Prosa aprisa
Es
ahora o nunca, Rectora
Arturo Reyes Isidoro
El movimiento estudiantil de 1968 marcó
un parteaguas en la historia del país. Fue un grito de rebelión contra el
régimen represor del presidente Gustavo Díaz Ordaz, por la defensa de la
autonomía universitaria (y por extensión del respeto a los derechos de nuestras
instituciones) y un llamado a sacudir la conciencia del pueblo mexicano,
reprimido y sojuzgado, para que rompiera y se quitara las cadenas que le habían
impuesto los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana, para entonces ya
institucionalizados. Costó la vida de cientos de jóvenes y la persecución y el
encarcelamiento de libres pensadores mexicanos, pero valió la pena. México
empezó a cambiar y nunca volvió a ser como antes.
Pero tuvo un líder, un gran mexicano que
pasó a la historia con estatura de gigante: el entonces rector de la
Universidad Nacional Autónoma de México, Javier Barrios Sierra, quien ante la
violación a la autonomía de la UNAM por parte de soldados del Ejército a raíz
de un conflicto originado entre estudiantes, no dudó en enfrentarse a Díaz
Ordaz y su gobierno, izó la Bandera Nacional a media asta en las instalaciones
universitarias en señal de luto y encabezó una gran marcha de protesta el 1 de
agosto de aquel año, que salió de Ciudad Universitaria rumbo al Zócalo, a la
que se unió el pueblo de México, en especial los trabajadores.
(En las fotos que quedaron registradas
para la historia, a la izquierda de Barrios Sierra se ve marchando junto a él
el licenciado Jorge Ampudia Herrera, padre del ex Secretario Particular del
gobernador Javier Duarte de Ochoa, Enrique Ampudia Mello, quien era entonces
Secretario General de la UNAM, y a la derecha del rector, el entonces
Secretario Académico de la casa de estudios, Rafael Solana. Ampudia Herrera
recibiría las instalaciones cuando salió el Ejército y las entregó.)
Díaz Ordaz desató la cacería acusando
que se trataba de un movimiento de comunistas alentados desde el extranjero
para desestabilizar al país aprovechando las Olimpiadas de aquel año, pero
Barrios Sierra no se detuvo en consideraciones de que lo fueran a acusar de que
servía a intereses ajenos a la UNAM y defendió la autonomía universitaria a
ultranza.
He hecho este recuerdo porque me ha
extrañado sobremanera que la rectora de la Universidad Veracruzana (UV), Sara
Ladrón de Guevara, se anticipó a declarar que no asistirá a la marcha de mañana
viernes que realizará la comunidad universitaria argumentando que tiene una
reunión con los integrantes de la Junta de Gobierno y porque “Considero que no es el momento de salir a manifestarse, toda vez que
están en búsqueda de acuerdos para que le lleguen a la Casa de Estudios los
recursos que están reclamando” (Ángeles González Ceballos, alcalorpolitico.com).
En lo personal tengo una gran admiración por la Rectora,
quien es además mi compañera académica, y en este espacio y personalmente le he
expresado todo mi respaldo en su defensa de los intereses de la UV, nuestra
casa de estudios, y siempre voy a estar a su lado en esta causa que es más que
justa. Nadie, ni propios ni extraños le podemos dejar de reconocer su valentía,
su autoridad y su integridad al haber hecho lo que no tiene precedente en la
historia de Veracruz, como haber denunciado penalmente al Gobierno del Estado
por la retención de recursos que pertenecen a la casa de estudios pero que no
le entrega desde 2013 hasta sumar ya 2 mil 76 millones de pesos. Ella no es
protagónica y estoy seguro que no lo hizo pensando en jalar reflectores, pero
ya pasó a la historia de Veracruz por ese solo hecho, que la honra y le da una
gran dimensión, fuera de serie, entre tantos personajes de nuestra historia.
Por eso, en lo personal también, de pronto me
decepciona cuando en lugar de alentar como académica que es a toda la comunidad
a la que representa, que va a salir a manifestarse en defensa de los intereses
de la UV, causa que ella abrasa, anunciando que nos va a acompañar y a
encabezar, busca un pretexto salvable para no hacerlo pues en todo caso debiera
invitar a los integrantes de la Junta de Gobierno a unírsenos, porque la causa
es de todos, incluso del pueblo de Veracruz, ya que el incumplimiento del
Gobierno del Estado pone en riesgo la educación y el futuro de muchos jóvenes
veracruzanos necesitados de la universidad pública porque no tienen recursos
para ir a una universidad privada.
Incluso se da la circunstancia de que a instancias
del senador José Francisco Yunes Zorrilla, quien la ha estado apoyando, el
martes por la noche, con el voto a favor del PRI, las comisiones de Educación
y Hacienda del Senado pidieron al gobernador Duarte que acate el Convenio de
Apoyo Financiero del 2015 y pague a la UV los más de 2 mil 76 millones de pesos
que le debe. Con ello, de paso, ambos legisladores impulsaron la exigencia a
través de un punto de acuerdo presentado desde noviembre de 2015, lo que no es
ninguna buena señal para la Casa Veracruz, porque además el Senado pidió al
presidente Peña Nieto que verifique la correcta aplicación de los recursos
federales destinados a la Universidad, o sea, ya se fueron hasta arriba.
El deslinde que hizo la Rectoría de la UV del
movimiento me parece timorato, y la recomendación de la Secretaria Académica,
Leticia Rodríguez Audirac, de “No poner
en riesgo la expresión de la Universidad, que sea utilizada por otros
intereses, que creemos que pueda exponer a nuestros universitarios porque
aparezcan otros intereses y que quieran sacar de cauce”, fuera de lugar, porque
los universitarios no son menores de edad, manipulables, y no permitirían ni
aceptarían que esos “otros intereses” (hubiera dicho a cuáles se refería) desviaran
el punto central motivo de la manifestación, que no es otro más que se pague lo
que se le debe a la UV, que se restituya de alguna forma lo que se le recortó
en el Presupuesto de Egresos y que se acaben los amagos y amenazas como esas de
que se le debe al IPE y que la van a requerir fiscalmente.
Hay momentos estelares en los que no se
debe dar muestras de flaqueza y ser resueltos. La rectora y todas las
autoridades académicas están en todo su derecho de no sumarse a nuestro
movimiento, que también debiera ser de ellos. La causa es la misma, de todos.
Barros Sierra, Ampudia Herrera, Fernando Solana, Heberto Castillo y tantos
otros nos pusieron el ejemplo y nos dejaron una gran lección: la unión hace la
fuerza. ¿En qué dañaría la negociación que ella afirma que existe si saliera a
manifestarse por la misma causa por la que lucha? ¿Por qué deja sola a su
comunidad cuando ésta la está respaldando? ¿Qué no nos pusieron ya un ejemplo
los jubilados y pensionados cuando salieron a la calle a reclamar lo que les
corresponde a pesar del uso de la fuerza pública que usaron en su contra?
Señora rectora, es ahora o nunca.
Duarte a
Héctor: Critíiicame
Ya no me ayudes más compadre, debió
haber dicho Héctor Yunes Landa cuando se enteró lo que dijo el gobernador
Javier Duarte de Ochoa la noche del martes en su visita al diario Imagen de Veracruz.
Mondo y lirondo, el gober le dijo a los
Robles, José Pablo y Pablo, padre e hijo, que acepta que Héctor lo empiece a
golpear porque no es justo que el candidato tenga que cargar con el peso de su
administración. “Es más, yo mismo le recomendé que empezara a criticarme”.
¡¿Cómo!? ¿Entonces lo que viene
pregonando el candidato del PRI de que lo va a meter a la cárcel es sólo un
valor entendido? (Esa declaración me recordó la frase aquella de pégame pero no
me dejes). Pobre Héctor. Si no lo ayudan que no le estorben.
Fue inoportuna e imprudente esa
revelación porque hace perder credibilidad al abanderado de su partido. ¿Cómo
creer ahora que lo que dice es cierto y no una recomendación deliberada de
Javier?
Riesgosa para el propio gobernante
porque está orillando a su partido (Peña Nieto, Osorio Chong y Beltrones) a que
en su afán o desesperación por rescatar y fortalecer la credibilidad de Yunes
Landa tenga que fincar las primeras responsabilidades penales a funcionarios y
ex funcionarios de la actual y de la pasada administración para que el
electorado crea que van en serio en la lucha contra la corrupción y no es una simulación todo.
Héctor tiene que tomar una decisión, la
más fuerte que pueda para deslindarse del fidelismo, del duartismo y del propio
gobernador porque lo van a arrastrar, o ya lo están arrastrando, a la baja.
Pero tiene que hacerlo ya porque si deja pasar el tiempo quizá luego ya sea
demasiado tarde.


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