Prosa
aprisa
Peña, insensible al dolor de los veracruzanos
Arturo Reyes Isidoro
Hasta el lunes pasado, un
Presidente de México había venido al estado o para presidir una ceremonia en la
Escuela Naval de Antón Lizardo, o para asistir al acto agrario del 6 de enero,
o para inaugurar alguna obra. Por eso resultó un tanto extraño que ese día
viniera Enrique Peña Nieto a Poza Rica sólo a la entrega de reconocimientos a
ganadores de concursos internacionales en Robótica, Mecatrónica y Sistemas, lo
cual, ciertamente, se lo merecían los jóvenes estudiantes veracruzanos triunfadores
de diversos tecnológicos, aunque bien pudo haber cubierto el trámite el
Secretario de Educación Pública, lo cual se hubiera visto bien.
Peña
vino apenas seis días después de que lo había hecho el Secretario Aurelio Nuño
Mayer, de Educación, quien también en otra extraña visita acudió el 2 de
febrero a Coatepec a una “entrega
extraordinaria” de apoyos por frentes fríos a familias de zonas frías del
estado, consistentes en 9 mil 950 colchonetas, cerca de 10 mil cobertores y 3
mil despensas para veracruzanos de Huayacocotla, Ilamatlán, Perote, Texcatepec,
Tlachichilco, Villa Aldama, Chicontepec, Coatepec y Zacualpan, visita extraña
porque no se trató de un acto educativo o relacionada con la educación.
Legalmente nada impide que
altos funcionarios vengan a la entidad y menos que lo hagan para apoyar o
estimular a diversos sectores de la población, aunque no deja de llamar la
atención que se salgan de lo habitual o de actividades propias de la esfera de
su competencia.
Uno no quisiera pensar o
creer que estas extrañas visitas tengan que ver con el actual proceso electoral
y para abonar a la causa de los candidatos del PRI, a la gubernatura y a las
diputaciones locales, con eso de que son tan decentes nuestras autoridades, tan
apegadas a la ley, tan éticas, aunque uno a veces no deja de ser mal pensado y
entra en el sospechosismo –Santiago Creel dixit.
Pero suponiendo que veladamente
han empezado a hacer campaña a favor de la causa tricolor –si es eso
seguramente pronto tendremos la visita del resto de secretarios de Estado para
entregar “apoyos” o hacer anuncios que impacten a favor de la causa priista–,
extraña que el Presidente se haya mostrado insensible e indiferente y ajeno al
dolor de familias veracruzanas que sufren y lloran por sus seres queridos
desaparecidos, como los cinco jóvenes de Rodríguez Clara “levantados”
(secuestrados) el 11 de enero en Tierra Blanca por policías estatales y
entregados a la delincuencia organizada, que se teme que ya no estén con vida
pues según se informó el lunes restos encontrados en un rancho de Tlalixcoyan,
en La Mixtequilla, corresponderían a dos de ellos.
¿Por qué el Presidente en su
mensaje a los jóvenes (porque se trató de un acto con jóvenes veracruzanos) no
hizo alusión alguna a los desaparecidos de Tierra Blanca y envió unas palabras
de aliento, de solidaridad, de consuelo, de esperanza a las destrozadas
familias de Rodríguez Clara, ya que el gobernador Javier Duarte de Ochoa
tampoco lo ha hecho ni los ha ido a visitar ni se ha reunido con ellos? ¿Por
qué no aprovechó su visita para enviar un helicóptero a efecto de que los
llevaran a verlo a Poza Rica y ahí les hubiera dado un abrazo para tratar de
reconfortarlos, con el ofrecimiento de que se haría hasta lo último para dar
con sus seres queridos?
Eso no hubiera salvado de la
desgracia a esas familias, pero les hubiera dado un aliento de resignación, al
saber y sentir que la primera autoridad del país, el que se supone es el líder
de todos los mexicanos, estaba preocupado por ellos y por la suerte de los
suyos y que el Estado mexicano haría todo lo que estuviera a su alcance para hacerles justicia. Eso
hubiera gustado a todos los veracruzanos quienes hubieran sentido en esa acción
el manto protector del Gobierno de la República ante la desgracia. De alguna
forma, eso hubiera abonado a la buena imagen de los gobiernos del PRI y, de
refilón, de su candidato a la gubernatura del estado y de quienes serán los
candidatos a las diputaciones.
Pero Peña se mostró ajeno y
no se dio por enterado de lo que pasa (nos pasa) en Veracruz y eso explicaría
porqué el estado está como está y porqué los veracruzanos nos sentimos
abandonados por nuestras altas autoridades y dejados sólo a la mano de Dios.
Héctor Yunes Landa no la tiene nada fácil pues, además, sus principales
enemigos los tiene adentro. Bien se dice que es un buen candidato del PRI en el
peor momento.
Pero esa insensibilidad
presidencial es tan reprobable como irresponsable el juicio de valor que se
apresuró a emitir la Fiscalía General del Estado cuando ante el secuestro de la
reportera Anabel Flores Salazar en Mariano Escobedo, muy cerca de Orizaba, el
pasado lunes en la madrugada, sin una investigación sólida de por medio, de
inmediato la enlodó, mediante un boletín de prensa, al pretender vincular su
caso con un detenido el 30 de agosto de 2014 “por sus probables nexos con un
grupo de la delincuencia organizada”, todo con tal de encubrir el grave clima
de inseguridad que priva en el estado, la ineficacia de la policía ministerial
investigadora y la desprotección total a la que estamos expuestos los
periodistas en Veracruz. Irresponsable porque, por otro lado, otra versión abre
la posibilidad de que haya sido levantada porque investigaba el caso de los
cinco jóvenes de Rodríguez Clara desaparecidos en Tierra Blanca, esto es, que
haya sido víctima, como otros compañeros nuestros, por el desarrollo de su
ejercicio profesional. Anoche, triste y lamentablemente, se confirmó que un
cuerpo hallado en el estado de Puebla casi colindante con el de Veracruz era el
de ella (acababa de dar luz a un niño y la madrugada de los hechos su familia
suplicó que la dejaran porque todavía estaba convaleciente).
Nuevamente elevamos nuestra
voz para exigir que se esclarezca el caso, que se castigue a los responsables y
que este crimen no quede en la impunidad como el de otros compañeros que han
corrido igual suerte. A su familia, a sus amigos, a los compañeros de Orizaba,
a su periódico, mi solidaridad y mi exigencia a las autoridades para que se
haga justicia sin emitir juicios irresponsables a priori.
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A unas horas de la llegada
del Papa Francisco al país, he estado en la Catedral Metropolitana de la Ciudad
de México. El ambiente que se vive en la ciudad y en el templo sagrado es de
gran febrilidad relacionado con la visita del representante de San Pedro en la
Tierra. Reconvertido como estoy desde hace algunos años a la fe cristiana y a
la creencia de Dios, de las que me había alejado desde muy joven, como católico
aproveché para cumplir el ritual del Santo Año de la Misericordia que es este
2016, por lo cual me di tiempo para pasar por la Puerta Santa y recorrer las
Siete Estaciones (al respecto el Papa dijo el 13 de marzo del año pasado: “Estoy convencido de que toda la Iglesia podrá encontrar
en este Jubileo la alegría de redescubrir y hacer fecunda la misericordia de
Dios, con la cual todos somos llamados a dar consuelo a cada hombre y cada
mujer de nuestro tiempo. Lo confiamos a partir de ahora a la Madre de la
Misericordia para que dirija a nosotros su mirada y vele en nuestro camino”).
En cada una de las Siete
Estaciones hay un mensaje y una oración (que se leen en pantallas), y en una de
ellas me encontré con que se pide a Dios porque nuestros gobernantes no abusen
del poder y, en otras palabras, no sean unos ratas y no queden en la impunidad
lo que, de verdad, me gustó y le pedí a Dios que así sea. Amén.
A propósito, el joven regidor del
Ayuntamiento de Xalapa, Silem García Peña, está invitando para este miércoles a
las diez de la mañana en el Hotel María Victoria a un desayuno-conferencia de
prensa para dar detalles de la Ceremonia Internacional de Bautismos que
realizará la Iglesia “La Luz del Mundo” el próximo domingo 14 de febrero en las
principales plazas públicas de las ciudades donde esa Iglesia tiene presencia,
como Xalapa y el puerto de Veracruz.

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