Prosa aprisa
Yunes anuncia y practica nueva vida institucional
Arturo Reyes Isidoro
Anoche, el
gobernador Miguel Ángel Yunes Linares dejó constancia de lo que él llamó “la
nueva vida institucional que se respira en Veracruz”.
El tercer
Informe del alcalde Américo Zúñiga Martínez le sirvió para mostrarlo como un
gobernante respetuoso, institucional y conciliador.
No sólo
calificó al presidente municipal de “eficiente, honesto y cercano al pueblo”,
sino que recordó a su padre Guillermo Héctor Zúñiga Martínez, quien “se
sentiría muy contento de estar entre nosotros”.
Recordó que
ambos tuvieron en su formación al mismo maestro: el gobernador Rafael Hernández
Ochoa, pionero en el Estado en el tema ecológico.
Dijo que al
político de Santa Gertrudis, municipio de Vega de Alatorre, lo recordaba con un
gran cariño y que trata de seguir su ejemplo. No dejó de mencionar toda la obra
que legó a la capital del Estado.
Manifestó
que estar en Xalapa era un compromiso de vida y de trabajo para Veracruz desde
su capital, pero un compromiso también de trabajar muy cerca del alcalde Zúñiga
Martínez.
Por eso le
propuso integrar de inmediato una agenda de trabajo para que en 2017 juntos
hagan un esfuerzo para que Xalapa sea todavía mejor. Ofreció que parte de los
recursos recuperados se invertirán en la ciudad.
Interrumpido
varias veces con aplausos, el gobernador Yunes también se comprometió a
recuperar la seguridad pública para que la capital vuelva a ser una ciudad
segura.
En otro
tema fue claro y contundente: Xalapa será el espacio para que floresca la
democracia, para que todas las expresiones puedan venir a exigir a sus
autoridades, pero advirtió que de ninguna manera puede seguir siendo una ciudad
sitiada, bloqueada.
Recordó que
al tomar posesión ofreció que en Xalapa y Veracruz se gozaría de todas las
libertades, todos los ciudadanos, pero que de ninguna manera permitirá que la
libertad de manifestarse vaya en contra de la libertad de tránsito de todos.
Recordó que ya hay cinco personas sometidas a proceso penal por ese motivo. “Es
un delito y tenemos que proceder”.
No dejó de
traer a colación la “tragedia” que vivieron los 212 municipios de Veracruz con
el anterior gobierno por los 3 mil millones de pesos que debieran estar en las
arcas municipales pero ahora están “en la bolsa de unos pocos”.
Dijo que
aunque ello no ocurrió en su administración, asumía que se trata de una
institución, por lo que su gobierno les pagará los 3 mil millones a pesar de la
situación de emergencia financiera, de acuerdo a un programa de pagos.
Por lo
pronto, anunció que a partir de ayer y hasta antes del 31 de diciembre les
devolverá 400 millones de pesos para que no se pierdan obras que se harán con
recursos federales pero para las que los ayuntamientos tienen que poner una
parte.
Fue
puntual: el suyo será un gobierno que ajuste su conducta a la ley. Insistió: se
trata de la nueva vida institucional de Veracruz.
Se
comprometió a que trabajará con todos los ayuntamientos sin distingos
partidistas y que “habrá plena colaboración y cercana”.
Los aplausos,
de un auditorio conformado en su mayoría por priistas, le llovieron.
“Tenemos mucha fe en
usted”
Hace tres
navidades cruzaba yo la frontera México-Estados Unidos por Tijuana-San Ysidro,
California. Iba hacia Los Ángeles. Hacía cola en la garita de San Ysidro, por
donde cruzan a diario miles de mexicanos, para la revisión de mis documentos.
De pronto,
se escucharon voces de protesta. Uno de tantos se quería brincar varios lugares
y los demás se oponían. Un hombre que iba adelante salió en su defensa y empezó
a discutir con quienes protestaban. “¡Es que el Reverendo necesita llegar a San
Diego porque tiene un familiar grave!”, esgrimió.
Los gritos
subían de tono y entonces se acercó una policía norteamericana ya entrada en
años pero que todavía conservaba su belleza. Le pidió al infractor que
regresara a su lugar, pero el que lo defendía insistía en que le era urgente
cruzar la frontera.
Entonces,
con una severidad imponente, la policía obligó al “Reverendo” a regresar a su
lugar. El defensor insistió y ofreció cambiarle el lugar, él se pasaba para
atrás y el otro para adelante. Fue inflexible la oficial. Dijo que no. “¡Aquí
no se hace lo que cada quien quiere, aquí se respeta le ley, la ley y el
orden!”, dijo con autoridad y ahí se acabó la discusión.
Sin duda
alguna, me dije para mis adentros, estaba yo en Estados Unidos, en otra
cultura, la del respeto a la ley, al orden y a las instituciones en forma
inquebrantable.
De eso me
acordé ayer cuando el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, durante un
trayecto a pie del antiguo café La Parroquia hacia el Palacio de Gobierno, al
pasar por la acera del lado contrario a la entrada del Pasaje Tanos, niños y
padres de familia que estaban ahí y que entonaban villacicos de navidad lo
invitaron a que los acompañara.
El
gobernante les hizo señas con las manos que sí pero les dio a entender que iría
a cruzar hasta el paso de cebra donde está un semáforo, y así lo hizo. Esperó a
que se pusiera el rojo y se detuvieran los vehículos, y entonces se atravesó,
como lo hace todo mundo en Estados Unidos.
Contrario a
lo que se estilaba hasta hace poco, no hubo agentes de tránsito ni policías que
pararan el tráfico a media calle para que el “Señor” pasara. Pero tampoco lo
habría hecho. Precisamente de eso íbamos hablando –me había invitado a ir platicando
con él–, de la necesidad de que él y todos quienes están ahora en el gobierno
prediquen con el ejemplo del respeto a las normas y a la ley.
El
gobernador está convencido de que cuando los ciudadanos vean que su autoridad
es la primera en respetar el ordenamiento legal, entonces todos lo harán.
Trayecto
corto pero tránsito lento, demorado, porque desde que salió del
café-restaurante la gente se le empezó a acercar para saludarlo, para hacerle
peticiones, para solicitarle que se tomara una foto con ellos, una selfie, los
taxistas detenían su marcha para saludarlo y los pasajeros también, los
empleados de tantos comercios salían a darle la mano o a abrazarlo, algunos lo
paraban y le decían que eran de Sayula, o de Las Choapas, o de Cosamaloapan, o
de Tlapacoyan. Miguel los escuchaba a todos atento, posaba con ellos,
dialogaba.
En un
negocio de venta de café me recordó al gobernador Miguel Alemán Velasco, quien
cuando alguien pretendía regalarle algo de su negocio, con toda cortesía les
decía que no porque les lastimaba su patrimonio, y si insistían entonces
aceptaba pero ordenaba a un auxiliar que pagara el costo.
El
encargado del negocio lo invitó a posar con él exhibiendo una bolsa de café con
la marca de la casa y luego le regaló una bolsa de a kilo con el producto.
También, con toda cortesía, le dijo que no lo aceptaba, pero ante la
insistencia entonces tomó una bolsa de medio kilo, se la dio a una auxiliar
pero le dijo que la pagara.
Enseguida,
un humilde vendedor de gelatinas intentó regalarle una. Le agradeció pero le
explicó que acababa de desayunar.
Me llamaron
la atención dos mujeres de edad que salieron a su encuentro y lo pararon.
“Tenemos mucha fe en usted”, le dijo una de ellas y le expresó su gusto en
conocerlo personalmente. Más adelante, otra lo llenó de bendiciones. “Que Dios
lo bendiga y lo cuide”. La nube de compañeros fotógrafos, camarógrafos y
reporteros lo seguía.
En realidad
él pretendía marcharse de inmediato en un vehículo cuando salió del restaurante
(ahí había desayunado en forma rápida con el Secretario de Gobierno, Rogelio
Franco Castán) porque dijo que tenía una reunión. Pero tan pronto lo vio la
gente se le empezó a acercar, y luego compañeros reporteros le hicieron una
primera entrevista, luego le harían otra.
Casi a la
salida del Pasaje Enríquez, un joven médico del Hospital Civil lo paró para
saludarlo y le informó de la situación del nosocomio. Le pidió ayuda. Me pidió
que escuchara atento. “Carecemos de los más elemental. A los familiares tenemos
que pedirles que compren hasta las gasas”. El gobernador le informó que ya les
empezaba a llegar medicamentos y material para curación, pero que a fin de mes
tendrían surtido hasta un 90 por ciento de lo necesario.
En una
segunda entrevista, declaró a la compañera Ángeles González Ceballos que ayer
mismo había depositado la primera quincena de diciembre, además del importe de
20 días de aguinaldo y que se habían transferido 350 millones de pesos a la
Universidad Veracruzana (a los trabajadores nos pagaron ayer la primera
quincena), además de que el día 20 tiene que pagar a jubilados y pensionados.
Acaso
cuajado de experiencias y de obstáculos y retos difíciles, pese a la crisis que
le heredaron lo vi muy seguro y, quizá más importante para él, lo debe motivar
la respuesta de la gente, como la de ayer.
Pero si el
gobernante predica con el ejemplo a los ciudadanos, como el detalle que narro
de llegar hasta el semáforo y no atravesarse a media calle, ayer mostró también
a todos sus colaboradores, de todos los niveles, cómo debe ser el
comportamiento de los hombres y mujeres ahora en el poder en su trato con los
veracruzanos.

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