Prosa aprisa
Los últimos minutos
Arturo Reyes Isidoro
Cinco años,
nueve meses y 12 días después, ayer, 12 de octubre de 2016, a la una de la
tarde, Javier Duarte de Ochoa abandonó por última vez el que fue su despacho
como Gobernador Constitucional del Estado de Veracruz-Llave.
Prácticamente
ya sin ostentar el cargo, porque casi dos horas antes había enviado su
solicitud de licencia a la LXIII Legislatura para dejar su investidura, sin
retorno para terminar su sexenio. El documento fue recibido por la presidenta
de la mesa directiva, Octavia Ortega Arteaga, a las 11:08 de la mañana.
Grabar a
las once de la mañana un mensaje que dirigió a los “Veracruzanos y
veracruzanas” fue lo último que hizo. No más de media hora duró la grabación. De
ahí, a recorrer por última vez los espacios que fueron suyos y a sentarse por
última vez en su sillón.
Vino a
continuación el despido de manos, de abrazo, con quienes lo acompañaron y
estuvieron cerca de él en los últimos minutos de poder: Flavino Ríos Alvarado,
Secretario de Gobierno; Antonio Gómez Pelegrín, Secretario de Finanzas y
Planeación; Genaro Mejía de la Merced, Subsecretario de Gobierno; Alberto Silva
Ramos, Coordinador General de Comunicación Social, y José Ramón Cárdeno Shaadi,
su secretario particular.
También, a unos
cuantos trabajadores, a quienes también saludó la señora Karime Macías Tubilla,
esposa de Duarte, quien lo acompañó en todo momento.
Y llegó el
final. Salieron por el pasillo interno rumbo al elevador en el que bajaron a la
cochera, subió a su camioneta y se fue. Acababa, así, un gobierno inconcluso,
el número 72 desde que fue creado el Estado en 1824, en el siglo XIX, que se
inauguró con Guadalupe Victoria como primer titular.
Contra lo
que se pudiera creer, Duarte, quien se había acostado la noche anterior como
gobernador y prácticamente había amanecido como ciudadano, se veía bien de
ánimo. O de veras era mucha su entereza o había tomado un ansiolítico.
Hasta el
final, Duarte falló a los veracruzanos. Ellos lo habían elegido y a ellos debió
haber informado, antes que a nadie, su decisión. Faltó a la forma, lo que fue
habitual en él hacer. Optó por Televisa, por Despierta, con Loret, el
noticiario matutino que lo hizo blanco de sus críticas y denuncias en las
últimas semanas de su mandato y que influyó grandemente en el ánimo del país
para crearle la peor imagen de él como gobernante.
En varias
ocasiones, el conductor de origen yucateco lo había invitado a que fuera al
estudio a responder ante la serie de acusaciones que se le hacían, así como a
su gobierno, ante lo que se había negado y ni siquiera había dado la cara.
Se supone
que pidió la oportunidad la víspera, luego de salir de la Secretaría de
Gobernación, donde se acordó su salida. Ahí pidió que se le cumpliera el último
deseo antes de que le jalaran el banco sobre el que estaba y quedara colgando
de la cuerda: que terminara su administración el Secretario de Gobierno,
Flavino Ríos Alvarado, lo que se le concedió.
Hasta su
última declaración pública como gobernador, Duarte dejó constancia de que nunca
pudo superar su obsesión, su odio enfermizo por quien él convirtió en su peor enemigo personal: Miguel
Ángel Yunes Linares.
Tanto se
obnubiló con la figura de su inminente sucesor que prácticamente a él le dio
todo el mérito de su caída. A él lo culpó y contra él despotricó en directo, en
vivo y a todo color. O sea, terminó aceptando que Yunes Linares no sólo le ganó
la gubernatura sino que también logró su salida con la denuncia que presentó en
su contra. No lo quiere pero lo dimensiona demasiado.
Y ya sin el
cargo y como gallito de pelea herido, se piensa presentar el lunes de nuevo con
Loret y, según se me dijo, con una caja llena de documentos probatorios, a su
vez, de los señalamientos que le hace al Gobernador electo.
Está tan
obsesionado con el panista que si no se presenta al debate al que convocó
Loret, como dijo que no lo hará, según se me adelantó proclamará que le tuvo
miedo y que él tiene la razón y que es inocente y que el otro es culpable y bla
bla bla.
Ayer, en su
lugar, ya con Duarte tendido en la lona, su ex vocero oficial, Alberto Silva
Ramos, seguía tirando golpes. “@YoconYunes Quien lo iba a decir. Parece que con @CarlosLoret vas a tener tu Yunes negro”,
tuiteó al caer la tarde.
Por
la mañana, había alardeado: “El debate el próximo lunes entre @Javier_Duarte
y @YoconYunes
en el espacio de @CarlosLoret definirá el futuro de
Veracruz”.
¿Pensará que van a tirar del cargo que se ha ganado a Yunes Linares?
Para Javier Duarte de Ochoa, el que lo tiró fue Miguel Ángel Yunes Linares.
Para él nada contaron los actos de corrupción en su gobierno, el endeudamiento extremo
al que llevó al Estado, la incontrolable violencia propiciada en mucho por la
delincuencia organizada que ya se apropió del territorio estatal, las
desapariciones forzadas de muchas personas, las fosas clandestinas por doquier,
los adeudos con prácticamente todos los sectores productivos del estado, los
crímenes y desapariciones sin resolver de muchos periodistas, la cuantiosa
deuda con la Universidad Veracruzana y con el Instituto de Pensiones del
Estado, la represión contra jubilados y pensionados, la impunidad, así como la
impuntual entrega de recursos y los adeudos con los ayuntamientos.
Se ha quedado a 34 días de rendir su sexto y último informe de gobierno y a
48 de terminar su sexenio.
La última vez que más fuerte corrió la versión de que dejaba el gobierno
fue en febrero pasado cuando el entonces dirigente nacional del PRI, Manlio
Fabio Beltrones, declaró que debía rendir cuentas, lo que publicó en forma
destacada el diario Reforma. La
respuesta, el 22 de febrero fue, mediante un tuit: “Ayer lo de La Parroquia, hoy lo de la
licencia, a ver mañana con que nuevo invento salen. #tiemposelectorales”.
Pero a partir de
entonces el tema fue ya muy insistente. En especial el periodista Joaquín López
Dóriga fue quien estuvo anticipando su salida. Lo anunció el 27 de septiembre,
cuando dijo que no concluiría su mandato, aunque ya el martes 20 de ese mismo
mes en su noticiero por internet había adelantado que era el principio del fin
y que se iría para facilitar la investigación de dos averiguaciones de la PGR
en su contra. O sea, ya se había tomado la decisión desde el más alto nivel,
aunque Duarte argumentó ayer que lo había decidido porque ya estaba “harto” de
las acusaciones en su contra por parte de Yunes.
Un hecho real es que hasta ahora, su odiado enemigo va de 3-3: le ganó la
gubernatura en las urnas el 5 de junio, logró que le suspendieran sus derechos
en el PRI el 26 de septiembre y estén a punto de expulsarlo, y fue determinante
para que lo obligaran a que dejara el poder el 12 de octubre, todo en el año
2016. ¿Le asestará el 4 de 4 si con su presión logra que la PGR lo procese por
el cúmulo de denuncias que hay en su contra?
Anoche, al cerrar esta columna, no obstante la rebelión de un grupo de
diputados que se oponía, todo indicaba que otro grupo mayoritario sacaría
adelante el nombramiento de Flavino Ríos Alvarado como interino.
El vacío de poder no cabe. Alguien tiene que estar al frente del gobierno
porque hoy se reanudan las marchas de protesta, manifestaciones y bloqueos de
todos quienes quieren que les paguen lo que les adeudan. La presión será mayor
porque quien les debía, Duarte, ya se fue.
Triste: anoche, hasta el momento de cerrar la columna, nadie, absolutamente
nadie, ni de su círculo cercano, ni de sus colaboradores, ni de sus ex
colaboradores, a muchos de los cuales hizo multimillonarios, ni alcaldes, ni
diputados locales, ni diputados federales priistas y aliados, ni empresarios a
los que benefició, nadie, le había cantado un Réquiem… político, o sea, un ruego por su alma; nadie salió a hacer
una declaración a su favor. Lo dejaron morir solo.
YA HAY UN DETENIDO
Anoche (21:48 horas) el diario Reforma
informó, en una nota del reportero Abel Barajas, que la PGR ejerció acción penal contra los
dueños y apoderados de las empresas "fantasma" que recibieron
contratos de más de 645 millones de pesos del Gobierno de Duarte.
“Como parte de esta ofensiva, la
PGR hoy detuvo al dueño de una de las empresas y logró que un juez federal
vinculara a proceso a 7 representantes legales de igual número de compañías,
acusados de rendir datos o avisos falsos al Registro Federal de Contribuyentes
(RFC)”.
Basado en un
comunicado de la PGR, informó que la Subprocuraduría Especializada en
Investigación de Delitos Federales (SEIDF) y la Agencia de Investigación
Criminal (AIC), ejecutaron la orden de aprehensión contra el administrador
único de la empresa Bienart, S.A. DE C.V., sin dar su nombre.
La empresa
recibió tres contratos del gobierno de Duarte por más de 18 millones de pesos,
por la compra de láminas, "toneladas" y "paquetes" de
cemento.
“Según la
dependencia federal, hasta el momento, la SEIDF ha iniciado 32 indagatorias en
contra de empresas que han sido proveedores del actual gobierno de Veracruz y
que realizaron diversas actividades, presuntamente constitutivas de delitos”.

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