Prosa aprisa
Hombres y mujeres,
la corrupción por igual
Arturo Reyes Isidoro
Supura pus.
Por donde se le punce brota el hedor.
La
metástasis del cáncer de la corrupción invadió prácticamente todo el cuerpo del
priismo hecho gobierno en Veracruz.
Si se pensaba
que el mal lo padecían sólo los varones, también las mujeres tricolores están
invadidas del padecimiento.
Javier
Duarte de Ochoa era portador del mal y contagió a muchísimas personas más que,
políticamente, ya están deshauciadas. No tienen futuro.
Con el
cambio de gobierno se pensaba que el escándalo diario por los actos de
corrupción de Duarte terminaría con el último día de su gobierno.
Se ha
prolongado y quién sabe por cuanto tiempo más seguirá ocupando los titulares de
los medios, de todo tipo, que no se dan tregua sacando a la luz tanta
podredumbre.
La
entrega-recepción no termina. Hay quejas de muchos que se van porque los tienen
entregando hasta la madrugada documento por documento. Los revisan con lupa y
con escáner para que no se escape ningún detalle, ningún dato.
La pus de
la corrupción aflora en todos los niveles, pues viendo los chiquitos que el más
grandote robaba, ellos también se quisieron atascar de lodo. Habrá muchas más
denuncias.
Los
contralores y los encargados de la recepción se mueven en un verdadero mar de
arenas movedizas. Por donde pisan corren el riesgo de hundirse ante tanto
fango.
(En una
dependencia educativa que maneja recursos federales, desesperada porque veía
que le iban a cortar la ubre y la iban a echar, una administrativa que manejaba
recursos, ya de salida se compró dos coches nuevos último modelo y pagó una
casa nueva.)
Pero la
metástasis brincó del gobierno del Estado a las delegaciones federales,
controladas también por el priismo.
El lunes, oootra
vez el portal informativo animalpolitico.com
reveló un nuevo escandaloso caso de corrupción, ahora en la delegación en el
Estado de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
(CDI).
Ahí, la
jefa del departamento administrativo, Shariffe Osman Flores, traficó intereses
e influencias a través de una red de empresas constructoras propiedad de
familiares suyos a las que asignó contratos millonarios.
La señorita
o señora Osman se hizo famosa en Xalapa por un escándalo de su vida privada
cuando trabajaba en el Ayuntamiento
En su
momento, en algunas columnas políticas se comentó y denunció que estaba metida
en actos irregulares junto con familiares suyos, no obstante lo cual salía
todos los días en fotos de actividades del Comité Directivo Estatal del PRI.
Pero no
contenta con eso, tuvo la intención de aspirar a un cargo de elección popular
en Xalapa, y cuando vio que eran nulas sus posibilidades entonces optó por
buscar la alcaldía de Emiliano Zapata, municipio conurbado con la capital del
Estado.
Sin duda, quería
seguir medrando al amparo del poder. No lo logró pero pertenecer a un círculo
(¿otra banda?) de chulis, de reinis, de amigochas incrustadas en el poder, la
puso donde había.
La
investigación de animalpolitico.com
revela que a su llegada a la CDI no quiso transparentar su situación
patrimonial, lo que ya era una irregularidad, y que llenó de contratos
millonarios a sus familiares en forma ilegal.
He notado
con atención que el escándalo desatado, que además se documenta, se centra en
la figura de Shariffe, acaso por su notoriedad debido al otro escándalo al que
hago alusión líneas arriba.
Pero si
ella es quien ejecutó los actos, la mayor responsabilidad la tiene la delegada,
Irais Maritza Morales Juárez, que era quien firmaba la autorización de los contratos.
“Animal Político documentó que Irais Maritza Morales y Shariffe Osman
tienen una relación de amistad desde años previos a la llegada de ambas a la
Comisión indígena en febrero y abril de 2015, respectivamente. Ahora, la
delegada da el visto bueno con su firma a contratos que benefician con millones
a las empresas de la familia de su amiga, Shariffe Osman”, dice la publicación.
Indudablemente, está involucrada en el
negocio pues seguramente recibía una buena comisión o mochada.
Lo que más sorprende e indigna es la
inacción de la instancia federal que no obstante la denuncia pública guarda
silencio.
El portal
informativo dice que buscó a la
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, a nivel federal
y delegación estatal, para conocer su opinión ante este posible conflicto de
interés, pero que al momento de publicar el reportaje el lunes, no habían
ofrecido una respuesta.
El lunes 17 de octubre, en su primera
visita al Estado, en un desayuno privado con un grupo de 22 columnistas, se le
preguntó al dirigente nacional del PRI sobre los casos de los diputados
federales de su partido acusados de corrupción; si los iban a expulsar igual
que a Duarte.
Su respuesta fue que en el CEN y en la
Comisión de Justicia Partidaria no tenían ninguna denuncia y que sólo estaban
enterados de las acusaciones por lo que se publica en la prensa; que tampoco la
PGR les había hecho alguna notificación.
Fue una forma de solaparlos y de
solapar la corrupción porque no obstante que sí hay denuncias y que incluso la
Contraloría General del Estado actuó contra uno de ellos, hasta la fecha no se
ha actuado contra ninguno, no obstante que el pasado viernes vino al puerto de
Veracruz a llenarse la boca diciendo que están combatiendo la corrupción y bla
bla bla.
¿Por qué no actúa la CDI? ¿Es que acaso
prefiere que sea el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares quien se anote otro
tanto siendo él quien vaya ante la PGR a dar vista del caso?
Al menos ayer otra mujer, ésta la
secretaria general del CDE del PRI, diputada Regina Vázquez Saut, salió a
ocuparse del caso, habló de investigar a sus correligionarias y de la necesidad
de su partido de depurarse de tanto y tanta corrupta.
Me pregunto si alguien en su sano
juicio en el PRI piensa que con esos argumentos y esas cartas de presentación
van a ganar las elecciones municipales de 2017 y las locales y federales en
2018. ¿O alguien apuesta a que sí?
“Quiero limpiar mi nombre o nadie me va a emplear”
Sólo le faltaba su cartelito ofreciendo
su mano de obra y diciendo qué sabe hacer, como quienes lo practican afuera de
la Catedral de la Ciudad de México, sentados en el piso y con sus herramientas
al lado.
Esa era casi la imagen que daba ayer
Juan Antonio Nemi Dib, exSecretario de Salud, si no es porque en realidad
estaba sentado en una mesa del portal del café de La Parroquia en Xalapa,
desempleado, pajareando con quien fue su colaborador Pedro Solís.
Pasaba por ahí cuando me detuvo y
aproveché para preguntarle si acaso él había filtrado información al columnista
Raymundo Riva Palacio, quien ayer dedicó su columna “Estrictamente personal” a
la “Putrefacción de Veracruz”, en la que denuncia y ofrece datos concretos
sobre empresas fantasma que criminalmente desviaron recursos del sector salud.
“Yo sólo me defiendo. Quiero demostrar
mi inocencia. Necesito limpiar mi nombre porque nadie me va a querer dar
trabajo y tengo familia, mi esposa y mis hijos que estudian y no puedo estar
sin ningún ingreso”, me respondió.
“La corrupción es un hecho ilegal que no tiene
clasificaciones, pero actos ilegales en donde se pone en riesgo la vida de una
persona, tiene otras connotaciones. De haberse probado que lo que hicieron y
quién o quiénes lo hicieron provocaron muertes de pacientes, una acusación por
asesinato habría procedido”, dijo Riva Palacio.
Veo que no soy el único que piensa que se trató de
una acción criminal. El pasado 24 de noviembre, en “Prosa aprisa”, con el
título “Cuánto daño a tantos en tan poco tiempo”, dije:
“Fue acción indebida, reprensible, un
verdadero crimen lo que el gobierno de Javier Duarte hizo −o tal vez mejor
dicho, dejó de hacer− con programas y recursos de dos dependencias dedicadas a
la asistencia social y a la salud de los veracruzanos más necesitados: el DIF y
la Secretaría de Salud.
Si el desvío de recursos dentro del propio
gobierno y los actos de corrupción para sustraerlos y destinarlos al provecho
personal de algunos, que han colapsado a la administración, son condenables,
haber atentado contra niños, ancianos y mujeres embarazadas en pobreza, en
situación de miseria, pero incluso hasta de buena parte de la población de
clase media baja, raya en lo criminal”.
Rematé: “Sorprende que no obstante
todas las evidencias, hasta ahora no haya un solo responsable castigado,
detenido, en la cárcel. Muchas víctimas de ellos ya están bajo tierra, otras,
condenadas a sufrir secuelas por el resto de sus días porque no tuvieron la
medicina adecuada y a tiempo o porque no pudieron ser intervenidas
quirúrgicamente en forma oportuna por la falta de equipos. ¡Viva el reino de la
impunidad!”.

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