Prosa aprisa
Justicia y equidad, no limosna
Arturo Reyes Isidoro
Lo cortés,
dice el dicho, no quita lo valiente.
En “Prosa
aprisa” de ayer lunes comenté la
buena relación institucional Federación-Estado que hay de arranque con el nuevo
gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, no obstante sus orígenes partidistas.
Apunté que cualquier esfuerzo de buena voluntad y entendimiento beneficia a los
veracruzanos.
Pero dije también que el
Pacto Federal necesita ser revisado y actualizado, por injusto en cuanto a que Veracruz,
que aporta más de lo que recibe, depende en más de 90 por ciento de recursos
federales.
“… y mientras esa
dependencia no se equilibre, la autoridad estatal tiene que buscar el mejor
camino para que se le devuelva más de lo que se le da por lo que aporta, y ese
camino no es más que el de la negociación y el entendimiento, y buscarlo para
bien de los veracruzanos es un acto de responsabilidad”.
El pasado 24 de noviembre,
en su artículo Día con Día que publica de lunes a viernes en el diario Milenio, el escritor y periodista Héctor
Aguilar Camín, con el título “El escándalo federalista”, dijo que el
federalismo mexicano ha alcanzado ya un techo de viabilidad financiera.
Se refería a la deuda de los
Estados causada por gobernadores irresponsables como Javier Duarte, que ni
recaudan impuestos pero que han multiplicado sus deudas sin mejorar sus
ingresos
“El mecanismo típico ha sido multiplicar sus deudas bancarias dando como
garantía sus participaciones federales, bursatilizar sus servicios públicos y
hacer crecer la cuenta de sus proveedores”.
Calificó el caso de Veracruz como
“delirante” y vaticinó que será probablemente el que empiece a marcar la pauta
del techo, “el no va más, del federalismo mexicano actual”.
Dijo que al menos eso anunciaba la
respuesta de Hacienda, y del propio Presidente,
a los llamados de rescate del nuevo gobierno encabezado por Yunes
Linares. “Le responden: habrá ayuda, pero no habrá rescate”.
Trajo a colación entonces un artículo
de María Amparo Casar que resume los caminos alternos propuestos por el
secretario de Hacienda: “Acceder a los mercados, reducir su gasto, fortalecer
los ingresos propios, pedir un adelanto de las participaciones, buscar créditos
de corto plazo o recurrir a la banca de desarrollo”.
Concluyó entonces: “Yo leo en esta
decisión el principio del fin del federalismo que conocemos, por la más ruda de
las razones: no hay dinero para seguir la fiesta. Mi impresión es que se
trata de una crisis terminal”.
En su discurso original del jueves
pasado, el gobernador Yunes se refirió a la crisis financiera que heredó y que,
expresó, ha provocado un drama humanitario. Y entonces, independientemente del
agradecimiento y reconocimiento que expresó al presidente Enrique Peña Nieto
por el apoyo que le ha dado en materia de
seguridad y el ofrecimiento de respaldarlo para hacer frente a la situación
económica, dejó muy clara su postura en cuanto a su petición.
“Para salir
de la crisis he solicitado el apoyo del Gobierno Federal, porque es
indispensable y porque tenemos derecho a ello, somos parte sustantiva de la Federación
y esto da razón y fuerza a nuestra demanda. Al Gobierno Federal no demandamos
limosnas sino justicia y equidad, no limosnas sino justica y equidad”, reiteró
y remarcó ante el representante presidencial Aurelio Nuño.
Recordó que
Veracruz ha aportado y aporta a la Federación mucho más de lo que recibe y de
lo que ha recibido históricamente, y “hoy que atravesamos una crisis en
paralelo derivado de hechos de corrupción también sin paralelo, esperamos una
respuesta favorable a nuestras demandas”.
Hizo
entonces un reclamo: “Nos parece totalmente indebido que mientras a Veracruz se
le quieren escatimar recursos para resolver una crisis humanitaria se destinen
miles de millones de pesos a otras entidades para obras y acciones que no
tienen un sentido de urgencia, como sí los tienen los retos y las necesidades
que hoy enfrentamos en Veracruz. No estamos de acuerdo en el manejo
discrecional de los recursos federales, la Federación somos todos y la
distribución de los recursos debe ser equitativa, justa y solidaria”.
¿A qué se
refería con esto último? ¿Acaso a que en especial durante este sexenio se ha
favorecido desproporcionadamente al Estado de México, el Estado del Presidente,
en comparación con Veracruz, con grandes obras que incluso han sido motivo de
escándalo por actos de corrupción en la que están involucradas empresas
extranjeras?
¿Es que
acaso tenía, tiene razón el diputado Gerardo Buganza Salmerón cuando el pasado
9 de noviembre, al fijar su posición como nuevo legislador independiente de la
LXIV Legislatura, propuso que Veracruz se descoordine fiscalmente de la
Federación?
La
propuesta del dos veces diputado federal, senador, candidato a la gubernatura
del Estado y exSecretario de Gobierno era precisamente como respuesta a la
negativa del gobierno de Peña Nieto de entrar al rescate de Veracruz.
Al comentar
el tema recordé que en realidad el reclamo por el trato injusto no era nuevo ya
que en 1970 al profesor Rafael Arriola Molina le había costado que no llegara
al Senado no obstante que había ganado la elección, ya que había declarado que la Federación era un “pulpo” que se
llevaba las ganancias de la explotación petrolera y no redistribuía con
justicia los recursos fiscales entre los Estados de la Federación.
“… me parece viable, razonable, justa, audaz y
revolucionaria la propuesta bugancista de que nos descoordinemos fiscalmente.
Revolucionaria porque el resto de los Estados se sumaría y obligaría al
gobierno central a replantear el contenido del llamado pacto federal”, dije
entonces.
Encuentro ya un punto coincidente
entre el Gobernador y el diputado; el reclamo del primero y la propuesta del
segundo se complementan. Me llama mucho la atención porque luego de una buena
relación política después se distanciaron también por diferencias políticas y
sus actitudes personales parecían irreconciliables.
En “Prosa aprisa” de ayer comenté el
encuentro y saludo cordial que tuvieron el sábado pasado en el salón de plenos
de la Legislatura. Hoy, cosas de la política, podrían terminar siendo aliados
en una causa a favor de Veracruz: que se acabe el trato injusto que da la
Federación a nuestro Estado, que no dependamos en lo económico más del
centralismo del Gobierno federal, que se proclame una declaratoria de
independencia económica; en pocas palabras, que nos descolonicemos en lo
económico de la Federación.
Grata experiencia
Primer lunes de
diciembre, primero del nuevo gobierno. Ayer, mientras recorría el Palacio de
Gobierno, no pude dejar de evocar los tiempos de los gobiernos de Dante Delgado
Rannauro para atrás.
No sólo estaban
abiertas las puertas de par en par sino que las oficinas y los pasillos en
especial de la parte alta se veían animados como en los viejos tiempos (tiene
que reconocerse que Flavino Ríos Alvarado en su interinato de 48 días intentó
la normalidad, pero la toma del palacio por alcaldes perredistas y luego
panistas impidieron su intención).
Una vez que no
vi vallas metálicas y superé las reservas que tenía de que policías me marcaran
el alto, me pidieran una identificación, me preguntaran a qué y a quién iba a
ver, me dieran un gafete, siempre bajo una mirada vigilante como si fuera un
delincuente, eché a andar con toda libertad.
Subí y bajé, me
metí al espacio que por muchos años ocupé en la Dirección de Prensa, platiqué
con mucho personal al que conozco, fui a la oficina del contador Manuel Muñoz
Ganem y probé, pregunté por él, y una joven mujer me atendió con toda
amabilidad y diligencia (me pidió que me esperara para pasarme a verlo una vez
que se desocupara, pero le di las gracias).
No eludo decir
que formé parte de los gobiernos que cerraron las puertas y que pusieron
policías y hasta un escáner de personas para revisar a quienes lograban entrar.
Nunca estuve de acuerdo y cuando pude hablé con quienes tomaban decisiones y
les sugerí que al menos pusieran a mujeres policías que con una sonrisa
explicaran a la gente por qué las medidas de seguridad o que con una sonrisa
hicieran también los trámites para permitir el acceso.
Cuando salí de
la función pública en 2010 me pesaba regresar y entrar al Palacio. Era tortuoso
el paso y padecer a hoscos policías. Desde entonces regresé por invitación tal
vez sólo en unas cinco ocasiones y con la condición de que me facilitaran el
acceso. Hasta en eso se vive ahora el cambio. Parece detalle menor, pero cuánto
cuenta.

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