Prosa
aprisa
La cama de piedra
Arturo
Reyes Isidoro
Nueve días, únicamente nueve días
bastaron a Javier Duarte para sentir el rigor de lo que es dormir sobre una
cama de piedra amortiguada sólo por una colchoneta.
Sólo diez días, cuando miles, millones
de personas en situación de pobreza o de
pobreza extrema duermen así o, peor, en el piso, sólo sobre un delgado petate,
toda su vida.
Durante su gobierno, varios miles de
esos infelices hubieran podido mejorar su situación si él y su red delictiva no
hubieran desviado los recursos que estaban destinados para combatir la pobreza.
¿Ya se le olvidó que él a través de su
partido, el PRI, compraban la voluntad ciudadana, de los pobres, repartiendo
colchonetas?
El domingo 16 por la madrugada ingresó
al Cuartel Militar de Matamoros, en Guatemala, luego de que una noche antes fue
aprehendido en Panajachel.
Pero el señorito no aguantó más y el
martes pidió si no un trato “especial”, al menos un colchón, un ventilador y
una lámpara en su celda.
La divisa del gobierno de Duarte era la
“prosperidad”, que según pretendía y llevaría a todos los veracruzanos.
Con el dinero que se robaron él y los
suyos hubieran podido dotar de un colchón, un ventilador y una lámpara a los
miles, millones de veracruzanos que carecen de ellos.
¿Qué las comparaciones no son buenas? En
cualquier cárcel de México no sólo tendría eso sino pantalla de televisión, aire
acondicionado, cama kingsize, refrigerador, despensa, un barcito surtido y
hasta visitas de algunas nenas.
Ah, pero así como el coronel no tiene
quien le escriba –Gabriel García Márquez, in
memoriam–, Javier se queja también de que no tiene con quien platicar.
Guatemala, vecino país al que nuestro gobierno poco voltea a
ver acaso por pequeño y sin el potencial de recursos que tiene el nuestro, nos
ha dado grandes lecciones.
Por ejemplo, el día en que compareció
Duarte ante un tribunal todo se hizo con total transparencia, tanto que pudimos
seguir en directo y en vivo todos los incidentes a través de las redes sociales
y la televisión.
¿Alguna vez ha ocurrido algo semejante
en Xalapa, en Veracruz, en todo México?
Pero, ¡qué vergüenza!, allá si está
preso desde el 3 de septiembre de 2015 un expresidente del país, Otto Pérez
Molina, acusado de corrupto.
El día de ese año, que fue jueves, renunció
por la mañana como Presidente luego de que fue acusado por actos de corrupción,
y por la tarde ya estaba en la prisión en la que ahora está Duarte, de quien es
vecino. Como a Javier, igual lo sacaron del tribunal entre una turbamulta de
reporteros, fotógrafos y camarógrafos.
El 21 de agosto había sido acusado de
ser la cabeza de una red criminal que operaba al interior de la
Superintendencia de Administración Tributaria (el SAT nuestro) por el
Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en
Guatemala.
O sea, no pasó ni un mes para que lo
pusieran en prisión, donde permanece. No es dato menor que Pérez Molina es
además general retirado del Ejército y fue miembro de la fuerza de élite
kaibil, de los temibles kaibiles.
A Duarte le dieron todas las facilidades
para que huyera y se escondiera durante seis meses hasta que lo necesitaron
para taparle el ojo al macho con motivo de la elección del Estado de México,
que el Gobierno Federal teme perder y no
quiere que acusen a los priistas de corruptos.
Con otro ingrediente. Pérez Molina al
presentarse ante tribunales dijo que era el momento preciso de “dar la cara” y
que si hubiera querido hubiera huido oportunamente. Dio la cara y no huyó.
Duarte dijo e hizo todo lo contrario.
Este ex Presidente fue acusado de
asociación ilícita, cohecho pasivo, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito
debido a que supuestamente saqueó al Estado guatemalteco entre 2012 y 2015,
algo parecido a lo que hizo Duarte en esos mismos años.
Pero, ojo, también su vice Presidenta,
Roxana Baldetti, está siendo imputada como parte del caso “Cooptación del
Estado”, como se le conoce allá, por el
que en total están siendo procesadas unas 70 personas, entre las que se
incluyen los exministros de Gobernación, Defensa, Comunicaciones y Energía, o
sea toda la banda de Pérez Molina. Igualito que acá. Mju.
Guatemala, ese pequeño país en extensión
territorial pero gigante en la aplicación de la ley, también metió a prisión y
sentenció a 80 años de cárcel al expresidente José Efraín Ríos Montt, acusado
de exterminar la etnia de los indígenas ixiles.
¿No se puso a pensar Duarte, o sus
abogados, que si les dan todo lo que piden, se lo tendrán que otorgar también a
los demás reos guatemaltecos?, porque, ¿por qué a uno sí lo tendrían que
beneficiar y a los otros no?
Guatemala no es México. Por lo que se
ve, allá si son parejos, o más parejos y un reo es un reo.
Se advierte que Duarte no se acostumbra
a que le apaguen la luz a las ocho de la noche, como en toda la prisión, y que
sufre de calor, ¡oh desgracia!
Ahora si ha de saber lo que viven los
miles y miles de Veracruzanos que no tienen clima artificial ni ventilador, en
especial los que habitan en lugares muy calientes como Tierra Blanca.
Me pregunto si esa cama de piedra y esa
colchonetita no obligarán a Duarte a solicitar que mejor sí, que mejor lo
extraditen a la de ya para venir a una confortable celda mexicana, para estar
en una jaula de oro.
Se queja Javier. ¡Ay! ¿Sabrá que Cuco
Sánchez compuso aquella famosa canción “La Cama de Piedra” allá por los años
50?
Cuco y Miguel Aceves Mejía, que la
cantaban, decían que si de piedra tenía que ser la cama, también de piedra la
cabecera: “De piedra ha de ser la cama / de piedra la cabecera; / la mujer que
a mí me quiera / me ha de querer de a deveras”.
Nuestro paisano apeló a los convenios
internacionales y a la Constitución de Guatemala para que lo atiendan. A ver
qué dicen la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, o la ONU.
¿Ya le diría alguien en donde está que
en Veracruz también nos estamos asando de calor y no nos quejamos?
Para consolarse, ¿desconoce que en los
lugares de la costa veracruzana la gente duerme en cama de piso, esto es, que
se baja al suelo para poder mitigar un poco el calor y dormir algo? Y nadie se
queja.
No. No debe saberlo. Ni como
precandidato, ni como candidato y ni como gobernador recorrió siquiera la mitad
del Estado. Y a donde lo hizo, lo visitó en medio de toda la comodidad.
A destiempo, porque eso lo hubiera
sensibilizado, ahora apenas lo está sabiendo, aprendiendo.
Hipólito
Rodríguez
En el transcurso de un desayuno dejó muy
en claro que no está afiliado a Morena
aunque compite bajo su bandera porque se identifica con su proyecto.
También dijo que no es político sino un
académico, investigador, y que su candidatura es ciudadana.
No lo había tratado en persona pero me
causó la mejor impresión el candidato de Morena a la alcaldía de Xalapa,
Hipólito Rodríguez, con altas, acaso casi todas las posibilidades de ganar.
Es un hombre serio, reposado. Sabe escuchar.
Tiene bien definido el diagnóstico de lo que hay que saber como autoridad
municipal y qué es lo que se tiene que hacer.
Se ve que es un estudioso y que tiene
tiempo ocupándose de Xalapa. Un amigo político que lo conoce desde hace años me
confirmó que ha estado ocupado desde hace muchos años en estudiar la
problemática de la capital y las posibles soluciones.
No es un improvisado, pues.
Si en la campaña se da un debate, o son
dos, seguramente los xalapeños comprobarán lo que ahora digo.
Seguramente va a sorprender sobre el
conocimiento que tiene sobre la ciudad.
Sus competidores tendrán que prepararse
bien, lo mejor, para debatirle.
Calladamente, ha recorrido ya el 80 por
ciento del municipio. Sin duda, es el candidato a alcalde a vencer.

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