Cuando vi a mi madre dije: ¡oh rayos!, no sabía por qué ella
estaba ahí, la vi y pensé que no me iba a reconocer, pero cuando escuché que me
gritó que soltara un ladrillo que tenía en las manos, supe que era mi madre,
nadie habla así como ella, y lo que siguió fue la Tercera Guerra Mundial”,
comentó Michel a Anderson Cooper, de CNN.
Las notas periodísticas dicen que tanto el Facebook de Toya como el de
su hijo se llenaron enseguida de mensajes de apoyo, e incluso algunos le pedían
a Michael que no se enojara con su madre y que diera gracias a Dios por tenerla
a su lado protegiéndolo de la violencia. Por su parte, el comisionado de
policía, Anthony Batts, dijo en una conferencia de prensa: “Si observas la escena, tenemos a una madre cogiendo a su hijo con el
rostro encapuchado y golpeándolo en la cabeza porque ella estaba muy
avergonzada. Ojalá tuviéramos más padres que se hacen cargo de sus hijos”.
Cómo me gustaría conocer a Toya.

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