Prosa aprisa
Yunes tomará posesión: Osorio Chong
Arturo Reyes Isidoro
Se acabó la
incertidumbre, si es que todavía la había entre algunos. El Secretario de
Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, confirmó ayer que Miguel Ángel Yunes
Linares tomará posesión como gobernador del estado.
En
declaración a Denise Maerker –oootra vez Denise, quien está haciendo historia–,
en su programa radiofónico “Atando cabos”, de RadioFórmula, el responsable de
la política interior del país dijo que aparte de que Yunes asumirá la
gubernatura “conforme lo marca la ley”, “habrá reunión con él”.
Con ello
aclaró las declaraciones del Gobernador electo de que no se le dejaría asumir
la responsabilidad.
"Habrá que ver a
quien se dirige exactamente porque en este estado de derecho en el que vivimos
a partir de los resultados de una elección, el que gana tiene que asumir su
responsabilidad y la tiene que asumir toda".
En “Prosa aprisa” del
lunes publiqué: “… el
anuncio el pasado fin de semana de la llegada de Osorio Chong (el lunes) fue el
mejor indicio de que por fin reconocerían el triunfo de Miguel Ángel. Desde mi
punto de vista, tal vez Duarte intentó evitar que Yunes Linares tomara
posesión, pero, eso creo, en el Gobierno Federal calcularon el costo negativo
que tendría para la imagen de Peña Nieto si se apoyaba la idea”.
En la de ayer martes,
pregunté: “¿Qué quiso decir
exactamente el Secretario de Gobernación cuando habló de que después de la
elección hoy se asumen nuevas responsabilidades por diferentes actores
políticos y que unos y otros tienen que estar en las mejores circunstancias
para que se dé una transición en buenos términos y pueda la Federación seguir
apoyando y respaldando estos esfuerzos?
Primero, que esas ‘nuevas
responsabilidades por diferentes actores políticos’ son las de Miguel Ángel y
quienes conformarán su gobierno, lo que para mí ya no dejó lugar a dudas de que
se le reconocerá su triunfo y asumirá el gobierno en 43 días…”. La lectura era
correcta. Ayer se confirmó.
El incómodo, el molesto periodismo independiente
“El
periodismo es pedirle cuentas al poder”.
Así define
este bello cuanto apasionante y hoy por hoy riesgoso oficio que muchos
practicamos, Marty Barton, director de The
Washington Post.
Definiciones
hay muchas y algunas, conforme el paso del tiempo, han cambiado para adaptarse
a la transformación que se va dando en todos los campos del quehacer humano.
Por
ejemplo, Phil Graham, otro editor del emblemático diario norteamericano,
décadas atrás lo definía como: “Periodismo es el primer borrador de la historia”,
lo cual también sigue siendo cierto.
The Washington Post, hay que recordarlo, sobre todo
para conocimiento de las nuevas generaciones, y en especial para las nuevas
generaciones de periodistas, gracias al trabajo de investigación de los
reporteros Carl Bernstein y Bob Woodward logró en agosto de 1974 la caída del
Presidente del país más poderoso de la Tierra, Richard Nixon.
Nixon, como
cualquier Presidente mexicano, había ordenado un trabajo sucio, de cañería, que
puesto al descubierto negó, hasta que las evidencias periodísticas lo cercaron
y no tuvo de otra que aceptar su responsabilidad. Un valiosísimo libro que
narra detalle a detalle toda la historia de la investigación, Todos los hombres del Presidente, debiera
ser lectura obligada en todas las escuelas o facultades de Periodismo si se
quiere formar periodistas profesionales, éticos, honestos, comprometidos con el
oficio y con espíritu de investigadores. Creo que no hay mejor clase de
periodismo que la que ahí se narra.
En
noviembre pasado, la revista, también norteamericana, Esquire preguntó si Marty
Barton es acaso el mejor director de periódicos de todos los tiempos. Antes,
como director de The Boston Globe
ordenó la investigación periodística sobre los abusos de niños por miembros de
la Arquidiócesis de Boston, que desató un escándalo que cimbró a El Vaticano
mismo.
En nuestro
país, en 2014, una investigación del reportero Pablo Ferri Tórtola, de la
versión mexicana de Esquire, puso al
descubierto que militares ejecutaron a 22 presuntos delincuentes, quienes ya se
habían rendido, en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, el 30 de junio
de ese año. La revelación impactó no sólo en nuestro país sino en el extranjero
y cuestionó el abuso y la falta de respeto a los derechos humanos por parte de
los miembros del Ejército. El caso todavía sigue vivo y es referente de los
defensores de los derechos humanos en todo el mundo.
El
periodismo, pues, el incómodo y molesto periodismo profesional, crítico,
independiente, de investigación, que cuestiona, que pide cuentas a los hombres
del poder, y que con muchas bajas mortales y huellas de la represión, de la
persecución sufrida por su terca insistencia, avanza en la búsqueda de la
verdad más apegada a la realidad de los hechos, sirve a los intereses de la sociedad,
fortalece la democracia e impide muchas veces –lamentablemente no siempre– la
impunidad de malos gobernantes que no sólo sacan el mayor provecho personal de
su paso por el poder sino que, peor, dañan gravemente a sus pueblos, a sus
representados.
Javier
Duarte de Ochoa, de siempre, fue un enemigo del periodismo crítico,
independiente. Fue intolerante, represor, apoyado, al menos en la primera parte
de su gobierno, por su operadora de medios Gina Domínguez Colío (que cosas de
la vida: la noche del lunes su agencia fue la primera o casi la primera que
replicó la información de Denise Maerker de que habían girado orden de
aprehensión contra Duarte), antigua compañera de oficio nuestro. Yo mismo
padecí las consecuencias por mi línea editorial de análisis crítico. Querían
acallarme. Ellos ya se han ido, yo aquí sigo.
Duarte ya
se ha ido –o lo han echado– del poder pero, no cabe duda, lleva inoculado el
mal.
Días antes
de que dejara de ser gobernador, presentó una demanda contra Grupo Reforma por presunto
daño moral, según publicó el diario Reforma.
Le reclamaba la publicación de dos notas: "Esfuma Veracruz 368 mdp" y
"Prometen cárcel a Gobernadores" y pedía que la condena fuera la
reparación del daño moral y que el periódico se retractara de las notas publicadas.
Y el
absurdo. También demandaba que mientras se desarrolla el proceso legal se
decrete una medida de aseguramiento para que los demandados, o sea el Grupo
Reforma, se abstengan de difundir cualquier dicho, noticia, nota periodística,
opinión o entrevista en la que se hable de él. Ni más ni menos le intenta
impedir que los diarios de ese grupo cumplan con su deber: informar.
El juez 37
de lo civil lo mandó por un tubo porque el Código Civil para la Ciudad de
México no contempla el asunto que reclama ante lo que el hoy ex gobernador
prófugo pidió que la "legislación sustantiva" aplicable para su caso
sea el Código Civil de Veracruz.
La demanda
denota que Duarte estaba o está dando palos de ciego porque, en todo caso, la
situación en que ahora está no se la causó el diario Reforma sino el portal animalpolitico.com,
que el 24 de mayo pasado inició la publicación del resultado de una larga
investigación que puso al descubierto las hoy empresas fantasma, que están a
punto de ponerlo tras las rejas. El periódico digital resumió así el meollo del
asunto:
“El procedimiento es simple: al
arranque del sexenio se selecciona a promotores del voto del PRI, se les pide
su firma sin decirles para qué la quieren y éstas se usan para crear nuevas
empresas. A estas compañías se les asigna un domicilio fiscal falso, que
ninguna autoridad revisa.
Una vez creadas, las empresas se
registran como proveedoras del gobierno, capaces de vender desde pañales hasta
cemento. Un pequeño grupo de funcionarios, cercanos al gobernador, se asegura
que se les otorguen contratos, vía adjudicaciones directas o licitaciones
cerradas.
En estos contratos se finge la compra
de productos, que debían distribuirse en zonas populares, pero de los que no
hay constancia que hayan sido entregados. Después de obtener el dinero, la
empresa cierra.
El gobierno de Veracruz utilizó este
mismo procedimiento una y otra vez para desaparecer al menos 645 millones 693
mil pesos entre 2012 y 2013.
En esos años,
funcionarios de la administración de Javier Duarte en Veracruz firmaron 73
contratos para la adquisición y distribución de bienes que, en el papel, serían
destinados a personas en situación de pobreza, damnificados por desastres
naturales, niños y ancianos. Pero que no hay constancia de que fueran entregados”.
Ante un
trabajo periodístico profesional, de investigación, bien documentado, de una
investigación que debió haber hecho entonces la autoridad hacendaria, el SAT ya
no pudo ser omiso y decidió hacer sus propias pesquisas. Ahí se inició la
desgracia mayor de Javier Duarte que culminará, en una primera instancia,
cuando lo detengan y lo encierren, pero que tendrá punto final cuando le
decomisen todo lo mal habido.
Se quiera o
no reconocer, finalmente la culminación que está teniendo el caso no es más que
un triunfo de ese periodismo profesional, independiente, incómodo que lleva al
máximo la definición del oficio que hace Marty Barton: “El periodismo es
pedirle cuentas al poder”.
Yo quiero
hacerle justicia y reconocer también el papel que ha jugado ese tipo de
periodismo que, por fortuna, también existe en Veracruz materializado en
contados medios impresos y en portales informativos web, ejemplo de respetables
compañeros míos que ojalá y cunda cada vez más para bien de Veracruz y de los
veracruzanos.

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