Prosa aprisa
La prensa, el poder, el tiempo
Arturo Reyes Isidoro
El lunes 20 de agosto de 2012,
por haber publicado en “Prosa aprisa” que la credibilidad oficial estaba en
duda, el gobierno que está por irse tomó represalias en mi contra.
Era apenas el segundo año de
ejercicio y se entraba de lleno a la plenitud del poder, del “pinche poder”.
Entonces, la Coordinación General de Comunicación Social se había convertido en
la dependencia oficial más poderosa, sólo por debajo de la propia oficina del
Gobernador.
Mi gran pecado, lo que me había
atrevido a decir era que una declaración del entonces Procurador General de
Justicia, dando por esclarecido el asesinato de cuatro periodistas y el de una
trabajadora de un medio del puerto de Veracruz, había servido para mostrar que
la credibilidad oficial estaba en duda.
Y es que el diario El País de España había dicho que todo había sido producto de la
buena suerte y mostraba escepticismo, mientras que Artículo 19 había publicado
que con ello el gobierno intentaba dar carpetazo “a la peor crisis de violencia
contra la prensa de la entidad”.
Apunté que quedaba en claro que lo que
dijera el gobierno o lo que se dijera desde el gobierno ya no convencía
plenamente, “lo que debiera ser motivo de preocupación en el interior de la
administración estatal”, y que tenían otro gran reto que era recuperar la
credibilidad perdida así como la confianza ciudadana y periodística, “cosa que
sólo lograrán con buenas acciones oficiales, pero sobre todo informando sobre
los hechos tal cual”.
Ese mismo lunes, luego de que no
encontraron por dónde agarrarme, se desquitaron con un familiar mío que no
tenía nada que ver, aparte de que amenazaron a algunos de mis hijos y de paso
me echaron encima a gacetilleros, mercenarios del periodismo para que me
denostaran en sus “columnas”.
Mi respuesta fue el siguiente texto
publicado al día siguiente, martes 21 de agosto de 2012, con el encabezado “La
prensa, el poder, el tiempo”.
“No.
No es fácil la relación prensa-poder cuando el periodista decide optar por el
ejercicio profesional con apego a su criterio, chueco o derecho, acertado o
equivocado, tratando de interpretar los hechos, la realidad, señalando,
analizando, pero ajeno a los intereses del poder aun cuando quiera contribuir a
la gobernabilidad, pensando en los intereses de los lectores, que no son más
que los de los ciudadanos (qué curioso: finalmente la prensa y el poder tienen
el mismo objetivo, la misma finalidad: servir a los ciudadanos).
Menos se es fácil cuando la lectura se hace desde el poder
no con la serenidad, la razón y el entendimiento, el espíritu crítico y
autocrítico, sino con la víscera que hace pensar al hombre de poder que sólo él
tiene la razón y la verdad y que es infalible, o que porque él está en el poder
la institución es infalible o que debe ser intocable”.
Recordé entonces que el 6 de agosto de ese año, el
periodista Jorge Fernández Menéndez había abordado en su columna que publica en
el diario Excelsior, un caso que ilustraba muy bien esa difícil relación
prensa-poder y que, dije, dejaba la lección de cómo, finalmente, el tiempo pone
a cada quien en su lugar porque se imponen los hechos. La transcribí casi en su
totalidad. La cito de nuevo:
“Fue hace mucho tiempo, en 1999. Faltaban unas semanas
para que Mario Villanueva Madrid entregara el gobierno de Quintana Roo a su
sucesor Joaquín Hendricks. Los hechos ya los hemos contado en otras
oportunidades, incluido el libro El otro poder (Aguilar, 2001). Desde
varios años atrás habíamos investigado y publicado sobre las presuntas relaciones
del entonces gobernador Villanueva con el narcotráfico y con otros delitos, que
iban desde el tráfico de personas, sobre todo de cubanos, hasta el secuestro y
el asesinato de miembros de la inteligencia militar que estaban indagando las
denuncias sobre presencia del narcotráfico en la entidad que gobernaba.
“Villanueva me había advertido que no siguiera con esas
publicaciones; me había amenazado (incluso en alguna oportunidad envió al que
era entonces mi domicilio una corona de flores con una tarjeta ‘siempre te leo,
Mario’) y había utilizado todo el repertorio de un gobernador que se
vanagloriaba en esos años de no tener piedad con sus adversarios y enemigos.
Pero los últimos meses de su gobierno habían sido de un declive terrible para
su causa: se sucedían las denuncias y resultaba evidente que no tenía apoyo ni
dentro ni fuera del PRI que, a su vez, sabía que Villanueva era un lastre para
el cercano proceso de sucesión presidencial.
“Fue entonces cuando, saliendo de una reunión en la
Secretaría de Gobernación, como supe más tarde, reconstruyendo los hechos,
Mario Villanueva decidió ir a verme a la que era entonces mi oficina
particular. Llegaron primero sus custodios que prácticamente tomaron las
oficinas y cuando pensaba que las cosas se pondrían realmente difíciles, llegó
Villanueva ensombrecido, apagado, con un tono de voz tenue y se sentó frente a
mi escritorio. Recuerdo que enrollaba con sus dedos su corbata mientras me
decía que todo lo que había publicado en los últimos años era verdad, que había
recibido dinero, que había ayudado a que ingresaran personas de Cuba, por
Cancún, y varios otros temas, pero que él no era narcotraficante. Me pidió que
lo ayudara. Le dije que no podía, que sus verdaderos acusadores no éramos los
periodistas ni yo en lo particular: que las acusaciones en su contra provenían
del gobierno federal, de la Secretaría de la Defensa, de prominentes
empresarios que habían sido extorsionados, y del gobierno de Estados Unidos,
que ya le había abierto un proceso años atrás por narcotráfico en una corte de
Manhattan y que se había indignado cuando, violando todo tipo de leyes y acuerdos,
Villanueva había decidido ‘expulsar’ —poniéndolo a la fuerza en un avión
comercial— al cónsul de EU que estaba investigando la muerte de unos springbreakers
por consumir drogas en centros nocturnos de Cancún. Esas eran las fuentes con
las que había trabajado para hacer avanzar la investigación pese a las amenazas
de Villanueva.
“El entonces gobernador me dijo que lo entendía; se
despidió en forma cortés y se fue. Nunca más lo volví a ver, entre otras
razones porque unos días después se fugó, antes de entregar el poder, después
de una visita a su entonces homólogo (y protector político) Víctor Cervera
Pacheco, en Mérida. Villanueva estuvo huyendo en Cuba (donde la relación con
Villanueva provocó la caída del canciller Roberto Robaina y del ministro de
Turismo, Osmany Cienfuegos), en Panamá, en Costa Rica. Un par de años después
fue apresado cuando regresaba a Quintana Roo y estuvo detenido en México, de
donde terminó siendo extraditado a Estados Unidos, para hacer frente a aquellas
acusaciones de mediados de los años noventa en una corte de Nueva York.
“Apenas la semana pasada, 13 años después de esa visita a
mis oficinas, Mario Villanueva se declaró culpable del delito de lavado de
dinero del crimen organizado, por lo que le espera, dicen los fiscales en Nueva
York, una sentencia de 20 años de cárcel. Hubo un acuerdo judicial porque, de
otra forma, aseguran, Villanueva hubiera podido sufrir varias condenas de 20
años acumulables por los diversos delitos, otros 13 además del reconocido, por
los que se le juzgaba en la Unión Americana. Así se cierra, no sé si la
historia, pero por lo menos el principal capítulo del ex gobernador”.
Apunté entonces: Ha pasado el tiempo y hoy Fernández
Menéndez podría ser quien le devolviera la corona a Villanueva, allá en donde
está en la prisión (y quién sabe si salga con vida de ella) con una tarjeta que
dijera: Siempre te sigo, Mario. Hoy, el articulista de Excelsior goza de
credibilidad, de prestigio, es leído (y escuchado y visto porque participa
también en la radio y en la televisión) y es respetado y sigue haciendo
opinión, mientras que el ex gobernador se seca –y se muere– en la sombra. En la
relación prensa-poder, finalmente la cita es con el tiempo. Sin duda alguna.
7
de junio; el mensaje de Miguel
Lo traje a colación porque hoy en
México se celebra el Día de la Libertad de Prensa, en realidad una fecha venida
a menos, y por el mensaje ayer, alentador y espero que se cumpla, del virtual
Gobernador Electo, Miguel Ángel Yunes Linares. Expresó:
“Respetaremos la libertad de expresión y la libre
manifestación de las ideas. Los periodistas y medios de comunicación gozarán de
las garantías que les otorga la Constitución sin interferencia alguna del
Gobierno del Estado para marcar su línea editorial. Los periodistas tendrán
todo nuestro apoyo para el libre ejercicio de su profesión. Veracruz dejará de
ser el lugar más peligroso para el ejercicio de esta noble actividad”.
Una persona muy querida para él, en hora buena nueva
diputada local, Marijose Gamboa, fue víctima, hasta el ensañamiento, del poder
en turno a causa de su línea crítica periodística. El cuasi nuevo gobernador,
pues, con impotencia debió haber vivido aquellos aciagos días. Qué bueno que
ofrece respeto a la libertad de prensa y seguramente quiere que en Veracruz no
se vuelva a repetir nunca un caso similar.
Si se reconfirma su triunfo, nada mejor para empezar su
nuevo gobierno que ofreciendo garantías a quienes hacemos del ejercicio
periodístico nuestra tarea diaria. Si lo cumple, seré el primero en
reconocerlo.
Duarte dará hoy
conferencia de prensa
El gobernador Javier Duarte de Ochoa tiene previsto
ofrecer conferencia de prensa este martes a las once de la mañana en la Sala de
Banderas del Palacio de Gobierno. Se espera con interés lo que diga.
Juan Manuel del
Castillo araña la diputación
Luego de la última actualización del PREP, por 63 votos
ha ganado la diputación local por el distrito 19 de Córdoba Juan Manuel del
Castillo, candidato del PRI. De todos modos, en Xalapa se me informó anoche que
el PAN-PRD tratará de impugnar el resultado dada la mínima diferencia. Su
candidata fue María de los Ángeles Sahagún.

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