Prosa aprisa
Los
priistas, o se unen o se unen
Arturo Reyes Isidoro
Perdida la presidencia de la república
en el año 2000, al PRI le demoró doce años recuperarla, pero no porque hubiera
cambiado (ya lo estamos viendo y viviendo), sino por todos los errores que
cometieron los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, que
desencantaron al electorado (nunca se me olvida una frase que le escuché a una
mujer mexiquense de condición humilde que se quejaba del gobierno blanquiazul y
lo comparaba con el de los tricolores: aquellos (los priistas) roban, pero
saben hacer las cosas.
La pregunta ahora es obligada
plantearla: ¿cuánto llevará a los priistas de Veracruz recuperar la gubernatura
del estado?
Leo y veo que el ex candidato Héctor
Yunes Landa se ha reactivado de inmediato y trabaja al lado del todavía
dirigente estatal del PRI, Felipe Amadeo Flores Espinosa (días antes de la
elección este último me comentó en corto que su intención era irse lo más
pronto posible a su rancho en Cotaxtla donde lo esperan sus vacas), tratando de
mover la estructura del ex invencible.
En el PRI no debe haber tiempo para
quejas y lamentos, sino para empezar a recoger las piedras que han quedado y
empezarlas a juntar para sentar las bases que den pie a la reconstrucción del edificio
verde, blanco y rojo que se derrumbó estrepitosamente y cuya reconstrucción
llevará tiempo, años, los menos posibles si tienen un buen arquitecto que
diseñe un nuevo proyecto adecuado, funcional, al menor costo posible.
¿Héctor tomó la iniciativa motu proprio o por indicaciones de la
cúpula tricolor del centro del país donde se toman las grandes decisiones?
(bueno, ni tanto, acabamos de ver el gran fracaso porque no tomaron la decisión
de manejar ellos la campaña a la gubernatura y se confiaron en la mano de obra
local).
Por distintas vías, de fuentes
insospechables, me ha llegado la versión de que confirmados los resultados de
la elección que no le eran favorables, Yunes Landa explotó y depotricó contra
todo y contra todos… incluyendo al senador José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla,
a quien habría acusado de no haberlo ayudado para que ganara, que no había
hecho nada y que le había fallado, y que a partir de entonces se rompía
cualquier acuerdo que hubieran tenido (el de un proyecto de ocho años, Héctor
candidato primero, para la gubernatura de dos años, Pepe para la siguiente, de
seis).
Ayer publiqué también que circula la
versión de que el priista de Soledad de Doblado intentaría ser de nuevo el
candidato de su partido para la contienda de 2018, intención que no sería rara
si él cree que sin la pesada carga de Javier Duarte y sin más compromisos que
el de él con los suyos cercanos pudiera rescatar casi el tercio del electorado
que votó a su favor, y que con trabajo sin cesar, recorriendo el estado un día
sí y otro también en su calidad de senador, pudiera aumentar la clientela y
volverse competitivo de nuevo.
Pero la idea que permea entre el priismo
veracruzano y sus simpatizantes (la escucho a donde quiera que voy) es que el
único actor fuerte, con autoridad moral, con simpatía entre los veracruzanos y
no veracruzanos pero que viven en el estado, es Pepe Yunes; el único que podría
rescatar a su partido luego de la debacle, aunque nadie se atreve a hacer un
pronóstico de en cuánto tiempo.
La información que poseo es que en Los
Pinos habrían tomado la decisión de, a falta de futuro gobernador priista,
dejar todo el manejo de la relación con el Gobierno Federal, de las
delegaciones federales y de los intereses priistas de Veracruz en manos del
senador Yunes Zorrilla, a quien además el presidente Peña Nieto quiere que sea
el candidato a gobernador en 2018 porque cree que es el único que puede jalar
al electorado para vencer a los blanquiazules, lo que se ve bastante
complicado.
No sé si luego del 5 de junio se habrán
reunido y han hablado Héctor y Pepe, y menos si lo han hecho con Manlio Fabio
Beltrones, Miguel Osorio Chong, Luis Videgaray, César Camacho Quiroz, Emilio
Gamboa Patrón y Aurelio Nuño (era el responsable por parte de la Presidencia
del resultado de la elección en Veracruz).
No sé si, en todo caso, entre ellos dos
han llegado a un nuevo acuerdo desdibujado el proyecto de ocho años
priista-yunista, o si ante las acusaciones de Héctor terminaron por
distanciarse. El sentido común dice que más vale que se unan porque si no
estarán irremediablemente perdidos también en 2018 y quién sabe por cuántos
años más.
Porque enfrente, y ahora desde el poder,
tendrán no a un enemigo (no creo para nada que Miguel Ángel Yunes Linares
vuelva a repetir el enfermizo y enconado pleito que tuvieron con él Fidel
Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa) sino a un competidor de altos vuelos,
político profesional, que seguramente aprendió de Vicente Fox y de Felipe
Calderón y que no volverá a cometer sus errores en el nivel local.
Hasta donde sé, el Gobernador electo
está totalmente decidido a cumplir todo lo que ofreció al electorado, esto es,
hará un buen gobierno que no tendrá punto de comparación con sus dos últimos
antecesores, que si lo cumple, no veo cómo los veracruzanos querrán que los
priistas vuelvan al poder si están contentos como les va.
El domingo 12 de junio, apenas le
entregaron su constancia de mayoría en la sede del OPLE, Yunes Linares
improvisó un mensaje, y una de las cosas que dijo fue: “Me comprometo a que el
Órgano Electoral de Veracruz tendrá el más absoluto respeto del gobernador del
estado y me comprometo también, en presencia de los representantes de todos los
partidos políticos, a que mi gobierno será un gobierno democrático, un gobierno
que no apoyará a ningún partido político, un gobierno que no participará en las
elecciones, un gobierno que no desviará recursos para apoyar a ninguna
organización política, un gobierno que luchará porque Veracruz recupere su
prestigio, porque este prestigio lastimado en estas elecciones por la
intervención indebida del gobierno termine hoy y termine para siempre, que las
veracruzanas y veracruzanos vivamos en la democracia”.
Ante estas palabras, que repitió minutos
más tarde en su primer mensaje como Gobernador electo en la Plaza Lerdo/Regina
Martínez, la incredulidad surgió de inmediato y persiste. Tan acostumbrados
estábamos a lo que denunció y ofreció que va a eliminar, que escucho que nadie
se hace a la idea de que sea posible tanta belleza democrática, y la pregunta
también obligada es: ¿lo cumplirá?, ¿podrá hacerlo?
A la distancia de dos años, yo lo veo
factible. Si hace un buen gobierno, como se me asegura que lo hará porque está
decidido a ello, se va a echar a los veracruzanos a la bolsa, tan castigados
como están, convencerá al electorado y de esa manera estará sembrando desde ya
el éxito de su relevo en 2018, que no tendrá necesidad de meter las manos en
algo que se le puede dar en forma natural.
Por eso creo que el primer nombramiento
que hizo fue el de Índira de Jesús Rosales San Román, abogada con Maestría,
trilingüe, de 29 años, porque va a sembrar con los jóvenes (tengo entendido que
va a entreverar juventud con experiencia en su gobierno) como lo hizo su gran
maestro Rafael Hernández Ochoa en el siglo pasado, quien los formó a él y a
Gonzalo Morgado Huesca, a Guillermo Zúñiga Martínez, a Fidel Herrera Beltrán, a
Francisco Portilla Bonilla, a Edel Álvarez Peña, a Flavino Ríos Alvarado y a
tantos que hoy son protagonistas de la vida pública de Veracruz.
El PRI, pues, se une y jala parejo o
será la versión de un fracaso anunciado. ¿Lo entenderán?
Curiosidad
de reportero
A José Topete, de alcalorpolitico.com
no se le pasó el detalle: “Cabe señalar que la mayoría de las magistradas y
los magistrados vistieron con trajes o vestidos color azul y amarillo, a
diferencia de ocasiones anteriores cuando predominaba el color rojo”, dijo
sobre la visita ayer del Gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares al
Tribunal Superior de Justicia. A mí tocó escuchar cuando en el elevador los
magistrados se hacían notar que ahora llevaban corbata color azul. El rojo,
¡fuera! El anfitrión fue el magistrado presidente Alberto Sosa Hernández, con
quien hubo un fuerte y cordial abrazo a la llegada del nuevo gobernante.
Buena
decisión de Duarte
¡Vaya! Al fin alguien bien aconsejó,
asesoró acertadamente al gobernador Javier Duarte de Ochoa, y éste decidió retirar
la iniciativa con proyecto de decreto que reformaba el Artículo 98 de la Ley de
Pensiones del Estado de Veracruz, que había sido rechazada por el Consejo
Universitario General (CUG) de la UV el pasado 4 de marzo.
El
ordenamiento vigente, que se intentaba modificar, fija una responsabilidad
solidaria entre los patrones y el Estado para cumplir con el pago de pensiones,
mientras que la propuesta que se retiró establecía que el Estado fuera
responsable subsidiario, de tal manera que quien tendría que pagar sería directamente
el patrón, o sea la UV, cuando las cuotas las retiene el propio IPE.
La
iniciativa había metido mucho ruido y levantado olas, cuando el gobernador
Duarte lo que requiere ahora es transitar los últimos meses con los menos
problemas encima para dedicarse a preparar la entrega con el menor número de
cuestionamientos. Por lo pronto, bien. Para qué complicársela cuando ya se va.

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