Prosa aprisa
Urbanidad política
Arturo Reyes Isidoro
Luego de
los años turbulentos que hemos vivido los veracruzanos por los pleitos
personales de los gobernadores Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa
con el ahora gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares, resulta alentador
que el gobernador interino, Flavino Ríos Alvarado, haya declarado ayer que una
vez que la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación (TEPJF) resuelva en definitiva el resultado de la elección del
pasado 5 de junio, si confirma el triunfo del panista tendrá una relación de
“urbanidad política” con él.
Las
consecuencias de la pugna personal entre los priistas y el blanquiazul, que ha
costado millones de pesos gastados por los dos últimos ex gobernadores
tricolores para desacreditar a su odiado enemigo en campañas mediáticas, la han
pagado los veracruzanos, que no quieren seguir siendo rehenes por un pleito que
no es de ellos ni les interesa.
La salida
de Javier Duarte del Gobierno del Estado debe ser un punto de inflexión para
superar doce años de una guerra personal y política absurda para los intereses
de Veracruz y que sólo ha servido como un distractor ante graves problemas y de
fondo que afectan a la población y que urge resolver.
Hace doce
años Fidel Herrera Beltrán ganó sólo en un tribunal la elección de gobernador,
tan reñida que había estado que el entonces candidato del PAN, Gerardo Buganza
Salmerón, impugnó ante el TEPJF el triunfo que le había otorgado la instancia
local al cuenqueño, y sólo una negociación política logró que el priista
salvara el pellejo, lo que alargó el tiempo para la resolución final, de tal
forma que el resultado definitivo de la elección que se había dado el 5 de
septiembre de 2004 se obtuvo hasta el 2 de noviembre de ese año (Buganza sigue estando
seguro que ganó limpiamente en las urnas pero el entonces presidente Felipe Calderón
negoció con los priistas su derrota).
Recuerdo
haber vivido de cerca esa elección. Hiperactivo como era, en aquel entonces
Fidel había anunciado y había preparado un nuevo recorrido por el estado
pasados los comicios para agradecer a los veracruzanos su voto, según informó
en su momento. Su gira se frustró ante la incertidumbre en que cayó por la
impugnación de su “triunfo” e incluso eso hizo a que se concretara a hacer su
defensa ante el tribunal federal, echando a un lado la selección y nombramiento
de quienes serían sus colaboradores, lo que sólo pudo realizar en noviembre, a
días de asumir el poder.
Esto lo
traigo a cuento porque aunque en una circunstancia diferente, ya que no se
cuestiona el triunfo en las urnas de Yunes Linares sino que se acusa a la
Iglesia católica de haber hecho campaña a su favor, el PRI se inconformó ante
el dictamen del Tribunal Electoral de Veracruz que reconoció el triunfo del
panista y lo declaró Gobernador electo, e interpuso un juicio de revisión
constitucional electoral, por lo que está pendiente la sentencia definitiva,
que se espera para los próximos días.
Las
circunstancias de agitación que vive el estado por la situación que dejó Duarte
harían pensar que la Federación no querrá echarle más gasolina a la leña
ardiendo y no impedirá que se reconozca el triunfo de Yunes Linares, porque
sería desconocer la voluntad de los miles que votaron por él, so riesgo de una
rebelión popular por inconformidad, con el consiguiente escándalo mediático que
desataría una decisión en su contra.
Flavino
Ríos, según declaró ayer, tiene muy claro que el proceso de entrega-recepción
debe iniciar el próximo 1 de noviembre, dentro de 18 días. A mi juicio, para la
tranquilidad política y social del estado, es bueno que adelante que habrá
urbanidad política, la que permearía el periodo legal de transición y
permitiría una entrega-recepción tersa, en los mejores términos.
Cuestionamientos
aparte que se le hagan por algún interés o por el resultado de su trabajo,
seguramente honrará su calidad de político profesional y no desaprovechará la
oportunidad que le dio la vida de llegar, sin esperarlo, al más alto cargo al
que un veracruzano puede aspirar, siendo garante de la entrega ordenada del
gobierno a su sucesor, lo que se espera que así suceda.
El ahora
gobernador interino no es nuevo en la conclusión de un gobierno y la entrega al
sucesivo. Le tocó estar en el final del cuatrienio del gobernador Dante
Delgado, cuando era Subsecretario de Gobierno; luego, en el del sexenio del
gobernador Miguel Alemán, y ahora ya en su calidad de titular del Poder
Ejecutivo. Sabe, pues, lo que hay que hacer y cómo se debe hacer. Es político y
para nada me extrañaría que la urbanidad política que ofrece se sellara con un
apretón de manos con su sucesor, en forma respetuosa e institucional, de
Ejecutivo a Ejecutivo, que no necesariamente de amigos ni de correligionarios
políticos, aunque alguna vez lo hayan sido.
La
oposición partidista, la diferencia de ideologías y banderías políticas no
tiene porque devenir necesariamente en un pleito personal, no cuando se trata
de políticos profesionales, y yo tengo toda la seguridad, porque los conozco
desde jóvenes, generacionales como somos, que ambos, Miguel Ángel y Flavino, lo
son.
Los
veracruzanos todos, estoy seguro, les agradecerán que se conduzcan con toda la
madurez y la civilidad de que sean capaces para tranquilidad del estado, que no
la tiene desde hace mucho. Creo que, aparte el ex gobernador Duarte y sus
problemas ahora con su partido y con la PGR, nuestros políticos, sean del
partido que sean, deben ver para adelante. Diferencias siempre las tendrán, si
hasta en las mejores familias existen, pero deben dirimirlas en las urnas, con
ideas, con argumentos.
Fue aquel
gobernador sureño, Fernando López Arias, quien acuñó una frase que debiera
cobrar plena vigencia ante la circunstancia que se vive ahora: “Veracruz es
primero, contra Veracruz nunca tendremos razón”.
Se peló verdadero pájaro de cuenta
Se informó
ayer que, finalmente, salió del gobierno estatal Ricardo Sandoval Aguilar, un
polémico personaje acusado de muchos actos de corrupción a su paso por diversas
dependencias de la administración.
Dejó ayer
el cargo de Director de Administración de la Secretaría de Salud. El rosario de
acusaciones en su contra es muy largo y por montos cuantiosos.
Este
personaje, ante las investigaciones por actos de corrupción que han endurecido
las autoridades, ha amenazado de que si va a la cárcel no se irá solo. Según
él, guarda un teléfono celular con los mensajes que le enviaban desde la Casa
Veracruz solicitándole gruesas sumas de dinero y amenaza con revelarlos si no
lo defienden y blindan.
Por lo
pronto, lo grave por el momento es que se le dejó ir libre en lugar de enviarlo
ante los tribunales y de ser posible a prisión, ante tantos señalamientos de
que es objeto. ¿O es que en efecto se le facilita la huída para que no cante?

No hay comentarios:
Publicar un comentario